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Kiara: “Me encantaría morir cantando en un escenario”

Kiara triunfó como cantante, aunque fue un futuro que nunca vislumbró para sí Gloria Sabrina Gómez Delgado, como se llama realmente. Como suelen hacer a esa edad las jóvenes, al terminar su bachillerato en el Santa Rosa de Lima se inscribió en la Facultad de Derecho de la UCAB, donde se recibió de abogada en 1985. También se casó y tuvo a Marco Aurelio, su único hijo. Por allí se encaminaba su futuro. Lo normal. Pero un inesperado día cantó en un bodegoncito – que aún existe en Prados del Este – y la vida le cambió. Tanto, que hoy dice, felicísima: “Me encantaría morir cantando en un escenario”, como contó en esta entrevista con Curadas.

Del canto, Kiara pasó a la televisión, al teatro, a la radio y al cine. Después de estar tres años en Mágica 99.1 – hasta que el régimen cerró la emisora – arrancó en enero de este año con su espacio Kiara y Lazo, que conduce junto a Henrique Lazo de 3 a 5 de la tarde por Unión Radio. Y no descarta la posibilidad de aparecer nuevamente en Papita, maní y tostón. “En cualquier momento viene la tercera parte de esa película”, nos adelantó.

Te casaste, te convertiste en madre y te graduaste de abogada. ¿Es que no te vislumbrabas como cantante?
¡La verdad es que no! Yo vengo de una familia dicharachera, una familia musical, si se quiere. Somos todos del estado Lara. En esta familia el que menos hace, declama. Mi hermano canta, mi hermana también, mi mamá canta; de hecho, ella fue el modelo que seguí. Pero lo hacíamos como complemento, en una fiesta, en una tenida musical. Nunca lo vimos como una carrera. Ninguno es profesional del canto ni artista, salvo yo. De niña siempre me acompañó el cuatro y luego de adolescente me acompaño la guitarra. ¡Pero nunca me vislumbré como artista, para nada! Mi papá era militar y a mi mamá la llamábamos Doña Bárbara, imagínate. Teníamos que tener una carrera universitaria y un instrumento, esas eran las reglas. 

La flamante abogada

¿Por qué te gustó la carrera de Derecho?
No sé si tenga que ver la carrera de mi padre, que como militar al fin estaba muy vinculado a la justicia. También por influencia de mi hermano, a quien admiro muchísimo, que estudiaba Derecho. También influyó el hecho de que no había la posibilidad de que cada uno tuviera su carro. Mi hermano me lleva dos años y yo le llevo año y medio a mi hermana menor, soy la del medio. Así que hubo una especie de convenio para que todos estudiáramos en la misma universidad. Mi hermana estudió Relaciones Industriales y mi hermano y yo Derecho, y todos íbamos a clases en el mismo carro. Así que además de la admiración, la necesidad económica nos llevó a todos a la misma universidad.

Y, además, en mi casa no jugaban carrito (risas). Mi papá y mi mamá nos decían siempre, lo recuerdo, que la única obligación que nosotros teníamos era estudiar y arreglar nuestras camas los fines de semana, ni siquiera entre semana, sino los fines de semana. Y por ahí empezó la disciplina, cosa que les agradezco mucho. Quizá en ese momento uno no lo entendía, pero hoy en día sé lo importante que es el acervo cultural que te han dado tus padres.

¿Ejerciste la abogacía?
Sí, sí. Yo me gradué muy joven, a los 21 años, y de inmediato comencé a ejercer en el bufete de Quintana Brandt y Asociados, que quedaba en el Centro Plaza de Los Palos Grandes. Allí estuve dos años y trabajé casos en materia de propiedad intelectual, de hipotecas… En algún momento hice civil, pero básicamente fue mercantil lo que ejercí. ¡Me enseñaron muchísimo ellos dos!

El salto a los escenarios

Esa era la vida normal de Kiara en ese momento, cuando ya tenía 23 años. Todo cambió un día en el que fue con su esposo y su bebé a comer en el Bodegón de Prados del Este – que todavía existe, por cierto. Había una banda tocando y de pronto escucha por los micrófonos que la llaman por su nombre de casada, Sabrina de López.  “Fue mi esposo el que me echó esa lavativa, porque fue él quien pidió que me llamaran a cantar. Yo fui la primera sorprendida cuando escuché mi nombre por el micrófono. Canté La luna y el toro y me gané todos los aplausos del público que estaba allí en ese momento.

