Juli Garbulsky

Juli Garbulsky, motivador: «En la escuela enseñan a ser zombies»

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En una charla el joven conferencista argentino advierte que el sistema de enseñanza solo repite conceptos, pero no acerca verdaderamente a los estudiantes a la realidad.

Juli Garbulsky, joven motivador argentino, afirma que el sistema educativo está formando zombies.

En una charla explica que a los quince años le encantaban los aviones.

Dice que en ese momento se sentía preso en la escuela y que todos sus amigos experimentaban lo mismo.

«Todos los días en la escuela eran más o menos iguales en todas las materias: entrar al aula y escuchar al profesor».

«Copiar en una carpeta lo que escribía en el pizarrón para después repetir las cosas en la prueba», recuerda.

Pizarrón carpeta, prueba. Lo mismo durante años.

Juli Garbulsky: En la escuela hay alumnos que se sienten presos

«Me sentía preso porque en la escuela no había espacio para aprender lo que me interesaba», recuerda.

«Para aprender sobre los aviones tuve que buscar en Internet y experimentar armando modelos con papel y cartón».

«Mi vida se dividía en escuela y mundo real, escuela y aprender», asevera el joven motivador.

«A mis amigos les pasa igual: al que le gustaba la música y tocar la guitarra, al que le gustaban las historietas y dibujar».

Sostiene que la escuela les robaba el tiempo para hacer lo que les gustaba.

Que cuando estaban en la escuela lo que querían era que sonara el timbre para irse.

«Casi siempre en el aula nos encontrábamos cansados, apagados».

«Estábamos zombies, con ganas de ver la tele o usar el celular».

Manifiesta que muchos analizan cómo mejorar la escuela, pero que eso lleva su tiempo.

Juli Garbulsky: Una cosa son las matemáticas y otra las olimpíadas de matemáticas

«Así que me puse a pensar en qué momentos no me sentía preso: por ejemplo cuando practicaba para las olimpíadas de matemáticas, lo cual era distinto a la materia en sí».

Expresa que todas las materias son acordarse cosas de memoria.

«En matemáticas recitábamos: ‘más por menos es menos, menos por menos es…’ (‘más’, exclama el auditorio)».

«Yo pregunté para que servía todo esto. Y mis compañeros me respondieron ‘para aprobar matemáticas, ¿para qué más?’ «.

Reitera que las olimpíadas de matemáticas eran otra cosa.

«No había que hallar ‘x’, no había que hacer nada mecánicamente, había que pensar, acertijos».

Rememora que uno de los ejercicios era tener nueve monedas de igual peso, salvo una. También una balanza que les indicaba que lado pesaba más.

«Usando la balanza solo dos veces sabíamos cuál era la moneda más pesada».

«Para resolver los acertijos había que usar la creatividad, compartir ideas con otros, como pasa en la vida real».

Acota que así era que se aprendía de verdad matemáticas, pensando, no de memoria.

Lo idóneo es resolver cosas puntuales

«Me terminé de dar cuenta de que si no vimos cómo resolver algo puntual entonces no lo podemos resolver, nos toca rendirnos».

«Así no funciona la vida real».

También evoca que se sentía libre cuando en Historia debatían hechos, traían los acontecimientos a la realidad.

«Nos enseñaba a pensar, a ponernos en lugar del otro, a argumentar».

Extraña cuando en la clase de astronomía poniendo palitos al sol y midiendo sus sombras los alumnos calculaban el diámetro de la Tierra.

«Pero en la escuela hay poco espacio para elegir», corrobora Juli.

Le indica al público que en doce años tuvo que leer un montón de libros.

«Pero de todos esos libros ninguno lo elegí yo. Los chicos no pueden elegir lo que quieren leer».

«¿Y si hubiera tenido la opción de leer algo que eligiera yo?»

Si los estudiantes pudieran elegir

«Estoy seguro de que si los alumnos pudiéramos elegir y las clases nos plantearan más desafíos del mundo real la escuela sería un lugar donde si querríamos estar».

Advierte que siempre escucha que la escuela no es para disfrutar sino para aprender.

«Esta forma de pensar aleja a los estudiantes de la escuela»,

«También nos pasa que cuando tenemos que elegir qué hacer después muchas veces ya somos zombies».

Opina que no se elg9ie por las pasiones de la juventud sino por descarte. «La escuela nos apaga», sentencia.

«Si nosotros queremos podemos hacer cambios: escuela, chicos y padres podemos encontrar oportunidades para lograr que la escuela no sea solo copiar y repetir».

«Que en vez de pizarrón, carpeta, prueba, sea elegir, aprobar, aprender».

«Así, en lugar de que la escuela nos haga zombies, nos despierte y nos dé verdaderas ganas de aprender».

Aprender a componer música, hacer historietas y descubrir por qué vuelan los aviones.

Tomado de Tedx Talks, Diario de Lanzarote.

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2 Comments

  1. Este men perdió su tiempo en la escuela, solo leo estupideces!!!
    En la Escuela se enseña a pensar, a interpretar, a discernir, a muchas cosas, se te dan las herramientas para seguir construyendo un modelo que sea ajustado a cada uno, aplicable en el futuro; pero este supuesto influencer es un idiota que nunca vio más allá de la pantalla de su teléfono ansioso de seguir perdiendo el tiempo en el.

    • De acuerdo contigo. A mí me encantaba la escuela. Era la primera de la clase. Aprendí demasiado y hasta ahora no se me olvida.

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