Rafael Arráiz Lucca: “Soy experto en recoger los peroles de la cocina”

15 minutos de lectura
Por Katty Salerno

Rafael Arráiz Lucca es uno de los escritores más destacados y prolíficos de Venezuela. Es, también, uno de los más conocidos por la gente, a juzgar por los mensajes que constantemente intercambian con él en las redes sociales, donde es muy activo; y más desde que comenzó a difundir los pódcast de su programa Venezolanos, que transmite los sábados y domingos por Unión Radio. Sus libros sobre historia de Venezuela son los más leídos y vendidos en el país en los últimos 20 años, otro factor que da cuenta de su popularidad.

Abogado, poeta, ensayista, académico y un doctorado en Historia son los méritos por los cuales Arráiz Lucca ingresó, en 2005, como miembro de número de la Academia Venezolana de la Lengua.  Pero tal vez pocos sepan que, además de sus dotes intelectuales, es un “experto en recoger los peroles de la cocina”, como nos confesó en esta entrevista exclusiva con Curadas en la cual accedió, con la gentileza que le caracteriza, a hablarnos un poco de su vida personal y familiar, de su búsqueda interior, de sus gustos más allá de leer y escribir y de los juegos que juega con sus nietas.

Egresó de bachillerato a los 17 años, la misma edad en la que se dejó crecer el bigote que desde entonces forma parte indisoluble de la personalidad de Arráiz Lucca.  En 1983 se graduó de abogado, profesión que nunca ejerció porque se enamoró de la literatura y luego de la historia. Y en el ínterin también se enamoró de Guadalupe, su esposa, con quien se casó en 1982 y de cuya unión nacieron Eugenia y Cristóbal.

Usted se casó muy joven, y desde entonces ha mantenido un matrimonio y una familia muy estable. ¿Podría decir que Guadalupe es el amor de su vida?
Me casé a los 23 años, y sí, hemos formado una familia y hemos estado juntos por muchos años. ¡Claro, es el amor de mi vida! Ella ha jugado un papel muy importante en mi vida profesional, ya que nos hemos dado mucho aire el uno al otro; jamás hemos tenido una relación posesiva, atosigante, para nada. Los dos tenemos nuestros intereses y compartimos una zona común. Guadalupe me ha acompañado en toda esta aventura. Esa es la verdad.

¿Cómo es como esposo y padre? ¿Ayuda con las tareas del hogar?
Ayudo mucho en las tareas del hogar. Soy experto en recoger los peroles de la cocina. Lavo platos, tiendo camas, hago mercado, riego las matas. En fin, no estoy en mi casa esperando a que me atiendan como un pachá. ¡Qué va, eso sería imposible! Mis hijos dicen que he sido un buen padre. Yo los adoro, y es mutuo. Tengo una excelente relación con ellos y con mis nietas, que son la alegría de nuestras vidas.

¿De qué habla o juega con sus nietas?
Les hablo de muchas cosas. Tenemos un personaje que yo interpreto y ellas se desternillan de la risa. Se llama Señor Papeto. Un tipo vulgar, grosero, loco, sucio, y ellas se sorprenden con sus locuras. Él hace todo lo que a ellas les enseñan que no se debe hacer. Tenemos canciones que hemos inventado. Letras absurdas y divertidas. La mayor tiene 7 años y ya descubrió los libros. Por allí vamos a tener una mina.

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Poeta, ensayista y exitoso

En la docencia – es profesor titular de la Universidad Metropolitana, donde lleva 23 años dando clases todos los días – Arráiz Lucca encontró un ambiente que le permite combinar, en perfecta armonía, su talante con su más preciado placer: leer y escribir.

¿Cuál es el rasgo que mejor define su personalidad?
Soy solitario y silencioso. Pero me gusta mucho la gente. La vida del profesor es perfecta para mí. Doy clases, hablo, dialogo con los alumnos, y regreso al cubículo a leer y escribir.

Usted es un hombre exitoso: ha sido reconocido como poeta y ensayista y ha logrado triunfar incluso comercialmente como escritor, cosa que no muchos escritores pueden decir. ¿El éxito, en su opinión, es una cuestión de suerte o de esfuerzo personal?
El éxito es una consecuencia del trabajo, pero hay que trabajar muchísimo, cosa que yo hago sin prisa, pero sin pausa. Suerte he tenido porque me fueron dados unos talentos y me he dedicado a cultivarlos. También ha habido mucha gente que me ha abierto puertas y me quiere. Otra me envidia. Es lo natural. Lo importante es seguir haciendo lo que a uno lo hace feliz.

¿Cómo ha logrado ser un escritor tan prolífico?
Son varias claves. Puedo pasar de un tema a otro sin intermedio prolongado. Tengo desde niño una extraña conciencia del paso del tiempo, y no me gusta perderlo. Amo trabajar. Leer, escribir, dar clases, conferencias, dialogar. Escribo dos horas diarias. A veces más, pero con dos horas me siento bien. Leo muchísimo, pero siempre estoy leyendo en función de lo que estoy trabajando. Rara vez estoy leyendo algo de manera gratuita.

