Entre el capricho ideológico y el puente de la cooperación

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Maduro se propone garantizar salarios a los trabajadores y mantener la producción de bienes y servicios básicos para cubrir las necesidades de los venezolanos mientras dure la contingencia por covid-19. Para estos fines, anunció un paquete de medidas económicas que, si bien buscan proteger a los trabajadores y mantener la estabilidad social de las familias, con lo que es imposible no estar de acuerdo, añaden interrogantes importantes alrededor de una economía exhausta a causa de un proyecto político desafortunado: ¿Con qué recursos se cumplirá la promesa de pagar la nómina de empleados públicos y privados? ¿Cómo será el proceso de otorgamiento de recursos para la mediana y pequeña empresa? ¿Cuáles serán específicamente esas empresas y cuál es el criterio de selección? ¿De dónde se obtendrán los bolívares para los próximos bonos gubernamentales, entre otras cosas?

Responder al escenario que surge de tales medidas supone una fuente de financiamiento. ¿Qué opciones tiene el régimen?

1-. Un rescate financiero proveniente del FMI, cuya naturaleza radica precisamente en eso, en rescatar del colapso financiero a las naciones, sin embargo, esto no va a suceder con Venezuela. Este organismo no va a financiar al régimen de Maduro porque sería un financiamiento indirecto de las naciones que lo rechazan como presidente y acusan de violar derechos humanos, cooperar con el terrorismo en la región y convertir al Estado venezolano en una institución maleante al servicio del narcotráfico y lavado de activos.

«Este organismo no va a financiar al régimen de Maduro porque sería un financiamiento indirecto de las naciones que lo rechazan como presidente y acusan de violar derechos humanos»

Podría solicitar este financiamiento a Rusia o China, sus grandes “aliados” ideológicos, pero todo indica que por esa vía se agotaron los préstamos, lo que explicaría la razón por la cual se inclinó hacia el FMI.

2-. La flexibilización de las sanciones internacionales impuestas por Estados Unidos. Dichas sanciones bloquean todas las propiedades de PDVSA sujetas a la jurisdicción norteamericana. Todos los montos que produzcan estas propiedades, como en el caso de CITGO, deben ser colocados en una cuenta bloqueada en los Estados Unidos, que nadie, ni Guaidó, puede disponer o negociar. Es muy importante recordar que estas medidas salvaguardan los activos de la nación en los Estados Unidos puesto que han estado en peligro de caer en manos de acreedores por incumplimiento de compromisos de pagos por parte del régimen desde 2017. No podemos olvidar que Venezuela tiene una deuda de casi 180 millardos de dólares en préstamos bilaterales, comerciales y multilaterales. La pregunta sería: ¿Puede Guaidó incidir en la flexibilización de las sanciones internacionales?

Las sanciones son contra la estructura que usurpa el poder, y que ha violado derechos humanos, según informe de la Alta Comisionada para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet. No obstante, en caso de flexibilizarse las sanciones, cualquier movimiento de activos nacionales en los Estados Unidos, con la finalidad de atender la emergencia sanitaria del país, por muy seguro, será bajo la administración de Guaidó. ¿Maduro estaría en la capacidad política, y psicológica, para aceptar una flexibilización de sanciones sobre este criterio para que se atiendan las necesidades de la nación?

«…de flexibilizarse las sanciones… por muy seguro, será bajo la administración de Guaidó»

Las sanciones no incluyen las importaciones de alimentos y medicinas. Además, el régimen no ha dejado de producir y vender petróleo, aunque muy poco, unos 800 mil barriles, como consecuencia de la obsolescencia de la industria, no obstante, el precio del barril está muy por debajo de lo necesario por la contracción de la demanda a raíz de la pandemia, como han explicado los expertos. De hecho, estamos produciendo petróleo a pérdida, según palabras del mismo Maduro, con lo que los ingresos son escasos y se afectará, en consecuencia, la importación de insumos determinados.

3-. La emisión monetaria sin respaldo. No hay que ser economista para saber que el comportamiento expansivo de liquidez, que se produce en un ambiente donde las reservas internacionales tienen un comportamiento contractivo (en enero de este año, el BCV reportó que las reservas internacionales del país ascendían a 6 millardos de dólares), y los ingresos nacionales  exiguos (hasta el día de ayer el valor del crudo venezolano estaba en 21 dólares el barril), por lo que se reduce la capacidad de importación, devalúa la moneda y presiona la inflación; mucho dinero circulando y pocos productos disponibles.

4-. Quizás el régimen siga contando con las remesas en dólares y euros. Pero el problema aquí reside en que estamos a las puertas de una recesión global, si es que ya no estamos. Los venezolanos en el exterior se encuentran en una situación vulnerable, pues, es posible una escalada del desempleo en Estados Unidos y parte de la UE. Seguramente veremos una reducción de las remesas.

5-. La única vía posible, en mi opinión, sería la ayuda humanitaria, ya venga de Rusia, China y Cuba, por un lado, ya venga de los Estados Unidos y sus aliados, por el otro, tanto de insumos médicos, como de  recursos financieros propicios para estimular el mercado interno.

Tanto Guaidó como Maduro, más allá de la crisis política, deben gestionar estas ayudas con premura e integrarlas en un plan conjunto humanitario para paliar la situación de penuria de miles de venezolanos sin acceso a servicios básicos como gas, luz, gasolina y agua potable, especialmente en las periferias de las ciudades y zonas rurales del país, los lugares donde más sufre el pueblo. 

«Tanto Guaidó como Maduro, más allá de la crisis política, deben gestionar estas ayudas con premura e integrarlas en un plan conjunto humanitario para paliar la situación de penuria de miles de venezolanos…»

Por redes sociales, hay ciudadanos que muestran preocupación porque se están quedando sin alimentos o ya no les alcanza el dinero. La mayoría vive del día a día. A esto hay que sumarle la especulación que ha elevado el precio de productos básicos y los específicos para combatir el virus. Nuestros hospitales y dispensarios carecen de condiciones propicias para atender la emergencia sanitaria por COVID-19.

El complejo desafío humanitario al que se enfrenta el país a raíz del COVID-19 requiere del trabajo compartido, que permita garantizar la vida a nuestros compatriotas y abrir una puerta a la esperanza para solucionar la aguda crisis política de la nación. La coordinación de ambos bloques de poder ante la coyuntura de salud pública es lo que más espera la nación en este momento.

Finalmente, en esta hora del país, la mayor responsabilidad recae en Maduro porque tiene el control de facto de los poderes públicos y del ejército. No es sensato continuar  haciéndole perder el tiempo a la ciudadanía con cadenas maratónicas, para repetir una y otra vez el cuento conspirativo mientras la simbiótica peste de hambre, miedo y COVID-19 se expande por doquier. La solución no está en los caprichos ideológicos, sino en la construcción de un puente sólido capaz de sumar esfuerzos en favor de la población.

 

   

Presbítero Católico, Ordenado en Caracas en 2004, licenciado en Filosofía, especializado en Estudios Políticos y de Gobierno.

 

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