Sergio Novelli: “Yo no tenía en mis planes ser periodista”

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Por Katty Salerno

Sergio Novelli (Caracas, 1967) no tenía en sus planes ser periodista. Pero el 27 de febrero de 1989 su vida cambió, como la de todos en Venezuela. Ese día comenzó una carrera profesional que ha ido a la par de la crisis política, económica, moral y social que estalló con el Caracazo y que aún continúa. Crisis que está ahora visibilizada en todo el mundo por los millones de venezolanos que han tenido que emigrar buscando un mejor futuro para sus hijos. Y entre ellos también está él, quien tuvo que empezar de nuevo en otro lugar a pesar de ser uno de los más reconocidos periodistas de radio y televisión de nuestro país.

Ese día, 27 de febrero de 1989, Sergio Novelli comenzó como pasante su carrera periodística en Radio Caracas Televisión. Era entonces un muchacho de 22 años, de clase media, estudiante de tercer año de Comunicación Social en la UCAB que conocía muy poco de la Caracas que quedaba al otro lado del río Guaire. “Crecí y viví toda mi vida en El Cafetal, hasta que me casé. Salí de mi casa apenas unos meses antes de casarme, cuando me mudé al apartamento donde iba a vivir luego de casado. Toda la primaria y el bachillerato lo estudié en el Instituto Escuela, en Prados del Este, desde kínder hasta quinto año”.

“Mi historia de por qué me hice periodista, tiene su historia”, contó en esta entrevista con Curadas.com el conocido comunicador de 54 años, casado con la también periodista Patricia Zerpa, padres de cuatro hijos y residenciados en Miami, Estados Unidos, desde finales de 2017.

“Yo no tenía en mis planes ser periodista. Yo fui muy buen alumno y me gradué de bachiller con buenas calificaciones. La verdad es que era un chamo medio nerd (risas). Me gustaba rumbear, pero también era un buen estudiante. Cuando salí del colegio me inscribí en la Simón Bolívar con la intención de estudiar Ingeniería en Computación porque era la carrera de moda en ese momento.  Eso fue en 1984, imagínate.

A mí toooda la vida me gustó el mundo de la televisión, el cine, la radio. La radio, sobre todo, me encantaba. Cuando era chamo jugaba a que yo era disc jockey. Con mi prima y mi hermana menor jugábamos a que éramos artistas y que nos ganábamos el Óscar. Pero una vez que empecé en la Simón Bolívar me di cuenta de que eso no era lo mío. Lo intenté por casi dos años, pero después decidí hacer lo que toda la vida había querido hacer, es decir, hacer algo que estuviera relacionado con los medios y vi en la carrera de Comunicación Social lo que quería.

De hecho, escogí la especialidad de Audiovisual porque lo quería, más bien, era dedicarme al cine, incluso ser director de cine. Ese era el proyecto que tenía cuando estaba estudiando. Pero en el tercer año de la carrera nos daban el chance de hacer una pasantía en RCTV.  Así empezó mi historia con el periodismo, así fue que me enamoré del periodismo”.

Esa pasantía comenzó el 27 de febrero de 1989, fecha emblemática en la historia actual de Venezuela…

Sí, mi primer día de trabajo como periodista fue el día que ocurrió el Caracazo. La trascendencia de ese hecho lo entendí después de mucho tiempo. En ese momento yo era un chamo de 22 años que iba de la casa a la universidad. Yo no había vivido, no tenía calle, como quien dice. No conocía ni Caracas. De El Cafetal a Prados del Este, esa era mi zona. Yo tuve calle después de que entré a Radio Caracas. Fue entonces cuando me di cuenta de que existía una Caracas que yo no conocía.

Ese día, la verdad, no hice nada porque todo era una locura. Me acuerdo que la persona que me iba a coordinar, la que iba a ser mi jefa, me decía “ya te atiendo, ya te atiendo” y así estuvo toda la mañana. Todo era un corre-corre. A cada momento llegaba un reportero con su material de lo que estaba ocurriendo, pero yo no entendía nada, yo no sabía lo que estaba sucediendo afuera. Hasta que pude ver uno de esos materiales y darme cuenta de que había muchísimos muertos en la calle, lo cual me impactó. Me acuerdo que incluso me dije “¡qué hago yo aquí, esto es una locura! ¡Yo no quiero estar aquí!”. Por mi mente pasaron muchas cosas en ese momento.

