Antonio “Loro” González: “He disfrutado mucho como productor deportivo”

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Por Katty Salerno

Antonio “Loro” González debutó en el ámbito deportivo internacional con el Mundial de México 1986. No es futbolista sino productor deportivo y como tal ha sido responsable de llevar a los venezolanos muchísimas competencias. Si las condiciones de Venezuela fueran otras, él seguramente habría formado parte del equipo para la transmisión del histórico momento en que Miguel Cabrera conectó su hit número 3 000 el pasado sábado.

La hoja de vida del Loro González cuenta que solo ha trabajado en tres empresas. Empezó en el Canal 8 pero unos siete años después, en 1982, se fue a RCTV y allí se quedó. Fueron 25 años, hasta que cerraron el canal, en 2007. No pasó mucho tiempo antes de que entrara a Directv Sports, donde permaneció hasta que esta proveedora estadounidense de televisión por suscripción dejó de operar en Venezuela, en 2020. Esta estabilidad laboral habla de su buen empeño profesional y, también, del cariño y respeto que siempre han sentido por él quienes tuvieron la suerte de trabajar a su lado.

Nació en La Pastora y todavía vive en la misma casa donde dio sus primeros pasos. Sus padres, ya fallecidos, también vivieron en esa casa. “Mi familia lleva casi 90 años viviendo en este mismo lugar. Yo me bañé en la quebrada de Catuche, para nosotros era como una playa. Crecí en una época en que los muchachos volábamos papagayo, jugábamos trompo o con pelotas de goma. Esos eran nuestros juegos”, cuenta.

“Mi papá tenía una bodeguita cerca del hospital Vargas y mi mamá cuidaba niños en la casa, por medio de un plan del Consejo Venezolano del Niño.  La escuela donde estudié quedaba frente a mi casa, la José Ignacio Paz Castillo. También estudié en el Seminario, donde funciona hoy la Universidad Católica Santa Rosa. El bachillerato lo hice en el liceo Alcázar”.

Antes de seguir, sáqueme de una duda. ¿Por qué le dicen Loro?

Esa historia nació cuando ya yo estaba en Radio Caracas Televisión. Ese apodo me lo pusieron Luis Aparicio, antes de entrar al Salón de la Fama, y Carlitos González padre. Yo pasaba mucho tiempo con ellos porque, antes, los productores también éramos los conductores de los vehículos donde nos movilizábamos cuando íbamos a los eventos. Y cada vez que pasaba algo, yo siempre decía: “¡Qué vaina me echó el loro!”. Y entonces ellos empezaron a llamarme Loro, y así me quedé. 

¿Cómo se convirtió en productor deportivo? ¿Qué fue primero en su vida, el deporte o la televisión?

¡Yo no tenía nada que ver con la televisión! En casa éramos muy pobres, así que tuvimos que salir a trabajar. Éramos cuatro hermanos. Yo empecé a trabajar muy joven, mi primer empleo fue en los almacenes militares, en el Ipsfa. Por cierto, trabajando allí conocí a José Luis Rodríguez porque él vivía muy cerca, en El Valle. Hicimos una buena amistad, incluso conocí a su mamá y a sus hermanos.

Un día me llamó un primo mío para decirme que había empezado a trabajar en el Canal 8, y me animó a que yo también lo hiciera. Entonces fui, llené una planillita y me contrataron. Así empecé en la televisión, trabajando en administración de producción. Allí aprendí de todo. Empecé a trabajar en deportes con Herman “Chiquitín” Ettedgui. Allí estuve como seis o siete años hasta que me fui a RCTV, donde trabajé hasta que cerraron el canal, en 2007. Me fui a trabajar allí con Genaro Escobar, quien se fue de VTV y nos llevó a un grupo con él.

¿Cuál fue la primera producción importante en la que le tocó trabajar?

Empezamos haciendo las transmisiones de béisbol, pero el primer gran evento internacional que me tocó hacer fue el Mundial de México 86, cuando ya estaba en RCTV. Me tocó hacer todos los preparativos, incluso fui al sorteo de los juegos.

¿Recuerda alguna anécdota de esa experiencia?

Allí estaban Lázaro Candal, Carlitos González padre y Gustavo Suárez (q. e. p. d.). A Carlitos González le pegó mucho la altura de Ciudad de México, empezó a sangrar por la nariz y tuvimos que llamar a un médico, que lo fue a atender a la habitación del hotel. Cuando lo examinó, nos dijo que si no nos queríamos llevar a nuestro amigo envuelto en un traje de caoba, debíamos sacarlo de allí inmediatamente.

