Nordi Viloria, la pediatra venezolana que dignifica nuestro gentilicio en Argentina

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Por Katty Salerno

Nordi Viloria (Caracas, 1967) acudió la mañana del jueves 2 de diciembre al Palacio Municipal de la Ciudad de La Plata, un hermoso edificio del Neorrenacimiento alemán inaugurado en 1888. No fue a realizar un trámite como ciudadana extranjera residente en esa localidad. No. Fue a recibir un reconocimiento que le hizo la municipalidad (alcaldía) para agradecerle “su trabajo diario y compromiso con la comunidad, garantizando el acceso a la salud en este contexto complejo y dinámico del año 2021”. Más dignificante aún es que esta pediatra venezolana recibió ese homenaje porque sus colegas la escogieron en una votación, lo que demuestra el afecto y respeto que su gremio siente por ella.

Los médicos homenajeados por la Municipalidad de La Plata, entre ellos la pediatra venezolana Nordi Viloria (primera a la izquierda).
Al centro, el intendente Julio Garro y el secretario de Salud de la Comuna, Enrique Rifourcat. Foto cortesía.

En el acto, realizado en el marco del Día del Médico, el intendente (alcalde) de La Plata, Julio Garro, destacó la labor realizada por los galenos de la localidad durante la pandemia. “Le pusieron el cuerpo y se dedicaron sin descanso a cuidarnos a todos”, afirmó.

Ese mismo jueves, en Caracas, el presidente de la Federación Médica de Venezolana (FMV), Douglas León Natera, informó que más de 40.000 médicos se han ido del país como consecuencia de los bajos salarios del sistema de salud pública y por la falta de equipos e insumos para trabajar.

Nordi Viloria es uno de ellos. En abril de 2022 cumplirá dos años trabajando en el Centro de Atención Primaria de Salud (CAPS) número 1 de Los Hornos, en La Plata, capital de la provincia (estado) de Buenos Aires, adonde se fue a vivir hace tres años. Recién llegada a Argentina, cuando aún no había convalidado el título de médico que le confirió la Universidad Central de Venezuela (UCV) en el año 2000, tuvo que trabajar de niñera para poder cubrir su sustento, pero poco le importó con tal de estar cerca de los niños, a los que adora.

¿Por qué te fuiste de Venezuela?

Me pegó muchísimo el fallecimiento de pacientes, entre ellos el de una madre de un pacientico muy querido, por tuberculosis; y el de otra, que perdió a unos gemelos, también por tuberculosis. La falta de medicamentos, no tener ni siquiera algodón o antiséptico en los hospitales. Llegó un momento en que no teníamos ni tapabocas (y eso antes de la pandemia por el coronavirus). ¡Tener que dar órdenes médicas sabiendo que el paciente no las iba a poder cumplir!  Eso sigue ocurriendo en el porcentaje más humilde de la población venezolana, que es el más grande, porque el de familias con recursos es mínimo. Todo eso me fue frustrando, como a tantos médicos venezolanos.

A ese déficit tan grave en el sector salud de Venezuela se sumó el hecho de que mis dos hijos, mi adorada Favi y mi superinteligente Julio, se fueron del país. Él está ahora en Chile, donde tiene una empresa de alquiler de drones, y ella, que habla muy bien inglés, trabaja en Buenos Aires para una empresa de Apple. Así que me vine también para estar cerca de ellos.

¿Te fue difícil encontrar un puesto como médico en Argentina?

Cuando llegué, como no podía ejercer la medicina porque no había convalidado mi título, me inscribí en un programa para niñeras. Fui totalmente feliz siendo la niñera de Isabella y de Bautista, su hermanito, unos niños bellísimos que cuidé como por año y medio. Hoy sigo siendo amiga de la familia.

Al puesto que ocupo ahora llegué debido a la emergencia que se presentó por la pandemia. Muchos colegas, por sus edades y por prevención, prefirieron retirarse. Entonces la municipalidad contrató a varios médicos venezolanos que habíamos iniciado el trámite de convalidación del título. Soy la pediatra del CAPS 1, que serían equivalentes a los ambulatorios en Venezuela, que aquí llaman popularmente “salitas”. Y ahora que ya tengo mi matrícula profesional argentina, también inicié la práctica privada para una empresa de seguros.