No me acuerdo ni de cómo llegué a la casa. Pero sí recuerdo que al llegar les dije a mis padres que a mí no me gustaba eso, que eso era una locura. Y fueron ellos los que me aconsejaron que lo tomara con calma, que apenas había sido el primer día. Que las cosas irían pasando poco a poco. Y al final, creo que más por el sentido de responsabilidad que me inculcó mi papá, decidí volver.

Poco a poco le fui tomando el swing a esta carrera. Empecé siendo redactor, pero cada vez me metía más; no me conformaba solo con lo que me mandaban a hacer nada, sino que iba por más. Aprendí a editar, a agarrar la cámara, tenía el ímpetu de un chamo que quería aprender. Pero aún en ese momento tampoco estaba en mi mente el deseo de ser periodista.

Una vez que terminé la pasantía como redactor quedé fijo en el canal y entonces quise salir a la calle. Después de estar como 5 o 6 años como reportero pasé a la siguiente etapa, que era narrar las noticias, y luego a hacer mis propios programas.  Todo eso lo aprendí allí. Sin duda, RCTV fue una gran escuela para mí – y para muchos – pero en mi caso particular me dejó una gran enseñanza, porque una de las grandes cosas que tenía Radio Caracas era que te daba oportunidades para seguir surgiendo. Así fue como me hice periodista.    

Desarrollaste una muy reconocida carrera como periodista de televisión, llegando, incluso, a ser ancla de las emisiones estelares de los noticieros de RCTV y Globovisión. ¿Suerte, talento o esfuerzo?

Yo creo que hay un poquito de todo. No te voy a negar que hubo suerte, porque llegué en el momento en que tenía que llegar, en un momento ideal, porque era un momento en que en Radio Caracas estaban surgiendo figuras que salían de El observador. Además, se dio una apertura hacia programas informativos especiales y yo conduje varios de ellos. Tuve un tiempo un programa que se llamaba Al descubierto, un programa de investigación bien humano, bien cercano. Años después hice Tras la pista, un programa de investigación que fue muy exitoso en los 90. Claro que también hubo talento, porque me desarrollé en diversas áreas, yo no era solamente una cara que daba una noticia, sino que también me desarrollé como productor, como guionista, como locutor.

Y también hubo esfuerzo, constancia y dedicación a mi trabajo. Y eso lo vieron mis jefes. Hay dos personas clave en mi carrera: María Isabel Arriaga y Eduardo Sapene. Fue Sapene quien me dijo que tenía que salir a la calle. Me dijo que “la presencia” me ayudaba, pero que él sabía que yo tenía madera y que llegaría lejos. De verdad le agradezco muchísimo ese impulso que me dio. Él siempre confió en mí, desde que me vio como redactor en el canal. Y María Isabel Arriaga, nuestra jefa, era muy dura de carácter pero muy humana y muy cercana y entendía siempre los problemas que uno podía tener y eso se lo agradeceré siempre.

Uno también se encuentra con gente que no te quiere, pero con el tiempo aprendes que esas personas más bien te enseñan a impulsarte más y a esforzarte cada día más a hacer mejor lo que tengas que hacer. Claro, eso lo entiendes es al pasar los años, porque cuando vives esos momentos sientes que te esfuerzas en hacer las cosas pero no te lo reconocen. Eso pasa en todas partes. Pero con el tiempo y la edad uno termina entendiendo las cosas.      

¿Alguna vez fuiste amenazado o sentiste que tú o tu familia corrían algún riesgo por el hecho de ser tú periodista?

El periodista siempre está bajo amenaza por parte de quienes dirigen los países, donde quiera que esté.

Cuando trabajé en Globovisión salía muy tarde del canal y empecé a sentir el peligro de la inseguridad nocturna caraqueña. Una vez me siguieron, no sé si eran hampones, aunque no pasó nada, gracias a Dios. Después el canal comenzó a tomar un rumbo muy progobierno. Traté de aguantar porque aún era como una pequeña isla donde todavía podía decir lo que quisiera o invitar a voceros de la oposición, era como una claridad en medio de tanta oscuridad.

