Andrea Matthies: “Me gusta romper con los estereotipos”

17 minutos de lectura
Por Katty Salerno

Andrea Matthies emprendió un nuevo reto profesional y muy querido y especial en lo personal. A su carrera como periodista, modelo y locutora le suma ahora su asociación a Corphus Menti, un hecho que pone a prueba la solidez de sus valores familiares y espirituales y el arraigo y amor por Venezuela que le inculcaron sus ancestros, venidos de Alemania.

La muerte en julio de 2021 de su madre, Christiane Bornhorst, una de las fundadoras de este centro de salud, a consecuencia de la mordedura de una culebra, fue una noticia que conmocionó a la opinión pública del país y, de manera especial, a quienes la conocieron y apreciaron por su excelsa calidad humana y profesional.

El tiempo de Andrea Matthies está ahora más copado que nunca, porque también sigue con sus espacios Tiempo de Show, cápsulas de entretenimiento que transmite por Unión Radio; y Agenda Onda, micros informativos sobre las actividades culturales más destacadas, que sale al aire por Onda la Superestación. Por el momento está en pausa su proyecto “La Venezuela Posible”, iniciativa que apunta a la reconstrucción de Venezuela.

Aun así, hizo un alto en sus múltiples ocupaciones para responder, con la gentileza y la dulzura que le caracterizan, casi todas las preguntas que le hizo Curadas.com en esta entrevista. Y digo casi todas porque hubo una en la que nos dejó con la intriga.

Yo suelo decir, medio en serio, medio en broma, que si los venezolanos fuéramos como somos, echadores de broma, espontáneos, abiertos, pero nos agregaran una dosis de la seriedad, la formalidad y la puntualidad de los alemanes, seríamos los mejores. Tú, que eres alemana-venezolana, ¿representas ese modelo que he idealizado?

Yo siempre digo que soy venezoalemana, pero eso de la puntualidad alemana como que no está en mis genes (risas). Trato de ser puntual, pero siempre tengo mis quince minuticos de margen. Los alemanes, una vez que llegan aquí, se tropicalizan.

Pero sí tengo mucho de alemana en cuanto a costumbres, como mezclar platos, por ejemplo. En Navidad siempre comemos las hallacas con un postre alemán que se llama “manjar de los dioses”. Así que los dos mundos conviven de una forma maravillosa.

De pronto me tocaría tener un poquito más de esa disciplina alemana, pero la verdad es que soy muy feliz con el estilo de vivir, con la forma de ser de los venezolanos.

En 2020, cuando empezó la pandemia, mi esposo y yo nos quedamos varados nueve meses en Europa. Y cuando por fin pudimos regresar a Venezuela, dije: “Guao, nada como los venezolanos”. Los alemanes son tan estrictos y tan cuadrados algunas veces, siempre hay excepciones, por supuesto, pero nada como Venezuela. Lo dicen hasta los mismos alemanes cuando llegan aquí.

Usualmente pregunto a mis entrevistados sobre su familia, de dónde son, a qué se dedican, pero en tu caso hay muchísima información disponible. Además, te has dedicado a investigar sobre tus antepasados. ¿No te tienta la idea de escribir un libro? Creo que hay una historia fabulosa para contar más allá del ámbito familiar.

Sí, me lo he planteado, aunque en este momento estoy de lleno en Corphus Menti, el centro de salud que fundó mi mamá. Por ahora no tengo cabeza para sentarme a escribir un libro porque eso requiere muchísimo tiempo y disciplina. Pero todo lo que he ido investigando lo tengo muy bien archivado. Libros, apuntes, anécdotas que me han contado…

Me ha gustado mucho hacerlo, he sentido una fascinación enorme de mirar atrás, de conocer la historia de mis bisabuelos, quienes fueron los primeros en llegar a Venezuela desde Alemania. Y ahora que mi mamá falleció de una forma tan repentina me doy más cuenta de lo importante que es preservar los legados para poder transmitirlos a las próximas generaciones. Una de las cosas que más me pega es que mis hijos, cuando los tenga, no van a poder conocer a su abuela. Quiero que la conozcan a través de mis cuentos, de mis historias, de las fotos y videos que tengo de ella. Para mí, todo ese material vale oro.

Así que de pronto me animo y lo hago. Por los momentos le prometí a mi tía abuela que escribiría su historia sobre cómo llegaron ella y sus hermanos, muy chiquitos, con su madre, durante la Segunda Guerra Mundial. Por ahora lo voy a hacer más que todo para compartirlo con la familia. Esto de documentar toda esa información se ha dado de una manera muy espontánea, pero ¿por qué no?, se podría convertir en un libro. Yo creo que el libro me está buscando a mí, no al revés.      

