Magdalena Frómeta: “Llevar este apellido es una bendición y una responsabilidad”

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Por Katty Salerno

Magdalena Frómeta (Caracas, 1952) está orgullosa de su estirpe. El don de la música lo trae en sus genes por ser hija del reconocido músico Luis María “Billo” Frómeta y de la periodista Haydee Grillo, que aunque no fue cantante profesional tenía una hermosa voz que cultivó en el Orfeón Universitario de la UCV. No hay día de su vida que no esté haciendo algo por la música, así no la escuchemos cantando o interpretando algún instrumento, que por lo general son las facetas más conocidas de los artistas musicales. En su caso particular lo hace enseñando música, incluso a niños con necesidades especiales, o montando producciones musicales.

Además de sus clases habituales, por estos días ha estado metida de lleno en los ensayos de un acto con la Orquesta Sinfónica Gran Mariscal de Ayacucho en el que participaran algunos de sus alumnos y que se presentará el 2 de diciembre. También está trabajando en el espectáculo Navidad con Billo, de la que es productora, que se ha convertido en una tradición para los caraqueños por estas fechas decembrinas. Esta crónica musical, escrita y dirigida por Federico Pacanins, cuenta anécdotas sobre la vida y las composiciones del gran músico y director de origen dominicano que se quedó por siempre en Venezuela y en el corazón de los venezolanos.

¿Tu vida es así todos los días?
¡Todos los días del mundo! Pero eso me llena de energía y me hace sentir útil. Al final del día termino cansadísima, pero contenta.

¿Dónde naciste?
Nací en Caracas en 1952. Entonces vivíamos en El Silencio, pero cuando tenía como dos años se terminó de construir la quinta Sonata, en Las Palmas, y nos mudamos para acá, donde seguimos viviendo. Acá vivimos todos, cada uno tiene su apartamento, su espacio.

¿Tienes algún apodo, tu familia te llama con algún nombre especial?
Mis hermanos me dicen Magdalena. Pero papá sí nos tenía nombres especiales a cada uno. A mí me llamaba la Reina y mi hermana, la que me sigue, era la Princesa. Y así todos…

Cuéntame de tus estudios.
La primaria la estudié en el Instituto Politécnico Educación, fundado por la maestra Luisa Elena Vegas, que después pasó a ser el colegio El Peñón. Pero como El Peñón nos quedaba muy lejos, me cambiaron al colegio Santo Ángel de la Guarda, que actualmente es el colegio El Ángel, el que está en Chuao. Ahí me gradué de bachiller.

¿En la escuela recibías algún trato preferencial por ser hija de alguien tan famoso como lo fue el maestro Billo?
No, la verdad. En el Politécnico nunca, quizá porque allí estudiábamos muchas hijas de mucha gente famosa. En el Santo Ángel sí, pero no por ser hija de Billo, sino porque me encantaba montar actos y cantar. Allí fui muy feliz porque las monjas me apoyaron muchísimo y eso me abrió el camino a mi creatividad musical. Eso se lo he agradecido siempre a las monjas del Santo Ángel. Monjas dominicas, hay algunas que todavía viven.    

Luego entré a la Católica a estudiar Derecho, pero me di cuenta de que ese mundo no era el mío. Fue cuando tomé el rumbo de la música. Empecé a estudiar pedagogía musical, las técnicas, novedosas en ese momento, para la enseñanza de la música en niños. Y por ahí me fui, hasta el sol de hoy. Desde entonces he estado enseñando, pero también aprendiendo todo lo nuevo que va surgiendo en este campo. 

¿De qué te graduaste en la universidad?
La universidad no la terminé. En ese momento la pedagogía musical no existía como carrera universitaria, ahora sí. Yo me formé con la profesora Flor Roffé de Estévez (esposa de Antonio Estévez y fundadora de la Escuela Experimental de Pedagogía Musical) y María Luisa Ortíz de Stopello, quienes fueron las precursoras en Venezuela de la pedagogía musical.

