Hoy te traemos una nueva anécdota de músicos

En el oficio del músico es más que usual el complacer las peticiones del público y especialmente de quienes contratan nuestros servicios para alguna celebración privada. Además del sempiterno “Cumpleaños Felíz”, los contratantes piden una infinidad de canciones especiales que les traen recuerdos.

Sin embargo, a veces estas peticiones se salen de lo normal. Voy a relatarles un cuento del que fui testigo presencial:

A finales de los años 90 una señora entrada en años de la alta sociedad caraqueña (a quién por discreción nombraré en esta crónica como “Sra. P.”) organizó una fiesta muy especial:

Era la despedida de su casa, una gran mansión en Los Chorros, ya que la estaba vendiendo porque ella había enviudado y sus hijos ya no vivían con ella, por lo que le resultaba demasiado grande.

Para esta celebración, la Sra. P decidió que quería despedirse de su casa rememorando la fiesta con que la inauguró a principios de los años 60, un evento de estricta etiqueta en el que invitó a la godarria caraqueña, y contrató a la orquesta Billos Caracas Boys, quienes habían tocado en la inauguración de la casa casi cuarenta años antes.

Ahora bien, la Sra. P, quién evidentemente era como dicen ahora en inglés una “control freak”, cuando contactó a Amable y Luís Frómeta quienes eran los que manejaban la orquesta en los 90, les puso dos condiciones:

La primera era que la Billos debería interpretar EXACTAMENTE el mismo repertorio que tocaron en la inauguración. Amable y Luís perplejos le dijeron, “Bueno Sra. P., pero el problema es que ninguno de los que están en la orquesta hoy sabemos cuáles canciones se tocaron”, y ella respondió “pues yo sí”. Resulta que la Sra. P. tenía guardada en su colección privada una lista que ella misma había hecho para la fiesta de inauguración de la fiesta en los años 60, lista que en su época se la entregó al maestro Billo, la misma que la entregó a los hermanos Frómeta. Ellos se sorprendieron de que ella tuviese esa lista, y le dijeron “Bueno, vamos a ver que podemos hacer”.

Pues resulta que ellos buscaron en los archivos de la orquesta y encontraron TODO EL REPERTORIO de los años 60 que la señora pidió, y tuvieron que hacer ensayos especiales para que la orquesta y los músicos “refrescaran” ese material, a fin de complacer de esta manera a la Sra. P. Esto ya de por sí es algo poco usual, pero esto no era todo. La Sra. P tenía otra exigencia bajo la manga.

La segunda condición que la Sra. P. le puso a los hermanos Frómeta fue que la Orquesta Billos Caracas Boys tenía que tocar en el salón principal de la casa, en el mismo lugar adonde habían tocado casi 40 años atrás, en igualdad de recursos técnicos, es decir usando la amplificación de sonido única y exclusivamente para las voces, el bajo y el piano acústico, mientras que el resto de la orquesta tocaba absolutamente “a rin pelao”, es decir sin amplificación alguna.

Los miembros de la orquesta se sorprendieron cuando llegaron al salón y se percataron de la ausencia de los micrófonos y monitores con los que normalmente trabajaban en todos los bailes.

Pues resulta que cuando comenzaron a tocar, sorprendentemente la acústica natural del salón era tan buena que, dicho por ellos mismos, “la Billos tenía mucho tiempo que no sonaba tan sabroso”. Déjenme decirles que la fiesta de despedida de la casa de la Sra. P. fue realmente un evento lleno de nostalgia por una Caracas que se desvanecía, y que gracias a la minuciosidad de la Sra. P., así como a la bondad y profesionalismo de los hermanos Frómeta y la Billos Caracas Boys, se logró hacer una noche mágica.

Pedrito López empezó desde muy pequeño en la música y no se ha detenido por más de cuatro décadas. Ha desarrollado una dilatada carrera como pianista, orquestador, productor y director. Sus arreglos musicales han sido interpretados por la orquestas nacionales e internacionales y siendo acompañante de decenas de artistas de gran renombre mundial.

Curadas / Pedrito López

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