Venezuela: Rumbo a la recuperación del Esequibo
Venezuela: Rumbo a la recuperación del Esequibo

Venezuela: Rumbo a la recuperación del Esequibo, II Fase – 27va. entrega

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(Continuación)

Con la necesidad ineludible de desplazar la lógica racional y dinámica que ha venido manejando la República Bolivariana de Venezuela sobre los distintos pensamientos y actitudes exteriorizadas en los albores del siglo XXI en materia de recuperación del espacio geográfico del Esequibo, territorio que debería conformar hoy en día el vigésimo cuarto Estado de la División político-territorial de nuestro país, con capital Ferrear, ya es hora en el que la Nación debería formarse la idea en que no hay más “centro” como el núcleo de construcciones, interacciones e interrelaciones por la lógica del pensamiento manejado sobre este tema tanto en el ámbito nacional e internacional, por lo que las tendencias integrales de las nuevas variables presentadas, requieren en esencia exacerbar la factibilidad de lograr el enlace tanto “del eje como del margen en conjunto, evaluando combinadamente tanto el foco como la periferia” de todos estos factores.

Ahora ben, la dinámica que interrelaciona los siete ámbitos del Interés Nacional, a propósito de la dimensión que contempla la Defensa Integral de la Nación venezolana, devela en el ámbito geográfico la conexión del mar (en este caso el Océano Atlántico) con el territorio continental (Esequibo), y de éste con la naturaleza del espacio geopolítico. Interrelacionar al hombre con la sociedad en un espacio geográfico determinado, requiere considerar la dinámica e interrelación de la comunidad en sí misma y la de la naturaleza que afecta cronológicamente a ambos; particularmente el mar conlleva indefectiblemente a estudiar entre otros, la relación de los ciclos de vida de este con el continente (territorio terrestre) y, el vacío de racionalidad en la administración del suelo continental (territorio acuático).

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De allí, el presente escrito intenta ampliar la comprensión del lector, en el sentido de hacerle vislumbrar que las interconexiones y dinámicas de los fondos oceánicos con las zonas costeras (territorio), ocurren en un espacio donde fluyen interacciones permanentes entre estas y con el hombre, originando la conexión interdisciplinaria del desarrollo oceánico integral, entendiendo la necesidad, trascendencia, avance y uso consciente del mar, particularmente en su exploración, explotación y preservación ambiental.

Cada clase de variables tiene su propia dinámica de interacciones en una red de articulaciones, que ocurren en el tiempo e involucran al mar con su suelo, subsuelo y, con el territorio continental a diferentes escalas. Para ello, se requiere
extraer elementos del contexto físico para definir cómo favorecen o limitan ambas estructuras, la natural y la jurídica como soportes principales que refiere la administración establecida en la Ley de los Espacios Acuáticos de la República.

La Nación venezolana sustenta estas interconexiones y transformaciones en los siete ámbitos del interés nacional (político, económico, social, militar, cultural, geográfico y ambiental) y, las evoluciones o cambios en los espacios acuáticos son el resultado de variaciones que proceden sólo desde la naturaleza, a diferencia de los patrones de comportamiento o de actitud hacia el mar, que sólo proceden de evoluciones y variabilidades en la sociedad, cuyo conocimiento sobre este particular dista históricamente, generando desconocimiento y por ende, degradación del sentido de integridad territorial. Es triste escuchar por este vacío creado hoy en día en diferentes sectores del ámbito nacional, que no ven la salida a esta recuperación del espacio geográfico del Esequibo, o lo que es peor, que ya el Territorio en cuestión está perdido.

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El conocimiento de las relaciones entre la dinámica cronológica de la sociedad venezolana y de la naturaleza se ha perfilado a partir del conocimiento que involucra el trabajo científico, básicamente hacia el estudio del océano Atlántico, donde hoy en día, frente a todos los venezolanos, Guyana ha resquebrajado el Acuerdo de Ginebra, sin buscar alcanzar un entendimiento
bilateral, ha actuado unilateralmente otorgando concesiones a otros países, extrayendo recursos que Nos pertenecen a todos los venezolanos. Jurídicamente, ello es un delito que no se puede seguir ocultando.

