«De niña fui sumamente introvertida, muy tímida y muy obediente». Aunque cueste creerlo, quien así se describe es Marianella Salazar, una de las más polémicas periodistas del país, de esas que siempre dicen todo lo que les pasa por la cabeza y por lo cual se ha convertido en una persona “incómoda” para algunos medios, como ella misma ha reconocido en algunas oportunidades.

«Fue la vida la que se encargó de cambiarme a partir de los 19 de años, cuando comencé a trabajar como reportera. Ha sido un proceso de aprendizaje muy largo que llegó a su clímax con el monólogo La eterna irreverente, con el que estoy celebrando mis 50 años de ejercicio profesional», contó en conversación exclusiva con Curadas.

Su trayectoria se ha movido entre el periodismo y la política, por lo que a veces resulta difícil separar su vida profesional de la historia política de Venezuela de las últimas cinco décadas. Y eso es lo que nos muestra, de una manera fresca y muy divertida, en su pieza teatral estrenada en 2018 y con la cual regresa a los escenarios este 27 y 28 de febrero en el Centro Cultural BOD, en Caracas, y el 7 de marzo en Valencia.

«A mí el buen humor nunca me abandona», dijo al recordar sus inicios en La Sápara Panda, un periódico humorístico que apareció hacia finales de la década de los 60 y que marcó el final de las publicaciones políticas de humor que surgieron en Venezuela a partir del nacimiento, en 1941, de El Morrocoy Azul, un semanario que marcó pauta en el periodismo y el humorismo del país.

«Allí tuve la oportunidad de cultivar amistades con intelectuales de la talla de Pedro León Zapata, los hermanos (Aquiles y Aníbal) Nazoa, Régulo Pérez, Kotepa Delgado, Augusto Hernández y Jaime Ballestas, mejor conocido como Otrova Gomás, entre otros. Después hice un programa en Radio Aeropuerto con Zapata, Augusto Hernández y Otrova Gomas, llamado Kung fu de noticias, que era verdaderamente hilarante. Es una lástima que yo no siguiera en esa onda, en la del género del humor», apuntó.

 

Inocente belleza

Una vena humorística con la que nació el 15 de junio de 1949 y que cultivó pese a la rígida educación que recibió de sus padres y de las monjas del San José de Tarbes, el más antiguo colegio de religiosas fundado en Venezuela, donde cursó desde kindergarten hasta bachillerato. Tan obediente era que aceptó sin reparos que su familia le prohibiera realizar su sueño de estudiar teatro apenas terminara la secundaria, por lo que optó por el periodismo luego de someterse a un test vocacional.

En tu biografía en Wikipedia no mencionan a tu padre sino solo a tu madre. ¿No tuviste una buena relación con él?

¡No sabía que yo estaba en Wikipedia! (Risas). A mi padre lo adoré, sentía una gran admiración por él. Murió muy joven, a los 54 años, de un infarto. Nos inculcó grandes valores. Pero lo perdí prematuramente… Será por eso que no lo mencionan en Wikipedia, porque pasé toda la vida al lado de mi mamá», a quien cuidó hasta su muerte, en julio de 2017, tras padecer de Alzheimer por varios años.

A los 18 años Marianella Salazar ya tenía un divorcio a cuestas tras un matrimonio que apenas duró cinco meses. De regreso a casa, sus padres le encontraron un puesto en el diario El Nacional pero no como periodista, a pesar de que ya cursaba el segundo año de la carrera, sino como empleada en el departamento de contabilidad.

«¡Fue la única vez en mi vida que marqué tarjeta, qué cosa tan odiosa! Pero fue así como empecé a relacionarme con gente vinculada con la prensa (…) Al principio hice de todo, desde santorales y horóscopos hasta recetas de cocina. Después fue que vinieron los programas de opinión y los éxitos», recordó.

Siempre has sido muy bella. ¿Este factor te abrió puertas o, todo lo contrario, fue una barrera que te obligó a demostrar que también eres una mujer inteligente?

