CARACAS. A casi dos meses de la tragedia que sacudió las entrañas del centro-norte de Venezuela, el desastre por el doble terremoto del pasado 24 de junio sigue cobrando factura, no solo en la infraestructura y las pérdidas humanas, sino en el terreno de la información.
En las calles de La Guaira, Catia La Mar y Caracas, la dolorosa remoción de escombros camina a la par de un vacilante conteo de víctimas.
Las dos caras de una misma tragedia
En los boletines oficiales emitidos por el Parlamento y las autoridades del Gabinete, las cifras han ido escalando a cuentagotas con el paso de las semanas. El recuento estatal más reciente sitúa el número de fallecidos confirmados en más de 6.400 personas, con un despliegue centrado en la remoción de más de medio millón de toneladas de escombros y la reconstrucción del parque habitacional.
Sin embargo, el dato que enciende las alarmas en la opinión pública no es únicamente el de los decesos, sino el de los ausentes. Organizaciones de derechos humanos como Provea han alertado públicamente sobre un estancamiento prolongado en la actualización de los reportes oficiales sobre el paradero de los no localizados.
- El dato en la red: Diversas iniciativas ciudadanas e internacionales, entre ellas la plataforma Desaparecidos Terremoto Venezuela y la red Venezuela Reporta, llegaron a compilar listas de búsqueda que superaron los 40.000 y 50.000 reportes iniciales.
- El contrapeso técnico: Los expertos en gestión de crisis y los propios desarrolladores de estas bases de datos advierten que un alto volumen de estos registros responde a redundancias de la propia emergencia. Cuentas duplicadas, personas que ingresaron incomunicadas a refugios u hospitales sin la oportunidad de avisar a sus familias, y fallas en el tendido eléctrico o de telefonía sobreestiman frecuentemente estas listas en los primeros dos meses de un desastre.
El impacto en la calle
Para el ciudadano común, la falta de un registro centralizado, público y unificado por parte del Estado acentúa el clima de desconfianza e incertidumbre. Mientras los organismos internacionales y rescatistas han apoyado la labor de campo, la desinformación encuentra terreno fértil cuando la comunicación institucional se limita a balances semanales enfocados casi de forma exclusiva en la etapa de reconstrucción.
El verdadero reto en esta etapa de la postemergencia radica en conciliar la transparencia estadística con la realidad operativa del rescate. Para las familias que aún recorren listas digitales e instalaciones sanitarias, cada nombre por verificar representa una respuesta urgente que el país sigue esperando.
Por Redacción Curadas
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