Título original: SIN SALARIO MÍNIMO SE APLANÓ EL ESCALAFÓN. Por Ángel Alberto Bellorín
«Hoy resulta que es lo mismo ser derecho que traidor!…¡ Ignorante, sabio o chorro, generoso o estafador! ¡Todo es igual! ¡Nada es mejor!
¡Lo mismo un burro que un gran profesor!
No hay aplazaos ni escalafón, los inmorales
nos han igualao «. ( Tango Cambalache, Enrique Santos Discépolo…1934 )
Hoy es primero de mayo 2026 y en horas del mediodía en Venezuela el salario mínimo de 130 bolívares se aproxima a cero dólares mensuales; EN REALIDAD NO EXISTE.
Desde el gobierno interino, temporal. tutelado, etcétera, se escuchó ayer, con timidez y mucho cinismo nuevas promesas de aumentos y otras repetidas falacias. Pero el verdadero Salario Mínimo Vital, ese que ordena el Artículo 91 en plena concordancia con su artículo 80 como garantía protectora de la pensión al anciano, no llega a 0.25 centavos de dólar AL MES.
Tan pronto en horas vespertinas del 30 de Abril la interina dio su anuncio utilizando la falacia estructurada de » SALARIO MINIMO INTEGRAL, como fórmula ya utilizada para sustituir EL SALARIO MINIMO VITAL que ordena la constitución, procedí a escribir una breve opinión alertando sobre el nuevo engaño al texto constitucional y a toda la sociedad.
Mi alerta temprana y creo que optimista , antes de la publicación oficial desglosado sobre el aumento, generó varias críticas de los defensores del régimen. Sin embargo, un comentario especial en defensa de mi postura académica y jurídica, merece atención especial.
Me refiero al publicado en Facebook por el Sr Gustavo Alfredo Domínguez Martínez (A quien aún no conozco) que aquí me permito compartir. (CITO)
«El hecho de que la autoría corresponda al Dr. Ángel Alberto Bellorín otorga a la publicación un rigor jurídico adicional, pues su perspectiva no es meramente política, sino que se fundamenta en la doctrina del Derecho Constitucional, la cual él ha defendido con énfasis en la interpretación estricta de la norma.
Desde la óptica del Dr. Bellorín, el análisis se profundiza en la inconstitucionalidad de la «bonificación» del salario.
El argumento sobre la inexistencia del «Salario Mínimo Integral» cobra fuerza bajo la tesis del Dr. Bellorín de que el Ejecutivo no puede legislar vía decreto por encima de lo que establece la Constitución. El Artículo 91 es un mandato de orden público; al fragmentar el ingreso en bonos, se incurre en una violación de la intangibilidad de los derechos laborales. Para un jurista de su línea, esto no es solo una estrategia económica, sino un fraude constitucional que busca anular la base de cálculo de las prestaciones sociales, convirtiendo el salario en una dádiva y no en un derecho retributivo.
Dada la condición de abogado del autor, su enfoque sobre las pensiones es crítico respecto a la jerarquía normativa. Él sostiene que si la Constitución (Art. 80) ordena igualar las pensiones al salario mínimo, y este salario se mantiene artificialmente bajo (en los 70 dólares que él estima como monto real), el Estado está despojando a los adultos mayores y jubilados de su derecho a una vejez digna. La «especulación» que menciona el Dr. Bellorín se refiere a la opacidad con la que se anuncian las cifras para evitar el reconocimiento de la deuda que el Estado acumula con los trabajadores por concepto de pasivos laborales.
Bajo un análisis jurídico-administrativo, el Dr. Bellorin identifica una desviación de poder. Esto ocurre cuando el Estado utiliza sus facultades (anunciar aumentos) para fines distintos a los previstos en la ley (en este caso, para «bajar la presión a las marchas» o desviar la atención). Para él, la falta de publicación clara y técnica de estos montos en Gaceta Oficial, antes de los anuncios políticos, vulnera el principio de seguridad jurídica, dejando al ciudadano en un estado de incertidumbre sobre cuál es realmente su patrimonio protegido por la ley.
Fraternal y solidario abrazo coronel. Ud. siempre acertado y sin titubeos.» (FIN DE LA CITA)
La hoy famosa oficina subalterna de presupuesto conocida como onapre es el brazo ejecutor para acabar eso que genera tanto odio y resentimiento en los incapaces abusadores; me refiero al «Escalafón Universitario», punta de lanza en la eliminación del mérito como elemento diferenciador necesario en cualquier sociedad.
No me queda más que agradecer tanta claridad interpretativa del autor.
Al respecto y sobre este tema específico, escribo y he hecho público mi punto de vista desde el mes de Agosto del 2018 cuando bajo la excusa de aquel fraude digital que el gobierno dió el nombre del «Medio Petro» como salario mínimo, en forma inmediata procedió a las rebajas de todas las tablas salariales de los escalafones y a centralizar todos los pagos públicos a través del Sistema Patria como paso necesario para acabar con el mérito e igualar la sociedad hacia abajo.
¡FUE EL DECRETO OFICIAL DE ACABAR CON EL ESCALAFÓN!
Por tal motivo creo pertinente publicar nuevamente este recuerdo del año 2023.
Caracas, 1 de mayo del 2026 (12:30 pm)

Dr. Ángel Alberto Bellorín
Abogado Magna Cumlaude
Doctor en Ciencias Jurídicas mención
Derecho Constitucional
Profesor de Doctorado en la UCV
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