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Inés Quintero: “No me imagino haciendo una cosa distinta a la historia”

A Inés Quintero da gusto escucharla. Habla sabroso, con vehemencia y, sobre todo, con seguridad. La seguridad que le da ser licenciada, magister y doctora en historia o “historiadora al cubo”, como la presentó una vez Luis Pedro España. Lo suyo con la historia fue un amor a primera vista que se convirtió en el amor de su vida. Desde que comenzó como preparadora en el Instituto de Estudios Hispanoamericanos de la UCV no ha hecho más que actuar en los distintos escenarios de la historia: como profesora, investigadora, escritora y oradora. Individuo de la Academia Nacional de la Historia, ha dirigido la institución en dos periodos, una posición a la que muy pocos son llamados y menos siendo mujer. No es cuento, es historia, es uno de los 10 libros que ha publicado hasta la fecha. Y es el tema con el que abrimos esta entrevista con Curadas.

¿Cuál es el cuento más grande que nos han metido a los venezolanos acerca de nuestra historia?

La verdad es que hay muchísimos cuentos… Uno de ellos es ese de que Simón Bolívar murió pobre, que no tenía ni una camisa que ponerse… ¡Mentiiira! Bolívar era dueño de las minas de Aroa, Bolívar había repartido su herencia entre sus familiares… Cuando uno lee el testamento de Bolívar se da cuenta de que no estaba en la inopia. Él aspiraba a resolver su futuro con las minas de cobre que pertenecían a su familia y de su venta iba a tener la manera de vivir en Europa sin ningún tipo de dificultad.

Otro de los cuentos terribles de nuestra historia es el del 19 de abril de 1810. ¡El 19 de abril no se declaró la independencia! Le han otorgado un carácter independentista a un hecho que no fue tal.

Hay cantidad de episodios de los que no es que nos han metido coba, sino que son susceptibles de ser discutidos. Lo que a mí más me importa de la historia o por lo menos lo que me parece que tiene mayor riqueza, es que cada uno de esos hechos son susceptibles de que uno pueda discutirlos y tratar de ver de qué manera los atiendes y los procesas y los analizas. La gran riqueza de la historia es precisamente la posibilidad de que sea un espacio para el debate, que no puede ser un espacio para los dogmatismos, sobre todo que debe despojarse de maniqueísmos y de utilizaciones políticas porque la historia, como te insisto, es esencialmente un espacio para las críticas.

Creo que uno de los grandes daños que ha ocurrido a lo largo de nuestra historia es el hecho de que la historia haya sido siempre instrumentalizada con fines políticos y sobre todo con mayor frenesí en estos últimos 20 años, donde la historia ha sido permanentemente una herramienta de movilización política, cuando la historia debería ser un espacio para el encuentro, para el debate y para la diversidad de pareceres y de opiniones.

¿Dónde está la frontera entre política e historia?

Yo como historiadora puedo tener una posición política y eso es absolutamente legítimo. El problema está cuando tú, desde esa posición política, quieres forzar la lectura del pasado. Allí estás dejando de hacer historia y lo que estás haciendo es política. Yo respeto profundamente la posición política de cualquier historiador. Frente a lo que yo disiento es que tú, desde esa posición política, pretendas hacer que la historia coincida con tus intereses políticos. Allí estas dejando de ser un historiador crítico o un productor de conocimiento y te conviertes en una herramienta política. Creo que esa es la frontera entre una cosa y otra. Cuando un político utiliza la historia no está haciendo historia, está haciendo política.

¿Temió por su vida el 5 julio de 2017?

Yo soy particularmente positiva en la vida, en general. Yo nunca pienso que las cosas malas me van a pasar a mí. Ese día sentí, obviamente, que había una situación de profunda inquietud, pero nunca pensé, o nunca sentí, o nunca tuvimos el temor de que aquello iba a conducir a una acción que fuese más allá del asedio que se estaba dando en ese momento. Además, estaba mi esposo, estaban mis hermanos, estábamos acompañados familiarmente y eso siempre te permite tener tranquilidad, porque no estás solo.

¿Cómo le llama su familia: Inés, Inesita, Inés Mercedes…?

Inés. La gente se siente en confianza de llamarme Inesita con bastante frecuencia, pero en la casa me llaman es Inés, no usamos los dos nombres.

¿Son muy unidas usted y Valentina?