Me pusieron a parir, ya que teníamos regreso para dentro de dos días, aún nos quedaban cosas por hacer en la capital mexicana. Todos los vuelos estaban llenos porque había mucha gente debido al Mundial de Fútbol. Me puse a buscar vuelos para cualquier destino, con tal de salir de allí lo antes posible, porque era cuestión de vida o muerte. Al fin logré conseguir cupo para Miami. Así pudimos salvarle la vida.  Esa fue la primera prueba de fuego que tuve en un evento mundial.

Los momentos que marcaron el Mundial de México 1986

Otro grande fue Italia 90. Esa fue otra gran experiencia, porque tuvimos que trabajar con las uñas, pues. Todo lo aprobaron a última hora, a pesar de que habíamos participado desde las reuniones preparatorias. Nos tuvimos que movilizar por tierra, tenía que viajar de noche y de día. En esa época no había esas facilidades técnicas que hay ahora, que hasta con un celular se puede hacer una transmisión. Había que grabar, agarrar el casete y empujarse para transmitir a la hora que tenías contratado el satélite. 

¿De qué se ocupa exactamente un productor?

En el caso de eventos deportivos, nos toca estar pendiente de los narradores, de la logística del hotel, de la comida, del transporte, de la caseta desde la cual harán las transmisiones, de la unidad móvil, de que la señal y el sonido estén bien, que tengan los monitores. Uno es el responsable de que nada de eso falle. 

Para un mundial de fútbol uno empieza a trabajar tres años antes, incluso asistir a las reuniones de la Organización de la Televisión Iberoamericana (OTI), prever los estudios, toda la logística, pasajes, hoteles, equipos técnicos, transporte. Yo hacía prácticamente un libro para los mundiales. Después había que elaborar un presupuesto. Una vez que se tenían los costos de transmisión, es que el canal podía vender la publicidad, y todo eso había que hacerlo con mucha anticipación a la fecha del evento. 

Cuando usted jugaba de niño en la quebrada de Catuche, ¿alguna vez imaginó que viajaría tanto?

No, nunca. Un día llené una planillita para entrar a un canal y terminé viajando por todo el mundo. Conocí muchos lugares y a muchísima gente. Eso fue lo más grande de esta profesión.

¿A quién conoció, por ejemplo?

A Alfredo Di Stefano, al rey Pelé, a Maradona. Una vez estábamos Gustavo Suárez, Lázaro Candal -y esto lo escribió él también en su libro- en la via Veneto, en Roma, departiendo, tomándonos unos tragos, y en el mismo local estaban Di Stefano, Pelé, Jaime Meyer, que era su compadre y representante de Pelé Sport en Venezuela, y de repente llegó el mesonero y empezó a recoger los vasos y a echarnos las bebidas en vasos plásticos. Entonces Gustavo Suárez le pregunta si no sabe quiénes son esas personas, señalando a Di Stefano y a Pele, y el mesonero le respondió que el local ya estaba por cerrar. “Si esto hubiera pasado en Venezuela, le respondió Gustavo, cierran el restaurante, pero nos dejan adentro”. Y Di Stefano le respondió: “Sí, pero no conocen Los Miserables (de Víctor Hugo)”.

En una oportunidad también fuimos a República Dominicana, por una Serie del Caribe, y pudimos compartir con Wilfrido Vargas, quien nos llevó a un restaurante de su hermano. Dentro de todo el trabajo que había, uno también se divertía.

¿Qué es lo que más le ha gustado de su oficio?

Bueno, el deporte en sí. El fútbol fue lo más grande. Pero también fue un gran momento estar allí y poder transmitir a todo el país el juego de los Héroes de Portland. Esa ha sido una de las más grandes experiencias. Nadie creía en la selección venezolana de básquet, y nosotros sí. Esa selección fue la que se enfrentó al famoso dream team de básquet de Estados Unidos, donde estaba Michael Jordan, Magic Jonhson, Larry Bird, Chris Mullin, Karl Malone, David Robinson. Venezuela clasificó para las Olimpiadas de Barcelona 1992.

¿Usted lleva algún registro de todos estos campeonatos en los que ha participado, de toda esa experiencia acumulada? Porque me imagino que debe tener muchos cuentos y anécdotas…

No, la verdad es que no tengo escrito nada. Alfonso Saer, el narrador icónico de los Cardenales de Lara, sí escribió algo sobre mí en su libro. Yo hice mucho ciclismo con él. Antes era bastante complicado cubrir el ciclismo. Grabábamos la competencia montados en dos motos, nos íbamos corriendo a una habitación del hotel a editar el material y después había que agarrar ese casete y llevarlo de inmediato al aeropuerto para enviarlo por avión a Caracas. En esa época, si no tenías microondas, debías enviar los casetes por avión. No había las facilidades de hoy en día. La carrera mía empezaba después de la carrera.

