Venezuela: Rumbo a la recuperación del Esequibo
Venezuela: Rumbo a la recuperación del Esequibo

Venezuela: Rumbo a la recuperación del Esequibo, VIII Fase – 80ma. entrega

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(Continuación)

Varios acontecimientos complementarios se han sumado a la realidad que enmarca el litigio territorial sobre el espacio geográfico integral del Esequibo, dado que por un lado, la empresa Exxon Mobil realizó un nuevo descubrimiento petrolero la semana anterior, en el bloque correspondiente a los espacios acuáticos del Atlántico pertenecientes a Venezuela, el cual ocupa una superficie equivalente a 26.800 kilómetros cuadrados cuya perforación llegó hasta los 1.860 metros de profundidad, encontrándose depósitos de hidrocarburos de alta calidad, en el que han participado más de 2.600 guyaneses apoyando las actividades generales, contando además con 600 proveedores locales, beneficiándose tanto la empresa norteamericana como la República Cooperativa de Guyana a costilla de todos los venezolanos, y por el otro lado, Guyana inició el proceso de adquisición de una unidad patrullera, considerando las tensiones fronterizas actuales con Venezuela; así mismo, esta semana se cumplieron cincuenta y un (51) años de la firma del Protocolo de Puerto España, en el que fue prácticamente paralizado por un plazo de doce (12) años, el proceso de entendimiento sobre el litigio territorial del Esequibo.

El comportamiento del Gobierno de Guyana ha sido en el tiempo, objeto de protestas por la vía diplomática de parte de Venezuela, además de haberse enviado anteriormente las cartas de advertencia respectivas a las empresas participantes en los procesos de exploración y explotación, y estas han hecho caso omiso, pero a partir del año 2017, no es un secreto que las concesiones y actividades de exploración off shore se incrementaron en el Océano Atlántico, particularmente en la plataforma continental derivada del territorio continental del Esequibo, y Venezuela se abstuvo de formular sus protestas diplomáticas, hecho que fue aprovechado por el Gobierno de Guyana para fortalecer su posicionamiento geopolítico en la región, involucrando a otros países del primer mundo, y compartiendo hábilmente la problemática existente con Venezuela, a propósito de conformar una matriz de opinión y actuación favorable al país vecino.

Y está más que claro que de acuerdo a las acciones derivadas del Derecho Internacional, las gestiones generadas por el Gobierno de Guyana con el silencio complaciente de otros organismos, países y gobiernos, particularmente la del Secretario General de las Naciones Unidas y de la Corte Internacional de Justicia, han sido disconformes e incongruentes con las disposiciones establecidas tajantemente, y sin dualidades de interpretación, en la Declaración de Manila del 15 de noviembre de 1982, emitida en la Resolución 37/10 de la Asamblea de las Naciones Unidas, relacionada con el arreglo pacífico en controversias internacionales, que en su Capítulo I, Artículo 5, reza textualmente lo siguiente:

Los Estados procurarán, de buena fe y con un espíritu de cooperación, el arreglo pronto y equitativo de sus controversias internacionales por cualquiera de los medios siguientes: la negociación, la investigación, la mediación, la conciliación, el arbitraje, el arreglo judicial, el recurso a acuerdos u organismos regionales u otros medios pacíficos que ellos mismos elijan, incluidos los Buenos Oficios. Al procurar llegar a ese arreglo, las partes convendrán en valerse de los medios pacíficos que resulten adecuados a las circunstancias y a la naturaleza de la controversia. (el subrayado es nuestro)

Así mismo, la Resolución 53/101 de la Asamblea de las Naciones Unidas, en su Artículo 2, Aparte “e”, dice textualmente:

Los Estados deberían procurar mantener un ambiente constructivo durante las negociaciones y abstenerse de cualquier comportamiento que pudiera dificultar las negociaciones y sus avances. (el subrayado es nuestro)