Siendo pedagoga musical y además hija de un gran músico, te pregunto: ¿la música es algo que se puede aprender o solo está destinada para los que tienen el talento?
La música viene con uno. La música en distintas formas, porque la música no es solamente para el que toca o el que canta. La música está para la persona que disfruta, que escucha, que se enternece, que se alegra, que baila. Para mí la música es todo eso. ¡Para mí la música es hasta la respiración!     

Pero tienes la posibilidad de aprender, bien sea porque lo traes genéticamente o porque tienes la facilidad o porque sencillamente te gusta. Yo estoy trabajando con muchachos desde que tenía 19 años y no he tenido ninguno del que pueda decir que es un genio musical. Pero sí he tenido alumnos que se han dedicado a la música de distintas maneras y eso me enorgullece muchísimo. Salomón Ackerman es uno de ellos. Y algo que también me satisface muchísimo es que todos mis alumnos me recuerdan con muchísimo cariño.

Hay personas que dicen que son sordas o que no saben bailar o cantar. Pero si les gusta la música, si disfrutan la música, entonces pueden trabajarlo. A veces es algo largo y tendido, pero a veces hay sorpresas. Muchas madres con niños con necesidades especiales quieren que sus hijos aprendan a tocar piano, pero lo importante es determinar las necesidades del muchacho. A veces necesitan aprender a hablar, entonces empezamos por ahí.

Si quiere cantar y es desafinado, debemos empezar por ayudarlo en su necesidad, que en este caso es afinar. Después podrá cantar una cancioncita y otra. No llegará a cantante profesional, pero si lo que le gusta es cantar un cumpleaños feliz afinado, pues lo puede lograr. Primero lo ayudo con Los pollitos y después, más adelante, tal vez lleguemos a O sole mio. (Risas).  

En una ocasión contaste que estabas segura de que tu papá jamás te dejaría ser cantante, y menos cantante de música popular. ¿Eso quiere decir que tu verdadera vocación era la de cantante, pero no te atreviste a plantearlo?
¿¡Planteárselo a quién, al maestro Billo!? ¡Nooo, para nada! ¡Nada de eso! Solo música clásica. La única pieza popular que me dejó aprender y tocar fue Al di la. Pero música popular no. Yo tenía una hermana mayor que cantaba en la coral cuando estudiaba en la Católica. Pero cantante popular, no. Papá no nos lo permitía, en absoluto. Eso estaba prohibido.

¿Nunca te pasó por la mente rebelarte?
Ninguno de nosotros llegó a ser rebelde con papá en cuanto a la parte musical. Tanto es así que mi hermano Luis Vicente, Charlie, mayor que yo, llegó a tener un grupo musical popular cuando estudiaba bachillerato en el Instituto Escuela.  Y cuando mi papá lo supo se le apareció en una fiesta donde estaba tocando y le dijo “¡debut y despedida!”.

¿Y por qué se oponía? ¡Si en este país ha habido un cultor de la música popular es el maestro Billo!
Porque él no quería que nosotros siguiéramos ese camino. Él decía que era una vida muy dura, difícil y de poca familiaridad.

Eso es verdad…
Pero a él le encantaba cuando me escuchaba tocar piano. Cuando tuvo su programa Esta noche Billo, en RCTV, yo toqué con su orquesta un vals que me hizo mi profesora Blanca Estela de Mescoli, al que él le hizo un arreglo muy lindo. Pero eran solo momentos. Yo vine a bailar con la orquesta de papá cuando ya tenía los 15 años cumplidos, cuando ya podía ir a fiestas en comparsas con mis primas y mis tías. En esa época se iba a fiestas en comparsas, con el papá, la mamá, la tía, los primos y hasta la abuelita. Si no, olvídate de ir para una fiesta. Ahí fue cuando yo empecé a bailar con la Billo´s, no con un disco en un picó, en los clubes del Country, o Los Cortijos o en el Militar. (Risas)

¿Cómo era la vida familiar? Me imagino que, con tanto trabajo y tantos viajes de tu papá, por su oficio, tal vez no había una rutina, por ejemplo, de almorzar o cenar juntos todos los días.
No era todos los días, pero cuando él estaba en casa sí, claro, comíamos todos juntos. 