¡Imagínate, a mi hermana y a mí jamás nos dijeron que éramos bonitas, crecimos sin saberlo! Fue un choque cuando entré a la universidad y comencé a reportear. Me sentía incómoda, me parecía que me estaban diciendo bruta. Ahora, a estas alturas, con tantos años en el calendario y en el candelabro, los piropos son algo que agradezco mucho». (Risas)

La política y el amor

El reporterismo en la fuente política la condujo por ese camino, que le atrajo desde muy joven. En las elecciones de 1973 integró la plancha de Acción Democrática para el Concejo Municipal del Distrito Sucre – que en ese entonces lo integraban Petare, Chacao, Baruta y El Hatillo – y resultó elegida. “Fue una gran experiencia de vida, pues llegué a ser presidenta de ese ayuntamiento y pude sobrevivir sin que nadie diga que me cogí un centavo. Después fui diputada al Congreso Nacional por el estado Miranda”.

¿Eres o fuiste militante de AD?

Fui elegida en las planchas de AD, pero como independiente. Siempre he sido independiente, en lo político y como persona. ¡Si hubiera sido militante de AD me habrían pasado a tribunal disciplinario y expulsado finalmente! Hoy AD es un cascarón vacío, como dijo CAP alguna vez. Ese partido cayó en las peores manos… Ahora lo manejan como una franquicia.

En 1983 volvió a casarse y se fue a vivir a Costa Rica. Pero en cuestión de un año ya estaba de vuelta a Venezuela y con otro divorcio.

Ambos matrimonios terminaron en divorcios. ¿Fue tu decisión no volver a casarte o aún sigues esperando al príncipe azul?
¡Si llega será bienvenido! Lo que pasa es que soy muy exigente y poco tolerante. Siempre me he sentido atraída por el amor y cuando me he enamorado lo he vivido intensamente, como tiene que ser.

¿Cuánto de leyenda y cuánto de verdad hay en esos rumores sobre los supuestos novios y amantes, entre ellos políticos de alto nivel, que dicen que has tenido?
No he sido ninguna santa, pero hay demasiadas leyendas urbanas que ya da fastidio tener que desmentir. (Risas)

Has sido víctima de la censura tanto en la época democrática como en la actual. ¿Hay alguna diferencia en este aspecto entre una y otra época?
¡Pues claro que hay mucha diferencia! Antes te mandaban a botar de un canal o de una emisora de radio. Ahora cierran el medio, te siembran cualquier delito o te meten presa o terminas exiliándote. Yo he podido sortear dos juicios penales y permanecer en el país, del que nunca he pensado emigrar.

¿Qué repercusión tuvieron en tu carrera periodística esos juicios (por denuncias hechas en su columna contra José Vicente Rangel y Diosdado Cabello)?
Mucha. Esta gente es capaz de cualquier cosa y una está obligada a preservar su vida. Lamentablemente hay momentos en que uno misma tiene que ponerse un alto. Pero fíjate que la gravedad de la censura en el país es tal, que medios audiovisuales privados, circuitos radiales, me tienen vetada. Eso me ha afectado mucho por lo inesperado e inexplicable. Por fortuna tengo recursos para reinventarme.

Retiro involuntario

Aunque se mantiene muy activa en las redes sociales, su columna en El Nacional no se ha vuelto a publicar desde el 24 de marzo de 2019. Tampoco ha vuelto a tener un programa de radio desde el cierre de la emisora Mágica 99.1, en agosto de 2017, donde permaneció por 15 años con su espacio Hoy por hoy.

¿A qué se debe tu silencio: te retiraste o te estás tomando un descanso?
Uno como periodista nunca tira la toalla. El monólogo La eterna irreverente me retiró involuntariamente del periodismo escrito y audiovisual, pues ya sabes que cierran las emisoras o te vetan. Por esa columna de El Nacional me llevaron dos veces a juicio y yo la verdad es que no quiero ir presa por nada del mundo. Sin embargo, expreso mi opinión a través de la red social Twitter y en este momento trabajo para comenzar con mi podcast en las redes.

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¿No has pensado en escribir tus memorias?
Pues empecé hacerlo, pero a mitad de camino le di forma de monólogo porque venía de formar parte de uno de los elencos de Los monólogos de la vagina, dirigida por Héctor Manrique, y le agarré el gustico. Se lo presenté a Javier Vidal para que le diera forma, como dramaturgo que es, y me dijo que le parecía perfecto tal como estaba. Así fue como me animé y mucho más bajo la dirección de esa gran actriz que es Julie Restifo.

¡Por fin lograste tu sueño y te subiste a un escenario!
Me he sentido feliz y muy cómoda actuando. A finales del año pasado me sorprendí de haber llenado la Concha Acústica de Bello Monte. No me lo esperaba. ¡Me sentí tan abrazada por el público que ahora sí sé lo que es un ratón de triunfo!

Redacción Katty Salerno

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