Con base a lo antes mencionado, se señala claramente la arbitrariedad en la que ha incurrido el Gobierno de Guyana, dándole la espalda al Acuerdo de Ginebra de 1966, y aun cuando el arbitraje o arreglo judicial como medios contemplados para los arreglos pacíficos están previstos, se menciona también, que las partes convendrán en seleccionar el mecanismo adecuado, hecho que NO ocurrió, porque la decisión fue tomada unilateralmente por el Secretario General de las Naciones Unidas sin el consentimiento de Venezuela, atendiendo con ello exclusivamente los intereses de Guyana, y ante este hecho que se repite en cuanto a la actuación del Gobierno vecino, permitiendo la exploración y explotación de recursos pertenecientes a los venezolanos, queda sustentado que no se trata en los medios internacionales de una teoría conspirativa, sino de una realidad manejada mediante una componenda que avanza escalonadamente en perjuicio de todo el gentilicio nacional.

Y a todas estas, me pregunto hoy por hoy ¿Qué tanto nos ha servido la conformación estratégica de una zona de defensa integral para el desarrollo marítimo en los espacios acuáticos que se encuentran en reclamación, si Guyana ha continuado ejerciendo sus actividades de desarrollo económico sin el consentimiento de Venezuela, beneficiándose unilateralmente? Hasta ahora no se han producido incidentes mayores que el intercambio de notas diplomáticas y declaraciones de una y otra parte, sin embargo, es menester dejar constancia, que los bloques marítimos abiertos por Guyana a la exploración y explotación petrolera tienen un periferia agria y pendenciera, en la que Guyana ha estado penetrando la proyección marítima del Delta del Orinoco, intentando reprimir y reducir la dimensión de Venezuela en el Océano Atlántico.

También debe quedar muy claro en la mente de todos los venezolanos, que la conformación de los bloques marítimos existentes en los espacios acuáticos generados por el Esequibo, adquieren cada vez más una mayor peligrosidad, traducida en el inicio de graves tensiones que avanzan hacia la conformación de posibles escenarios de crisis regional, a medida en que las licencias y actividades de exploración y explotación avanzan descaradamente en dirección Oeste, es decir, adentrándose cada vez más en los espacios acuáticos venezolanos.

Estos descubrimientos de los yacimientos ubicados en dichas áreas marinas y submarinas, están combinando condiciones propensas entre los países involucrados en la reclamación territorial, para arribar a reacciones contrarias a lo establecido en la resolución antes señalada, para así desembocar finalmente en un brioso y exaltado vendaval, como producto de la sumatoria de variables que conforman la nueva ecuación matriz, sustentada en el interés geopolítico de los países involucrados y deseosos por dominar esos espacios, unido al interés económico de sus grandes consorcios energéticos como la empresa Exxon Mobil, aunado al interés del Gobierno de Guyana en asentar sobre las bases de este recurso, su propio desarrollo político y socioeconómico, mientras que la Corte Internacional de Justicia actúa atendiendo la demanda interpuesta unilateralmente por el país señalado para dirimir la validez o no del Laudo Arbitral de París de 1899, lo que conforma un conjunto de perpetraciones que se han venido maniobrando al unísono entre todos, aun cuando parezcan hechos aislados. No hay peor ciego que el que no quiera ver.

A diferencia de Venezuela, Guyana es Parte de la CONVEMAR, por lo que, en la misma se establece que una delimitación de espacios acuáticos pendiente con un país vecino, debe conllevar a concertar arreglos provisionales de carácter práctico que, sin prejuzgar la delimitación definitiva, favorezcan un clima de entendimiento y cooperación; así mismo, el término de la equidistancia no figura en parte alguna de la CONVEMAR, ni en las normas generales del Derecho Internacional, por lo que Guyana no puede sustentarse en la adopción de una actuación descaradamente ilegítima, que además de manejarse al margen de la ley, tiende a generar efectos perjudiciales a una de las partes implicadas en la delimitación, por lo que Venezuela con el derecho legítimo que la asiste históricamente, debería inequívocamente trazar y hacerlo del conocimiento público, una línea provisional a partir de la línea media correspondiente a la desembocadura del Río Esequibo.