Es que él hacía muchas cosas. Además de tocar en los bailes, le gustaba mucho ensayar con la orquesta. Después tenía montajes de canciones nuevas, porque grababa casi un disco cada dos meses. Los programas de radio y televisión, los ensayos con los nuevos cantantes… Aunque a los cantantes, cuando eran nuevos, los traía a la casa y aquí los enseñaba. Mamá era la que siempre estaba aquí con nosotros en la casa.

¿Ella era la que llevaba la batuta en la casa?
Pues sí. Pero, en algunas cosas, como te conté con respecto a lo de la música, era papá el que decidía lo que se estudiaba y lo que se cantaba.  Pero en las vacaciones, cuando no tenía bailes, él nos acompañaba. Nosotros siempre íbamos al club Puerto Azul, del que era accionista. Allí tenía la facilidad de que el club tenía un piano y si él tenía que hacer algún arreglo, lo hacía en ese piano.

¿Hacían muchas fiestas en tu casa?
Nooo. Como lo digo en la obra Las canciones de Billo: el dueño de la casa estaba en otra fiesta. (Risas)

Mi mamá cantaba muy bonito. Cuando ella era soltera cantó en Estados Unidos y llegó a ser solista del Orfeón Universitario. Ella sí hacía reuniones con su grupo aquí en la casa, venían Morella Muñoz, Jesús Sevillano y otros integrantes del orfeón.

Hay una época, para mí divina, que recuerdo mucho porque yo la viví, pero mis hermanos no. Fue cuando a papá lo vetaron. ¡Fíjate qué cosa tan ambigua! A él lo vetan y papá queda sin trabajo, pero para mí fue una época divina porque entonces pasaba mucho tiempo en casa. En esa época venían muchos cantantes cubanos que estaban huyendo del castrismo, menos Bola de Nieve, que siempre fue procastrista. Venían Blanca Rosa Gil, Olga Guillot y otros y se armaban parrandas en la casa. Ellos traían todo, porque aquí no había con qué darles nada. Mi mamá me mandaba a dormir y yo nada que me iba… Pero cuando a papá le levantan el veto, regresó al trabajo. Entonces comienza la formación de la Billo´s Caracas Boys.    

¿Llevar el apellido Frómeta ha sido un peso o una bendición en tu vida?
No, para nada es un peso. Llevar este apellido es una bendición y una responsabilidad. Porque, fíjate, a mi papá no lo conocen en su país como lo conocen en Venezuela y como lo conocen en Colombia o en Costa Rica. Por lo tanto, yo tengo la responsabilidad de que el nombre de mi padre se mantenga, que mi papá sea reconocido, que su nombre se mantenga en un buen lugar. Se debe mantener lo que él hizo.   

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¿Ya está definitivamente resuelto el problema legal con la sucesión de la orquesta?
El problema legal siempre estuvo resuelto. Lamentablemente, hay cosas de las leyes de Venezuela que a veces no ayudan. Y en ese momento (poco después de la muerte del maestro Billo, en 1988), para que las cosas se dieran como tenían que darse había que tener un dinero con el que no se contaba. ¿Quién tenía ese dinero? El que estaba o el que está manejando la orquesta actualmente. Muchos sucesores se fueron del país porque se cansaron, porque además no todos somos unos pavitos, y yo empecé a moverme como una hormiguita a buscar por aquí y por allá hasta que se resolvió la cosa y estamos unidos y vamos a hacer la nueva orquesta.