¿¡Y cuándo se divierte…!?
Amo el cine y ahora las series. De noche, al llegar a casa, no quiero seguir leyendo o escribiendo, entonces veo cine. Los fines de semana disfruto muchísimo las caminatas en el Parque del Este conversando con los amigos. Tratamos de pasar todo el verano en Margarita, sin hacer nada. Casi no leo allá. Me dedico a ver el horizonte marino, a caminar por la playa, a comer empanadas de cazón, a conversar con la gente. Adoro a la gente inteligente, y conozco a muchas. Como sigo mucho la sabiduría budista, evito a los que Buda llamaba “los necios”, la gente que no te da nada y te resta. Menos es más. Si uno supiera en la infancia lo determinantes que son los amigos que te rodean, los escogería mejor.

¿Hay algo ante lo cual es intolerante?
No puedo con la impuntualidad o con el incumplimiento de lo acordado. Me desespera la gente morosa o la que procrastina. No puedo con ellos. Una persona que no ha hecho nada en la vida, me asombra. Me les quedo viendo como quien ve a un dinosaurio.

Arráiz Lucca también es miembro de la Academia de Gastronomía Venezolana, a la cual ingresó por invitación del escritor Ben Ami Fihman, editor de la revista Cocina y Vino, para la cual escribió crónicas y entrevistas. Sin embargo, sus habilidades como cocinero no van más allá de lo elemental.  “Todos los días me preparo el desayuno y, a veces, cocino un muy buen arroz blanco, le tengo el punto precisado”, dice.

«Me gustan mucho la cocina oriental (china, japonesa e india), también la libanesa, la italiana y la francesa. Una buena hamburguesa es una gloria. Un pabellón bien hecho es sublime. Un medregal margariteño o una ensalada de catalana. En fin, me gusta mucho comer, la verdad, pero hoy en día como poco y prácticamente no tomo (…) Como lo que quiero, pero me cuido del azúcar, que es veneno».

El camino interior de Arráiz Lucca

Con La otra búsqueda: autobiografía espiritual (2018), su más reciente libro, la colección Biblioteca Arráiz Lucca de Editorial Alfa llega a su decimoquinto título. El texto constituye una novedad dentro de su trayectoria, dedicada, hasta ahora, en gran parte, a ensayos e investigaciones históricas. Pero en realidad fue un camino en el que se inició siendo apenas un niño…

¿Hubo algún hecho en su vida que lo llevó a ese camino?
Mi madre fue la puerta hacia esos caminos. Ningún suceso en particular. Quizás una curiosidad y una necesidad acentuada. A mi madre le seducían mucho los temas vinculados con el misterio, con lo inexplicable, y nos transmitía ese interés. Lo enigmático era fascinante. La idea de que había algo más allá de lo aparente. Los libros de Verne me los recomendó ella. Alicia en el país de las maravillas, también.

Desde muy joven se inició en el estudio de las culturas y filosofías orientales. ¿Cuánto han marcado su vida estas enseñanzas?
Muchísimo. No cesan. Doy un curso de Literaturas Orientales o Introducción al Orientalismo en la Unimet y estoy releyendo y leyendo todo el tiempo. Es un placer. El budismo y el taoísmo los llevo en la sangre, el hinduismo menos.

¿Es vegetariano, practica yoga y meditación?
No soy vegetariano, no practico yoga. Medito todos los días unos 20 a 30 minutos al despertar, a las 6 y 30 o 7 de la mañana. También es necesario aprender a respirar y es indispensable hacer silencio y quedarse solo varias veces al día. La vida es una máquina en movimiento que puede enloquecernos. Todo atenta contra nuestro centro, nuestra serenidad.

¿Alguna vez se ha hecho la carta astral?
Sí, claro, varias veces, y la revolución solar. Las coincidencias entre las cartas astrales que me he hecho son asombrosas, no así con las revoluciones solares. En verdad, pongo en duda las facultades premonitorias de la astrología, pero sí creo en sus poderes para perfilar una personalidad. Esto sí es evidente para mí. Predecir el futuro es imposible. Lo que sí creo que ocurre es que a ratos se nos manifiesta, es como una prefiguración, pero depende de tantos factores que muy pocas veces cristaliza.

¿Y el tarot, lo ha consultado?
Muchas veces. El tarot sirve para la fotografía del momento. Tampoco creo en sus facultades premonitorias, salvo en casos excepcionales. Yo confío mucho en mi intuición, y ella sí me ha avisado cuando vienen cambios en mi vida.

En su libro La otra búsqueda usted se refiere a experiencias psicológicas y espirituales. ¿De qué tipo son esas experiencias?
Experiencias psicoanalíticas. Experiencias con personas con dones inexplicables, gente que ve más allá de la superficie.

Nos podría contar alguna de esas experiencias…
El 31 de diciembre de 2009 estaba en un barco en el estrecho de Magallanes, allí recibí el Año Nuevo. Cuando nos dábamos el abrazo de feliz año, sentí, por un instante, que mi vida cambiaría radicalmente en el año que comenzaba. Y así fue. Nos fuimos a vivir a Bogotá por tres años, de manera imprevista. Intuí el cambio, pero no sabía cómo ni cuál sería…

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3 Comments

    • El profesor Arraiz es el venezolano contemporáneo que más admiro. Su capacidad de comunicar ideas y conocimientos con rigurosidad, objetividad y en forma amena es notable. Y su trayectoria de vida es ejemplo de hombría de bien y de ciudadanía

  1. Me he interesado en el entrevistado y quisiera acceder a sus libros que me es negado porque en mi localidad las librerías están en crisis o peor han cerrado.Quisiera obtener orientación para leerlo por otros medios electrónicos.Agradecido de antemano

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