Daniel Jiménez: «‘Renny presente’ marcó un antes y un después en mi carrera»

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Por Katty Salerno

Daniel Jiménez (Caracas, 1967) se escapaba del colegio La Salle de La Colina y se iba a la sede de Venevisión, que quedaba cerca, para ver a los artistas y a los músicos. Era un ambiente que le cautivaba y le resultaba familiar. Su padre, Gilberto Jiménez Machado, era el vocalista principal del Trío Venezuela, un grupo muy popular en el país en las décadas de los 60 y los 70. Pusieron de moda muchísimos temas, pero tal vez el más conocido es Magia blanca con su contagioso turururu, turututuruturu

La vida le ha dado todo a Daniel Jiménez para que no equivocara su camino profesional. El talento heredado del padre le ha permitido destacar como cantante, arreglista, compositor y director musical. Y el azar o destino lo hizo actor de teatro, televisión y de doblaje.  “¡Nunca me imaginé haciendo otra cosa! Desde niño sentí que esto era lo que me correspondía hacer (…) Y cuando pisé el escenario por primera vez, supe que era lo mío”, contó a Curadas.com en una entrevista telefónica mientras saboreaba un café.

Su más reciente trabajo actoral, Renny presente, ha marcado un antes y un después en su carrera artística de casi 40 años. Un título de solo dos palabras que dicen mucho. Por un lado, evoca el programa estelar de los domingos que tenía Renny Ottolina, la figura de televisión más influyente que ha tenido Venezuela, donde sigue siendo considerado el Número 1; y por el otro, la vigencia del pensamiento y los valores de un hombre que trascendió la pantalla chica y se perpetuó en el corazón de los venezolanos luego de su trágica y temprana muerte en 1977.

Escrita a cuatro manos por Daniel Jiménez y Jorgita Rodríguez, quien también la produce, esta revista musical ha estado en cartelera desde 2019 con mucho éxito – aunque con intermitencia debido a la pandemia del coronavirus. Para este diciembre ya están anunciadas en la marquesina cinco funciones privadas y si la salud del planeta lo permite, en 2022 debutará en escenarios fuera del país.

“Si Mimí Lazo tiene como 25 años presentando El aplauso va por dentro; Norkys Batista, 15 con Orgasmos; y Héctor Manrique, siete interpretando a Edmundo Chirinos en Sangre en el diván, yo puedo hacer Renny presente dos años más por lo menos”, comenta entre risas.

¿Qué más estás haciendo en este momento?

Estoy haciendo los arreglos a unas canciones compuestas e interpretadas por Mayra Martí, quien por primera vez en su vida se animó a componer. Ella no quiere que hable mucho de esto todavía, ya lo hará en su momento. La idea es hacer un disco con 10 canciones, pero por ahora las lanzaremos como sencillos a través de las plataformas. ¡Los temas son una belleza!

Las grandes cantantes venezolanas siempre te buscan a ti…

Eso empezó de esta manera. Yo fui pianista de Estelita del Llano durante un año, en 2009. Un día me invitó a una reunión en la casa de Mirla Castellanos, sin decirme de qué se trataba el asunto. Al llegar, estaban también Mirtha Pérez, Neyda Perdomo y Tania, que son las famosas Grandes de Venezuela. “Muchachas – ellas se tratan así, de “muchachas” – este es nuestro nuevo director musical”, les dijo Estelita. De inmediato Mirla se me acercó y me dijo que el viernes teníamos show en Puerto La Cruz, Cumaná y Maturín. “Aquí está la música. Échele pierna”. Eso fue así, de un día para otro.

¡Y quién le dice que no a esas señoras!

Claro, además de lo hermoso que es trabajar con gente que uno ha admirado desde siempre. Ellas son parte de los sonidos que uno escuchó desde niño. Y no creas que fue fácil. No quise nunca marcar preferencia con alguna, entonces un día almorzaba con una y cenaba con otra. Y así estuvimos por 11 años, o hemos estado, porque sigo con Mirla. Con ella trabajé la semana pasada en su show. Tania se fue a Estados Unidos al año de entrar yo y Mirtha se fue hace tres a Atlanta. Aquí quedan Estelita y Neyda y sigo trabajando con ellas por separado.

