Venezuela: Rumbo a la recuperación del Esequibo
Venezuela: Rumbo a la recuperación del Esequibo

Venezuela: Rumbo a la recuperación del Esequibo, VIII Fase – 93ra. entrega

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(Continuación)

El siglo XXI, en apenas en dos décadas desde su inicio, ha generado sensibles conatos disfuncionales en torno a esta controversia territorial sobre el espacio geográfico integral del Esequibo, en el que el Gobierno Guyana actuó como si estuviese experimentando en un laboratorio, introduciendo algunas variables que más bien condujeron a elevar los niveles de complejidad de la ecuación matriz, creando con ello, escabrosos escenarios que propiciaron el apuntalamiento de posiciones contrarias a lo establecido en el Acuerdo de Ginebra de 1966, por lo que las buenas intenciones demostradas por Venezuela en un marco de cooperación, se vieron atendidas con turbias respuestas como parte de las estocadas recibidas a conciencia en el contexto de la reciprocidad del Gobierno guyanés como muestra de su gratitud, y por supuesto, no podía faltar la continua posición de solidaridad ofrecida por la CARICOM en contra de Venezuela, la cual fue puesta de manifiesto en la última reunión efectuada la semana pasada; sin embargo, esto último no constituye sorpresa alguna para los venezolanos, puesto que ello desde siempre ha sido la posición asumida por los países del Caribe Oriental.

De hecho, las acciones generadas en torno al tema en sí, se volvieron más intensas entre ambos países, cuando a raíz de las acciones unilaterales adoptadas por Guyana con la entrega de concesiones arbitrarias a empresas trasnacionales en los espacios acuáticos del Esequibo, conllevaron a que el Gobierno de Venezuela asesorado y presionado por la esfera castrense, adoptó una vez más la toma de decisiones reactivas, forzando la apertura de una respuesta contundente como parte de la estrategia operacional, mediante la creación del Decreto 1.787 del 26 de mayo de 2015, en el que se conformaron las Zonas Operativas de Defensa Integral Marítima e Insular (Zodimain), como parte ineludible de la visión estratégica de la Armada de Venezuela en cuanto al cumplimiento de su misión orientada hacia el ejercicio de la soberanía y de la defensa de los espacios marítimos del país.

Por supuesto, que con esta medida adoptada por el Gobierno de Venezuela tanto en el Mar Caribe como en el Océano Atlántico, no podía faltar la inmediata y agria reacción del Gobierno Guyanés, quien en compañía de los miembros de la Caricom, la Commonwealth of Nations e incluso de la República de Colombia, causó sensibles y preocupantes ruidos que afectaban sus intereses, dado que en lo particular sobre la delimitación marítima concerniente al mar territorial venezolano como base fundamental para establecer la zona contigua y la zona económica exclusiva, se estaban abarcando espacios marítimos que aún no se habían delimitado con estos países, y más aún, al estar en pleno conocimiento de los recursos que alberga la plataforma continental respectiva.

Ante esta decisión adoptada por el Gobierno de Venezuela frente a las naciones vecinas, y con el fin de aliviar las posibles tensiones que se habían creado a raíz del Decreto ya señalado, se generó varias semanas después, otro Decreto identificado como el 1.859 con fecha del 8 de julio de 2015, en el que se aclaraba que los puntos náuticos de las Zonas Operativas de Defensa Integral Marítima e Insular (Zodimain), quedarían sujetos a los acuerdos diplomáticos que suscribiese Venezuela para delimitar las áreas marinas y submarinas pendientes por definir; pero aun con la elaboración del mismo, emitido por el Ejecutivo Nacional, quedaba implícita la necesidad mediante la cual, la Armada Bolivariana de Venezuela como brazo fundamental del estamento militar para la custodia de los espacios acuáticos, debía hacer acto de presencia en las diferentes +áreas marítimas, especialmente en el Atlántico, a propósito de impedir la exploración y explotación de los recursos existentes por parte de otros gobiernos y/o empresas beneficiadas con el otorgamiento de concesiones ilícitas, tal como lo hizo el Gobierno de Guyana al otorgar a la empresa Exxon Mobil la concesión para explotar un yacimiento de hidrocarburos en el pozo Liza-1 del bloque Stabroek16, ubicado en el área reclamada por Venezuela como parte de su plataforma continental.

A partir de ese entonces, en el que se descubrieron los yacimientos petroleros existentes en esa área marítima en reclamación por parte de la empresa norteamericana, el ámbito político guyanés a través de los dos principales partidos políticos, siendo el partido oficialista en ese momento el PPP y la coalición opositora la Asociación para la Unidad Nacional (APNU), actuaron unidos al concederle al tema en sí, el peso de un problema de Estado y no de Gobierno, declarando en el Dario Morandy: “El Esequibo es más que un pedazo de tierra”, cuya publicación fue presentada en Caracas, en el Diario La Razón, durante el mes de junio de 2015, con lo que se le estaba dando un absoluto respaldo gubernamental a la empresa ExxonMobil, de manera que ésta siguiese operando en los espacios acuáticos correspondientes a la reclamación venezolana, pese a la exigencia requerida cuanto al acatamiento de los términos establecidos en el Acuerdo de Ginebra de 1966, particularmente en su Artículo V.