¡Tremendamente entrañables! Nos llevamos muy poca edad, casi que ni el año completo. Yo cumplo años y la alcanzo, pero a los 15 días ella se vuelve a ir para arriba. Pero por unos días las dos tenemos la misma edad, comiquísimo. Nosotras somos tres hermanas y durante mucho tiempo compartimos las tres el mismo cuarto. Pero cuando nos mudamos a otra casa que tenía una habitación adicional, a Susana, por ser la mayor, le tocó tener su cuarto propio, y Valentina y yo quedamos durmiendo juntas. ¡Toda la vida hemos sido supercompinches!

En su perfil en Twitter dice que es “tarbesiana”. ¿En cuál de los San José de Tarbes estudió?

¡En todos! (Risas). Es que vivimos en Los Teques, y mientras vivimos allí estudiamos en el San José de Tarbes de Los Teques. Después nos mudamos para Vista Alegre y nos tocó estar en el San José de Tarbes de El Paraíso. Luego nos mudamos para La Florida y seguimos en el de La Florida. ¡Siempre había un San José de Tarbes cerca de usted! Nos mudamos una cantidad de veces, pero siempre hubo la suerte de que había un San José de Tarbes en la zona. Mi abuela, la mamá de mi mamá, estudió en el San José de Tarbes de El Paraíso y mi mamá se quedó entusiasmada con esa herencia. Ella no estudió en el San José de Tarbes, pero nosotras sí. Las tres nos graduamos en el San José de Tarbes.

Ha contado que decidió estudiar historia sin meditarlo mucho, que fue amor a primera vista. ¿Sigue sintiendo lo mismo?

Yo me fui a vivir a Mérida porque mi papá tenía un negocio allá y por eso empecé la carrera de historia en la Universidad de Los Andes (ULA). Estudié un año o año y medio y después me vine a Caracas y continué en la Universidad Central de Venezuela (UCV), donde me gradué. Pero siempre hago valer que mi iniciación formativa en la historia fue en la ULA, donde tengo grandes amigos que fueron mis profesores.

Mantengo esa conexión afectiva con la ULA porque fue allí donde yo empecé, fue allí donde yo me enamoré de la historia. Y desde ese día hasta ahorita no he hecho otra cosa que ser historiadora. Ha sido un amor fiel y furibundo. No me imagino haciendo una cosa distinta que no sea la historia. Esa es mi pasión y mi existencia y mi interés vital. Claro, hay otras cosas importantes en mi vida, pero la historia sigue siendo lo que más me importa.

Ha sido el amor de su vida, ya que aún sigue ahí. Y con mucho éxito, además.

No me puedo quejar. Yo creo que en eso también ha influido, por una parte, el hecho de que llamativamente este es un país muy sensible al tema histórico. Aquí toda la vida la historia ha estado como en un nivel de mucha demanda, de mucho interés, y se ha producido mucho historiográficamente, y siendo que la Escuela de Historia y la disciplina profesional ha sido más bien reciente, porque la escuela se creó en el 58.

Yo creo que la historiografía profesional en Venezuela ha logrado ocupar un espacio importante y creo que ese ambiente también contribuyó a que pudiese tener el desarrollo de una carrera profesional que está dentro de ese ámbito de desarrollo de la historia en el país. Haber tenido la oportunidad de ingresar como preparadora, siendo todavía estudiante, a un instituto de investigación, lo que te permite profundizar en el campo de investigación; haber tenido la oportunidad de contactarme con historiadores como Manuel Caballero o Elías Pino… Manuel fue gran amigo mío y Elías sigue siendo un gran amigo… Todo eso me abrió muchísimas posibilidades.

Yo creo también que una de las cosas que ha funcionado es que para mí esto siempre ha sido un ámbito de muchísima dedicación, de muchísima disciplina, pero también de muchísimo interés y de muchísima entrega. ¡A mí me encanta lo que hago! Yo creo que cuando las cosas se hacen con ese entusiasmo, con esa pasión, con esa entrega, es muy probable que te vaya bien.

¿A qué le sabe el éxito?

Yo creo que eso forma parte del proceso, como te venía diciendo. No es que tú lo haces para tener éxito, pero si haces las cosas con dedicación, con disciplina, con entrega, con pasión, y si a eso se suma la posibilidad de que haya aceptación de lo que tú haces, eso es de mucha realización. Qué bueno que todo esto que yo he hecho ha tenido auditorio, que a la gente le ha interesado. Eso me ha permitido consolidarme profesionalmente como una historiadora venezolana, porque eso es lo que yo soy, una historiadora venezolana, no una historiadora en abstracto.

¿Qué es lo que más le interesa de la historia?