A partir de allí la gente empezó a decirme que debía probar suerte, que tenía una gran voz. Eso sembró en mi la inquietud de hacer una maqueta en un estudio de grabación. Se la presenté a mi comadre Iruña Urruticoechea y ella se la llevó a Rodolfo Rodríguez, el dueño de Sonorodven, de quien era muy amiga. A la semana firmé contrato y de allá a aquí, ya es historia. 

En marzo de 1988 apareció su primer disco, “Que bello”, que contiene tres de los más grandes éxitos que ha tenido Kiara en sus 32 años de carrera musical: Que bello (de Rudy La Scala), Descarado (de Pablo Manavello) y Después de ti (de Frank Quintero y Guillermo Carrasco).  “Ha sido una carrera bonita, bonita, con altos y bajos, pero bien…”, dice.    

La Venezuela de entonces

La situación económica del país y la de la región en general, no era la mejor en ese entonces.  Los economistas se refieren a los años 80 como “la década perdida de América Latina”, debido a la crisis que causó el problema de la deuda externa. En el caso de Venezuela, además, se sumó la estrepitosa caída de los precios del petróleo. El crudo, que había alcanzado en 1980 los 35 dólares por barril, cayó en 1986 a menos de 10 dólares.

Aun así, hubo una conjunción de factores que permitió el florecimiento de la industria musical del país en ese momento. Poco antes de dejar la presidencia en 1984, Luis Herrera Campíns reformó el Decreto 598 que había firmado su predecesor, Carlos Andrés Pérez. Ese instrumento legal obligaba a las emisoras de radio a colocar una canción de un artista venezolano por cada tema extranjero. Fue lo que se conoció popularmente como el “uno por uno”. Eso llevó a los empresarios del sector a invertir en los jóvenes intérpretes, músicos y compositores venezolanos que solo esperaban una oportunidad para mostrar su gran talento.

Así fue como se dieron a conocer cantantes como Ilan Chester, Yordano, Franco de Vita, Melissa, Karina, Elisa Rego, Frank Quintero, Guillermo Dávila, Guillermo Carrasco, Rudy La Scala, Sergio Pérez, Pablo Manavello, Ricardo Montaner. Y Kiara.

¿Qué recuerdas de la Venezuela de esa época?
Quizá no era todo perfecto, pero, en comparación a la actual, era una Venezuela estupenda. Una Venezuela donde nos dieron oportunidades a muchísimos venezolanos de a pie. Porque ciertamente la mía era una familia normal, con un padre militar, con sueños, con planes que se lograron porque uno ponía la perseverancia y la disciplina y si hablabas con la gente correcta, te iban llevando y lograbas cosas.

De Prados del Este a Europa

“Era una Venezuela maravillosa, era una Venezuela donde tus sueños se hacían posible”, prosiguió. “Yo, por ejemplo, a los tres meses de haber firmado con Sonorodven, estaba en el Parque de Castrelos, en Galicia, cantando al lado de Petula Clark, del grupo Mecano, de Gloria Gaynor. También me fue posible ir al País Vasco, a San Sebastián, donde estaba Nana Mouskouri cantando en el mismo programa en el que se presentaba esta humilde servidora. Tuve la oportunidad de cantar con un Oscar D´Leon en el Teresa Carreño acompañada de Arturo Sandoval, el mejor trompetista del mundo. Todo eso gracias a las gestiones de Sonorodven de aquella Venezuela.

¿Y no te pellizcabas para saber si era sueño o realidad?
Es que uno es muy inconsciente y lo da todo por sentado. Cuando te lo quitan es que dices guao. Uno aprende es a los trancazos. Recuerdo haber estado, gracias a Sonorodven, grabando mi quinta producción, “Como un huracán”, en los estudios de Abbey Road, en Londres. Son muy pocos los artistas venezolanos que han tenido esas posibilidades y yo las tuve. Y por eso me siento bendecida y agradecida profundamente con Rodolfo Rodríguez.

Duras decisiones

“Como un huracán” marcó el regreso de Kiara al canto, luego de dos años de ausencia discográfica. El álbum incluía la canción Libérame, compuesta especialmente para ella por Franco de Vita. Fue también el tema de la telenovela Macarena, transmitida por Venevisión, la cual marcó su debut como actriz, actividad que hoy comparte con la de locutora y animadora de radio.

¿Hay algo en tu carrera que te haya resultado difícil?
¡Sí, cómo no! Cuando ya tenía una carrera certera en la música me divorcié. Yo quería seguir manteniendo el estatus que tenía, pero ya en la casa no había dos entradas, sino una sola, y yo no quería perderme de nada porque, bueno, uno se acostumbra a las cosas buenas. Yo soy ambiciosa, sí lo soy. Los tauros somos así, nos sentimos bien si la cuenta bancaria tiene suficiente para todo lo que queremos (risas).