La orquesta actual no es la original.  La original era la que tenía Billo cuando él estaba vivo, hay que estar claros en eso. Él es el dueño. Hay que mantener la música original y la forma original como Billo la hacía, modernizarla un poco, tal vez, para esa juventud que nos interesa que conozca a Billo.

Esa orquesta que está por ahí sonando y que tiene unos bailes y unos movimientos desastrosos que Billo jamás habría aceptado, jamás, esa no es la Billo´s. Y, además, está manejada por una persona que ni siquiera tiene el apellido Frómeta, pero tiene tiempo disfrutando de una marca, disfrutando de una música y disfrutando de un dinero que no le pertenecen. Desde que papá murió la sucesión no ha recibido un medio.    

¿Cuándo vamos a escuchar esa nueva orquesta?
¡Pronto! Había que hacer las cosas poco a poco, ir solucionando cosas. Lo primero que tuve que hacer fue reunir a los sucesores, que están desperdigados por el mundo.  Me tocó buscarlos y convencerlos, por papá, porque él se lo merece. Ya nos unimos. El nombre de esa nueva orquesta va a ser Billo´s Caracas Boys Sucesores. Ahí van a estar todos los que tienen que estar, incluso hasta los que no han querido estar pero que tienen que estar. Yo no les voy a cerrar las puertas, como me lo hicieron a mí.

Esa orquesta debe salir, porque ahora hay Billo´s Caracas Boys por todos lados. Tengo que ir quitando todas esas orquestas “tapa amarilla” que hay por ahí y que la gente que vaya a contratarnos sepa a quién está contratando, porque va a poder ver las caras de los sucesores. Que el que nos vaya a contratar sepa que la Billo´s Caracas Boys Sucesores es la verdadera, la que le pertenece a los hijos, a los sucesores.

¿Y cuántos hijos y nietos tienes tú?
Tengo tres hijos y seis nietos. De cada uno de mis hijos tengo tres varones y tres hembras, cada uno tuvo una pareja. Y mi nieta Fabiana, la mayor, que ya tiene 28 años, tuvo a Alessio, mi primer bisnieto, que en diciembre cumple dos años.

¿Añoras algo de tu pasado o estas feliz con tu presente y tu historia familiar?
Estoy feliz con lo que tengo, sumamente feliz. Y agradezco a dos personas que me presentaron al papá músico, al papá artista que yo no conocía. Uno es Federico Pacanins y el otro es Jesús Rafael Pérez. Ellos me presentaron a una persona que yo no conocía, el Billo músico, el Billo compositor, el Billo arreglista, poque para mí siempre fue el Billo papá. Pero a ese Billo que llegó en el año 1937, ellos dos me lo presentaron. Y yo estaré eternamente agradecida a esas dos personas por ello. De mis dos divorcios y de todo esto que he pasado y que te acabo de contar, ni me preocupo. Sigo adelante, feliz de mis logros.

¿Y de ese Billo papá hay algún momento particular que guardes en tu corazón?
Sí, sí. Fueron varios. Mis quince años fueron muy bonitos, tocar el piano junto a la orquesta con él también, pero hay algo especial que yo guardo… ¡Ay, me voy a poner a llorar…! Para el Cuatricentenario de Caracas, en 1967, le pidieron a papá que compusiera una obra sinfónica. Pero él ya tenía una. Esta pieza sinfónica se llamaba El frailejón solitario a la que solo le cambió el nombre por el de Avileña.

Un día, en su estudio, él me puso la obra y empezó a pintar con todos los instrumentos un paisaje de una montaña en Mérida y a medida que va subiendo, se encuentra con un frailejón solitario que estaba muy triste.  Cada instrumento fue pintando ese frailejón solitario. Eso me dejó una marca inmensa porque yo entendí que ese frailejón solitario era papá, era la vida de papá. Subir y subir hasta llegar a estar solo en la montaña.

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