Prácticamente con todo lo presentado hasta ahora, y con los hechos que se suman a la ecuación matriz señalada, se conforma un panorama claro en el escenario internacional, que con el silencio complaciente de quienes han intervenido en esta controversia territorial, particularmente con la aceptación de la Corte Internacional de Justicia en dirimir sobre la validez del Laudo Arbitral de París de 1899, se ha debilitado en su máxima expresión el espíritu y razón de ser del Acuerdo de Ginebra de 1966, sin haberse logrado alcanzar el objetivo fundamental del mismo, en el que se determinó al momento de su aprobación, abocar el entendimiento de la controversia territorial hacia un arreglo práctico, aceptable y satisfactorio para ambas partes, pero la realidad, es que se ha hecho aún más difícil llegar a una solución en esos términos.

Adicionalmente, el contenido del Acuerdo de Ginebra, no permite bajo ningún concepto, que la Corte Internacional de Justicia pueda resolver la disputa bajo los términos establecidos en dicho Acuerdo, dado que ese Organismo jurídico se ha basado únicamente, en la demanda introducida por el Gobierno de Guyana sin el consenso de Venezuela; en consecuencia, cualquier fallo sobre la demanda de Guyana, no ayuda a aclarar, sino más bien a complicar la compleja controversia sobre el espacio geográfico integral del Esequibo.

Y si en caso contrario, la Corte Internacional de Justicia decidiese que el Laudo Arbitral de París de 1899 es nulo e írrito – como debería ser -, ello le daría amplia cabida al fortalecimiento del Acuerdo de Ginebra de 1966, dando entrada nuevamente a un entendimiento directo entre las partes, mediante un arreglo práctico, aceptable y satisfactorio; en este contencioso sobre el Esequibo, mediante conciertos recíprocos e implementación de mecanismos de cooperación. Es allí, donde Venezuela ha sido constante en el tiempo, ajustada a la necesidad de llegar a un entendimiento por la vía diplomática, incluso antes de la independencia de la República Cooperativa de Guyana, pero esa Nación, además de victimizarse hábilmente, ha cometido atrocidades, tratando de ignorar la historia, y acusando a Venezuela ante la comunidad internacional, mientras que se ha venido sirviendo de todo cuanto le pertenece a los venezolanos tanto en el territorio continental como marítimo del Esequibo, prefiriendo mantenerse alineada con Gran Bretaña en la aceptación del Laudo Arbitral de París de 1899, despojándole a Venezuela de manera integral, casi 400.000 kilómetros cuadrados.

Aun cuando a criterio del suscrito, la actuación del Gobierno de Guyana ha sido torpemente manejada, actuando mediante la conformación de escenarios con mentalidad de corto y no de largo plazo, hechos que conllevan a la creación de posibles tensiones y distanciamientos en el tiempo, la tendencia de la política exterior regional de Venezuela no ha sido la de recurrir a la fuerza, sino más bien la de promulgar la paz, la integración y solidaridad, esperando la reactivación de la mesa de entendimiento en un ambiente conforme con los principios establecidos en la Carta de las Naciones Unidas. Y esta inclinación ineludible se ajusta a lo establecido en el Acuerdo de Ginebra de 1966.

He aquí el dilema que afrontaría la Corte Internacional de Justicia, al dictaminar una sentencia que debió fallecer desde el momento en que nació. Mientras tanto, es injustificable que Venezuela se mantenga con los brazos cruzados, esperando la sentencia de la Corte Internacional de Justicia, mientras que el Gobierno de la República Cooperativa de Guyana se sirve del apoyo internacional alcanzado, y sigue violando permanentemente la soberanía de nuestro territorio en beneficio de ella. Nuestro sentido de integridad territorial clama por una verdadera justicia que haga valer nuestros derechos…, pero para ello, tenemos en todos los niveles gubernamentales y ciudadanos, deberes patrios que cumplir. Realmente lo estamos haciendo?

Por: CA (r) Dr. José Chachati Ata

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