Título original: MEDIA VUELTA, MAR». UNA NECESARIA VOZ AUN SIN MANDO. Por Gustavo Alfredo Domínguez Martínez
PRELIMINAR Y CIERRE:
«Paradójicamente, aunque desprecia la aplicación de la Constitución en el contexto actual, su objetivo final es profundamente constitucional.»
Para comprender el texto del Dr. Bellorín fechado el 12 de junio de 2026 y publicado en el portal Incisos, en Curadas y en Facebook, es fundamental reconstruir la línea de tiempo de los acontecimientos recientes que describe, analizando los hechos de forma fría y estructural.
El artículo del doctor Ángel Alberto Bellorín es un texto de opinión política y jurídica que se enmarca en un escenario muy específico: han pasado poco más de cinco meses desde una operación militar extranjera (ocurrida el 3 de enero de 2026) que extrajo del poder a Nicolás Maduro.
Para facilitar su comprensión, intentaré un análisis que desglosa el texto eliminando el lenguaje técnico y exponiendo los argumentos centrales del autor de manera estructurada y objetiva.
- LA METÁFORA PRINCIPAL: «Media vuelta, mar»
El título del artículo marca el tono de toda la lectura. En el ámbito militar, la orden «media vuelta, mar» se utiliza para detener a una tropa que marcha en una dirección y obligarla a girar 180 grados para regresar por donde vino.
Bellorín utiliza esta figura para ilustrar lo que él considera la única salida para Venezuela: detener el avance hacia la destrucción total y retroceder políticamente hasta un punto donde se pueda recuperar el hilo constitucional y reconstruir la democracia.
- EL CONTEXTO TEMPORAL Y POLÍTICO DEL ARTÍCULO.
Para entender la frustración del autor, es vital ubicarse en la línea de tiempo que describe:
Julio de 2024. Ocurren unas elecciones presidenciales que el autor, apoyado en la postura internacional, califica de fraudulentas, reconociendo a Edmundo González Urrutia como ganador.
Enero de 2025. Nicolás Maduro asume un nuevo mandato que es desconocido por la comunidad internacional (y por Estados Unidos bajo la administración de Donald Trump), convirtiéndolo jurídicamente en un «usurpador».
3 de Enero de 2026. Una intervención militar rápida (de 45 minutos) por parte de EE. UU. extrae a Nicolás Maduro y a su círculo más íntimo.
El presente (Junio de 2026). El país se encuentra en un limbo. Delcy Rodríguez ha sido reconocida de facto por EE. UU. como figura de transición, y se acercan los 180 días (el 3 de julio de 2026) que la Constitución establece para declarar una «falta absoluta» presidencial.
- LOS CUATRO ARGUMENTOS CENTRALES DE BELLORIN.
A. La Inutilidad del Debate Constitucional
El autor critica duramente a los políticos, abogados y académicos que intentan aplicar las leyes de la Constitución venezolana actual a la crisis presente (como contar los 180 días para llamar a elecciones).
Su justificación
Argumenta que es un absurdo jurídico aplicar reglas constitucionales a personas que nunca fueron legítimas. Si Maduro no era un presidente legítimo validado por votos, Delcy Rodríguez tampoco es una vicepresidenta legítima, ni los ministros, magistrados, rectores del CNE, etcétera. En el derecho, «lo accesorio sigue la suerte de lo principal».
B. El «Estado Secuestrado» y la Corporación Criminal
Bellorín sostiene que en Venezuela no existe un Estado real con instituciones independientes, sino un territorio «capturado» por una corporación criminal. Por lo tanto, intentar buscar salidas pactadas a través del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) o el Consejo Nacional Electoral (CNE) actuales es un acto de «hipocresía académica», ya que estos entes son parte del problema y no imparten justicia.
C. El Rol de las Fuerzas Armadas
Como militar retirado con amplia experiencia académica, el autor es sumamente pesimista sobre el papel de las Fuerzas Armadas Nacionales (FAN).
Afirma que la institución está moralmente destruida, convertida en un «cascarón vacío» que solo actúa para proteger intereses económicos de la cúpula gobernante.
Descarta por completo que los militares venezolanos tengan la voluntad o la ética para dar esa «media vuelta» y restaurar la democracia por iniciativa propia.
D. El Protectorado de Estados Unidos y su Costo
Bellorín expone una realidad incómoda: tras la extracción de Maduro, Venezuela ha quedado bajo un «protectorado» de facto por parte de Estados Unidos.