Estos centros funcionan bastante bien, me recuerdan a la Venezuela del pasado. El aspecto social en la edad infantil es algo que siempre me ha importado mucho. Me gusta saber todo acerca de los niños que trato. En estos centros hay trabajadores sociales y psicólogos y cuando se presentan casos de menores que requieren otros programas de atención, bien sea por desnutrición o por conflictos familiares, los remitimos. Esa parte de mi labor acá también me ha gustado, se familiariza conmigo, con mi experiencia profesional y personal. 

Su interés por lo social llevó a Nordi Viloria a crear la organización no gubernamental Mi Familia. Junto a un grupo de profesionales con amplia experiencia en protección infantil, la fundación ejecuta el programa de abrigo y colocación familiar, conforme a la LOPNNA, para la protección de menores vulnerados en sus derechos y garantías, privados de su medio familiar de origen y no susceptibles de ingresar a un programa de adopción.  Hasta la fecha, son más de 200 niños a los que la fundación ha brindado apoyo.

“Aprendí mucho como coordinadora de adopción nacional e internacional de Venezuela sobre lo que es el abandono infantil, el sufrimiento de los niños en esa situación. Pero tuve que salir de ese cargo por decisión del gobierno, con el cual muchos no estamos de acuerdo, pero yo respeto a todo el mundo, porque soy médico.

Ver sufrir a tantos niños en orfanatos me llevó a fundar Mi Familia. Ahora se llaman casas hogares, no orfanatos, pero esos nunca serán un hogar para un niño. Es un lugar donde los empleados les dan atención y cariño, pero los niños sueñan con tener una familia directa.

¿Se mantiene activa la fundación?

Sí, sigue activa, más que todo en lo relativo al seguimiento. En vista de la pandemia no se han podido hacer los encuentros con las familias. Las visitas de seguimiento son obligatorias, lo establece el sistema de protección. Pero los jueces han permitido que se hagan de forma no presencial sino a través de llamadas telefónicas, solicitando por correo informes médicos de los niños, para saber cómo están. Son más de 200 niños en familias acogedoras, son muchos casos, pero se les está haciendo seguimiento a los más pequeños. También orientamos a otras organizaciones que se han querido formar en el programa de acogimiento familiar. Mi equipo hermoso que permanece en Venezuela está ayudando a quienes puedan dar una mano a todos esos niños.

¿Por qué decidiste ser médico?

Desde niña dije que iba a ser médico.  Me acuerdo de mi padre lindo comprándome todos los juegos de medicina que yo pedía, hasta estetoscopios y microscopios, y de mí, feliz, jugando a ser médico. Me ponía dizque a operar a los muñecos, pero la verdad es que la cirugía no me enganchó cuando ya estaba en la carrera. ¡Sentía pánico cuando abría un abdomen o me ponía a pensar que podía llevarme una arteria en una operación! Por eso decidí no ser cirujana.

Donde me he sentido siempre muy estimulada ha sido en la pediatría. En esa materia siempre sacaba 20 cuando era estudiante. ¡Yo era feliz en las revistas médicas a los pequeños! Verlos incluso en las áreas más duras, los niños con leucemia, por ejemplo, en el Hospital Universitario de Caracas; o los cardiópatas, en el Cardiológico Infantil, me ayudó a darme cuenta de que lo que quería realmente era trabajar para ellos. Cuando atendía partos, siendo estudiante, yo estaba más pendiente de los bebés que de las madres. Ya tengo 21 años como pediatra y si sumo los demás, 25 como médico.

¿Qué hiciste al graduarte?

Cuando me gradué, lo primero que hice fue el internado rotatorio. Fue un año feliz en el hospital Pérez Carreño donde uno pasa por las cuatro principales especialidades: cirugía, medicina interna, cardiología y pediatría, con guardias de 24 horas cada seis días, además de una rotación rural en La Quebradita, en San Martín.

Después hice mi año de medicina rural. Me tocó hacerla en El Valle y Coche. En uno de esos sectores, no recuerdo cuál exactamente, debía ir a un ambulatorio gigante que quedaba arriiiba, en lo más alto de un cerro. Ahí pasaba todas las consultas de pediatría porque a mis colegas no les gustaba esa área. Y también las de obstetricia y ginecología, el control de las chicas embarazadas que vivían en ese barrio, a quienes también les enseñaba los métodos para cuidarse. Era otra Venezuela. Tuve la suerte de formarme durante esa etapa de nuestro país. Mi postgrado me sirvió para confirmar que seguía enamorada de la pediatría. 