Y hasta me convertí en su secretario, en su chofer y en su enfermero, porque también les recordaba cuando debían tomarse las pastillas. Al final, yo era quien manejaba el dinero, quien les pagaba.

Eso significa que tenían una gran confianza en ti.

¡Total! Y a nivel musical también, porque tenían una carrera hecha que cuidar y cuando mi ojo profesional les decía que algo no estaba bien, que había que repetirlo, ellas lo aceptaban. Y eso es muy importante también.

¿Cuánto influyó tu padre en tu carrera musical?

Mi papa fue mi ídolo toda la vida. Para mí, él fue el mejor cantante y el mejor artista, así de sencillo. Recuerdo que siendo yo niño a él lo paraban en la calle para pedirle autógrafos y eso me fascinaba, yo me daba como mucha importancia por ser hijo de él. Eso también hizo que yo mirara hacia la parte musical. De hecho, todos sus hijos tenemos algo de su talento, pero quien más se inclinó hacia el canto fui yo. Mi papá fue pieza fundamental en mi formación como artista. Y me sigue gustando que sigan pasando cosas como esta, que lo reconozcan, que lo recuerden. Que me sigan viendo como su hijo me sigue gustando mucho.

Naciste con el talento, pero no necesariamente por ello tenías que ser músico. ¿En qué momento sentiste que esto era lo que querías hacer? 

¡Es que yo nunca me imaginé haciendo otra cosa! Desde niño sentí que esto era lo que me correspondía hacer. Y el azar también me empujó hacia este mundo artístico. Una prima que estudiaba teatro me invitó a una fiesta en la casa de Lily Álvarez Sierra, una señora chilena que hizo teatro infantil durante muchos años acá en Venezuela. Fui, pero no hablé con nadie. Era muy joven, tenía 14 años, aunque ya tenía esta voz. Lo recuerdo con exactitud porque al día siguiente yo cumplía los 15. Y resulta que ese día la gente del teatro me llamó. Fue mi mejor regalo de 15 años. Ahí comencé a trabajar en el teatro. Cuando pisé el escenario por primera vez, sentí que eso era lo mío. Y no me pude bajar más. Ya son más de 40 años en esto.

A su talento natural, Daniel Jiménez le sumó estudios de música, teoría y solfeo en las escuelas de música Juan Manuel Olivares y José Lorenzo LLamosas. En el teatro se inició empíricamente, actuando en obra tras obra, pero sentía que le faltaba solidez. Por eso entró a la Escuela Nacional de Teatro, donde se graduó a los 19 años. “Pero en la parte musical he aprendido más de manera autodidacta, porque yo estaba ansioso por salir a tocar y a cantar en la calle. Lo que he aprendido leyendo libros o conmigo mismo es más que lo que me enseñó la escuela. No estoy en contra de lo académico, pero en mi caso he aprendido más por mi cuenta”.

De niño vivió en Sabana Grande, donde aún está la casa de sus padres, y estudió primaria y bachillerato en el colegio La Salle de La Colina, en Los Caobos. “Ese colegio queda muy cerquita de Venevisión – recuerda – y eso también me motivaba mucho, saber que allí estaban los artistas, el mundo que yo admiraba. Cuando podía me escapaba y me colaba en los pasillos de Venevisión para ver las grabaciones de las telenovelas y de las orquestas. Mucho después me reía al verme a mí trabajando con muchos de esos actores y músicos a los que admiraba de niño”.

Todo como que se confabuló para que siguieras ese camino.

