Venezuela: Rumbo a la recuperación del Esequibo, XI Fase – Centésima vigésima entrega

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(Continuación)

Por: José Chachati Ata

Tan esenciales son hoy en día, tanto el manejo que se lleva a cabo a través de la Corte Internacional de Justicia a raíz de la demanda introducida por el Gobierno de Guyana contra Venezuela, a propósito de dirimir la validez o no del Laudo Arbitral de París, como la situación reinante en los espacios acuáticos del Océano Atlántico que se derivan de la costa esequibense y del Estado Delta Amacuro, en el que la confluencia de Guyana, Barbados, Trinidad & Tobago, Surinam y Venezuela han venido confrontando la diversidad de criterios en cuanto a delimitación marítima se refiere, además de los importantes descubrimientos realizados de yacimientos petroleros y gasíferos en la plataforma continental respectiva, que han conllevado a la toma de decisiones arbitrarias para el otorgamiento ilegítimo de concesiones a empresas transnacionales, cuyo fin ha sido el desarrollo de actividades económicas y financieras por parte de empresas transnacionales, sabiendo muy bien que hay claros e ineludibles precedentes a favor de Venezuela, cuyos basamentos se han tratado de ignorar a conveniencia, en especial las acciones generadas por el Gobierno de Guyana, cuyo fin principal se ha encaminado a debilitar su compromiso jurídico firmado en Ginebra desde 1966.

Así mismo, bajo una visión totalmente omnidireccional, es ineludible la interconexión que se maneja en el tablero geopolítico mundial a raíz del conflicto actual que se lleva a cabo a miles de kilómetros de Venezuela, como lo es el de Rusia contra Ucrania, en el que se han puesto en movimiento diversas situaciones que ameritan un proceso de análisis y de toma de decisiones un tanto complejas dado que se han involucrado intereses de países del primer mundo que han puesto sus ojos precisamente en Venezuela y Guyana, situación que conforma una variable adicional que se suma a la ecuación matriz de la controversia territorial, en el que una posición contraria y dificultosa como la del Gobierno de los Estados Unidos cuya política ha incidido sensiblemente sobre la situación venezolana, ha dado un giro ante las posibilidades de una apertura significativa en materia económica petrolera con miras a la reorientación de sus políticas sobre este particular, hecho que permitiría fríamente visualizar el probable peso geopolítico y geoeconómico que recuperaría Venezuela ante los tres países limítrofes en el área continental, aunado a la significativa posición estratégica frente a los países del Caribe y de la OTAN, e incluso de la Organización de las Naciones Unidas, siendo este organismo a quien le rinde cuentas de su gestión anualmente la Corte Internacional de Justicia.

La involucración de dos países como Estados Unidos y Rusia en la política exterior venezolana, lejos de manejarse bajo una posición abstracta y que pudiese pensarse en tocar una línea soñadora, conlleva más bien a que es necesario que el Estado venezolano evalúe la posibilidad de ruptura de este paradigma drástico, asumiendo una posición digital, es decir, uno u otro, cuando en el fondo es innegable que en su momento, Rusia se convirtió en un país aliado y confiable, dado que le brindó prioritariamente al país la alternativa requerida en tecnología militar, la cual indistintamente de si fue o no la correcta, fue adquirida por el Gobierno Nacional atendiendo las necesidades reinantes en materia de Seguridad y Defensa, y más aun considerando las amenazas fronterizas que se habían desplegado en diferentes áreas del país, particularmente lo que implicaba desde ese entonces el Plan Colombia. Aun así, cada lector tendrá en la actualidad su propia opinión respecto a lo acertado o errado de dicha decisión.

En el caso de los Estados Unidos, es evidente la mira estratégica de ese país en la búsqueda por recuperar posicionamientos en espacios vitales perdidos en el tiempo sobre la región, y más aún por la importancia geoeconómica existente que obliga a raíz del conflicto citado a buscar nuevamente un acercamiento, por lo que es Venezuela quien podría establecer y llegar a un entendimiento en la actualidad con los Gobiernos, sobre el campo de involucramiento de cada una de éstos, cuya dimensión en un mayor espectro abre las puertas si las partes se lo proponen, para involucrar la reclamación de Venezuela sobre el despojo territorial sufrido desde 1899, cuya recuperación estaría en principio girando entre el territorio continental y la plataforma continental sobre los 400.000 km 2.

Pero también debe considerarse que recientemente, la empresa norteamericana Exxon Mobil informó sobre la intención de realizar una inversión financiera de diez mil millones de dólares sobre un espacio acuático que no le pertenece a Guyana, pero que se encuentra actualmente bajo la administración de ese país, actuando contrario a lo acordado en el concierto asumido a través del Acuerdo de Ginebra de 1966, y hasta los momentos, desde que la Corte Internacional de La Haya recibió la Memoria del Gobierno de Guyana, no se han generado acciones contundentes de parte del Estado venezolano, hecho que genera ruido y confusiones ante el gentilicio nacional, y más aún, cuando en los escritos enviados tanto al Secretario General de la Organización de las Naciones Unidas como a los Gobiernos de Gran Bretaña y de Guyana, así como en el Memorando justificativo por la no comparecencia ante la Corte Internacional de Justicia, .no se establece con el debido peso la importancia que reviste para la salvaguarda de la integridad territorial el espacio geográfico integral del Esequibo como parte “vital” para todos los venezolanos.

