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José Toro Hardy: “Mi mayor felicidad fue mi esposa”

José Toro Hardy es un destacado economista y experto petrolero. Su vida entera la ha dedicado a servir al país desde altos cargos en la Administración Pública y como docente, escritor y periodista. Pero no por ello escapa de la azarosa vida que llevamos hoy los venezolanos. Es un convencido de que nació en el “mejor país” del mundo, pero eso no lo hace inmune a la “destrucción masiva” a la que el chavismo ha sometido a Venezuela.

Habíamos fijado la entrevista telefónica para el martes 16 de junio a las 9 de la mañana. Lo llamamos a la hora en punto pero no atendió, por más que insistimos. “Se rompió una tubería. Se me inundó la casa y amanecí moviendo muebles y limpiando”, contó horas después, cuando llamó para excusarse y explicar por qué no nos había podido responder en la mañana.

¿Y cómo es un día habitual en su vida?
Yo suelo despertarme muy temprano. A las cuatro de la mañana ya estoy en pie. Esa es una hora que para mí resulta muy lúcida, porque no hay llamadas de teléfono, no hay interrupciones… A esa hora suelo escribir y leer mucho. Creo que es una hora maravillosa para la mayoría de los seres humanos, pero la desperdician… 

Arraigo en Venezuela

José Toro Hardy nació en Caracas el 19 de julio de 1942 en una familia de mucho arraigo en el país. La historia de los Toro se remonta a la Colonia, mientras que los Hardy llegaron de Francia con el abuelo materno.

“Mi padre era un gran viajero, de manera que desde muy pequeños nos mantuvo viajando a todos. Eso me llevó a que buena parte de mis estudios transcurrieran entre Suiza e Inglaterra. Pero mi sueño de joven era siempre regresar a Venezuela. Hoy en día los jóvenes sueñan mucho con irse a otras partes. Y yo, que he estado en otras partes, de joven soñaba era con regresar a Venezuela.

Y así lo hice. Cuando ya estaba listo para irme a Inglaterra, opté por venirme a Venezuela. Aquí estudié mi carrera y después mi posgrado. Y he estado desde muy joven trabajando en dos facetas: el petróleo y la historia. Son dos áreas de las que me he ocupado y escrito mucho.

¿Y por qué se sentía tan atraído por regresar?
Yo siempre me sentí muy arraigado en Venezuela. Y aunque estudié en el exterior, pensaba que no había mejor país que este. Venezuela tenía dos características fundamentales, y muy prácticas ambas, para un profesional que empezaba su carrera. Tenía todas las ventajas de un país desarrollado pero al mismo tiempo tenía todas las ventajas de un país subdesarrollado.

Aquí, el futuro era inmenso. Yo recuerdo que siendo muy joven tenía la creencia de que no existía meta que uno no pudiera alcanzar si le ponía suficiente empeño. Y creo que así fue Venezuela durante muchísimos años.

Pero no era solo una percepción del joven José Toro Hardy. Había hechos que sustentaban esa creencia.  Entre 1920 y 1980, Venezuela tuvo la economía del mundo que más crecía. Era el país que tenía menos inflación y uno de los más exitosos en acabar con enfermedades endémicas.

“Era un país lleno de oportunidades”, resumió José Toro Hardy.

“Y yo adoraba Caracas. Aun estudiando en Suiza, pensaba era en El Ávila, que era la vista que yo tenía desde la ventana de mi cuarto en Caracas. Por eso siempre quise volver”.

Un camino, muchas estaciones

A su regreso al país comenzó a estudiar economía en la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB) y ciencias políticas en la Universidad Central de Venezuela (UCV). Al juntarse estas áreas, le nació también el interés por la historia. “Quería entender la razón histórica de los procesos económicos”, explicó.

“Tuve la ventaja de que me gustó mucho mi profesión, no sé si era tan productiva, pero me gustaba mucho”, añadió.