Pero creo que al canal tampoco le convino eso y tomaron la decisión de enviarme de vacaciones hasta decidir qué hacer. Yo no acepté eso y me retiré. ¿Por qué se dio eso? Porque, efectivamente, no hubo amenazas, pero sí llamadas de personeros del alto gobierno para hacer saber que no me querían en pantalla.  Pero no hubo una amenaza directa hacia mí.

Aquí en Estados Unidos he podido hablar a través de las redes o de los medios digitales de las cosas que pasan en Venezuela con total libertad, como no la podía tener en el país por temor a algún tipo de represalia en mi contra. Por eso sigo siendo una ficha clave para el canal del Estado, donde constantemente hay comentarios malsanos hacia mí por lo que digo o no digo, por lo que publico o no publico.

A raíz de esta situación supe que se me abrió una investigación. Tengo entendido que supuestamente por incitación al odio, aunque la verdad es que aún no lo tengo claro. No sé cuál es la incitación al odio que he difundido en mis redes porque siempre me he mantenido muy neutral, a pesar de mi posición en contra del régimen. Siempre he tratado de mantenerme equilibrado, nada radical, en mis redes sociales. Sin embargo, se abrió esa investigación en mi contra. Funcionarios de la Dgcim fueron a mi casa, yo aún tengo mi casa en Venezuela, donde viven alquiladas unas personas; la allanaron, se llevaron sus equipos, sus teléfonos, sus computadoras, buscándome a mí.

Dijeron también que iban a ir a casa de mis padres y eso sí me dio muchísimo temor porque ellos no tienen por qué pagar por algo que yo diga o no diga. Esa es una realidad con la que tengo que vivir, siempre está el temor de que algo pueda pasarles. Pero aquí sigo, con la frente en alto y tratando de manejarme siempre como me he manejado hasta ahora, de forma ecuánime y lo más objetivo posible. Esa ha sido mi característica siempre como periodista.         

¿Qué es lo que más te gusta de ser periodista?

A mí siempre me gustó mucho el contacto con la gente. Yo aprendí a entender a la gente en la calle.  A veces hasta me pedían autógrafos (risas). Pero más allá de eso, que es agradable hasta un cierto límite, lo que me gusta es la conexión con la gente. El hecho de que uno llegara a un barrio y que un vecino te invitara un café porque te reconocía, porque reconocían al equipo de El observador de RCTV, es muy chévere. Lo que no me gusta es que cuando ya empiezas a ser un personaje público pierdes un poco tu privacidad. Pero bueno, también aprendí con el tiempo a separar mi vida personal de mi vida profesional, aprendí que mi vida privada tenía su momento y cuando estoy con mi familia, con mi esposa, con mis hijos, es mi momento con ellos. Y todavía lo sigue siendo.    

También tienes una larga trayectoria en radio, especialmente al lado de Alba Cecilia Mujica, con quien hiciste equipo por más de 20 años. ¿No te dolió separarte de ella?

Sí, la radio para mí es sinónimo de Alba. Alba y yo estuvimos… Comenzamos en 1994 y nos separamos en 2017… Estuvimos 23 años trabajando juntos todos los días. Estuvimos 15 años en Kys y después seguimos en Unión Radio – Éxitos y Onda – .

Fue muy duro dejar mi país, por muchas cosas, empezando por mi familia y mis amigos. Pero lo que más me costó fue dejar a Alba. De verdad. Nuestra relación era tan bonita, tan honesta, tan sincera. Entre nosotros no había ni un sí ni un no. Tuvimos peleas, por supuesto, como cualquier pareja de trabajo, porque a veces pensábamos de manera diferente sobre algún tema en particular, pero hasta ahí. ¡Por eso me dolió tanto dejar esa relación profesional! ¡No sabes cómo me costó decirle que había tomado la decisión de venirme a Estados Unidos! Yo ya tenía listo todo y no encontraba cómo decírselo. Hasta que llegó el día en que tuve que hacerlo. Estábamos juntos animando un evento y aproveché la ocasión. Lo que hicimos fue llorar y llorar detrás del escenario.