En opinión del suscrito y continuando por la vía diplomática, debe hacerse un anuncio continuo con la difusión necesaria sobre este particular, dado que existen sólidas posibilidades porque se están creando condiciones adecuadas de negociaciones para darle un giro a esta controversia, de manera que se conformen elevadas probabilidades no manipuladas ante la comunidad internacional para devolverle jurídicamente el territorio en reclamación a Venezuela. Es importante no ahogarse en un vaso de agua ni tener visones amarillistas, sino manejar realidades cónsonas con la realidad.

Cuando el suscrito mencionó al inicio de este escrito lo concerniente a los espacios acuáticos en el océano Atlántico, fue considerando la actuación inadecuada de los países que colindan con Venezuela, en desconocer los tratados ya firmados con antelación pretendiendo omitir abiertamente éstos con el apoyo de la Comisión de Delimitación de la Plataforma Continental de las Naciones Unidas, pero también debe agregarse que la actuación del Estado venezolano pudo haber sido más incisiva con el derecho que le asiste y con los soportes en materia de soberanía y de delimitación. Particularmente, debe recordarse que en el año de 1990, sin haberse realizado ninguna objeción de los países colindantes en la región atlántica venezolana, se llevó a cabo el Tratado de Delimitación de las Áreas Marinas y Submarinas entre Venezuela y Trinidad & Tobago, lo cual fue firmado el 18 de abril de ese año, aprobado posteriormente por el Gobierno de Venezuela el 6 de noviembre de 1991, y posteriormente ratificado el 23 de julio de ese año.

La importancia de ese Tratado no solo permitió la delimitación de Venezuela en ese sector marítimo, sino que además de ello, atendiendo a la importancia y particularidad de la plataforma continental cuya continuidad sobrepasa la zona económica exclusiva continuando hacia la alta mar, conllevó a que se definiesen los límites de los espacios acuáticos concernientes a ese sector en particular hasta la zona internacional de los fondos marinos, considerados hasta ahora como patrimonio común de la humanidad, quedando asegurada sin objeción alguna la libre salida de Venezuela hacia el Atlántico.

De hecho debe recordarse, que en 1991 el Gobierno de Guyana de acuerdo a lo establecido en la Convención sobre el Derecho del Mar, procedió únicamente a la ampliación mediante Decreto, de su Zona Económica Exclusiva y de su competencia jurisdiccional en la zona de pesca.

Con base a estos hechos y a la situación geopolítica venezolana en la actualidad, resulta un tanto difícil percibir cómo es posible que hay quienes prefieren apostar por la pérdida del territorio reclamado, cuando jurídica y geohistóricamente existen bases sólidas e indiscutibles que apoyan la reclamación venezolana, aunado a las actuaciones que se han desarrollado desde la firma del Acuerdo de Ginebra de 1966 en el que se reconoció por parte de Guyana y de Gran Bretaña el carácter de nulo e írrito del Laudo Arbitral de París de 1899, y si no es así, por qué se firmó dicho Acuerdo? Aunado a ello, están también las contradicciones y actuaciones impropias e inoportunas del Gobierno de Guyana puestas en práctica a lo largo de estos años, de la que se han valido empresas transnacionales del primer mundo para obtener ilegítimamente los recursos allí existentes ilegítimamente, como la Exxon Mobil, pero la situación actual en el mundo ha comenzado a dar un vuelco sobre este nuevo orden mundial, en el que por ejemplo, los Gobiernos de diversos países incluyendo a los Estados Unidos deben entender, que comprar el petróleo en la actualidad al Gobierno de Guyana cuya proveniencia es de la plataforma continental esequibense, constituye un acto ilegítimo porque se está extrayendo de un suelo que no le pertenece a ese país, mientras que adquirirlo a través de Venezuela es totalmente legal.

Adicionalmente, la compostura de la Corte Internacional de La Haya, indistintamente de las posiciones radicales que hayan asumido algunos magistrados, además de algunos gobiernos y organismos internacionales, nunca podrá desligarse la decisión final del Acuerdo de Ginebra de 1966, aun cuando se haya adoptado a conveniencia la decisión tomada, además que la tendencia revisada de ese Tribunal internacional ha sido la de favorecer sus decisiones en el tiempo, a los países que tienen mayor poder geoestratégico, geopolítico y geoeconómico, por lo que la coyuntura actual conlleva a que es hora que los venezolanos comiencen a pisar tierra y entender que el proceso de reivindicación ha dado un toque muy sensible de timón a favor del país, en el que las posibilidades están a flor de agua y es necesario enaltecer esta tendencia, mediante la exaltación de acciones contundentes que emprenda en principio el propio Estado venezolano, mediante la conformación de acciones continuas, sin protagonismos ni dualidades de esfuerzos, así como el ir abriendo espacios de participación que enarbolen realmente lo importante qué es dicho territorio como espacio vital para la salvaguarda de la integridad territorial de su gentilicio, exacerbando que el límite de Venezuela por el este con Guyana es indiscutiblemente y hasta ahora la medianía del río Esequibo.

Por: C/A (r) Dr. José Chachati Ata

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