Entonces le dije a mi disquera que quería hacer una novela, lo que representó un reto gigantesco. No sé cuántas horas al día de trabajo, desde la seis de la mañana hasta la madrugada. Si bien es cierto que cantar e interpretar me hacía tener ciertas ventajas para la actuación, porque era otra manera de interpretar, pero con letras, con un libreto, yo no tenía el soporte suficiente como actriz. Me tocó ir aprendiendo a medida que iba avanzando y mis compañeros me ayudaron muchísimo.

Pero fue un reto. Macarena fue un reto para mí tanto en horarios de trabajo como en manejo de cámara, en todos los sentidos. Fue muy fuerte. A los cantantes nos mimaban mucho, en las disqueras éramos divas y divos. Pero la actuación era un trabajo férreo. No teníamos horario. Todo el tiempo había que estar disponible.     

Kiara, y cuando encontraste ese camino como cantante, ¿sentiste que esa era la vida que querías?
¡Esa pregunta es muy difícil! (risas). Es que cuando te subes a un escenario es como si te pasaras un suiche increíble que la gente que no es artista no puede entender. Antes de cada actuación hay un gran estrés. Cuando practicas con tu banda, cuando no afinaste bien, cuando tu músico se equivocó; el vestuario, decidir si te cambias o no durante el espectáculo, si la venta de entradas fue o no un éxito. Todas esas cosas te causan un gran estrés.

Pero cuando ya estás en el escenario llega un momento en el que todo eso se olvida y algo se apodera de ti. No sé decirte qué es. No sé si es una conexión superior que te dice que esto es lo que viniste a hacer. En mi caso, tanto con el canto, como con la actuación, con la radio y con el teatro, siento que definitivamente vine a comunicar, vine a comunicar a través de estas diferentes manifestaciones que me han dado la oportunidad de hacerlo. Así lo siento.

Ahora, que si lo hubiese hecho mejor o que si hubiese llegado a un nivel más alto de internacionalización, es posible. Yo creo que sí hubiese podido. Pero en un momento dado tuve que decidir, como madre de Marco, quedarme más tiempo en Venezuela que estar viajando. Llegó un momento en mi vida en que yo veía los pasaportes y, de seis meses, solo pasaba 30 días en Venezuela. El resto del tiempo estaba afuera.

Un día llegué de un viaje y era el sexto cumpleaños de mi hijo. Me voy directo al colegio, porque le iban a picar una torta, y me entrega un dibujo donde aparece él y su papá maravillosamente bien. Pero dibuja a su mamá muy pequeñita, volteada y sin brazos. Una madre ausente, pero además ausente en cariño, en afecto. Entonces tomé la decisión de reducir los viajes y empecé a hacerlo por un máximo de 10 días. Allí hubo un descenso en la internacionalización de mi carrera.

Pero hoy, viendo a mi hijo, digo que valió la pena. Mi hijo es un ser extraordinario con un alma extraordinaria, no porque lo diga yo, sino porque lo dice la gente. No soy mamá gallina ni mucho menos, pero es un hijo bondadoso y algo bueno debo tener para merecerlo. Se graduó de matemático en la USB, luego lo becaron en la Universidad Politécnica de San Petersburgo para su postgrado en ingeniería estructural. Hoy en día lo becaron para hacer el doctorado en España, tiene muchos años allá. Lamentablemente lo tuve que separar de Venezuela por razones obvias, pero él está muy bien y con un futuro promisorio. Ya tiene 34 años. 

Kiara por dentro

¿Sueñas con ser abuela?
¡Nooo! Además, esa palabra es muy fea (muuuchas risas) no por lo que implica, sino porque fonéticamente es horrenda. ¡A mí que no me llamen abuela! Que me llamen Mami Kiara o Abu o alguna otra cosa… Igual que suegra, nuera, yerno… son todas palabras horrendas.

Por el momento no creo. Yo creo que él se va a casar no digo que tarde, porque para esas cosas nunca es tarde ni temprano, pero es un chico muy independiente. Tuvo una novia espectacular que pensé que iba a formar parte de mi familia, Daniela De Martini, venezolana. Se fueron los dos juntos, pero ahora llevan un año separados. No sé qué les deparará el destino. 

¿Y nunca te animaste a buscar la hembrita?
¡Jamás! No, nunca. La verdad es que nunca fui de querer muchos hijos. De hecho, he podido tener un hijo aún más grande, porque yo esperé cinco años para tener a Marco. Y fue un momento en que la maternidad me inspiró. Un día vi a un bebé y decidí quitarme el aparato intrauterino que tenía y ya. Luego nació mi hijo. Él estaba predestinado a venir. Nunca quise tener más de uno y siempre quise que fuera varón. Y lo logré en el primer intento. 

