Venezuela: Rumbo a la recuperación del Esequibo, XII Fase – Centésima vigésima cuarta entrega

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(Continuación)

Por: José Chachati Ata

En el marco de la coyuntura actual tanto a nivel regional como mundial, el ámbito estratégico que se destaca en cuanto al balance del poder, destaca nuevamente al igual que en el siglo pasado, la necesidad de ejercer el poder y el interés hegemónico, tal como lo hizo Estados Unidos y Rusia, y aún continúan en esa lucha, obteniendo la aceptación y adhesión de otros países y organizaciones internacionales, como la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y la Organización de las Naciones Unidas (ONU), en el que la Corte Internacional de Justicia como parte de esta última, le rinde cuentas de su gestión, recordando al lector que en el informe de gestión 2020 – 2021, éste informó acerca de su competencia jurídica sobre el caso de la demanda del Gobierno de Guyana contra Venezuela, a propósito de dirimir sobre la validez o no del Laudo Arbitral de París de 1899, además de establecer la línea limítrofe definitiva entre ambos países, debiendo presentarse la Memoria de sustentación de Guyana el 8 de marzo del
año 2022 (lo cual ya se hizo), y la de Venezuela el 8 de marzo del año 2023.

En continuidad a este señalamiento, el Gobierno Nacional manifestó desde el principio su no comparecencia ante la Corte Internacional de Justicia, considerando que ésta no tiene la competencia jurídica sobre la materia, basado en que la acción emprendida choca frontalmente con lo establecido en el Acuerdo de Ginebra de 1966, y ni el Secretario General de La ONU, ni el Gobierno de Guyana, ni la propia Corte de La Haya, actuaron ajustados al deber ser, dado que en ningún momento se aceptó el uso de dicho mecanismo en el que éste Secretario General de la ONU, Antonio Guterres, decidió unilateralmente esta acción, atendiendo únicamente los intereses del Gobierno de Guyana, por lo que
el organismo jurídico ya citado no ha dictado hasta ahora las medidas cautelares en el que Guyana, ha venido explotando arbitrariamente los recursos estratégicos de primer orden existentes tanto en el espacio geográfico continental como acuático, ambos pertenecientes a Venezuela, y claramente señalados en cuanto a la ilegitimidad de dichas acciones que han ido únicamente en beneficio del
Gobierno de Guyana y de las empresas transnacionales, hecho que constituye una evidente violación del compromiso firmado desde 1966 entre ambos Gobiernos con el de Gran Bretaña, quien por cierto, pareciese haberse desentendido del tema, pero con tentáculos puestos en juego permanentemente
bajo la mesa.

En el contexto señalado originalmente, y que guarda estrecha relación con todo cuanto acontece actualmente en el ámbito geopolítico mundial y regional, se establecen variables preponderantes que permiten crear condiciones adecuadas y envueltas en posibilidades para Venezuela, ante una probable necesidad de cooperación internacional en medio de este nuevo orden mundial calificado hoy en día por algunos analistas como anárquico, pero que si se revisan y resaltan los eventos históricos de esta afirmación en el caso de particular de la región suramericana desde el descubrimiento del continente en 1492, resulta un tanto difícil aceptar dicho calificativo como parte de la situación actual, dada la conocida
historia sobre los saqueos realizados por los grandes imperios, en el que Venezuela ha sido lesionada en el siglo XIX con el nefasto despojo de un territorio que reclama desde ese entonces, y que algunos personajes sustentados en el cargo de poder que ejercen hoy en día, pretenden hacerle ver al mundo que el gentilicio venezolano está mendigando el favor de buscar la aprobación de un territorio que le pertenece a otro país que se ha victimizado ante la pretensión nacional, cuando la realidad es totalmente contraria.

Es por ello, que bajo diferentes enfoques o dimensiones se ha realizado un amplio análisis del tema en cuestión con posibles escenarios, presentado como se señaló en el artículo anterior, en el libro titulado “La Daga de la Corte Internacional de Justicia sobre el Esequibo”, cuyos apuntes se sustentaron sobre la realidad geohistórica venezolana en el más amplio esquema de los distintos eventos suscitados, aunado al manejo pasado y presente de la Organización de las Naciones Unidas en conjunto con Gran Bretaña, agregando como área central de la publicación el marco de actuación de la Corte Internacional de Justicia, el manejo del poder estructural agregado, situacional y táctico entre Venezuela y Guyana, complementando el estudio con la territorialidad, la Defensa Integral de la Nación y todo cuanto se ha esgrimido sobre las intervenciones en los espacios acuáticos del Océano Atlántico.