¿En la escuela te desenvolvías como una venezolana más?

La primaria la estudié en el Claret. Pero cuando iba a entrar a bachillerato mi mamá me preguntó si quería estudiar en el Humboldt, que es donde estudian todos los alemanes o los hijos de alemanes en Venezuela.  Yo le respondí que ya tenía bastante con mi pinta de alemana y con hablar alemán en casa, que yo me sentía venezolana y que quería tener amigos venezolanos, que no quería sentirme extranjera en mi propio país. Además, íbamos mucho al Caracas Sport Club, donde van también muchos alemanes, y eso me daba la oportunidad de compartir con la comunidad alemana. Entonces me inscribieron en el colegio El Peñón. Luego estudié en la Universidad Católica Andrés Bello, donde me gradué en Comunicación Social.

Pero mi historia familiar comienza hace bastantes años. Yo nací en Venezuela, igual que mis hermanos, igual que mis padres. Los inmigrantes fueron mis bisabuelos. En casa siempre hablamos alemán porque los cuatro abuelos eran de origen alemán y por eso fue mi primer idioma.

Cuando yo tenía cinco años, a mi papá se le dio la oportunidad de ir a trabajar a Australia y nos fuimos a Sidney por un año y allí aprendí a hablar inglés. Al regresar a Venezuela yo ya tenía seis años y había olvidado lo poco que sabía de español. Me acuerdo que una tía me preguntó un día si podía recordar alguna frase en español y le dije que sí: “Tanti auguri a te”, que es la canción de cumpleaños en italiano (risas). Entonces entré al kínder, donde todos estábamos empezando a aprender a leer y a escribir, pero yo, además, también estaba aprendiendo a hablar español. Obviamente, a esa edad uno es una esponja y el idioma se me dio con muchísima facilidad. 

Esta es básicamente mi historia. Pero yo siempre he optado por Venezuela. Todos mis hermanos se fueron a vivir a Alemania después de que salieron del colegio. Yo siempre me sentí totalmente identificada con Venezuela. Me gusta mucho Alemania, pero para ir de vacaciones, no para vivir.

Pero dicen que no te gustan las gaitas, y eso que eres nieta de maracucho…

Ja, ja, ja… mi abuelo el maracucho… ¡Claro que me gustan las gaitas! No soy la mejor bailarina, pero eso no significa que no baile. Disfruto muchísimo de toda la música venezolana en general. De hecho, la música alemana no me gusta, más allá de la ópera o de la música académica, porque allí hay mucho talento. Pero con los grupos alemanes de rap y pop, o incluso de rock, no me identifico en lo absoluto. Con las canciones infantiles sí soy totalmente alemana. Mi playlist es muy variado. Las canciones de Navidad las canto en alemán. A las mascotas, como a los bebés, les hablo chiquitico, pero en alemán. Yo creo que tengo muy bien implantado el chip de ambas culturas (risas).

¿Qué cosas en particular te gustan de Venezuela y de Alemania?            

De Venezuela me gusta su gente, el carácter de los venezolanos, el tratarnos como hermanos. Esa es una actitud que valoro muchísimo y que en Alemania no es tan fácil de conseguir. Allá todo es mucho más protocolar. Yo no diría que son todos antipáticos, porque no los podemos meter a todos en un mismo cajón, y además tengo muchos familiares y primos que se han casado con alemanes y con quienes me llevo muy bien. Pero los venezolanos somos muy abiertos, nos ayudamos de buenas a primera, somos muy solidarios y eso es lo que más me gusta de nosotros, además del clima, debo decirlo. En los meses que pasamos en Europa por la pandemia extrañé muchísimo el calorcito de aquí. Yo no estoy hecha para pasar frío.

Veo que tú no seguiste la tradición de casarte con un alemán…

No, mi esposo es de origen árabe.

Mi papá tiene una anécdota muy graciosa sobre este tema. En diciembre de 1985, él le dijo a un amigo que no se iba a casar por lo pronto y menos con una alemana. Resulta que en enero del 86 conoció a mi mamá, ese mismo año se comprometieron, en agosto se casaron y en diciembre quedaron en estado de mí. 

Al que es hoy mi esposo lo conocí por pura casualidad en el lanzamiento de un libro de mi abuelo, Dirk Bornhosrt. En ese momento yo estaba comprometida con otra persona. Él llegó a El Buscón, la librería del Trasnocho, porque había leído en Twitter que presentarían un libro sobre filosofía china y le pareció interesante. Fue la única persona no integrante de la familia que asistió al evento. Mi mamá tiene mucho que ver con la historia de amor entre Said y yo. Siempre digo que ella me dejó en buenas manos.