Yo decidí venirme a Estados Unidos por mis hijos, por su desarrollo emocional, personal y profesional, no por mí. Si hubiese sido por mí, me quedo en Venezuela. Pero tomé esa decisión pensando en el futuro de mis chamos y Alba lo entendió. Pero lo más duro fue tener que decírselo a ella. Gracias a Dios la relación se mantiene, no es lo mismo, por supuesto, la distancia siempre afecta, pero Albita siempre está allí, siempre incondicional, como es ella. Es una tipa especial. Es mi hermana, es mi amiga, es mi socia, nos pedimos consejos para todo. Le agradezco muchas cosas que ella ha hecho por mí y hacia mí. Además, la respeto muchísimo, es muy dedicada a su profesión y a su familia, siempre fue un ejemplo para mí. La considero una persona ejemplar. Te cuento esto y se me aguó el guarapo…     

Debió ser difícil irte cuando tenías esa trayectoria en Venezuela. ¿Te fuiste con un plan, algún proyecto?

¡No fue nada fácil! No, no tenía ningún proyecto, me vine sin nada. Mi esposa sí tenía ya algo programado que, por cierto, se cayó a los pocos meses, pero por lo menos tuvimos esa base al principio que nos permitió empezar mientras yo conseguía algo en mi área.

Me costó mucho encontrar el camino de nuevo. Toqué muchííísimas puertas, muchííísimas. Estaba dispuesto a hacer cualquier cosa, siempre que estuviera vinculada a mi profesión, a los medios. Busqué hacer televisión, busqué hacer radio, y no se me daba nada. Yo me decía que tenía una carrera de muchos años y esperaba que eso me ayudara. Y por un lado puede ser, pero por otro no, porque comenzar de nuevo en un canal de televisión de aquí cuesta mucho porque normalmente se le da chance es a las personas que ya llevan tiempo trabajando aquí. Yo venía con una trayectoria muy amplia, pero era de otro país, y no te van a dar en lo inmediato la posibilidad de ser el ancla de un noticiero porque sencillamente antes hay otras personas en el camino que están buscando esa misma opción.

Luego de tanto buscar, al año fue que comencé a trabajar en Telemundo, pero no en cámara, sino en mercadeo internacional. Pensé que una vez adentro de Telemundo podía buscar otras opciones. La verdad no me importaba empezar de nuevo desde abajo. Pero al final no se dio lo que yo quería. En eso me llaman de Univisión y me ofrecen la posibilidad de ser reportero free lance y acepté. Recuerdo que el amigo de Univisión que me contactó me dijo que me tocaría volver a ser reportero de calle, lo que había dejado de hacer hace 15 años. Le respondí que no me importaba porque lo que quería era darme a conocer y demostrar de lo que soy capaz. Así que estuve siete meses como reportero del canal local de Univisión.

Pero ya venía haciendo radio en una emisora por Internet, no muy escuchada, pero que me dio la oportunidad de comenzar a trabajar por las redes sociales. Empecé a hacer transmisiones en vivo a través de plataformas como Instagram, Facebook, YouTube y así empecé a crecer poquito a poco, a ganar seguidores, a ser referencia dentro de la diáspora venezolana. Fue también la oportunidad de decir cosas que en Venezuela no se pueden decir. Empecé a tener fuerza en las redes y eso me permitió comenzar a tener una retribución económica. Es entonces cuando decido dejar Univisión para dedicarme de lleno a hacer periodismo independiente a través mis redes sociales y mis plataformas digitales. Ya llevo tres años trabajando con mi marca personal Sergio Novelli.   

Tengo el espacio Al día con Sergio. Este programa lo hago a través de mis redes sociales y lo transmito en alianza con VPItv, por eso se difunde también a través de su plataforma. Tengo otro espacio en las tardes que solamente va por mis redes que se llama En contacto, que está orientado hacia otro tipo de temas. Son también entrevistas, pero un poco más cercanas, de ahí el nombre, porque tengo más contacto directo con la gente. Entrevisto a migrantes venezolanos que están haciendo cosas buenas en el mundo, o emprendedores dentro de Venezuela que también están haciendo cosas buenas. La intención es reflejar un poco el lado bueno de todo lo que nos está pasando.

Aunque no lo creas, las redes sociales requieren mucho tiempo porque no es solamente publicar una noticia y ya, sino que antes de publicarla primero hay que crear ese contenido. Y con las redes sociales uno tiene una responsabilidad muy grande porque al final uno termina convirtiéndose en un medio y es aún mayor la responsabilidad de buscar la información, verificarla, buscar el video correcto… Es un trabajo en el que hay que invertir muchísimo tiempo. Las redes son mi base fundamental hoy día, porque hoy la gente ve televisión y consume radio a través de las redes sociales, a través del teléfono, por eso estoy tan metido en estas plataformas Facebook, Instagram, YouTube, Spotify…

Te soy sincero: me queda muy poco tiempo para mí. A excepción de las mañanas, porque después del programa matutino me voy a hacer ejercicios y es el único momento que tengo para mí. De resto, estoy dedicado al trabajo.      