Hay una formación que tiene que ver con lo que tú eres en esencia. Y yo soy venezolana. Por supuesto, he tenido que estudiar historia de España, historia de América Latina, historia de Estados Unidos, historia Universal… Pero para mí, como área de investigación y como área de interés, lo que me ha generado a mí toda esta conexión ha sido fundamentalmente mi condición de pertenencia. Yo pertenezco a esto, entonces mi obra toda está referida a la historia de Venezuela.

Y dentro de esto me he dedicado mucho al periodo de la independencia, o sea, todo ese proceso que transcurre entre el tránsito de la colonia al proceso de la independencia y de la formación de la república, porque yo creo que allí están muchos de los códigos fundacionales de nuestra sociedad y de nuestra sociabilidad política y de nuestra cultura política y de la condición republicana. Todo eso se gesta, se constituye y se forma durante ese periodo. Entonces ha sido como un nicho al cual le he puesto mucho interés.

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Y también me ha interesado mucho el tema de la historia de las mujeres, en el que he desarrollado investigaciones. Ha habido una omisión histórica dramática pero no solo en la historia de Venezuela, eso ha sido un lugar común en la historiografía universal y occidental. O sea, las mujeres no formaban parte del relato, independientemente de que siempre hemos estado allí. Claro, todo esto es una tendencia historiográfica que se ha consolidado ya como un área de estudio especializado y sobre lo cual hay una cantidad de obras y una producción bibliográfica extraordinaria, completísima, con cantidad de perspectivas. Pero es una cosa del siglo XX profundo, eso empieza a ocurrir en la década del 70 como un área consolidada, es bastante reciente.

Eso también me ha llamado mucho la atención sobre todo porque trabajando en los archivos me di cuenta del volumen de documentación que había sobre mujeres, y eso me fue como conduciendo a tratar de recuperar esa documentación y a tratar de hacerlas hablar. De ahí el libro de María Antonia Bolívar, La criolla principal, o El fabricante de peinetas o La palabra ignorada, en los que he hurgado sobre la vida de las mujeres venezolanas.   

Y hablando de la independencia de Venezuela, ¿a qué cree que se deba que en la actualidad no tengamos próceres capaces de sacarnos de esta pesadilla que estamos viviendo?

Cada periodo histórico y cada proceso histórico tiene sus particularidades, sus maneras de plasmarse. Como la independencia es una película que ya terminó, es un ciclo o periodo concluido, uno sabe quiénes fueron los personajes y dónde estuvieron y qué hicieron, y también porque se hizo desde una perspectiva muy heroica, muy individual, muy personalizada: que si Simón Bolívar, que si el Mariscal Sucre, que si Miranda, es decir, los próceres. Pero no tienes conciencia de que eso también fue producto de una sociedad que se movilizó, que se comprometió. Allí hubo también una acción colectiva que permitió que esa transformación ocurriese. Y que también hubo cantidad de personas, sobre las cuales no tenemos el mismo conocimiento, que fueron las que elaboraron las ideas, que estuvieron en el centro del debate. Toda esa cantidad de civiles también son parte de la historia.

Entonces yo creo que en este momento el protagonismo más importante no es individual. Yo creo que el proceso histórico que estamos viviendo en Venezuela, la manera en la cual esta condición puede transformarse, es mediante una acción colectiva de una enorme fuerza y no aspirando a que haya unos personajes providenciales que vengan resolvernos la vida y a decirnos para dónde tenemos que ir. Creo que la condición histórica del presente demanda acciones más colectivas, compromisos más colectivos, movimientos más ciudadanos que le den el curso y el peso al destino de esta coyuntura, de este momento.

Lo que pasa es que cuando somos los actores del momento, cuando nos toca vivir estos momentos, por supuesto tenemos una conciencia histórica del momento muy biográfica, muy individual, entonces lo vemos muy en perspectiva del momento como condición temporal acotada a nuestra vida. La dimensión histórica de los procesos trasciende esa condición.

Acciones colectivas, no héroes

Yo entiendo que hay como una desesperanza, una ansiedad, y la gente se pregunta hasta cuándo, cuándo va a aparecer la persona que va a resolver. Pero sí creo que una de las cosas que ha ocurrido, y esta es una percepción más reflexiva que de otro tipo, es que esta es una sociedad que en medio de todo este caos ha empezado a hacer otros tejidos sociales que antes no existían. Hay que confiar en la fuerza de esos tejidos sociales no porque esos tejidos sociales van a resolver, sino porque sobre la base de esa construcción más colectiva es que tú puedes efectivamente tener respuestas que no estén determinadas por un individuo, sino más bien que ese individuo sea la expresión de esas fuerzas.