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¿Eres supersticiosa, crees en la pava, la mala suerte…?
No, para nada. Creo en la astrología, en el sentido de que los planetas influyen en nosotros, así como la Luna influye en las mareas. Es en lo que más creo. De hecho, me cuesta creer en las imágenes, en las advocaciones también. Me cuesta mucho, debo confesarlo. Creo en Dios, pero tampoco en ese Dios de la Iglesia católica, aunque soy católica, apostólica y romana. Pero no en ese Dios castigador, en la culpa, en la manera de escribir la religión de una manera servil, no. Eso no lo soporto. Por supuesto, sí creo que Dios nos creó, que Dios es grande y más grande que yo, pero eso de arrodillarse, de hacer penitencias, de la palabra pecado, no. Bien lejos.

¿Para tomar tus decisiones te basas en tu intuición o en tu razón?
Esa también es una pregunta difícil. Las mujeres utilizamos las dos cosas y digo las mujeres porque creo que somos un poco brujitas (risas). Eso que llaman voz interior, no sé si es tú corazón el que te habla, no sé si es que pasa un ángel, si existen, y te dice algo. Hay algo que hace que uno sepa por dónde deben ir las cosas. Pero también uso la razón. La razón es como poner en un papel lo positivo o lo negativo de algo para tomar una decisión. 

Después de tres matrimonios, ¿cuál crees que es la clave para que funcionen las relaciones de pareja? 
Te lo puedo responder con base en lo que viví, por supuesto. Esta relación que tengo ahora y que espero sea la última, ya tenemos 23 años juntos… Ahora que lo veo yo he estado toda mi vida casada. La primera vez no me casé, sino que hice la primera comunión. He estado casada desde siempre, te lo juro (risas).

Como te decía, lo saco por el balance de esta última relación que ha sido absolutamente positiva. Ambos llegamos grandes, él llego con un divorcio y yo con dos. El éxito ha sido, definitivamente, por el respeto al espacio del otro que nos tenemos. El respeto a la profesión de él y de él a la mía, es impresionante. Yo no digo que tengo que pedirle permiso a mi marido porque me tengo que ir a Miami. No. Yo participo que me voy a Miami. Por supuesto, lo conversamos, le cuento qué voy a hacer y que voy a cantar dos días pero que a lo mejor me quedo 15 por tal o cual motivo.

Uno se casa para complementar la compañía, no para ser dueño del otro. Me molestan esas relaciones – me refiero a mí, si la veo en otras parejas lo respeto, aunque no entienda cómo subsisten – asfixiantes donde tu pareja te llama 200 veces al día, que no cree nunca en tu palabra, que está pendiente de cómo te vistes o te dejas de vestir. No, eso no lo soportaría. Me hubiese divorciado 700 veces. Él es sumamente respetuoso porque también es muy independiente. Es un italiano y es muy buen marido, muy independiente, y logramos ese equilibrio. Aquí se pelea escasamente tres veces al año (risas).

Kiara por fuera

Eres una mujer muy sensual. ¿Eso ha sido una bendición o una cruz?
En este momento, después de más de 30 años de carrera, me siento muy halagada cuando me dicen que soy la “cantante sensual de Venezuela” o “la boca carnosa que canta” (risas). Pero, hablando en serio, hay una línea. Cuando me etiquetaron de esa manera me estigmatizaron, pero luego con la carrera demostré que yo era más que eso. Yo después me puse a averiguar qué es sensualidad y encontré que la sensualidad es transmitir sentimientos positivos. A algunos les hace cosquillas, a otros no, pero siempre se trata de emociones positivas. Y eso me pareció chévere.

Pero también me dije que me tocaba demostrar, como muchísimas mujeres venezolanas, como las tronco de mujeres venezolanas que hay, que podemos ejercer diferentes roles. Podemos ser sensuales, podemos ser madres, podemos ser firmes, podemos ser dulces, podemos ser coherentes y de eso me encargué a través de las entrevistas y a través de las actuaciones que tú tienes no solamente en la vida artística sino también en la vida política del país. El título de abogacía es un acervo cultural que llevo y que me permite ver la vida y enfrentar la vida y responder estas entrevistas de una manera diferente a que si no hubiese tenido un soporte universitario. Eso es definitivo. 