¿Cómo consiguió su primer empleo?
Cuando estaba en tercer año, con el profesor Ignacio Olcoz. Él era, junto con el padre Manuel Pernaut, uno de los profesores más respetados de la Facultad de Economía de la UCAB. También era asesor económico de la Cámara Petrolera de Venezuela. Un día se me acerca y me dice:´mira, Toro, voy de presidente del Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales de la UCAB. Me pidieron que yo mismo escogiera a la persona que me va a reemplazar en la Cámara. Y he pensado que tú podrías hacerlo bien´.

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Yo creía que me estaba echando broma, porque yo tenía como 20 años. Y así, de repente, me vi sentado en la directiva de la Cámara del Petróleo, donde los directores eran los venezolanos de más alto nivel en cada una de las empresas petroleras. Estaba José Giacopini Zárraga, por la Shell; Guillermo Rodríguez Eraso, por la Creole; Luis Alcalá Sucre, por Mene Grande… Para mí aquello fue un reto inmenso. Eso fue lo que me llevó hacia la industria petrolera. 

¿Cuántos años le ha dedicado José Toro Hardy a su vida profesional?
Desde antes de graduarme ya estaba en la Cámara del Petróleo. Y recién graduado, un buen día me llama el doctor Pedro Tinoco y me dice que quería que colaborara con él, y así lo hice. Después, él mismo me llevó, también muy joven, no pasaría yo de 23-24 años, como director de la Corporación Venezolana de Fomento, que era el banco de desarrollo más importante de América Latina en esa época. Eso me desvió del petróleo hacia otros aspectos de la profesión. Y por ahí me fui. Ha sido un camino con muchas estaciones. Por eso nunca pude terminar la tesis de grado en ciencias políticas, porque las muchas otras responsabilidades que tenía me lo impidieron. Me gradué de economista solamente.

José Toro Hardy Personalidades
Retrato Bemjamín Orasma
Humor y amor

El venezolano es muy echador de broma. ¿Usted también lo es?
Yo creo que sí, yo creo que sí… Yo no sé si soy muy echador de broma, pero sí le puedo decir que tengo mucho humor… (Risas)

Parece muy afable. ¿Siempre lo es o hay cosas que le hacen perder los estribos?
Como todas las personas, uno pierde los estribos de vez en cuando. Pero en general creo que tiendo a ser amable con las personas, y las personas también tienden a ser muy amables conmigo. Además, eso también estuvo muy bien canalizado por un ser humano extraordinario que fue mi esposa, Carolina Clemente. Ella tenía mucho sentido del humor. Era una artista, una increíble pintora, extremadamente culta y lectora. Estuve 47 años casado con ella, hasta que murió hace seis años. Ella marcó para mí un camino vinculado a la cultura, al arte, a la historia.

¿Cuál ha sido la mayor felicidad en la vida de José Toro Hardy?
Mi mayor felicidad fue mi esposa. Y uno de los momentos más felices de mi vida fue cuando nació nuestra primera hija. Hoy son cuatro hijos y tres nietos. Fuera de los problemas normales que tiene todo ser humano, he tenido una vida muy llena de satisfacciones.  

¿Acostumbra a celebrar su cumpleaños?
Mi esposa siempre me lo celebraba. Mi familia fue siempre muy familiar, valga la redundancia. Los domingos nos reuníamos con todos los hijos. Y cuando se casaron, entonces venían también sus esposas y esposos. Después mi esposa murió y los hijos están afuera. Entonces ya son pocas las cosas que celebro. 

¿Es amante de la naturaleza o es citadino?
¡Soy muy amante de la naturaleza! Hoy en día, por razones de edad, soy más citadino, pero no siempre fue así. Fui muy deportista, por ejemplo. Mi deporte favorito era el submarinismo. Durante muchos años, todos los fines de semana me iba con mi esposa y con mis hijos a hacer submarinismo en Chichiriviche. Éramos muy deportistas los dos.  De las cosas que más me gustaba de la naturaleza, era el mar.

¿Cuál es el lugar de su casa donde más le gusta estar?
Mi casa es muy especial. Cuando compramos el terreno mi esposa se sentó a hablar con el arquitecto. Le dijo que ella no quería una casa con un jardín, sino un jardín con una casa. Yo no entendía muy bien el concepto hasta que ella lo dibujó con el arquitecto.