Esa es la manera en la que yo entiendo este momento tan difícil. Y creo también que es un momento en el cual tiene que haber esa transformación no solamente en el liderazgo sino también de las prácticas políticas, porque tú no puedes seguir aspirando a que las cosas se resuelvan por mediación de terceros, sino que es un proceso más difícil, más complejo, pero hay que conducirlo a eso. Insisto, atendiendo a todas las voces de la sociedad y no arrogándose la autoridad por la vía de lo que diga uno solo.

Tiene que haber como una especie de doble canal, donde, por una parte, haya el compromiso político de quienes tienen la responsabilidad de la conducción de este proceso; y por la otra, una presión lo suficientemente sólida de la sociedad para garantizar y conducir ese proceso en la dirección que uno quiere. Deben ser fuerzas conjuntas. No es suficiente con un liderazgo comprometido, sino que es además necesario una sociedad movilizada que presione y conduzca las cosas en función de los intereses de esa sociedad.

Por eso hablo de un camino de dos vías, porque, además, así se ha plasmado en otros momentos. Por ejemplo, cuando murió (Juan Vicente) Gómez, que ni siquiera se habían constituido los partidos políticos, quienes salen primero a la calle a demandar democracia es la gente. Había una fuerza motora de la sociedad que forzó las cosas en una dirección.

Claro, esto es más una forma de entender el momento producto de mi condición de historiadora. Yo entiendo que lo que vivimos a título individual ahorita es algo que nos trasciende como individuo y que depende de lo que logremos hacer individualmente para que tenga peso colectivo lo que va a determinar que las cosas vayan en una dirección o en otra. Es muy fregado, porque no estamos pensando en términos biográficos sino en términos históricos, qué hacer para que esto históricamente tenga un resultado diferente.

¿Tiene algún prócer, real o ficticio?

Yo me he conectado mucho con los personajes sobre los cuales he tenido la oportunidad de estudiar. Yo hice un libro sobre (Antonio José de) Sucre y cuando lo estaba haciendo estaba en un entusiasmo frenético con Sucre. Me pasó lo mismo con (Francisco de) Miranda e incluso con el propio Marqués del Toro. Uno se conecta afectivamente con todos estos personajes. Pero también con un enorme cuidado porque como te conectas al momento que estás trabajando, puedes ser seducida por las vidas de estos personajes, sobre todo con Miranda, porque si hay algo que caracteriza a Miranda es la seducción.

Pero creo que más que los personajes lo que ha estado en el fondo, porque también me ocurre con María Antonia y también me ocurrió con otras mujeres, es la conexión que tu estableces con la investigación. Eso es como una especie de adicción. Estas investigando y cada vez sientes como mayor deseo y mayor ilusión y mayor interés… Es como un motor de búsqueda que te permite que aquello que estás haciendo no sea un trabajo sino más bien una conexión vital con lo que haces. Cada libro ha sido una conexión más o menos similar. Cuando estás metido en un libro, ese libro te atrapa, te conecta y lo único que quieres es estar allí, vinculado a esa investigación y a ese resultado.

¿Siempre le gustó escribir o lo hace como una consecuencia natural de su faceta de investigadora?

En nuestra casa, y sobre todo mi mamá, siempre fuimos muy cultores del lenguaje, de la palabra. Mi mama ha sido históricamente una cultora de la palabra y del lenguaje, ella escribía. Y mi abuelo fue miembro de la Academia de la Lengua y miembro de la Academia de Ciencias Políticas. Yo me acuerdo, de chiquitica, en el colegio, que a mí me gustaba escribir mis tareas y escribir cuentos. Siempre estuve muy conectada con eso, con la posibilidad de comunicarse por escrito.

Pero obviamente eso es una cosa y otra cuando la escritura forma parte de la posibilidad de comunicar el resultado de una investigación. Yo sí creo que en mi proceso de formación hubo un antes y un después de La criolla principal, porque cuando uno escribe los trabajos de investigación formales como historiadora para un paper, para una revista o una tesis para un ascenso o una tesis para un postgrado, estas sujeto a un esquema de escritura que es el académico que tiene unas exigencias que no te puedes saltar.

Pero cuando vas a escribir con el fin de comunicar, con el fin de conectar, con el fin de transmitir a un público que va más allá del especialista, es otro código y eso de verdad ha sido un aprendizaje con el que yo me he conectado muy sabroso. Cómo escribir para que la gente sienta que eso que tú le estas contando, que tú le estas transmitiendo, le llegue y le diga cosas. Eso está conectado con la manera de comunicarse. Yo también soy muy vehemente al hablar. Yo he querido que no haya diferencia entre la escritura y la manera de comunicar hablada. Mucha gente me dice que cuando está leyendo el libro le parece estar oyéndome.

