El Auditorio Azul de la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales de la Universidad Central de Venezuela (UCV) sirvió como escenario para un debate medular en el país: el ingreso de los trabajadores frente a la realidad fiscal. Durante un foro académico, el economista y dirigente político José Guerra presentó una hoja de ruta orientada a la estabilización macroeconómica, cuyo eje central es ajustar el Salario y pensiones a un «nivel financiable» sustentado por los ingresos petroleros y no petroleros del Estado.

La propuesta técnica de Guerra busca redefinir la política de remuneración pública a través de un esquema que balancee la urgencia social con la disciplina fiscal, estructurado bajo los siguientes pilares esenciales:
- Sustentabilidad presupuestaria: Establecer un sueldo base anclado a la recaudación real de la renta petrolera y tributaria, evitando la emisión de dinero sin respaldo (emisión inorgánica) que históricamente acelera la devaluación.
- Asistencia directa: Diseñar un sistema de transferencias monetarias directas destinadas exclusivamente a los hogares detectados en situación de pobreza crítica.
- Reforma institucional: Reestructurar los servicios de seguridad social y abrir espacios legales para el funcionamiento de fondos de pensiones de administración privada.
- Reactivación del crédito y alivio fiscal: Permitir el otorgamiento de préstamos bancarios en divisas para empresas con capacidad exportadora, junto con una simplificación del sistema impositivo que alivie la carga fiscal corporativa.
La viabilidad técnica frente al fantasma inflacionario
La propuesta se sitúa en un entorno de alta sensibilidad económica. Por un lado, analistas financieros y gremios sindicales coinciden en que el poder adquisitivo actual de los empleados públicos y pensionados se encuentra en niveles críticos, lo que justifica la urgencia de utilizar los excedentes de los recursos energéticos para mitigar la brecha social. Desde esta perspectiva, vincular los ingresos del Estado a la remuneración directa es una vía lógica para dinamizar el consumo interno.

No obstante, sectores más conservadores de la academia y la consultoría financiera independiente encienden las alarmas sobre la volatilidad de dicha estrategia. El principal argumento en contra radica en la dependencia inherente de la fórmula al mercado internacional de hidrocarburos: un descenso abrupto en los precios globales del crudo o una caída en los volúmenes de producción interna dejarían al Estado sin el flujo de caja necesario para sostener los salarios elevados, forzando la vuelta al endeudamiento o a la devaluación de la moneda local para cubrir el déficit.
El nudo macroeconómico: El éxito de indexar o apalancar la estructura salarial en los hidrocarburos depende de la creación de fondos de estabilización macroeconómica transparentes. Sin un colchón financiero que absorba los choques de precios externos, cualquier esquema salarial basado en la renta corre el riesgo de volverse insostenible en el mediano plazo.
Para que este programa de recuperación adquiera viabilidad y contenga el índice inflacionario, Guerra enfatizó que es imprescindible concretar un acuerdo político amplio entre el Ejecutivo, las fuerzas de oposición, los gremios sindicales y los representantes empresariales, respaldado además por el acceso a esquemas de financiamiento multilateral.
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