Jane Goodall, la observadora de primates, es observada por el mundo
Jane Goodall, la observadora de primates, es observada por el mundo

Jane Goodall, la observadora de primates, es observada por el mundo

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Dame Jane Morris Goodall (Londres, 3 de abril de 1934, con el nombre de Valerie Jane Morris Goodall)​ es una primatóloga, etóloga, antropóloga y mensajera de la paz de la ONU inglesa.

Jane Goodall ​se la considera la mayor experta en chimpancés, y es conocida por su estudio de cincuenta y cinco años de duración sobre las interacciones sociales y familiares de los chimpancés salvajes en el Parque Nacional Gombe Stream en Tanzania.

Criatura curiosa por naturaleza, Jane Goodall realizó su primera observación mucho antes de adentrarse en los bosques de Tanzania, mucho antes de saber que su amor innato por los animales la conduciría a realizar descubrimientos extraordinarios sobre la vida de los chimpancés que obligarían al mundo a revisar la definición de la especie humana o que dedicaría su vida a defenderlos.

Todo comenzó en un gallinero de Inglaterra, cuando la pequeña Jane, con cinco años, se escondió durante cuatro horas para averiguar cómo era posible que las gallinas pusieran huevos.

Cuando corrió a compartir su descubrimiento con su madre, Vanne, en lugar de reñirle por el susto que les había dado, la escuchó con paciencia y celebró su entusiasmo.

“Otro tipo de madre habría machacado esa curiosidad científica, y quizás yo no habría hecho todo lo que hice”, afirma la doctora Goodall, cuya vida y legado son el objeto de una gran exposición que hoy inaugura en Washington el museo de la National Geographic Society, la institución que financió sus primeras investigaciones en Tanzania.

Exprimiendo al máximo las posibilidades de la tecnología, Becoming Jane, abierta hasta septiembre del 2020, es un viaje a las entrañas de Goodall (Londres, 1934) y una invitación, a los jóvenes sobre todo, a implicarse en la defensa del planeta.

Está todo. Una réplica del gallinero de su infancia. Jubilee , el desgastado peluche de su infancia, inspirado en un chimpancé que nació en cautividad en el zoo de Londres en 1935.

Sus primeros cuadernos con notas y dibujos de sus observaciones de la naturaleza en los bosques y acantilados de Bournemouth donde aprendió a trepar, algo muy útil en su futura carrera.

Goodall empezó a soñar con África gracias a los libros Doctor Dolittle y Tarzán de los monos , a quien adoraba y maldecía a partes iguales por haberse casado con “otra Jane”.

En colaboración con el Instituto Jane Goodall, National Geographic ha recopilado numerosos enseres personales y profesionales de la científica, como sus primeros binoculares o su máquina de escribir, que presenta en una réplica de su tienda, o sus cuadernos de campo, cuyas notas cobran vida digitalmente, además de numerosas cartas enviadas desde África.

De esta manera, comunicaba con detalle y agitación a partes iguales sus hallazgos y noticias personales como el nacimiento de su hijo Grub, fruto de su relación con Hugo Van Lawick, el cámara holandés que le enviaron para documentar su trabajo y con el que se comprometió por telegrama.

En Becoming Jane, la observadora es esta vez la observada. Y digitalizada, porque en un rincón de la exposición que recrea una fogata Goodall reaparece en forma de holograma para contar en primera persona las dificultades a las que se enfrentó durante sus primeros meses en África y aconsejar a los jóvenes que luchen por sus sueños, como hizo con ella su madre.

Goodall viajó por primera vez a África cuando tenía 23 años, invitada por una amiga a visitar la granja de su familia en Kenia.

Allí conoció a Louis Leakey, el biólogo que se convertiría en su mentor y que la envió a Gombe (Tanzania) para estudiar a los chimpancés aprovechando que Goodall, procedente de una familia de medios modestos, no tenía estudios universitarios y no estaba “contaminada” por las teorías científicas.

Una instalación de realidad virtual, con imágenes del videógrafo Bill Wallauer, traslada con eficacia al visitante a los bosques de Tanzania en los que después de casi un año de paciente observación los chimpancés finalmente aceptaron a Goodall y le permitieron observarlos de cerca.

Su descubrimiento de que estos primates, que comparten un 98% de su ADN con los humanos, eran capaces de construir y usar herramientas causó un enorme revuelo en el mundo de la ciencia.

Inicialmente se desconfió de los hallazgos de la rubia inglesa, que aprovechó la curiosidad que suscitaba para conseguir financiación para continuar su trabajo y crear, hace 60 años, el centro de investigación del río Gombe.

Las observaciones de Goodall ayudaron a otros científicos a hacer numerosos descubrimientos sobre la inteligencia de otras especies animales.

Después de 25 años de trabajo sobre el terreno, en 1986 Goodall decidió que era el momento de irse de Gombee y dedicarse a alertar al mundo de los peligros que acechan a los chimpancés, un trabajo que realiza a través del Instituto Jane Goodall, que tiene oficinas en más de cien países.

 

Continúe leyendo esta interesante historia en  LA VANGUARDIA

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