Mi casa adentro no tiene paredes. Lo que separa los ambientes unos de otros, son jardines internos. A ella no le interesaba ver hacia afuera. El cuarto de nosotros es el único que tiene una vista muy linda sobre El Ávila. El resto de las áreas mira es hacia el interior de la casa, hacia el jardín que está adentro de la casa. Uno de los tubos de ese jardín fue el que se rompió hoy. Mi casa parece una selva, sobre todo de noche, cuando empiezan a cantar los grillos. Eso me la recuerda mucho. De manera que yo me siento muy cómodo en cualquier parte de mi casa.

Siempre activo

Próximo a cumplir 78 años, José Toro Hardy sigue muy de cerca el acontecer nacional e internacional. También se mantiene activo en las redes sociales, especialmente en Twitter, donde comenta e interpreta los hechos para sus más de 575.000 seguidores.

¿Cómo se animó a hacer estos audios que le estamos escuchando por las redes sociales?
Eso se remonta a hace bastantes años. Y lo recuerdo exactamente porque fue el día del ataque a las torres del Centro Mundial de Comercio, el 11 de septiembre de 2001. Guillermo Zuloaga, que era el presidente de Globovisión y muy amigo mío, me propuso hacer un programa sobre ese suceso. Me pareció interesante e hice un programa de media hora acerca del problema islámico y las perspectivas del terrorismo. A Guillermo le gustó mucho y me propuso que hiciera una segunda parte el siguiente domingo.

Y en eso estuve casi por cinco años, hablando todos los domingos a las 10 de la noche en Globovisión, en un programa que se llamaba Análisis. Era algo que me divertía mucho hacer. Pensaba que mis programas eran más fastidiosos que un paseo en aplanadora, porque hablaba yo solo durante media hora. Y además sobre temas muy fastidiosos: economía, historia, religión, arte (Risas). Era una cosa rara que en la televisión venezolana, en una hora premium, un domingo, pusieran a alguien a hablar de esos temas. 

Pero si estuvo cinco años al aire es porque tenía audiencia…
Sí, el rating era muy bueno y nunca entendí por qué (Risas). ¡Hasta lo transmitían en otros países! Eso mismo es lo que estoy haciendo ahora con estos audios, con los recursos tecnológicos de los que uno dispone ahora.

El nuevo futuro

¿En qué piensa José Toro Hardy antes de dormir?
¡En que ojalá amaneciera en una Venezuela diferente! Y me esfuerzo mucho para que eso ocurra.

Es que estamos todos muy angustiados. A pesar de que ya llevamos dos décadas así, esto no es Venezuela. Esto es una cosa extraña en la historia. Venezuela fue un país completamente diferente. Venezuela fue una de las sociedades más exitosas del mundo. Lo que ocurrió en Venezuela desde que apareció el petróleo hasta 1980, era la envidia del mundo. Venezuela era un país adonde la gente venía a buscar su futuro. Pero las cosas empezaron a cambiar y el país tomó un rumbo que no es el que le corresponde, pero es un rumbo que se está agotando.

¿Por qué dice que ese rumbo se está agotando?
Las razones son muchas. La primera es que hoy en día somos el país que tiene la mayor hiperinflación en el mundo. De hecho, somos el único país con hiperinflación. Somos el país que tiene la mayor contracción económica del mundo. De acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI), en seis años el tamaño de la economía de Venezuela se ha reducido en casi 70 %.

A Pdvsa la han destruido. En 1998 producíamos casi 3.5 millones de barriles diarios de petróleo. De haberse cumplido los planes de la apertura de la industria petrolera, hoy deberíamos estar produciendo más de 5 millones de barriles diarios. Pero lo que estamos produciendo está en el orden de los 500.000 barriles. Se ha destruido el valor de la moneda. Más de cinco millones de venezolanos han migrado a otros países a buscar futuro. En conjunto, estamos hablando de un Estado fallido.

