En Playa Grande «la vida se paralizó»: los afectados cavan entre escombros a 15 días de los terremotos


Ciro Ocando se detiene cuando un hombre sale de un túnel abierto entre los escombros y le da un álbum con fotos de sus hijos. «Estoy en el lugar correcto, pero hay muchos obstáculos», dice, tras mirarlas unos segundos y retomar el trabajo.

Cava sin descanso para encontrar a sus dos hijos adolescentes, que presume enterrados bajo los escombros de uno de los edificios arrasados de Playa Grande, estado La Guaira, el más golpeado por el doble sismo del 24 de junio en Venezuela, que dejó más de 3.800 muertos y miles de desaparecidos.

«La vida se paralizó aquí hace dos semanas», cuenta a la AFP.

Ocando y sus hermanos llegaron al lugar después de los terremotos y nunca se fueron. Al principio esperaban que los adolescentes de 13 y 18 años, así como su tía, fueran rescatados vivos, pero ahora solo quieren recuperar sus cuerpos.

La familia instaló un campamento provisional frente a la ruinas. Al lado, un contenedor de basura desbordado atrae una legión de moscas que luego se posan sobre sus colchones o sobre la ropa que se seca bajo el sol implacable.

No es la única. Decenas de familiares de desaparecidos temen que las máquinas arrastren los escombros y nunca puedan recuperar los restos de sus seres queridos.

Muchos, como Ocando, siguen excavando aunque los rescatistas se hayan ido, movidos por la desesperación.

«Ese aparato de iluminación, la planta eléctrica, las herramientas, todo es por mi cuenta, todo lo compré yo», señala Ocando, mientras unos hombres continúan sacando escombros del diminuto túnel.

Tras más de una semana de esfuerzos, el miércoles lograron llegar hasta el apartamento donde los dos adolescentes vivían con su tía. El álbum de fotos que acaban de encontrar es la prueba.

Adentro, una cadena de nueve personas intenta dar con ellos. Arriba, personas perforan desde otros ángulos tratando también de encontrar a los suyos, aferradas a la posibilidad de un milagro.

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«Te quiebran las piernas» –

Damián Molero, hermano de Ocando, reconoce que arriesgan su vida al desafiar las entrañas de una mole de concreto en ruinas.

«Pero, para nosotros los familiares, vale la pena arriesgarse, ellos (el gobierno) lo que quieren es demoler», afirma, y dice sentirse «impotente, con rabia, con desesperación».

«La Guardia Nacional y el Ejército han venido con palas nuevas a hacer simulacros (…) Nosotros sabíamos que aquí no iba a haber respuesta de nada, aquí no ha habido apoyo de nada», denuncia, al señalar las ruinas de lo que fuera un conjunto residencial popular diseñado por los gobiernos de Hugo Chávez y de su sucesor, el depuesto Nicolás Maduro.

Lázaro Cardozo, quien busca a Fabiana, la hija de su prima, responsabiliza a estos gobiernos y a la actual mandataria interina Delcy Rodríguez, quien tomó el poder en enero tras la caída de Maduro.

«Hago un llamado a lo que se llama gobierno en este país que acelere. Hay tanto dinero, Venezuela es millonaria», enfatiza este hombre de 67 años, que carga carteles con las fotos de sus familiares, antes de quebrarse en llanto.

Cardozo está convencido de que estos edificios concebidos para alojar a la clase popular venezolana se derrumbaron porque se construyeron de forma negligente.

«Se dedicaron nada más a hacer populismo, a fabricar sin bases, sin conciencia, solo por un voto», se queja.

«Ellos te quiebran las piernas y luego te dan el bastón, para que tú les agradezcas el bastón (…) Nos devastaron, acabaron con nosotros», prosigue.

Para Cardozo, el reloj se detuvo cuando a partir de las 18H04 locales del 24 de junio se sintieron de forma consecutiva los sismos de magnitud 7,2 y 7,5.

«Estoy en shock, paralizado», comenta, y reafirma su «compromiso» de encontrar a Fabiana: «No la vamos a dejar aquí».

A pocos metros, Ocando seguía cavando.

Con información de AFP

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