Debemos estar también muy claros que en cuanto al manejo del poder y del interés en esta coyuntura actual, la argumentación sobre las posibilidades de cambios favorables para Venezuela se basan aun en referencias un tanto empíricas que apuntan al acceso en materia energética, minera e hídrica, y ello se
concatena con las relaciones actuales que se manejan con Estados Unidos, Europa y Asia (Rusia, China y Japón), lo que conduce a una merma práctica que ha estado latente sobre las relaciones internacionales de Venezuela, pero que a raíz del conflicto actual entre Rusia y Ucrania, nuevamente han comenzado a
soplar vientos favorables que requieren de una mayor fuerza e intensidad para adquirir una jerarquía adecuada en el campo del poder internacional, y que le permitan al Gobierno Nacional utilizar esta necesidad como instrumento de una justa negociación sobre la corresponsabilidad que tienen sobre el
despojo territorial que le infringieron a Venezuela, tanto los Estados Unidos como Gran Bretaña y Rusia, orientando el tema objeto de estudio hacia un marco de adecuada cooperación, así como en la oportunidad de reivindicarle al gentilicio nacional el daño que se le ocasionó al país, en el que Guyana se
ha valido de perversas artimañas para manipular y ocultar la realidad del asunto en cuestión, actuando cual Estado profundo inmerso en grises discursos y manipulados falsos positivos.

En una frontal influencia requerida para el país, cuyo sensible tema habría de manejarse en el contexto diplomático con estas potencias y lógicamente entre los países limítrofes con Venezuela, recordando que no solo se incluyen a Brasil, Colombia y Guyana, sino también al Caribe Oriental y Central, cabría apuntar a que las acciones generadas por Guyana en cuanto a la explotación unilateral de los recursos en el Océano Atlántico, particularmente en la plataforma continental concerniente a los espacios acuáticos del Esequibo, además de manejarse ilícitamente, se podrían implementar acciones colaterales tendientes a la conformación de un bloque marítimo de los países de la región, de manera que se fortalezca el mecanismo de la cooperación y reciprocidad regional, hecho que le daría mayor beneficio a los pueblos de dichos países y no a las trasnacionales, tal como ocurre indolentemente hoy en día.

Pero también es importante señalar, una relación basada en la cooperación y reciprocidad orientada a los países de la región, pero también a las grandes potencias como los Estados Unidos, además de generar un escenario proclive a la cooperación en beneficio de esa nación, sería una forma de incentivar nuevos
parámetros de relaciones internacionales, en el que tanto los Estados unidos como otras grandes potencias, podrían tender a mermar un comportamiento puesto en práctica, como lo ha sido el de desarrollar acciones de amenazas, de sanciones y de la aplicación de duras estrategias mediante el uso del poder, en el que se han involucrado otros países que se han alineado a estas acciones perjudicando a Venezuela, y las consecuencias de ello no han sido solo para el Gobierno Nacional, sino más bien han apuntado ineludiblemente en mayor intensidad a la afectación propia del pueblo venezolano. Una explicación más a fondo, considero que no requiere su inserción ante las realidades que se observan
hoy en día.

Es aquí donde culmino el escrito de esta semana, dejando ver la correlación del tema objeto de estudio sobre la recuperación del espacio geográfico integral del Esequibo, en el que todo cuanto se agrega al contexto de la Seguridad de la Nación guarda estrecha relación con el patrón de conducta actual, en el que Venezuela tiene una extraordinaria oportunidad de atender en positivo varios temas de interés en el marco de la cooperación y reciprocidad, sobre todo cuando se tiene una coyuntura especial que tendería a desenmascarar al Gobierno de Guyana ante el mundo con las mentiras que ha formulado contra Venezuela sobre la pretendida recuperación del Esequibo, conformando una debilidad de su poder
estructural con esta nueva coyuntura que le ha venido agregando sensibles preocupaciones, además de ir colocando a la Corte Internacional de Justicia entre la espada y la pared con la inadecuada actuación puesta de manifiesto, cuya imparcialidad no ha lucido tan clara como debería haber sido desde el principio en un contexto más explicativo, sobre todo en cuanto al soporte adherido al Acuerdo de Ginebra de 1966, siendo necesario también, un nuevo pronunciamiento incluso del mismo Secretario General de la ONU, aunado a los cambios internos que podría recibir el país en beneficio de todos los venezolanos y el fortalecimiento del liderazgo a nivel regional. Más claro, imposible.

No olvidemos que la Corte Internacional de Justicia en sus pronunciamientos ha tendido a favorecer a los países más poderosos, y en este contexto, el gentilicio nacional sigue a la expectativa en cuanto a la explicación concreta del Gobierno Nacional sobre la decisión a tomar al respecto, aunado a la política exterior en cuestión sobre el tema en cuestión en que se está muy consciente de la complejidad de ello, para reafirmar una vez más con claridad que el sol de Venezuela nace en el Esequibo.

Por: C/A (r) Dr. José Chachati Ata

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