Lo más importante de toda esta etapa fue la ayuda de mi dulce madre, que quedó viuda con cinco hijos, y aun así me decía que no me preocupara, que yo haría mi carrera de medicina. También me lo dijo mi papá antes de irse al cielo. Al graduarme de bachiller, lo primero que hizo mi madre fue comprarme un estetoscopio y un otoscopio, que eran carísimos, siempre han sido muy costosos. Eso me estimuló a seguir creyendo, a seguir adelante. Mi madre me ayudó mucho también a superar mis tristezas por las cosas que veía en el hospital durante el postgrado. Aún tengo en Caracas el otoscopio que me regaló y me traje a la Argentina otro estetoscopio cardiológico que también me compró ella. 

¡Dios me cuide a mi mami tan dulce! Es una mujer luchadora que siguió trabajando, vendiendo prendas de oro y plata, buscando la forma de salir adelante con sus cinco hijos huérfanos de padre. ¡Una heroína!

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¿Eres muy creyente?

Yo tengo una fe gigantesca en Dios, desde niña. Todo el tiempo confío en Él, sé que siempre todo va a estar bien. Me pongo el tapabocas, sigo trabajando, atendiendo a los niños, y sé que no me va a pasar nada por la fe que tengo en el Jefe, que para mí es Él. De niña hasta pensé en vincularme a la Iglesia católica y mi mamá se reía pensando si yo sería monjita. Pero después me enamoré y me casé (risas). Siempre he creído profundamente en la Biblia, me gusta leer la Biblia, interpretar sus textos con mi mamá y con mis hermanos. ¡Así somos los Viloria!   

También agradezco infinitamente a la Municipalidad de La Plata y ni hablar de mis compañeros de trabajo en el CAPS 1 de Los Hornos, por todo el estímulo y apoyo para uno seguir adelante, para trabajar protegidos en la pandemia, con trajes especiales, cumpliéndose todas las normas de bioseguridad. Esto ha sido toda una experiencia muy profunda.

¿Cómo te sientes en Argentina?

Acá me dicen que yo soy diferente. Lo que sucede es que mis hermanos y yo somos caraqueños de nacimiento, pero nuestra crianza transcurrió en gran parte en la sierra de Falcón, porque mi papá y mi mamá son de Churuguara. Por eso tuvimos una crianza diferente, más campestre, más sencilla, con otros hábitos. Amo a mi ciudad natal, Caracas, pero nosotros somos más sencillos, más humildes. Yo estoy acostumbrada a vivir entre cabras, por eso me emociono mucho acá en Argentina cuando veo las vacas y los becerritos y los caballos.

¡En esos momentos soy muy feliz porque recuerdo a mi abuela! Todas las vacaciones escolares nos íbamos a Pecaya, donde todavía está la casa de mi abuela mamita, una casa histórica. ¡Cuando visito pueblitos argentinos me acuerdo tanto de Pecaya! Así me siento aquí, como si estuviera en mi tierra. Menos en el invierno, por supuesto. Pero de resto, la brisa, los árboles, los paisajes, todo eso me recuerda a mi mamá y a mi abuela, a todos nosotros, felices. En eso, creo yo, es en lo que me diferencio un poco, en la sencillez. Es muy importante ser sencillo en la vida.  

La otra gran suerte que tuvimos los cinco hermanos fue haber nacido de ese par de genios. Mi padre era historiador, hablaba cinco idiomas y también estudió Filosofía y Letras en la UCV, aunque no sacó el título de esta última carrera. Mi madre a los 16 años ya les daba clase a personas analfabetas en la sierra de Falcón. Dos maestros, de estilos diferentes, pero de muy alto nivel, y eso fue un estímulo en mi vida que nunca podré negar. Fuimos todos unos hijos muy consentidos y queridos.  Me ha tocado una historia familiar, por la que doy gracias a Dios, que me enseñó a ser un poquito diferente, pero no mucho tampoco (risas).

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3 Comments

  1. Felicidades Dra Viloria. Que lindo saber que ama lo que hace y haber encontrado un lugar con calor humano y poder ejercer su profesión, cosa que a sido difícil para otros vzlanos en diferentes lugares donde no nos han validado nuestros titulos. Ud a sido bendecida gracias a Dios. Éxitos.

  2. Hola nordi Dios te bendiga te escribe Lely desde pecaya, personas como tú que colocan el nombre de nuestro país en alto hacen falta en todo el mundo, y te aseguro que las hay pero para nosotros los pecayeros eres nuestro orgullo muchas bendiciones.

  3. Gracias Dra. Viloria, personas como usted es lo que hace grande a Venezuela, mi bello estado Falcón y su linda sierra de Coro. Mil bendiciones que el Señor la acompañe siempre.

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