Háblame un poco de tu esposa, Patricia. ¿Qué te enamoró de ella, su cocina?

A Paty la conozco desde la universidad, nos graduamos juntos. Comenzamos a estudiar juntos en tercer año de la carrera, luego ella escogió la especialización de Publicidad y Mercadeo y yo me fui por Audiovisual. Esta historia también tiene su historia, porque cuando la conocí yo estaba con otra chica. Pero empezamos a salir y nos enamoramos y nos casamos dos años después de habernos graduado. Tenemos un montón de años casados… Nos casamos… en el 93… déjame sacar la cuenta… ¡Guao, cumplimos 28 años este año!

No, no me enamoró su cocina, aunque, por supuesto, sí hubo algo de eso (risas). Ella trabajó bastante tiempo en el área editorial. Fue vicepresidenta comercial de la revista Gerente. También dirigió las revistas de las líneas aéreas Aserca y Santa Bárbara y se dedicó por muchos años a organizar eventos corporativos. Cuando nos vinimos a Miami y se cayó el plan que ella traía, del que te hablé antes, fue que comenzó a dedicarse al mundo de la cocina. Paty es una supermujer, una guerrera. Ha pasado por momentos muy duros en su vida. Ya se ha enfrentado dos veces al cáncer. La primera vez fue cuando estábamos en la universidad. Tuvo un linfoma de Hodgkin y gracias a Dios lo superó. Y luego, ya casados y con cuatro hijos, tuvo cáncer de mamas y gracias a Dios también lo superó.

Por eso digo que es una guerrera, una inspiración para mí y para toda la familia. Y sí, me consiente con su comida rica. ¡La amo, es lo máximo! Nuestra relación se ha mantenido a lo largo de los años, con nuestros altibajos, como cualquier pareja, pero aquí vamos. Cada momento tiene su toque especial. Ahorita estamos viviendo un momento especial porque ya nuestros hijos están grandes y están en otras etapas. Así que estamos viviendo este momento importante como pareja que también nos hace falta.

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¿Qué cosas les gusta hacer en familia?

Como te decía, hoy día trabajo mucho con redes y prácticamente dedico el 90 % de mi tiempo a estar frente al teléfono. Pero Paty ha decidido que comer en familia es el momento perfecto para compartir. De hecho, ella tiene un blog que se llama Juntos sabe mejor, que es de donde surge todo esto de la cocina. Entonces, procuramos estar siempre juntos para el momento de la comida, para compartir y disfrutar juntos, nos quedamos haciendo sobremesa, y es un momento en el que el teléfono no está en la mesa. Es el momento de nosotros, de estar juntos como familia.

También nos gusta mucho ir en familia al cine, pero no hemos podido volver a hacerlo por lo de la pandemia. Recuerdo que los primeros días de la cuarentena jugábamos muchos juegos de mesa, que también nos encanta, pero poco a poco hemos regresado a la normalidad. Pero disfrutamos mucho de esos momentos en familia.              

¿Qué edad tienen tus hijos? ¿Qué están haciendo?

Nuestros hijos ya están grandes y educados.

Renzo, el mayor, tiene 24. Es diseñador y artista plástico. Trabaja para varias disqueras, hace videos, portadas de discos digitales, es tatuador… Le ha hecho trabajos a Maluma y Bad Bunny, por ejemplo. Gracias a Dios ya encontró un camino que le ha permitido tener su independencia, vive solo, por su cuenta, pero cerca de nosotros. Es muy emprendedor y estoy muy orgulloso de él. Le está dando un gran ejemplo a sus hermanos, demostrándoles que con empeño se logran las cosas. Él ya se había graduado como diseñador en Venezuela y aquí empezó poquito a poco a buscar sus opciones hasta que se le abrieron las puertas.

