Venezuela: Rumbo a la recuperación del Esequibo
Venezuela: Rumbo a la recuperación del Esequibo

Venezuela: Rumbo a la recuperación del Esequibo, II Fase – 28va. entrega

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(Continuación)

Esta semana se cumplieron cincuenta años de la firma del Protocolo de Puerto España, el cual fue firmado el 18 de Junio de 1.970 entre las partes relacionadas con la reclamación del espacio geográfico del Esequibo, en el que se acordó que se congelarían las conversaciones sobre el conflicto limítrofe sobre el territorio reclamado por Venezuela, y ello fue producto de no haberse logrado
solución alguna a través de la Comisión Mixta conformada en el Acuerdo de Ginebra de 1.966, del cual ya habíamos escrito anteriormente, siendo establecida la suspensión de los artículos 1 y 4 de dicho Acuerdo, en el que Venezuela reactivó la denuncia respectiva ante la Organización de las Naciones Unidas en 1.962, manifestando con pruebas contundentes en mano el desconocimiento del Laudo Arbitral de París de 1.899, en el que se nos despojó arbitrariamente a los venezolanos de 159.500 kilómetros cuadrados del territorio continental, y sin tomar en cuenta que hoy en día se le han agregado con lo establecido en el
Derecho Internacional Marítimo, los espacios acuáticos generados en cuanto a aguas interiores, mar territorial, zona contigua, zona económica exclusiva y plataforma continental, sumatoria de espacios terrestre y acuáticos que abarcan prácticamente la mitad de nuestro territorio continental…

Es importante acotar que al firmarse en aquel entonces el Protocolo de Puerto España, el Gobierno venezolano argumentó las siguientes razones:

a. Que en dicho documento se mantendría vigente la reclamación venezolana sobre el territorio que le fue arrebatado a Venezuela en el nulo e írrito Laudo Arbitral de París de 1899.

b. Se impediría que la reclamación cayese en manos de terceros actores que podrían perjudicar los intereses de Venezuela.

c. Se otorgaría un lapso de espera con la amplitud requerida para dar cabida a negociaciones diplomáticas entre las partes involucradas.

d. Crear un ambiente propicio para solucionar el problema existente, y a la vez buscar el mejoramiento de las relaciones, reduciendo las tensiones existentes entre las partes.

Sin embargo, es innegable que el citado Protocolo de Puerto España no fue tan favorable para Venezuela, considerando que Guyana era quien y aún mantiene la posesión de la Guayana Esequiba al usurparla, teniendo además el título jurídico a su favor otorgado en el Laudo antes señalado, aunado a que Guyana salía en ese momento aventajada, pretendiendo de acuerdo a lo
acordado entre ambos Gobiernos, renovar la vigencia del Protocolo cada doce años o por un período menor, siempre y cuando este no fuese inferios nferior a 5 años).

Finalmente, el plazo previsto en el Protocolo de Puerto España se venció en junio de 1982, por lo que el Gobierno del Presidente en aquel entonces, Luis Herrera Campins, manifestó su decisión de no considerar una nueva prórroga y de recurrir a los pasos previstos en el artículo 4° del Acuerdo de Ginebra de 1966. Y así prosiguió la controversia con los hechos que han ido ocurriendo, conocidos por la mayoría de los venezolanos.

En este contexto, Von der Cabiente, (1974), sostiene que el territorio en el escenario geopolítico es una porción de la superficie terrestre para habitarla y sacar provecho de ella y, se corresponde con el espacio geográfico donde se desarrolla el sistema de interacciones sociales que definen una sola colectividad política. En su análisis de la noción de verdad y el valor objetivo del conocimiento como representación de una realidad, sostiene entonces, que el territorio es la expresión de un complejo haz de interrelaciones entre el hombre y la naturaleza en la superficie terrestre y denota un sentido de pertenencia social, que a partir y
sobre este, se elabora un significado de pertenencia jurídico-político.

