Comida

El hambre nos enoja. Este y otros aspectos generales sobre la comida

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El hambre nos enoja. ¿Por qué?

Comer no es solo alimentarse sino también compartir.

Se cree que los Neandertal hace más de 40 mil años se juntaban en cuevas para comer.

Formulemos, entonces, preguntas elementales sobre diversos aspectos de la comida.

El hambre nos enoja: Asunto de glucosa

Comenzamos con la interrogante de por qué nos molestamos cuando tenemos hambre.

La glucosa es la sustancia que nos da energía inmediata.

Nuestro cerebro hace todas sus funciones usando principalmente esta molécula.

Cuando llevamos mucho tiempo sin comer, los niveles de glucosa bajan, lo que se interpreta como una situación amenazante.

Nuestro cuerpo envía señales al cerebro indicándole que es hora de comer.

Estas mismas hormonas activan no solo regiones del cerebro relacionadas con el hambre sino también con el estrés y la ansiedad.

Evolutivamente tiene sentido que un animal que tiene hambre se preocupe antes que nada por su sobrevivencia.

Y es que el hambre nos hace poner primitivos.

El hambre nos enoja.

El hambre nos enoja: ¿Por qué después de comer siempre hay espacio para el postre?

Por más que hayas comido pareciera que el estómago tiene un compartimiento exclusivo para el postre.

La mayoría de los animales tienen ese instinto primordial de ingerir tantas calorías como se pueda, y los azúcares las tienen en alta concentración.

Pero si comiéramos el postre al principio nos provocaría una subida de glucosa tan rápida que nos haría daño.

Pero al comerlo al final los demás alimentos amortiguan el efecto del azúcar.

Resulta que saborear el azúcar o solo imaginarlo provoca un efecto que relaja los músculos del estómago, haciendo más espacio para las valiosas calorías.

Si quieres disminuir el deseo de comer postre baja la velocidad. Comer muy rápido hará que no disfrutemos la comida y nuestro cerebro sentirá que no ingerimos suficientes calorías.

La causa más común es el hábito: si a diario te comes un postre tu cerebro seguirá pensando que necesitas algo dulce.

El hambre nos enoja.

El hambre nos enoja: ¿Por qué nos empalagamos?

Por ejemplo, saborear un pastel de chocolate, bañado de chocolate y con trocitos de chocolate.

Después de varias mordidas te empalagas.

Ya no quieres comer más y lo dulce hasta te da náuseas.

Al ingerir muchos carbohidratos simples como los azúcares, las papilas gustativas envían señales al hígado e intestino. Estos a su vez liberan otras hormonas para que te sientas saciado y dejes de comer.

Mientras tanto, toda la glucosa pasa a tu torrente sanguíneo muy rápido, y lejos de darte energía te hace sentir cansado, con dolor de cabeza o mareado.

Esto es porque los altos niveles de azúcar en la sangre dificultan la irrigación y aumentan la presión arterial.

El hambre nos enoja: ¿Qué pasa si se come demasiada azúcar?

Si bien se le puede llamar azúcar a distintos tipos de glúcidos, la palabra generalmente se usa para hablar de la sacarosa.

Esta se obtiene de la caña de azúcar o de la remolacha. Antiguamente, en Asia se masticaba la caña para extraer su dulzor.

Lamentablemente, el consumo excesivo de este alimento tiene efectos nocivos para el cuerpo.

Aumenta la presión arterial haciendo que las personas que consumen mucho azúcar sean tres veces más propensas a enfermedades cardiovasculares.

Además, ocasiona caries, obesidad y otros males.

Aunque el azúcar es energía para el cuerpo intenta reducir su consumo o prefiere azúcares provenientes de granos, legumbres y tubérculos.

El hambre nos enoja.

¿Por qué condimentamos los alimentos?

¡Que deliciosa es la comida condimentada!

Las especies le dan a la comida un sabor especial que hace que se distinga de otros platos.

Los condimentos o especies son sustancias que sirven para sazonar o preservar alimentos.

Sucede que muchas especias tienen cualidades antimicrobianas, lo cual explica porque se empezaron a usar en países cálidos para prevenir que la comida se dañara.

La sal, por ejemplo, se emplea desde hace 6 mil años para preservar la carne. Su comercio definió imperios y provocó guerras.

Además tiene la propiedad de hacer agradables los sabores de los alimentos.

En el año 3 mil antes de nuestra era, en oriente se usaba albahaca y yerbabuena, y en Egipto, ciertas hierbas como condimento.

Dos mil años antes de Cristo las especias se empezaron a comercializar desde China hasta Europa oriental.

Los griegos y los romanos las daba, incluso, cabida en sus rituales religiosos.

La caída del Imperio Romano trajo la decadencia del comercio de especias. Pero en la cultura islámica se siguió desarrollando.

En la Edad Media, las cruzadas cristianas trajeron nuevamente el interés.

¿Por qué nos escaldamos?

Los sabores ácidos hacen que veces arruguemos la cara, y en exceso provocan que arda la lengua y hasta el estómago.

Esto es porque su pH ácido irrita nuestra lengua.

La piña, por ejemplo, contienen una enzima llamada bromelina , que descompone aminoácidos y calorías.

Cuando comes piña esa enzima se dedica a degradar o comerse las proteínas de tu lengua, mejillas y labios.

La bromelina es tan fuerte que se usa como ablandador de carnes.

Además, tiene muchos empleos en medicina tales como el tratamiento de úlceras o para quitar el tejido muerto y dañado después de sufrir una quemadura.

Cocinar o no cocinar la comida

Otra pregunta se refiere a si es mejor la comida cocinada.

Ya el Homo erectus, hace más de 1.7 millones de años, dominaba el fuego.

Nuestra especie heredó el conocimiento de dominar el fuego y cocinar los alimentos.

Pero, ¿es bueno o malo cocinar la comida?

Los seguidores del crudismo afirman que es perjudicial porque cocinar desnaturaliza las enzimas que contienen y que ayudan a digerir los alimentos.

Es cierto, pero no necesitamos de esas enzimas porque ya las tenemos en el estómago.

También afirman que se destruyen los nutrientes.

Esto porque hay vitaminas sensibles al calor. Por ejemplo, la carne cruda contiene vitamina C y al cocinarla la vitamina C se degrada.

Pero la carne cruda contiene menos vitamina C que una naranja.

Cocinar algunos alimentos incrementa antioxidantes como el betacaroteno y el licopeno.

También alegan que la comida cocida forma subproductos cancerígenos, Hay algo de controversia en este tema puesto que depende de la forma y temperatura de cocción.

De lo que no hay duda es de que las bacterias y parásitos en la carne cruda pueden causarte graves enfermedades.

Si comes carne o pescado que sean cocidos y tus frutas y vegetales tanto crudos como cocidos.

De todas las especies animales que existen somos la única que hace del comer todo un arte.

Tomado de CuriosaMente, Wikipedia, My Health Finder.

También puede interesarte: Bacterias intestinales sanas: conoce qué podemos comer y qué no.

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