¿Es una persona ordenada, organizada, de las que tiene agendas y las cumplen rigurosamente?

En las cosas de mi trabajo soy de rigor supremo. Yo tengo mi agenda para las cosas de trabajo. Soy frenéticamente puntual, me parece importantísimo respetar el tiempo de los demás. Trato de organizar mis cosas de forma tal que no se me solapen unas con otras. Trato, en la medida de lo posible, de concentrar las actividades por día porque soy muy celosa de mi tiempo de escritura y de mi tiempo de estudio, por ejemplo. Entonces trato de preservar algunos días que son para yo poder trabajar y atender mis cosas de escritura y de lectura y de reflexión.

Ahorita, por supuesto, en medio de esta situación, ha sido todo muy distinto. Por suerte, yo tengo mi biblioteca en mi casa. Mi esposo también es historiador y antropólogo, de manera que tenemos la ventaja de que tenemos nuestra biblioteca y que eso no nos ha alterado la posibilidad de ser productivos en este encierro.

Pero procuro ser muy sistemática. Si yo estoy escribiendo, me dedico a eso y busco la manera de que ese tiempo se respete. En esos momentos, por ejemplo, apago el teléfono o lo quito el volumen, para poder tener continuidad en el trabajo.

¿Y en lo demás, es más fluida?

Me gusta mucho la cocina y me provoca a veces cocinar, no cosas elaboradas ni complicadas, pero, para mí, conectarme con la cocina es una cosa terapéutica. Me meto en la cocina y estar allí inventando qué voy a preparar es un factor de distensión, de desconexión de la ansiedad y de las preocupaciones. Es bien sabroso poder desconectarse en ese ambiente que tiene que ver con la cocina o con las cosas de la casa, pero, sobre todo, de la casa lo que más me entusiasma es meterme en la cocina a preparar cualquier cosita con lo que tengo en la nevera.                  

¿Y qué otras cosas le alegran la vida?

Yo tengo una nieta de 13 años que es un primor mi muchachita. Ella es una de mis felicidades. Yo soy muy familiar. Para mí es importante el contacto familiar, reunirme con la gente. Me gusta escuchar música … Me encanta bailar, viajar, leer… bueno, lo que le gusta a todo el mundo (Risas). Para mí lo más dramático de esta locura de la pandemia es que no he podido ver a mi mamá. Para mí eso es una catástrofe, porque mi mamá vive en Maracay con mi hermana Susana y simplemente no ha habido manera de poder ir. Eso de verdad me ha afectado.

Ha dicho que no le gustan las series de televisión de contenido histórico precisamente porque no se ajustan al rigor histórico. Pero si tuviera la oportunidad y la plena libertad de dirigir o escribir un guion, para la televisión o el cine, sobre algún personaje histórico, quién sería y por qué.

Yo sí creo que puede producirse material de divulgación que respete y que sea próximo a la realidad histórica, sobre todo porque la realidad histórica puede ser fascinante y no necesitas estar embadurnando los hechos. Mi libro La criolla principal, que es la historia de María Antonia Bolívar, es una película. Tú no tienes que inventarle nada a María Antonia, ella sola es una película.

Yo lo que soy es historiadora, no soy novelista ni dramaturga ni guionista, pero si a mí me dieran una varita mágica me fascinaría hacer un monólogo con María Antonia hablando, expresando, contando lo que ella es. Son cosas realizables. Es posible hacerlo con seriedad, con rigor y sin que eso signifique que la gente se va a dormir en la butaca, porque son historias fascinantes.

¿Tiene algún nuevo título en proyecto?

Ahorita estoy participando, junto a otros autores, en un proyecto de la Fundación de la Cultura Urbana. Se trata de un libro colectivo sobre el siglo XX que está coordinando Elías Pino. Yo estoy a cargo de uno de los libros sobre la sociedad venezolana en ese siglo.

Estoy en un proyecto con Banesco que se llama Historia contigo. Se trata de contenidos históricos para Instagram que se publican cada dos semanas y que están disponibles de manera permanente en la página oficial del banco.

También estoy haciendo con cierta disciplina, dos o tres veces por semana, unos pódscat en Instagram sobre contenido histórico. Le dediqué varios a Francisco de Miranda y ahora voy a seguir con otros temas. Pero es, como decía antes, un asunto de disciplina porque no te puedes aislar y, en este contexto, esa es una manera de tener una presencia dentro de lo que tú eres y de lo que haces.

Texto Katty Salerno

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