De alguna manera creo que así fue. Nunca he hecho nada distinto a esto en toda mi vida. Bueno, solo una vez y por una razón muy importante.  Cuando faltaba un mes para que naciera mi hija, me despidieron del local nocturno donde cantaba. Llegué como lo hacía siempre y el dueño me dijo que trabajaba hasta ese día. Le pregunté por qué y me dijo que no pasaba nada, pero que no trabajaba más allí. ¡Justo cuando más necesitaba trabajar porque mi hija iba a nacer!

Como no encontraba dónde cantar, un amigo músico que también era comerciante me ofreció la posibilidad de vender medias. Me dio unos paquetes y un talonario de facturas y salí a vender. Eso de nacer con el pan bajo el brazo, se cumplió con mi hija. Al día siguiente de haber nacido se me presentó una oferta de trabajo como cantante en un restaurante. Y se acabó mi etapa como vendedor de medias.

¿Cómo empezaste a ser actor de doblaje?

En 1988, exactamente. Tenía una novia cuya hermana hacía doblajes y me propuso que hiciera una prueba. Recuerdo que fui el 2 de enero, empezando el año, pero se fue la luz en el estudio, para variar. Me dijeron que regresara en la tarde y pasé la prueba. Era la época en que empezaban a transmitirse en Venezuela las telenovelas brasileñas, que fueron un gran éxito. Allí comencé y hasta el sol de hoy, por suerte, porque siempre ha sido un ingreso complementario a lo que ganaba como músico. Además, es muy cómodo, porque uno escoge sus horarios y puede hacerlo hasta desde casa.

Buena parte de mi carrera en este campo lo hice con Etcétera, una empresa venezolana que fue pionera en ese campo en el país y que aún existe. Tenía la exclusiva para el doblaje de las telenovelas brasileñas. Luego se han creado otras 20 empresas de este tipo en el país.

¿Qué balance haces de Renny presente después de dos años en cartelera?

Este trabajo marca un antes y un después en mi carrera profesional.  Es un trabajo con el que sigo aprendiendo, además, cada vez que escucho un programa sobre él o encuentro algún nuevo documento o testimonio o escucho al mismo Renny en entrevistas que le hicieron. El conocimiento sobre Renny es como un pozo sin fondo, siempre encuentras algo nuevo, incluso en cosas que ya leíste o escuchaste pero que no analizaste con suficiente profundidad en el primer momento.

He admirado a Renny desde niño. Yo tenía 11 años cuando él murió y recuerdo el dolor que se sintió en el país con su desaparición. Mi padre lo conoció, tiene fotos con él. Yo guardé recortes de prensa de ese momento, sin imaginar que años después llegaría a interpretarlo. Para mí fue un gran reto y lo sigue siendo porque no es cualquier personaje, es alguien que está muy metido en el corazón de muchísima gente en Venezuela. Y si lo hacía mal, me iba a enterrar, iba a ser mi final como actor.

Por eso fue que demoré tanto en prepararme y en salir al ruedo con este trabajo. Yo comencé interpretando a Renny en un monólogo que hizo Rosario Prieto que incluía una escena muy corta con la voz de él.  Lo hice y ahí quedó. Pero en realidad todo comenzó con una obra para microteatro de 15 minutos que hice sobre el último show de Renny en televisión. Y para esa obra estuve preparándome cuatro meses. El director del microteatro me ofrecía la sala y yo le decía que mejor me dejara para la siguiente temporada porque no me sentía preparado. Y cuando llegó la obra gustó muchísimo, ganó premios y yo también fui reconocido como actor.

Fue entonces cuando me di cuenta de que Renny merecía algo más largo que una obra de 15 minutos. Jorgita Rodriguez, la actual productora, fue a verme con Tania Saravia y volvió. Cuando un productor regresa a ver una obra, tú sabes que, epa, ahí pasó algo…    Y ciertamente así fue. Así comencé a trabajar con Jorgita este nuevo formato de hora y media que la gente conoce hoy, un formato de revista musical con el pensamiento de Renny como telón de fondo.

¿Cuál ha sido la reacción del público con esta obra?