De allí que el contexto del territorio marítimo, acorde con su naturaleza espacial o geográfica, originada por medio de las interrelaciones e interacciones entre el hombre y la naturaleza en la superficie terrestre, constituye también un producto espacial de la cultura humana. Los territorios terrestre, marítimo y aéreo, se califican como elementos naturales que expresan una noción cultural normada por el Derecho, que a través de la relación funcional se explican junto con la población, organización y medios del poder de su naturaleza en el espacio geopolítico.

El territorio, geográficamente, se precisa como una función relacional de fenómenos humanos y de fenómenos naturales; en este sentido, el mar se ubica en su más amplia dimensión dentro de estas aplicaciones, lo que constituye fundamento lógico para sostener que el territorio marítimo no es de naturaleza geográfica distinta al territorio terrestre o del territorio aéreo, singularmente cuando e! objetivo de conocimiento tiene su origen en la naturaleza del escenario geopolítico.

Del fundamento relacional obtenido y aplicado con respecto a los espacios acuáticos que origina el Estado Esequibo, Guyana es miembro firmante de la convención del mar de 1.982, año en el que culminó la aceptación del Protocolo de Puerto España, y por lo tanto, aceptó y reconoció que las Naciones con costas y acceso al mar, tienen derecho al mar territorial, zona contigua, zona económica exclusiva y plataforma continental, con el ejercicio de la soberanía y jurisdicción en cada uno de los espacios correspondientes que define el Derecho Internacional.

Esta circunstancia obliga ineludiblemente a que Guyana reconozca los derechos que les corresponde a las naciones vecinas, por lo que el trazado que unilateralmente realizó en el año 1.977 mientras estaba vigente la firma del protocolo de Puerto España, intentando impedir a la República Bolivariana de Venezuela la libre y natural que origina el Estado Delta Amacuro al Océano
Atlántico, constituye una clara violación jurídica contra la Nación y hacia ella misma, dado que admitíó los derechos en los espacios acuáticos sobre el mar territorial, zona contigua, zona económica exclusiva y plataforma continental, lo que además de ser una contradicción y argumento insostenible, le impide cerrar la libre e indiscutible salida de los Estados vecinos al mar.

A continuación se resaltan los asuntos que deben alertar a Venezuela sobre la actuación de Guyana con respecto al contexto de los espacios acuáticos:

  1. La posición jurídica que intentó Guyana unilateralmente contraviene lo establecido en el Acuerdo de Ginebra de 1.966 en cuanto al ejercicio de la soberanía, lo que constituye un irrespeto para con el Estado venezolano y para con ella misma.
  2. Unilateralmente tomó decisiones jurídicas que no le corresponde sobre los espacios acuáticos del Esequibo, que legítimamente le pertenecen a la República Bolivariana de Venezuela.
  3. La firma de la Convención del Mar de 1.982 le manifiesta a Guyana, que las naciones vecinas con acceso al mar, tienen derechos indiscutibles sobre los espacios acuáticos, en este caso, la salida libre y prolongada hacia el océano Atlántico.
  4. El campo jurídico otorga fundamento a la importancia geopolítica que le ha
    dado Venezuela a los espacios acuáticos en el océano Atlántico, por la fijación de los límites con Trinidad & Tobago, la definición de las 200 millas náuticas medidas desde la costa hacia el Atlántico, el establecimiento de la línea de base recta
    definiendo las aguas interiores, el mar territorial y la zona contigua en el Decreto 1.152 del 9 de Julio de 1.968, la extensión de la plataforma continental en esos espacios acuáticos cercana a las trescientas cincuenta millas náuticas y, la búsqueda de ampliar la libre salida de Venezuela hacia el Atlántico, a través de la reivindicación integral del espacio geográfico venezolano en el Esequibo.

Estos hechos son irrefutables, y mientras Venezuela había respetado lo establecido en el Protocolo de Puerto España a pesar que el Congreso de la República no estuvo de acuerdo, el Gobierno de Guyana se había dedicado a intentar avanzar en sus pretensiones de neutralizar a Venezuela en dicho juego estratégico. Bien lo decía Nicolás Maquiavelo: “Hay dos maneras de sacar a un mal gobernante, uno es por la razón y otra es por la fuerza. La primera es para los hombres, la segunda para las bestias. La diferencia es que la opción segunda jamás ha fallado”.

José Chachati Ata

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