Saer narraba béisbol y ciclismo. Una vez, en unos juegos de la Divina Pastora, después de terminar la competencia ciclística en San Cristóbal, tuvimos que irnos soplados al estadio, en Barquisimeto, para que él transmitiera el juego, y después de eso regresarnos a San Cristóbal, todo por tierra. Pero a él le gustaba su trabajo y a mí también, lo hacíamos con gusto, lo disfrutábamos. La pasión de uno era que eso saliera todo bien, y que las imágenes llegaran al canal a tiempo. 

En otra oportunidad, estando cerca de La Fría, llegamos al aeropuerto con el material y ya el avión había salido. Tuve que irme por tierra hasta Maracaibo para llevar el casete, de manera que el material llegara a tiempo para el noticiero de la noche. Y después regresarme por tierra hasta San Cristóbal. Era duro, pero a uno le gustaba hacerlo.

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RCTV tenía un gran equipo para sus transmisiones deportivas. También estaba Leonardo Rodríguez, en basquetbol; Rafael Vidal, Carlos Alberto Hidalgo. Hace poco nos vimos en el funeral de Gustavo Suárez. Lázaro Candal vive ahora en La Coruña, siempre hablo con su hijo. Nunca hemos perdido el contacto.

¿Cuándo empezó a trabajar en Directv?

Después del cierre de RCTV.  Yo trabajé mucho con Lázaro Candal y Alberto Camardiel, que era el que hacía las entrevistas al equipo de la Vinotinto. Allí hicimos una buena amistad. Él luego se fue a Meridiano y después a Directv Sports. Apenas cerró RCTV, nos llevó a trabajar a Directv Sports.

Archivo:DirecTV Sports logo.svg - Wikipedia, la enciclopedia libre

Con la Vinotinto viajamos mucho. Incluso, estuve en ese vuelo famoso que se accidentó cuando la selección viajaba para una competencia en Argentina. Una de las turbinas del avión se apagó y hubo que aterrizar de emergencia. Fue un momento de muchísima tensión, dramático. De repente, alguien gritó: “Pónganse la cédula en la boca, para que los reconozcan” y varios soltamos la risa. Esa broma logró bajar la enorme tensión que todos teníamos en ese momento. 

Usted se fue formando en su oficio con la practica…

Así es, con la vida misma, como quien dice. Me decían lo que tenía que hacer y después me las ingeniaba, pero las cosas salían.

¿Nunca cometió algún error que afectara alguna transmisión?

No, la verdad. Cometía errores, por supuesto, como que a veces me perdía en una ciudad que no conocía, como me pasó en Roma, a pesar de que tenía un mapa. Después de estar 15 días ahí fue que la vine a entender, pero siempre llegaba a mi destino.

¿Hay algo en su vida que hubiera querido haber hecho diferente o que hoy preferiría no haber hecho?

No, yo no me arrepiento de nada.  Yo he disfrutado mucho de mi trabajo como productor deportivo y de todos esos viajes. Fuimos hasta a Japón. De aquí para allá perdimos un día. Salimos un lunes y llegamos un miércoles. Y de allá para acá salimos a las 8 de la mañana y llegamos aquí ¡a las 7 de la mañana del mismo día!

Allá nos tocó enfrentar una tormenta.  Yo vi el anuncio en la televisión, y eso que no hablo japonés, ni chino, ni inglés ni nada de eso. Pero yo lo entendí y se lo dije a Camardiel, porque teníamos que salir a hacer unas grabaciones. Y él no me hizo caso, me empezó a hacer bromas, a decirme que si yo era meteorólogo. ¡Y resulta que nos cayó un palo de agua con un ventarrón terrible!  Allá, la gente acostumbra a dejar los paraguas en la calle porque nadie se los lleva, pero nosotros sí tuvimos que llevarnos algunos de esos para poder protegernos. De broma no salimos volando con el ventarrón, pero nos reímos mucho después.

¿Qué añora más de esa época?

Fue una época bastante bonita, yo diría que fue la época de oro de la televisión venezolana. Vi nacer a grandes figuras. Al gran Renny Ottolina, clase aparte, lo conocí cuando él ya estaba en el canal 8, muy carismático y agradable. A Juan Manuel Laguardia lo conocí cuando él estaba empezando a actuar en la televisión. A Joselo, Toco Gómez, Mayra Martí…

¿Sus hijos han seguido su camino?

Tengo dos hijos. Uno es deportista, maratonista, está en Madrid. Y de los cinco nietos, dos son nadadores, uno de 10 y otro de 16. El de 10 es muy bueno. En estos días participo en unas pruebas para los juegos nacionales y ganó las ocho pruebas.  Y los más chiquitos son futbolistas. A todos les gusta el deporte.

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