Francisco Peñarrubia

Aspirar a la felicidad constante es fuente de infelicidad

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Indica el prestigioso psicólogo Francisco Peñarrubia que hay que reconciliarse consigo mismo. «No es fácil. Llevamos interiorizada una especie de guerra civil de descontento».

Aspirar a la felicidad es una fuente de infelicidad, dice Francisco Peñarrubia.

El destacado psicólogo español, egresado de la Universidad Complutense de Madrid, es uno de los introductores de la Gestalt en su país.

«Es una barbaridad de nuestros tiempos y del consumo condenada al fracaso», dice.

Aspirar a la felicidad: Consideraciones de Peñarrubia

Durante una entrevista con el diario ibérico La Vanguardia, el experto habla de la terapia humanista.

«Es como dejar de enfocar exclusivamente lo deficitario, lo patológico, lo problemático, y también poder considerar como parte del desarrollo personal el apoyo en los recursos, en las posibilidades».

«No somos solamente enfermos: también somos gente con aspiración al desarrollo y al conocimiento».

«La terapia humanista viene a completar esa idea pesimista que había en torno al mundo interno, a dedicar todo el esfuerzo en desentrañar la enfermedad».

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Afirma que la psicología humanista fue una primera apuesta por la salud.

«Potenció el autoconocimiento. Es como si hasta entonces a las consultas llegara la gente con problemas, con malestares, y de un tiempo para acá hay más gente buscadora, que va a hacer un trabajo de autoconocimiento».

Aspirar a la felicidad: Vivir mejor

Para vivir mejor, indica Peñarrubia, «lo que hay que cambiar es no cambiar».

«Más que cambiar es aceptarnos. En casa, por el susto de nuestros padres a que nos dañáramos, siempre se nos ha dicho que tendríamos que mejorar, cómo pensar, cómo hablar, cómo sentir».

Manifiesta que todo eso que se hace con buena voluntad sin embargo la sensación interna que le queda a uno es deficitaria, «como si le faltara alguna tecla».

«Así que desde allí hay un impulso de ‘voy a cambiar’, como una máquina que va a cambiar sus mecanismos».

Indica que hay que reconciliarse consigo mismo.

«No es fácil. Llevamos interiorizada una especie de guerra civil, de descontento».

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Aspirar a la felicidad: Limitaciones y necesidades

Cree que el camino tiene mucho que ver con reconocer las limitaciones y las necesidades.

«Cuando comenzamos a darnos cuenta de que tenemos limitaciones y necesidades empieza uno a entenderse mejor, a bajarse un poco de ese ideal de querer ser otro, de querer ser mejor».

Allí empieza el camino de la reconciliaciòn.

Acota que es complejo hacerse uno amigo de sí.

Culpa y responsabilidad

«Eso lleva tiempo. Para llegar allí hay que hacer un cierto ejercicio de no irse a la culpa sino de hacerse responsable, dos cosas que se parecen pero que son muy distintas».

Peñarrubia expresa que hay que hay que asumir lo que uno piensa, lo que uno hace, lo que uno siente. «Hacerse responsable da un tono de madurez», destaca el profesional de la salud.

«La culpa, en cambio, nos mantiene como el niño que va a ser castigado. Eso no ayuda precisamente al proceso de madurez».

«Algunos se han constituido para sobrevivir en la familia, desde ahí se han convertido en automáticas. Hay gente que se dedica a ser ‘niño bueno’. El problema es que esto se quede fijo».

La importancia de perdonarse

Para vivir mejor hace falta perdonarse muchas cosas que uno hace mal, en criterio del experto.

«Perdonar también lo que recibe de afuera que no siempre es bueno, y agradecer lo que viene bien».

Recomienda de vez en cuando hacer un examen de conciencia.

«Que se entrevisten, que vuelvan a hablar con el adolescente que fueron en el sentido que el que ha salido de la familia para manejarse con el mundo tiene unos ideales grandes».

«Todo adolescente quiere hacer de su vida una obra de arte», subraya.

«Preguntarle si está descontento o avergonzado de sí mismo, si está orgulloso. Es una especie de baremo para saber si la vida que se está experimentando corresponde a lo esperado».

Señala que cuando uno está medianamente en acuerdo consigo interiormente, «creo que es el único consejo útil para vivir mejor».

«La vida no siempre se puede intentar que sea buena. Tiene enfermedades, pérdidas, desgracias. Así que aspirar a la felicidad es una barbaridad muy de nuestros tiempos», corrobora Francisco Peñarrubia.

Tomado de La Vanguardia.

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