Un extraño «tigre» en el Caracas Hilton… / Un cuento de Pedrito López

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Un tópico que siempre ha salido en innumerables conversaciones entre músicos es que, a pesar de que existen muchísimas anécdotas, jamás se ha hecho una recopilación escrita. Solo han sido compartidas oralmente, con el riesgo de que se vayan olvidando. En Curadas dejaremos un registro para el disfrute de todos.

Hoy te traemos una nueva anécdota de músicos…

Hace muchos años, a principios de los 80, cuando yo tocaba en el grupo musical del saxofonista Luis Conny, nos contrataron para amenizar una fiesta.

La particularidad de este tigre es que fue pautado para un día lunes en la noche, lo cual es poco usual ya que por lo general los eventos y celebraciones son organizados a partir de mediados de semana y con especial énfasis en los viernes y sábados.

Por supuesto que nosotros nos alegramos mucho ya que comenzar una nueva semana haciendo unos churupitos nos caía muy bien.

El evento para el que nos contrataron era una cena de gala en la “Cota 880”, salón emblemático del fenecido Hotel Caracas Hilton, fiesta que estaba pautada para las 8 de la noche, por lo que nosotros los músicos llegamos con anterioridad para instalar nuestros instrumentos y equipos de sonido, dejando todo listo para la celebración.

A las 8 en punto –con una puntualidad inglesa que nos sorprendió a todos– llegaron “en cambote” casi todos los invitados. Había entre ellos mucha gente que aparecía regularmente reseñada en las crónicas sociales de la Caracas de ese entonces, quienes fueron recibidos “a todo trapo” por una corte de mesoneros con guantes blancos quienes les sirvieron abundante champagne, deliciosos canapés y pasapalos apenas llegaron al salón, el cual estaba bellamente adornado.

Nosotros comenzamos a tocar, pero casi de inmediato nos dimos cuenta que el ambiente en el salón era muy tenso. Las personas casi no hablaban entre ellos, no se escuchaba ninguna risa, y nadie salió a bailar ni una sola pieza durante toda la fiesta. Para nosotros los músicos era inexplicable lo que estaba ocurriendo.

Una vez que se terminó la cena, un caballero que era uno de los anfitriones se acercó a la tarima y amablemente nos pidió el micrófono para dar unas palabras a los presentes, y con un marcado acento norteamericano dijo (palabras más, palabras menos) que “estaba muy feliz de estar en Caracas, compartiendo con tantos amigos venezolanos (los invitados), y que les aconsejaba que se cuidaran mucho y cuidaran a sus familias porque la familia es lo más importante” y por ahí se fue…

Al finalizar las palabras del gringo, los invitados aplaudieron casi sin ganas, y poco después la gran mayoría se fue de inmediato y a las 10:30 pm ya no quedaba ni uno en el salón. Los músicos no entendimos nada de lo que había pasado, hasta que conversamos con el “maitre”, quién fue el que nos contó la razón de la cena.

Resulta que una semana antes ese mismo grupo de personas había ido en un tour de jugadores “duros” a un famoso hotel/casino en Las Vegas, y estando allá habían pedido créditos en dicho casino, se los concedieron para que siguieran jugando, Y LOS GRINGOS HABÍAN VENIDO A COBRAR A CARACAS…

¡Ahora se explicaba el ambiente “cuasi funerario” de esa cena y la extraña alusión del gringo a las familias! La vaina casi que era una escena de “El Padrino”.

Realmente ese ha sido uno de los tigres más extraños que he tocado en mi vida.

Curadas Pedrito López

Pedrito López empezó desde muy pequeño en la música y no se ha detenido por más de cuatro décadas. Ha desarrollado una dilatada carrera como pianista, orquestador, productor y director. Sus arreglos musicales han sido interpretados por la orquestas nacionales e internacionales y siendo acompañante de decenas de artistas de gran renombre mundial.

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