Ante esta situación, el suscrito sustenta lo anteriormente señalado tomando como referencia a Santis (1988), quien converge estos eventos políticos, económicos y sociales, proyectando el interés hacia:

  1. El desarrollo de la teoría de placas tectónicas que facilitaron avanzar en la localización de recursos y en la explicación de los mecanismos de catástrofes.
  2. El progreso tecnológico para explotar los recursos en el mar, para ampliar la ocupación de los espacios acuáticos y desarrollo del proceso de administración marítima.
  3. Los patrones laborales en el que se involucra al océano; y La creación de los espacios acuáticos con la redefinición de las áreas jurisdiccionales existentes.

El contexto de la territorialidad en las sociedades evoluciona hacia etapas de desarrollo que requieren revisiones y estrategias de las Naciones, acordes con el uso racional de los espacios geográficos; de allí, se deriva el asentamiento de la conciencia nacional y de las interrelaciones entre la población venezolana y el mar, al incluir dos escalas racionales e interrelacionadas en el tiempo-memoria: “el hombre-sociedad y el territorio-espacio geográfico”.

De esta manera, el elemento acuático está inserto en el escenario geopolítico venezolano, y es partícipe fundamental de su naturaleza, es sostén o lugar para obtener insumos que coadyuven a solucionar asuntos relacionados con los eventos humanos, quienes en forma incesante reclaman medios de subsistencia y de residencia. Este factor en Venezuela, pero también en la
República Cooperativa de Guyana, por la misma distribución poblacional y por el pasado existente sobre el Territorio Esequibo, contiene un vacío que requiere un cambio significativo a favor de nuestro gentilicio.

El hombre en interacción con la sociedad venezolana, políticamente organizado, ha exteriorizado un sentido de territorialidad limitada con sentido de exclusividad a un espacio geográfico, en el que el valor del mar como entidad geográfica luce ajeno en el escenario geopolítico. El análisis sustentado sobre el escenario geopolítico, requiere que las sociedades en su interrelación con el
espacio en el que se desenvuelven, observen el océano Atlántico a través de una aproximación tierra-mar.

Durante la Convención del Derecho del Mar, realizada en 1982, la comunidad internacional de Estados sancionó y ratificó el expansionismo territorial. La conservación y administración de los Estados son cambios esenciales en la actitud de los sistemas políticos nacionales actuales. Si se observa desde el dominio territorial firme y desde la alta mar hacia las tierras emergidas donde transcurrió la mayor parte de la historia humana, se constata la configuración gradual y vigente del ejercicio de la soberanía plena y absoluta del Estado territorial venezolano, que con derechos económicos exclusivos, transitan hacia la plataforma continental, el mar territorial y el territorio terrestre del Esequibo.

El orden jurídico del mar, a propósito de las concepciones de alta Mar y de la tierra, originan para la República Bolivariana de Venezuela una perspectiva diferente, dado que la Constitución de 1999 aportó significativos avances sobre los espacios geográficos venezolanos, por cuanto consagra la delimitación y ampliación de la competencia territorial del Estado, al señalar con detalles las distintas zonas geográficas donde ejerce una soberanía exclusiva y plena, integrando el territorio continental, insular y marítimo.

Mencionar el espacio geográfico venezolano en su más amplio sentido, comprende los espacios acuáticos y aéreos, el suelo y subsuelo marino; en cambio, al referirse al territorio como tal, este incluye al territorio continental, es decir, donde el derecho internacional reconoce a un Estado la soberanía territorial. En el caso de Venezuela, ésta tiene una extensión de 916.445 Km2.
La norma plantea que la soberanía plena de la República se ejerce en el espacio continental e insular, lacustre y fluvial, mar territorial, áreas marinas interiores, históricas y vitales y las comprendidas dentro de las líneas de bases rectas que ha adoptado la República, el suelo y subsuelo de éstos, el espacio aéreo continental, insular, marítimo y los recursos que en dichos espacios se
encuentran incluidos los genéticos, los de las especies migratorias, sus productos derivados y los componentes intangibles que por causas naturales allí se hallen.

El Estado soberano es una comunidad que se gobierna plenamente, de manera independiente, ejerciendo su autoridad sobre el territorio, pero debe hacerlo integralmente sobre los espacios geográficos terrestres, marítimos y aéreos. Esta disposición está ratificada en la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, con el ejercicio pleno de la soberanía sobre sus
espacios geográficos, por lo que los recursos naturales, genéticos que se encuentren en esta zona, serán de competencia exclusiva del Estado, respetando el sistema de líneas de base recta para determinar los espacios acuáticos. Es hora que nos escuche el mundo sobre esta arbitrariedad generada por Guyana, en la que pretende seguir ciega, sorda y muda ante las realidades generadas en perjuicio de todos los venezolanos.

José Chachati Ata

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