Mauro, el segundo, tiene 21.  Está estudiando producción y dirección de cine y televisión. Ya está trabajando con una productora aquí en Miami, pero antes de eso estuvo trabajando en restaurantes, aprendiendo y creciendo. Es un chamo muy cariñoso, muy cercano, con muchos sueños por hacer cosas, así que lo estamos impulsando a que cumpla esos sueños.

Y los morochos, Fabio y Paola, que tienen 18 años, acaban de terminar su high school o bachillerato. Fabio tiene planes de estudiar Negocios. Es muy inteligente, sacó el college y el high school al mismo tiempo. De verdad creo que le va a ir muy bien, tiene un potencial enorme.

Y Paola, mi princesa, aunque ya no le gusta que le diga así, quiere estudiar fashion merchandise, vincularse al negocio de la moda, no al diseño, sino al negocio. Y lo bueno es que este país les brinda a los chamos todas esas oportunidades para hacer lo que les provoque, lo que sueñen.

Así que me siento recompensado porque esa fue la razón por la que nos vinimos, para darles a ellos la oportunidad de desarrollarse. Veo que ya mis cuatro hijos están encaminados, buscando su propio horizonte, y eso me hace sentir muy bien, satisfecho, contento con el resultado que, gracias a Dios, hemos logrado al venirnos para acá. Todo eso, además de lo que estamos haciendo Paty y yo en nuestras áreas.   

Se puede decir que tu carrera como periodista ha ido a la par de la crisis política, económica, moral y social que ha envuelto a Venezuela desde el 27F. ¿Qué reflexión haces de esto?

Sí, yo creo que se puede decir que es así. A mí en algún momento alguien me preguntó que cómo hacía yo para estar en el momento indicado en el lugar indicado. Bueno, no es tan así, pero sí me han tocado algunos momentos. Yo no hice nada ese 27F.

Pero sí hay otros momentos emblemáticos en mi carrera, como la bomba que cayó a pocos metros de mí el 27 de noviembre de 1992. Ese hecho me catapultó como reportero. Me tocó estar en el momento en que estalló el sobre bomba en la Corte Suprema de Justicia (1993). Me tocó estar en el momento del carro bomba (que estalló en el CCCT, también en 1993). Me tocó cubrir el juicio a Carlos Andrés Pérez. Me tocó estar en la coronación de Hugo Chávez. Me tocó cubrir la tragedia de Vargas. Lo más reciente fue el intento de ingreso de la ayuda humanitaria a Venezuela. Estuve en Cúcuta, que también lo viví como reportero.

Mi carrera, si se puede decir, está signada por los hechos. He estado en el momento indicado en el lugar indicado. No es que lo he buscado, se ha dado así y le agradezco a Dios que haya sido así.

¿Has pensado escribir un libro sobre tus experiencias como periodista en relación con esta etapa tan dramática de la historia del país?

¡Ufff, lo he empezado como veinte mil veces! Las primeras líneas están allí en la computadora.   En algún momento lo terminaré, espero que no esté tan lejos ese momento para contar tantas cosas que me han pasado, que he vivido, quizá para enseñarle a las nuevas generaciones un poco lo que ha sido el trabajo de un periodista que, como dices, ha ido en su carrera a la par de la crisis que ha sufrido el país en las últimas tres décadas. Y ahora también fuera del país. Pero, bueno, aquí vamos, mientras Dios nos de vida lo seguiremos haciendo.

Si volvieras a nacer, ¿cambiarías algo de lo que has vivido?

No, no, no. Todo lo vivido me ha enseñado. ¿Qué he cometido errores? ¡Claro que los he cometido, muchísimos! Tanto en mi vida personal como en mi vida profesional. Pero de eso se trata la vida, de aprender de los errores, corregirlos y seguir adelante. Y si te vuelves a caer, te vuelves a levantar. Yo le doy gracias a Dios por haberme permitido vivir lo que he vivido y espero tener más vida para seguir viviendo lo que me toque y poder dejarle a otros algo, poder dejarle algo a mi país, porque sigo trabajando por mi país a pesar de que estoy lejos. Sigo trabajando por su libertad y por ver renacer de nuevo a Venezuela.

Esa ha sido siempre mi meta desde que empecé a trabajar: ver un mejor país, un país próspero, y aunque sea desde lejos, lo sigo intentando. Siempre tratando de buscar lo positivo de los venezolanos, de lo que somos, de enseñar un poquito a través de los ejemplos que nos dan tantos y tantos venezolanos valiosos.

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