¡La gente llora! Es formidable lo que ocurre en las presentaciones. Al principio, bajo a darle la mano al público y la gente me la extiende con timidez, como si no creyeran lo que están viendo. Y después termina llorando, realmente conmovida. ¡Toodo aquel que tiene de 50 para arriba, muere en la sala con ese espectáculo!  Y lo bonito también es lo que está ocurriendo con los jóvenes, que no conocieron a Renny y que lo están conociendo con la obra. Eso es maravilloso.

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Los Amigos Invisibles y Rawayana me invitaron a personificar a Renny en un videoclip para promocionar un tema musical que lanzaron este año. A la gente joven les está llegando la figura de Renny por esa vía, porque muchos solo tenían referencias de él por lo que le contaban sus padres o abuelos.

Esta obra también me ha llevado a hacer charlas gratuitas, una especie de clínica de Renny, en la Escuela de Locución de la UCV y en la Escuela de Comunicación Social de la UCAB. Presento a los estudiantes un segmento de la obra y luego abrimos un conversatorio sobre quién era Renny. A los futuros locutores y publicistas les ha encantado conocerlo. 

Es que era un gran anunciante. Él imponía marcas en el mercado venezolano por su carisma.

Así es. Una de las bailarinas del programa me contó que una de las marcas que él anunciaba era La Vienesa, de mermeladas. Un día, ante las cámaras, untó mermelada en pan tostado y se lo comió y luego hizo lo mismo con unas galletas de soda. Como no hallaba qué más hacer, se untó mermelada en la cara y dijo que era maravillosa como mascarilla. Al día siguiente esas mermeladas se agotaron en los supermercados porque las mujeres salieron a comprarla para usarla en el rostro. Esa es una pequeña muestra del alcance que tenía Renny.

¿En algún momento de tu carrera has sentido desanimo?

Sí, en momentos lo he sentido. Es muy noble ser actor y ser musico, pero en algún momento me privé de hacer discos o presentaciones u obras de teatro por estar haciendo lo otro. Me explico: la gente me decía que no me llamó para hacer tal disco porque estaba actuando, o que no me habían dado un papel en una obra de teatro porque estaba cantando en otro lado. Me desanimaba mucho cuando pasaban esas cosas.

¿Y alguna vez llegaste a considerar dejar alguna de las dos actividades para dedicarte a una sola?

No, la verdad. Luego entendí que más bien se complementaban, porque cuando no tenía trabajo en un área aparecía algo en la otra.

Entonces, ¿estás satisfecho con tu recorrido profesional?

Sí, y más aún, estoy muy agradecido. Hay otros con más talento, con más popularidad, otros con más alcance en su carrera, pero yo soy agradecido con lo que tengo, con lo que he hecho. Miro hacia atrás y me gusta. Claro, hay cosas que cambiaría si tuviera la oportunidad, que hoy haría de otra manera, pero sí me siento a gusto. Y cuando veo que tengo a mi esposa y a mis tres hijos, que los pude levantar con mi trabajo, me lleno de muchísima satisfacción.

Daniel Jiménez logró reconstruir su vida luego de la muerte, en el año 2000, de su primera esposa, Ivette Harting, también actriz, en un hecho de presunto sicariato. La pequeña hija nacida del matrimonio también siguió su vida y entró al prescolar, como correspondía. “Allí – cuenta el padre – mi hija se hizo muy amiga de un niñito de su salón. Eran compinches. En un cumpleaños de él conocí a su mamá y a su hermanito. Ella divorciada, yo viudo… Nos casamos y formamos una familia con todos los hijos. Mi hija sabe lo que ocurrió con su mamá, pero el afecto y el calor de madre lo recibió de mi segunda esposa”.

¿Y qué edad tienen ahora?

23, 24 y 25 años. La hembra es la del medio, su cumpleaños fue la semana pasada. Ahora están todos en Argentina, se fueron hace tres años.  Mi esposa y yo esperamos poder escaparnos pronto a Buenos Aires para visitarlos.

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