  

Ahora que hablas de tu abuelo y su obra, veo que en tu familia siempre ha sido importante la espiritualidad. Él contó que su madre, tu bisabuela, lo llevó por ese camino, por el mundo artístico y cultural, una enseñanza que después él integró a su trabajo, como lo podemos apreciar en El Helicoide, del cual fue uno de los arquitectos, cuya forma en espiral parece elevarnos al cielo. Tu mamá, como fisioterapeuta y osteópata, también siguió ese camino. De hecho, fue una de las fundadoras, y se puede decir que el alma, del centro de salud Corphus Menti.

¿Cómo se manifiesta en ti este interés o esta valorización de lo espiritual?

¡Es algo que está totalmente presente en mi vida! Mi abuelo, si bien fue arquitecto, tenía también su lado filosófico. Él se conectaba muchísimo a través de las acuarelas con su mamá, que era pintora. Él también fue dibujante y, como escritor, le gustaba mucho expresar sus reflexiones. Sus libros reflejan su parte espiritual y sus lecturas de Lao Tse, filósofo chino.

Su esposa, es decir, mi abuela, a su vez, inculcó en mi mamá la práctica del reiki o sanación a través de la imposición de manos. Ella fue maestra de reiki y como tal trabajaba en el área de la salud, atendía pacientes en su casa. A los 18 años yo tuve un accidente en moto y me incentivó a hacer el curso de reiki y lo hice en ese momento. El poder de sanar a través de las manos me conecta muchísimo con ella y con mi mamá. Así que toda esa parte espiritual, de ver más hacia dentro de nosotros, siempre ha estado presente en mi vida.

Mi mamá, justamente, quiso reunir todo en un mismo lugar, por eso fundó Corphus Menti, porque decía que ella podía ayudar a aliviar dolencias físicas, como un dolor de espaldas o de rodillas, pero también sabía que casi todos los dolores físicos están vinculados con un tema emocional. Por eso quiso que su centro de salud abordara el bienestar de una forma integral, que incluyera cuerpo, mente, espíritu y estética, porque el vernos bien también nos hace sentir mejor con nosotros mismos.

Yo crecí con todo esto, por eso es algo totalmente natural para mí. Ahora que tuve que enfrentar este proceso de duelo por la muerte repentina de mi mamá, aunque creo que nunca nada nos prepara para perder a una mamá, le agradezco a ella y a mi abuela el haber hablado mucho acerca de lo que viene más allá de la muerte. Ese tema nunca fue un tabú. Mi mamá, de hecho, ayudó en ese tránsito a muchas personas que sufrían enfermedades terminales, para que perdieran el miedo a la muerte.

A mí me ayudó saber que de una forma u otra podemos seguir conectados con nuestros seres queridos. Cada vez que pensamos en ellos o que les pedimos ayuda, siempre nos llega la señal de que siguen a nuestro lado. Habrá personas que no creen en esto, y es totalmente válido su punto de vista, pero para mí ha sido fundamental para poder entender y poder dejar atrás la rabia y el dolor que produce la pérdida de un ser tan tan amado como lo sigue siendo mi mamá. 

Con nuestros esquemas mentales preconcebidos cuesta un poco entender cómo alguien tan espiritual decide ser modelo, algo aparentemente frívolo y superficial. ¿Son compatibles estas dos cosas?

Eso me lo preguntaban mucho cuando participé en el Miss Venezuela (en 2007 representó al estado Sucre y quedó en el cuadro de las diez finalistas). Entrar allí viene automáticamente acompañado de la etiqueta de que uno es una persona superficial. Lejos de afectarme por eso, me di la oportunidad para demostrar lo contrario. Yo continué con mis estudios, porque la parte académica siempre fue importante para mí.  Viajé a Taiwán a representar a la UCAB en un modelo de Naciones Unidas y quedamos en segundo lugar. Mientras tanto, llevaba mi campaña como Chica Polar y seguía haciendo mis programas de televisión.

¿Por qué uno tiene que ser solo una cosa? Yo creo que los seres humanos tenemos la oportunidad de explorar muchísimas áreas. Por ejemplo, a mí me encanta bordar. Yo aprendí a hacerlo con mi abuela y cada vez que me siento a bordar me conecto con ella. Para mí es como seguir hablando su lenguaje. Yo puedo bordar y hacer un casting, ¿por qué no? Uno puede hacer muchas cosas diferentes y todas pueden convivir en un ser humano. A mí me gusta jugar con esa versatilidad y me gusta romper con los estereotipos, tanto los de las rubias, como los de las modelos o los de las que participan en el Miss Venezuela. 