Yo creo que esto es como un avión que está volando a 30.000 pies de altura y se quedó sin gasolina. Entonces el piloto tiene dos alternativas. La primera es buscar una pista cercana para tener un aterrizaje, un soft landing como dirían los americanos. Eso implicaría una negociación, un acuerdo. Pero el piloto parece creer que puede seguir volando. El tema es que los aviones sin gasolina terminan estrellándose. Y pareciera que el piloto se empeña en seguir volando. Así va a terminar en un crash landing, con el agravante de que los pasajeros de ese avión somos todos los venezolanos. 

¿Será posible construir una nueva Venezuela sin petróleo?
Yo estoy convencido de que eso es lo que va a ocurrir. Nosotros sí estuvimos sembrando el petróleo. En 1920 Venezuela era un país pobrísimo, quizá el más pobre de América Latina junto con Haití. La expectativa de vida de los venezolanos era de apenas 32 años. El paludismo, la tuberculosis y todas las enfermedades endémicas acababan con la población. El 85 % de la población era analfabeta.

Cuando aparece el petróleo, empieza un proceso de crecimiento excepcional. Los cambios que ocurrieron en Venezuela en 60 años les tomaron más de 500 años a otros países lograrlos. Muy rápidamente se empezaron a construir escuelas, carreteras, puentes. Se electrificó el país, se construyeron acueductos. Fue un progreso increíble el que tuvo Venezuela. Éramos un país de oportunidades. Pero en un momento determinado el país empezó a torcer el rumbo y eso nos conduce a (Hugo) Chávez. Y Chávez nos conduce a esta destrucción masiva que ha experimentado Venezuela.

Pero yo espero que en estos últimos años los venezolanos hayamos aprendido la lección. Y si aprendemos la lección, entonces seguiremos siendo el mismo país de antes. Porque el país sigue teniendo una riqueza natural excepcional, aunque creo que no debemos depender de sus riquezas naturales.

Venezuela tiene inmensas cantidades de petróleo todavía. No es cierto que tenga las mayores reservas del mundo como dice el gobierno, pero sí tiene mucho petróleo. Tiene reservas de casi todos los minerales que uno pueda imaginarse. Extensiones enormes de tierras fértiles. Es uno de los países del mundo con más agua. Con una ubicación geográfica extraordinaria. Es decir, las ventajas que tiene Venezuela para resurgir son inmensas.

Las desventajas, diría, las hemos estado purgando en las últimas dos décadas. Si los venezolanos fuimos capaces de aprender en estas últimas dos décadas los errores que se han cometido y sabemos retomar el camino, recuperar el rumbo, Venezuela va a tener un crecimiento mucho más equilibrado del que antes tuvo. Sin duda vamos a necesitar el petróleo porque es el que nos aporta la mayor cantidad de divisas para poder recuperar el resto del país. Pero aspiro a que tengamos una industria petrolera cualitativamente diferente, donde la economía sea más equilibrada y procurando un crecimiento más proporcional de los demás sectores. Eso permitirá que seamos menos dependientes del petróleo, aunque se recupere el petróleo. 

Estoy convencido de que lo que va a sacar a Venezuela de esta crisis es el efecto multiplicador de las inversiones. Aquí hay que invertir más de 200.000 millones de dólares nada más que en petróleo para recuperar en 8 o 10 años lo que producíamos hace 20. Pero también hay que hacer inmensas inversiones en el sector agrícola. Más del 80 % de nuestras industrias han cerrado sus puertas en estas dos décadas y hay que recuperarlas. Entonces, el efecto multiplicador de todas esas inversiones es capaz de impulsar el crecimiento y devolverle a Venezuela la vitalidad que antes tuvo. 

Yo soy tremendamente optimista. Creo que esto que está ocurriendo en Venezuela está llegando a su fin y creo que las oportunidades volverán a ser inmensas. Yo quiero que mis hijos regresen, pero quiero que regresen todos los hijos. Y estoy convencido de que van a regresar.

Texto Katty Salerno

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8 respuestas a “José Toro Hardy: “Mi mayor felicidad fue mi esposa””

Que bonita historia nos cuenta José Toro Hardy , muchos solo sabemos que es un experto petrolero de rostro amable . Gracias por el ánimo que nos infunden sus palabras

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