Ante esta posición asumida por el Estado Guyanés, las relaciones entre ambas naciones lógicamente tendieron a debilitarse mediante la serie de ambigüedades intercambiadas en el campo diplomático, que en lugar de dar cabida a posibles arreglos y aminorarse las tensiones, más bien se incrementaron al producirse el cambio de gobierno en Georgetown, en el que el nuevo presidente de Guyana, David Granger, decidió poner fin a los reclamos de Venezuela.

Un verdadero triángulo comprometedor, cuyos vértices lo conformaban el ámbito político, el diplomático y la combinatoria irónicamente falseada entre la realidad de una cooperación materializada en hechos concretos por parte de Venezuela y la hipócrita reciprocidad del Gobierno guyanés.

El 11 de julio de 2015, cuatro meses antes del vencimiento del último convenio de compensación entre ambos países, fueron suspendidos definitivamente los envíos de arroz de Guyana a Venezuela, hecho que se denunció abiertamente en los organismos internacionales por parte del Gobierno Guyanés, presentando dicha acción como un supuesto embargo comercial llevado a cabo por Venezuela en contra de Guyana, pero la realidad es que con el manejo en paralelo sobre la culminación de los acuerdos de compensación de Petrocaribe, no implicó el cese definitivo de las exportaciones de arroz, pues estas acciones comerciales continuaron efectuándose no por la vía gubernamental regular, sino a través de intermediarios particulares, quienes aprovecharon la crisis interna existente para ese entonces en nuestro país, provenientes del colapso económico que afrontaban los venezolanos.

Y en medio de nuestra crisis interna, las acciones avasallantes de Guyana no se hicieron esperar, sino que más bien se incrementaron mediante la implementación de políticas y acciones que abarcaron distintas modalidades mediante el uso de su poder táctico y situacional en contra de Venezuela, olvidando ellos que estuvieron afrontando grandes crisis en el tiempo, por lo que se afincaron abriendo todas las compuertas que pudieron ante los organismos internacionales como la Organización de las Naciones Unidas y la Corte Internacional de Justicia, por supuesto, sin el aval de Venezuela en llevar el caso de la controversia territorial sobre el espacio geográfico integral del Esequibo ante ese organismo, acción que gozó de la aprobación del Secretario General de la ONU y de aceptación unilateral de Guyana.

Y en una realidad que amerita escribirse sobre ella, no podemos olvidar los venezolanos que la frase “el sol nace en el Esequibo”, ha despertado resquemor y preocupación en el gobierno guyanés, y aun cuando éste haya decidido llevar el caso ante la Corte Internacional de Justicia buscando validar el Laudo Arbitral de París de 1899, dándole la espalda al Acuerdo de Ginebra de 1966, no podrá obviarse que para la decisión a tomarse por dicho organismo jurídico internacional, la validez o no de dicho Laudo Arbitral, no puede desligarse del Acuerdo de Ginebra de 1966, por lo que habrá que inclinarse hacia una solución práctica y satisfactoria, y si a ello se le suma la serie de hechos históricos que demuestran inequívocamente el territorio correspondiente a la Capitanía General de Venezuela de 1810, sumado al reconocimiento de España, a las manipulaciones jurídicas sin sustento que intentó imponer Gran Bretaña a partir del Tratado de Washington e 1897, además de la línea Schomburgk trazada en cuatro posiciones geográficas distintas, a las pretensiones violatorias del Laudo Arbitral de París de 1899, a la carta que dejó el Abogado Principal norteamericano severo Mallet-Prevost para su publicación después de su muerte, entre otros, la decisión que tome dicha Corte Internacional de Justicia será un tanto compleja, que no puede dar cabida solo a la validez del Laudo en sí, sino que deberá manejarse en forma integral, mediante la conjunción que incluye ineludiblemente todos y cada uno de los hechos antes mencionados.

Ahora bien, ante el silencio de dicha Corte Internacional de Justicia y del Secretario General de la ONU, por el incumplimiento por parte del Gobierno de Guyana como firmante del Acuerdo de Ginebra de 1966, el Estado venezolano debe continuar en legítimo derecho, ejerciendo sus actividades en cuanto al ejercicio de la soberanía en los espacios acuáticos del Esequibo, así como, continuar en una escalada de protestas y reclamos a nivel internacional, sobre el descalabro del Gobierno guyanés en apropiarse de los recursos que le pertenecen a todos los venezolanos, mediante el otorgamiento de concesiones a otros países.

Una cosa es asumir el rol de la diplomacia como vía adecuada para la solución de los temas internacionales, y otra es hacer el papel de pendejos frente a este agravio que en definitiva lesiona los intereses de todos los venezolanos, intentando lacerar nuestra integridad territorial.

Por: C/A (r) Dr. José Chachati Ata

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