No porque estés en ese medio quiere decir que no puedes ser espiritual, ni tampoco porque seas doctor tienes que ser la persona más profunda del mundo. Uno es la suma de sus valores, de la educación que recibes de tu familia, de la educación académica, de tus pasatiempos. Me encanta poder explorar muchísimas áreas.     

¿Por qué te hiciste periodista, qué te atrajo en particular de esta profesión?

Siempre me gustó comunicarme, sea por vía escrita, por radio o televisión. Incluso, para mí el modelaje es otra forma de experimentar la comunicación porque al modelar también estás comunicando algo en una pasarela, en una fotografía, en un comercial. Yo siempre tengo mi micrófono en mi estudio porque para mí es el símbolo de la libertad de expresión, al igual que un bolígrafo.

Contaste que te quedaste varada en Europa por la pandemia de la covid-19. ¿No hay allí un paralelismo con lo que le pasó a tu abuelo a finales de la década de los 30?

Me da mucha risa que me lo digas porque mi esposo Said me lo dijo también. “¡Es que eso viene de familia!”, dijo él (risas).

Mi bisabuelo, Carlos Bornhorst, decidió, a principios de 1939, ir a Alemania. Era algo que acostumbraban a hacer, siempre viajaban entre Maracaibo y Hamburgo.  Aunque le habían sugerido que ese no era un buen momento para ir a Alemania, porque ya sonaban los tambores de guerra, él decidió emprender el viaje, en barco, como se hacía en esa época. Cuando estaban navegando estalló la Segunda Guerra Mundial, por lo que el barco tuvo que ser desviado a China. Ellos iban con un pequeño equipaje porque pensaban estar un par de meses nada más y tuvieron que quedarse siete años, hasta que terminó el conflicto bélico.

Claro que hay un paralelismo entre ese hecho y lo que nos ocurrió a nosotros, y por eso mi esposo dice que eso viene de familia. Nosotros teníamos vuelo para el 12 de marzo de 2020. Ese día muchos países decretaron el cierre de sus fronteras luego de que la OMS dictaminara el carácter pandémico de la covid. Pero nosotros ya teníamos el viaje planificado, teníamos las maletas hechas, yo estaba muy entusiasmada. Había escuchado las noticias sobre la covid pero, como mucha gente, lo tomé como una cosa muy lejana, porque estaba ocurriendo en China.

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Nuestro plan era ir a Finlandia por tres semanas para ver las auroras boreales. El 12 en la mañana llamé a mi hermano, Nico, para saber cómo estaba la cosa en Alemania, donde aún no habían decretado el cierre de la frontera. Él me dijo que nos fuéramos, porque, bueno, los jóvenes veíamos la situación de una manera diferente, aunque hoy sabemos lo equivocados que estábamos. El hecho es que le dije a mi esposo que si el avión estaba en Maiquetía, era porque podíamos salir. Ante mi insistencia, a mi esposo no le quedó otra opción que complacerme.

Cuando nos montamos en el avión vimos que estaba viajando todo el personal de Iberia en Venezuela, los estaban regresando a su país. Ahí fue donde empecé a darme cuenta de lo arriesgado que resultaba viajar en ese momento.  Así que sí, se repitió la historia, solo que nosotros nos quedamos varados nueve meses, no siete años, pero igual fue bastante tiempo.       

¿Qué herencia te dejó tu madre?

Su visión ante la vida. Ella siempre me decía “mente positiva, universo que responde”. Me decía que si se pone la mente en lo que quieres lograr, el universo conspirará a tu favor. Claro, también me decía que hay que salir a trabajar por eso que quieres. Desde que éramos pequeños nos enseñó a mis hermanos y a mí a luchar por lo que queríamos. Me dejó esa visión de que puedes lograr cosas si te lo propones, si tienes la actitud adecuada, y si das el todo por el todo por conseguirlo. Eso se lo agradezco mucho. 

Ahora con Corphus Menti nos ha tocado duro, porque ella era el alma y motorcito de ese lugar. Ese es su legado y lo queremos continuar. Asumí esta responsabilidad porque soy la mayor y la única de sus hijos que sigue acá en Venezuela. Y mi esposo me apoyó, me dijo que si quería hacerlo, él se metía de cabeza conmigo.