Señala la contradicción de que EE. UU. haya sacado a Maduro por liderar una corporación criminal, pero permita que su vicepresidenta (Delcy Rodríguez) gestione la transición.
Advierte que esta intervención militar no es gratuita. Al inmenso endeudamiento dejado por el chavismo, se le sumará el «botín de guerra» o el costo oculto que el país vencedor (EE. UU.) cobrará por haber ejecutado la extracción.
El doctor Bellorín le está diciendo al lector lo siguiente: » Dejen de buscar soluciones legales en un país donde la ley fue secuestrada».
Su tesis principal es que Venezuela está destruida institucionalmente y depende en este momento de las decisiones de un poder extranjero (EE. UU.). Por lo tanto, el país no puede avanzar convocando elecciones rápidas con las mismas instituciones viciadas. La única salida pacífica y real implica aceptar este vacío de poder, apoyarse en el actual «dueño del circo» (la fuerza internacional) y hacer una limpieza profunda (la media vuelta) para poder empezar desde cero bajo una verdadera República Constituciónal.
UNA SEGUNDA PARTE NECESARIA
En el ámbito de las ciencias políticas, la resolución de conflictos y la filosofía del poder, la postura del Dr. Bellorín no encaja en las opciones tradicionales de resolución de crisis democráticas.
Si diseccionamos su enfoque, podemos ubicar su propuesta bajo las siguientes perspectivas o corrientes:
- Realismo Político (Realpolitik)
Esta es la perspectiva central, y el propio autor la evidencia al citar a Hans Morgenthau. El realismo político despoja al análisis de idealismos, sentimentalismos o moralidades, y reduce la política a su esencia más básica: el ejercicio del poder y la fuerza.
Bajo esta óptica, Bellorín asume que las leyes y las constituciones son solo tinta en un papel si no están respaldadas por un poder coercitivo real. Al definir a quienes detentan el poder no como políticos, sino como una «corporación criminal», concluye que aplicarles el derecho tradicional es inútil. La crisis no se supera con leyes, se supera con una fuerza superior que los someta.
- Tesis del Quiebre Radical (Antipactismo)
En los estudios de transición democrática, suele haber dos grandes caminos: la transición pactada (donde el régimen cede el poder a cambio de garantías, como en Chile o Sudáfrica) y la ruptura o quiebre total.
Bellorín se ubica en el extremo absoluto del quiebre. Rechaza tajantemente cualquier intento de pacto, elección o negociación con las instituciones actuales (CNE, TSJ), argumentando mediante un silogismo lógico básico: si la cabeza (el presidente) es ilegítima, todos sus apéndices institucionales también lo son. Para él, intentar una salida electoral bajo estas condiciones es una «hipocresía académica».
- Intervencionismo Pragmático (Tutelaje Internacional)
Esta es quizás la parte más cruda de su análisis. En la teoría de las Relaciones Internacionales, Bellorín ubica a Venezuela en la categoría de Estado Fallido o Secuestrado, lo que anula la soberanía nacional en términos prácticos.
Al descartar por completo a las Fuerzas Armadas internas (por falta de moral y capacidad), asume que la única opción viable para ejecutar esa «media vuelta» es la intervención y tutela de una potencia extranjera (en este caso, Estados Unidos). No lo presenta como un ideal patriótico deseable, sino como un hecho fáctico ineludible: el «dueño del circo» es quien tiene el poder de intimidación para forzar el reinicio institucional.
- Constitucionalismo Originario (El «Reset»)
Paradójicamente, aunque desprecia la aplicación de la Constitución en el contexto actual, su objetivo final es profundamente constitucional. Su perspectiva de solución es hacer un «borrón y cuenta nueva»: retroceder (la media vuelta) ignorando todo el andamiaje jurídico creado durante la usurpación, para reconectar el país directamente con el espíritu original de la Constitución de 1999, amparados por la fuerza extranjera.
La perspectiva de Bellorín para superar la crisis descarta la diplomacia, las elecciones y los acuerdos internos. Su postura es la de un pragmatismo quirúrgico: aceptar que el país es un protectorado de facto y utilizar esa fuerza externa para barrer con la estructura criminal y poder fundar nuevamente las instituciones desde cero.
Barcelona, 14 de junio de 2026.
Gustavo A. Domínguez M.
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