El gran serrucho… / Un cuento de Pedrito López

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Un tópico que siempre ha salido en innumerables conversaciones entre músicos es que, a pesar de que existen muchísimas anécdotas, jamás se ha hecho una recopilación escrita. Solo han sido compartidas oralmente, con el riesgo de que se vayan olvidando. En Curadas dejaremos un registro para el disfrute de todos.

Hoy te traemos una nueva anécdota de músicos…

José Gonzalez le escribió al maestro Pedrito López para recordar una anécdota para ser publicada en este espacio

Mi historia como productor musical publicitario

En 1984, luego de terminar mi carrera en Berklee College of Music (Boston), regreso a Venezuela para tratar de establecerme como productor musical. Luego de analizar mis opciones, decidí darle prioridad a la música publicitaria, que era la opción menos artística, pero la que me daba más esperanzas de «sacar la nariz del agua»…

Con el dinero que pude reunir en Boston con mis “Tigres” como ratón de estudio/tecladista/programador/ingeniero”, abrí mi primer estudio de 16 canales en Caracas (Centro Comercial Los Campitos) en un local alquilado, construido con la ayuda de mi padre y su destreza en la carpintería.

Luego de producir 5 jingles ficticios y 3 piezas musicales para imagen utilizando escenas de películas, como único ejemplo de mi trabajo, hice unas copias en cassette y betamax (y aquí se me cae la cédula) y empecé a recorrer las agencias de publicidad de la época. Para mi sorpresa, parecía que les interesó mi trabajo y mi oferta, que era muy sencilla: Si les gustaba mi producción musical, pagarían por mi trabajo un precio muy competitivo y si no les gustaba, podían botarlo a la basura y no me debían nada.

Esta oferta fue posible, porque yo era el compositor, arreglista, intérprete, programador midi (tecnología nueva para la época), ingeniero, motorizado, encargado de la limpieza, novio de la madrina/cantante… y presidente de mi compañía.

Evidentemente el hambre es el mejor estímulo de la creatividad.

Luego de tres meses en el negocio y una docena “cuñas” producidas, me llega una notificación de la Asociación Musical del Distrito Federal y Estado Miranda (sindicato), a una reunión urgente por violación de las normas sindicales. Llego a la reunión y allí estaban prácticamente todos los productores musicales de la época y uno en particular (que prefiero no nombrar, pero todo el mundo conoce jijiji) se dirigía a la audiencia con una airada arenga en mi contra, argumentando que le estaba quitando el trabajo a los músicos y que estaba destruyendo el negocio de la música publicitaria con mi oferta. Y que ellos tenían que detener este “El gran serrucho

En esa reunión, solo un productor musical defendió mi derecho al trabajo: Vinicio Ludovic, (que en ese momento yo no conocía y que hoy día es mi gran amigo) dijo: “dejen al muchacho trabajar y deberíamos aprender como produce”.

Desafortunadamente de allí salió la decisión de vetarme y prohibirle a las agencias de publicidad que trabajaran conmigo. Y todas obedecieron al temido sindicato.

Pensé que mi corta carrera como productor de música publicitaria había terminado y luego de intentar otros proyectos y empezar a dar clases de acústica en la Universidad Simón Bolívar (que solo daba prestigio, pero no dinero), conseguí un contacto en el Ministerio de Trabajo y le expuse mi caso.

Para hacerles el cuento corto: Nos reunimos las tres partes (ministerio, sindicato, yo) y acordamos que yo tenía que declarar y pagar todos los músicos de cada producción musical que yo realizara, indiferentemente del hecho que yo tocara todos los instrumentos y me dieron una lista de músicos que (en teoría) estaban enfermos o muy mayores para que los incluyera como ejecutantes, acuerdo que acepté porque parecía tener cierto sentido altruista, además que no me quedaba otra alternativa. También amigos músicos me ayudaban a recolectar el dinero de mi interpretación cuando yo los declaraba a ellos como intérpretes, a cambio de horas de estudios y ensayos, clases de midi, programación, diseño sonoro, o sencillamente como un favor y siempre estaré eternamente agradecidos con ellos (ellos saben quiénes son).

Luego que me levantaran el veto, volví a la producción de música publicitaria y al principio de los 90, hacía un promedio de 150 comerciales al año, recibí premios nacionales e internacionales y de un estudio crecí a cuatro estudios donde grabaron muchos de mis colegas y me hice amigo de muchos los productores musicales (inclusive los de la vieja escuela) ayudando a muchos de ellos a entender y usar esa nueva tecnología de producción musical.

Entre un gran número de productores creamos el Circulo de Productores Musicales, subimos y unificamos nuestras tarifas para prevenir las tácticas de regateo de muchas de las agencias publicitarias.

En 1995, justo 10 años después de aquella famosa reunión donde fui vetado, el Circulo de Productores Musicales decidió finalmente romper las relaciones con la Asociación Musical y su criterio obsoleto y anacrónico, decidiendo representarnos nosotros mismos en el área de la interpretación musical.

Me fui de Venezuela en 1996 siempre estoy en contacto con mis colegas y ya en ese tono de “broma en serio” siempre me recuerdan: Es que tú nos agarraste fuera de base y te convertiste en el “gran serrucho”, pero afortunadamente nos ayudaste a entender el cambio tecnológico.

Irónicamente, siempre he pensado que no existe nada más maravilloso que la interpretación y la grabación con instrumentos reales desde solistas, grupos y la orquesta completa, incluyendo el sonido del “serrucho” como instrumento musical en las piezas de John Cage, Dmitri Shostakovich, Scott Munson y muchos otros compositores experimentales. Un abrazo Pedrito y felicitaciones por esta gran iniciativa!

Curadas Pedrito López

Pedrito López empezó desde muy pequeño en la música y no se ha detenido por más de cuatro décadas. Ha desarrollado una dilatada carrera como pianista, orquestador, productor y director. Sus arreglos musicales han sido interpretados por la orquestas nacionales e internacionales y siendo acompañante de decenas de artistas de gran renombre mundial.

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