Yo no tengo nada que ver con el mundo de la salud, no tengo esas manos mágicas que tenía ella. Mi fortaleza es la comunicación, y entonces me estoy valiendo de esto para difundir su mensaje. En eso estamos y es mágico ver cuando las cosas empiezan a engranar. No ha pasado un año, todavía estamos atravesando algunas dificultades, pero sé que va a funcionar. Además, mi mamá se comunica siempre con nosotros. Cuando caemos en desgano, nos levanta de una manera asombrosa. La siento muy cerquita de mí.

¿Nos podrías contar alguna de esas experiencias?

Tengo muchísimas anécdotas. El solo decir que quería asumir esta responsabilidad me dio un sentido de propósito que me ayudó a salir del duelo profundo en el que yo estaba, porque me ayudó a sentir que seguía con ella y con mi hermanito menor, porque Corphus Menti es nuestro hermanito menor, este año cumple 17. Yo sentí que en ese momento me conecté con ella, le dije que íbamos a seguir, que no quería vender sus acciones, allí siguen sus dos socias, que son maravillosas, una de ellas es también socia fundadora y prima de mi mamá.

Pero te doy un ejemplo concreto de esas experiencias, una que viví hace poco. Yo sigo con el teléfono de mi mamá activo, porque siguen entrando llamadas, mensajes de gente haciendo consultas y pidiendo citas. Hace poco terminamos de conformar el nuevo equipo de profesionales que estará en el área de rehabilitación, que, de hecho, empieza a trabajar este 20 de abril. Yo no sabía si era buena idea enviar a la base de datos del teléfono de mi mamá el anuncio del reinicio de actividades en esta área, que era la que ella atendía. Pensaba que tal vez les podía resultar extraño recibir un mensaje desde el teléfono de mi mamá a nueve meses de su fallecimiento.

En un momento en que estaba pensando en eso, preguntándole a mi mamá si debía enviar o no el mensaje desde su teléfono, recibí en el mío el mensaje de una de sus pacientes, dándome las gracias por haberle informado que se reanudarían las actividades en el área de rehabilitación. Era de una de las pacientes de mi mamá cuyo número yo había migrado a mi teléfono. Yo sentí que esa fue la respuesta de mi mamá a mi pregunta. Sentí que con eso ella me estaba diciendo que sí, que enviara el mensaje a toda su base de datos, que es importante, con más de 3 500 contactos. Lo envié y el 99 % de las personas que lo recibieron lo agradeció. Fueron muy pocas las que me dijeron que les había afectado.     

¿Por qué no has emigrado, teniendo la posibilidad de hacerlo?

Esa es una conversación que hemos tenido en varias ocasiones mi esposo y yo y los dos nos hemos dado cuenta de que amamos mucho a Venezuela. Ha habido situaciones en que nos ha asaltado la duda de si debemos irnos, pero siempre hay algo que hace que nos quedemos. Said, que está en el área de inversiones, puede trabajar desde cualquier parte del mundo. Lo comprobamos cuando estuvimos varados en Europa. Yo también. Tenía mi microfonito portátil conmigo y pude grabar todos mis programas y sacarlos al aire en la radio. Pero cada vez que nos planteamos la opción de irnos, algo nos dice que nos quedemos.

Así surgió la campaña de “La Venezuela Posible”, que la empezamos a hacer juntos en 2018, con el propósito de reconectar a todas esas personas con iniciativas positivas en el país. Hay muchas personas que están construyendo esa Venezuela posible. Queremos ser parte de ese grupo que cada día reconstruye nuestro país. Somos unos enamorados de Venezuela. Mis hermanos, que se fueron, quieren volver. Y queremos seguir con Corphus Menti, no como algo que nos ata, sino, todo lo contrario, como algo que nos une más a Venezuela.

Última pregunta. ¿Qué ha sido lo más loco o lo más tremendo que has hecho en tu vida?

¡Eso no lo digo! Lo mantengo en secreto (risas).  Uno tiene que dejar algo para la intriga, ¿no? (Más risas).

Hay una frase en alemán que la usa mucho mi familia y que mi mamá citaba siempre: “Man muss die Feste feiern, wie sie fallen”. La traducción no literal de eso equivale a algo así como que lo comido y lo bailado no nos lo quita nadie.  Ella, por ejemplo, si veía algo que a mí me podía gustar, me lo regalaba; decía que no había que esperar a que fuera mi cumpleaños para darme un regalo. Si se le presentaba la posibilidad de hacer un viaje, lo hacía. La vida es ahora, decía. Ella vivió así hasta el final y es la recomendación que les quiero hacer a todos: vamos a vivir y a disfrutar el presente.

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