La practica colectiva de la música y el modelo pedagógico de «El Sistema» por Alexander Lugo

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La música me acompaña en todos los momentos de la vida, en el pensamiento y en el quehacer diario. Más que una expresión artística de estudio, que lo es, más que una técnica de perfeccionamiento continuo –que exige una profunda dedicación y disciplina-, más allá de ser un arte de dimensiones filosóficas, la música es una forma de vida, de ver la vida, una manera de ser y estar en el mundo de la vida.

Es una magia que te envuelve como una revelación espiritual que te guía y acompaña en la reflexión y en el pensamiento profundo. El maestro Vicente Emilio Sojo enfatiza que al juntarse la música con la poesía destaca más sus posibilidades como creación, llegando directamente al alma.

Así como para Beethoven “La música es una revelación mayor que toda la sabiduría y la filosofía”, es la música para nosotros, un impulso de múltiples sensaciones que bien puede expresarse en la majestuosidad de una sinfonía coral como la Oda a la Alegría, en una representación dancística y canto tradicional de los pueblos como puede ser El Tamunangue, o en el arrullo íntimo y tierno de una madre susurrando la Canción de Cuna que duerme al hijo.

En la Metodología Pedagógica de El Sistema Nacional de Orquestas y Coros Infantiles y Juveniles de Venezuela la “Práctica Colectiva de la Música” constituye su columna vertebral y a la vez un Eje Transversal que impacta toda la dinámica formativa del estudiante, esta práctica se sustenta en el proceso de Enseñanza-Aprendizaje, que se da en una primera etapa, en la práctica individual del estudiante. Es el Modelo Pedagógico por excelencia que se desarrolla en los Centros Académicos y Núcleos de El Sistema.

Veamos esto por partes:

  1. El estudiante desde su inicio en un Núcleo –que son los Centros principales de Formación de El Sistema- recibe las herramientas pedagógicas para abordar el estudio de su instrumento musical y el abordaje de la música en general: El manejo básico de la técnica, los métodos de estudio, ejercicios de escalas y arpegios, repertorio secuencial y otros recursos que se consideren y surjan de la interacción del estudiante con su docentes –Formadores académicos- y con él mismo (proceso de autoevaluación y co-evaluación). A esto es lo que llamamos su Práctica Individual.
  2. A la par del apresto en el desarrollo de estas herramientas básicas –y sin dejarlas de lado- el estudiante se ve inmerso en un complejo proceso de auto y coevaluación, al poner en práctica todas las nociones que va adquiriendo en un aprendizaje colectivo constante e intenso. Es un verdadero proceso de “Aprender Haciendo”: Se reúnen en Talleres, Ensayos Seccionales y Ensayos Generales. Esta práctica colectiva se especifica del siguiente modo:
    a) Por grupos del mismo tipo de instrumentos -por separado-: Violines, Flautas, Trompetas, Mandolinas, Cuatros, Guitarras, Arpas, Tambores de Fulías, etc. (El Taller).
    b) Por “Familias de Instrumentos”: Cuerdas frotadas, Vientos maderas, Vientos metales, Cuerdas pulsadas, Percusión… (El Ensayo Seccional) y por último, c) Con toda la Orquesta, (El Ensayo General)

Cada uno de estos momentos pueden intercalarse sin un orden de prioridades, según la propia dinámica del proceso.

Es muy importante la selección del Repertorio (adaptado al nivel de desarrollo cognitivo del estudiante y en consonancia con la “Práctica individual”).

El estudiante no necesita esperar el final de un “lapso escolar” o los momentos previstos de una “evaluación” para ir mostrando sus avances en el proceso de aprendizaje de la música, sino que esto se materializa constantemente en una amplia dinámica de abordaje musical vigoroso, haciendo, recreando y viviendo la música intensamente, esto es lo que llamamos “Práctica Colectiva de la Música”.

El novedoso modelo de educación musical de El Sistema, ideado por el Maestro José Antonio Abreu hace 46 años, tiene su fundamento en una innovadora metodología pedagógica denominada como la práctica individual y colectiva de la música, que no solo ha impactado a más de un millón de niños, niñas y jóvenes venezolanos, sino que también ha sido replicado en más de 70 países de cinco los continentes: Europa, América, Asia, África y Oceanía.

El Maestro Abreu nos expresaba apasionadamente:

“Hacer música juntos entraña convivir creativamente en el camino de la excelencia; en concertación y sincronía…; en armónica interdependencia, con ardorosa entrega al descubrimiento y la comprensión; un laborar con amor y con espíritu, pero también, con mesura y severo control intelectual al compás, al curso y ritmo del sonido en el tiempo”.

La música nos permite la interacción positiva con otros seres humanos, favorece la autorreflexión para el reconocimiento de nuestra autoestima, nos puede provocar un conjunto de sentimientos orientados hacia la autorrealización, autoconfianza, autosatisfacción y mucha seguridad en sí mismo.

A través de la música podemos experimentar sensaciones de libertad, tranquilidad, placer; recuperar recuerdos, pensamientos, imágenes, o incluso cambiar nuestro estado de ánimo. También nos permite expresar y comunicarnos a través de canales diferentes a los verbales, crear sentimientos de unidad con otras personas y comunidades. En conclusión, la música nos ayuda a trabajar valores que están implícitos en ella misma como la empatía, el respeto y reconocimiento del otro.

Es así como la música constituye una vía para generar las condiciones necesarias para el encuentro dentro de las diferencias, ya que por sí mismo es un proceso creativo que abre posibilidades para evaluar la vida desde otra perspectiva; desde una mirada centrada en la identidad con el otro, en un lenguaje que se hace universal y conecta directamente los corazones como asiento de emociones y vivencias.

Con la música somos capaces de vibrar en un mismo tono, en un mismo ritmo; aún en la disonancia podemos conseguir armonía, como logramos unidad en lo diverso cuando tenemos objetivos comunes. La propia utilización de la música ya comporta un mensaje de comunicación entre las personas, más allá de las barreras idiomáticas y lo configura como un verdadero lenguaje universal que permite generar y vivir en paz y armonía entre los seres humanos. Alexander Lugo Rodríguez – 25 de septiembre de 2021

Curadas | Vía Di-Sonancias

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