¿Cómo cuidas tu figura? ¿Haces ejercicios, sigues alguna dieta especial?
Hago muchísimo ejercicio, lo que no puedo es someterme a una dieta. Como buena tauro, cocino rico y cooomo como no tienes idea. A medianoche puedo bajar a la cocina y preparar unos tequeños de Nutella. O comerme un helado a las dos de la mañana. Por eso hago muchísimo ejercicio, porque si lleno de gasolina el tanque debo vaciarlo a como dé lugar. Voy a un gimnasio fabuloso en Las Mercedes, donde también comparto con un grupo de gente maravillosa, pero con la pandemia está cerrado. Así que hago ejercicios en la casa. Acá tengo mis pesas y soy una saltadora de cuerdas sensacional, puedo saltar dos mil cuerdas diarias. Eso me lo enseñó mi padre, que era fisicoculturista. Entonces desde muy pequeña tuve esa rutina de hacer ejercicios, más si como como una cerdita.

¿Cómo te ha afectado la cuarentena?
Bueno, es algo que ha paralizado al planeta entero. Pero en mi caso me cayó como una lata de agua fría, porque tuve que suspender ocho conciertos. Tenía dos en Chile el 5 y 6 de junio, dos en Miami y tres en Venezuela, dos en el interior, y otro en Guatemala. Antes de la pandemia estuvimos en Valencia en un show privado, extraordinario. Extraño mucho esa dinámica, la de ensayar con tu banda, la de ir en el autobús compartiendo con tu gente.

Yo no sé mucho al respecto, porque a través de las redes hemos recibido mucha, quizá demasiada información y contrainformación y desinformación. Pero lo que todo el mundo se pregunta es si esto fue creado o fue natural. De la forma que haya sido es un inconveniente total. La economía de este país, que ya era un desastre por lo que todos sabemos, imagínate cómo va a ser ahora. La cantidad de gente con hambre y con necesidades es impresionante. Yo soy muy tuitera, mi cuenta en Twitter la llevo yo personalmente, y nunca en mi vida había sentido o visto o leído tantas peticiones de ayuda de todo tipo. Hombres, mujeres, niños, hasta ayuda para mascotas. A este país lo llevaron a la ruina. Todos estamos viviendo el día a día para ver qué sucede mañana. Y esperando un milagro. 

Blindarse en Venezuela

¿Nunca te has arrepentido de tu decisión de no irte del país?
Me ha pasado por la cabeza en algún momento. Yo quiero mucho a Venezuela, pero tengo que confesarte, porque hay que hacerle honor a quien honor merece, que es mi marido el que se niega a irse de este país. Él, que es italiano, de raíces italianas, ama profundamente a este país. Él se hizo en este país. Y no quiere irse. Yo le dije en una oportunidad que me iba y volvía, y me fui a Estados Unidos y me quedé allá cuatro meses. Pero regresé, porque el matrimonio sufre mucho con estas distancias y después, ciertamente, te das cuenta de que te hace falta tu terruño. Así que regrese y aquí estamos.

Claro, si en un momento dado ya esto no tiene vuelta atrás y se siguen profundizando las heridas entre los venezolanos y la economía se va completamente al traste, pues tendremos que buscar un futuro mejor en otra parte. Pero hasta ahora estamos aferrados a la esperanza de que esto cambie. Las cosas se mueven todos los días y a lo mejor se mueven un día a favor de toda la gente buena de este país. Ojalá así sea.

¿Y en tu casa no tienes problemas con el agua, la electricidad y el internet…?
Bueno, fíjate que mi italiano, italiano al fin, y le doy las gracias por la posibilidad de tener todas esas cosas, hizo en la casa unos tanques enormes. También tenemos una piscina y en caso de que se vaciaran los tanques, podemos utilizar esa agua. Tenemos una planta eléctrica que compramos cuando se podían comprar estas cosas. Y cuando nos falla el ABA, aunque casi siempre lo tenemos, tenemos un par de bam y con eso resolvemos. Si no nos queremos ir de Venezuela, tenemos que blindarnos por los cuatro costados. Claro, yo vivo en casa, eso es una ventaja, es más difícil si vives en edificio. Pero mi mamá sí sufre mucho con esta situación. Muchas veces me la traigo cuando en la de ella no hay agua o no hay electricidad. 

Has llegado a una etapa en la que eres estable en el amor, eres querida por tu público, eres madre, te mantienes activa en lo que te gusta hacer…
¡¡¡Ay, eso me preocupa!!! Porque cuando a uno le dicen esas cosas es porque ya está llegando a cierta edad… (risas)

¡Nooo, Kiara! Lo que deseo saber es qué otras cosas quieres hacer en tu vida…
Yo quiero seguir cantando… Morir cantando en un escenario, me encantaría. Seguir cantando hasta que las fuerzas me ayuden, como Celia Cruz. Me encantaría eso. 

Texto Katty Salerno

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