Ventajas de la mediocridad – por Ángel Alberto Bellorín

Título original: LAS VENTAJAS DE LA MEDIOCRIDAD. Por Ángel Alberto Bellorín

(Un escrito publicado por vez primera en el diario regional «El Correo del Caroní» el 10 de Diciembre del 2010)

¡¡¡¡ FULANITO SI ES MEDIOCRE ¡¡¡¡…

Frecuentemente escuchamos a personas que, sin mirarse en espejos ni revisar inventario propio de méritos, califican a otras con esta expresión.

La mayoría de los casos lo hacen sin conciencia clara de que ese término implica estar en el “medio”, es decir, dentro de un rango central en una imaginaria tabla de valoración de las personas, mas moral que intelectual, cuyos extremos son por un lado la santidad y la genialidad y por el otro la estupidez y la amoralidad, que, cual campana de Gauss, ubica en el “medio” a la gran mayoría de las personas.

Desplazarse desde esa segura y aparentemente estable ubicación mediana hacia los extremos excepcionales de personas diferentes a esa gran mayoría, bien en virtudes, bien en vicios, dependerá de las aptitudes, actitudes y en definitiva de la actuación de cualquier persona en la vida familiar y social.

Mantenerse allí es algo así como el síndrome de protección que otorga estar dentro de la manada.

Muchas son las características que, según los estudiosos, definen la mediocridad, pero José Ingenieros (1913) determinó las fundamentales al sentenciar que: (Cito)

«El mediocre se caracteriza por tener rutinas en el cerebro y prejuicios en el corazón”. (Fin de la cita)

Los prejuicios no son juicios racionales, son creencias anteriores a los hechos y experiencias que se pretenden argumentar; son falacias que nacen de la vanidad, envidia o incompetencia intelectual y se intentan presentar como afirmaciones positivas o negativas irrefutables.

La otra característica, la rutina, se sustenta en el prejuicio y en errados juicios, que actuando como un silencioso cáncer, anula las fuerzas morales que deben gobernar el cerebro y por ende a la intelectualidad.

Es como un ancla que si bien, no permite conducir a las personas al extremo de la amoralidad, con destrezas y habilidades para ser verdaderamente criminales de temer, tampoco los dejan avanzar al otro extremo, al de los genios y los santos, que al fin y al cabo, son los que han motorizado a través de los siglos los favorables cambios sociales de la humanidad.

Discutiendo sobre la rutina con un grupo de profesionales universitarios, éstos casi en unísono coro, defendieron bondades del concepto y coincidieron que “la rutina ofrece confianza y seguridad”, sin embargo, la historia nos enseña que la humanidad admira santos, genios y héroes, utilizando para juzgarlos tablas de valores no diseñadas según conveniencias individuales, sino por su utilidad social.

Por tal razón, y omitiendo por ahora ejemplos del extremo negativo, esa historia demuestra los favorables cambios que generaron personajes como Cristo, Sócrates, Aristóteles, César, Washington, Bolívar, Simón Rodríguez, Gandhi, Luther King, etc, fueron visionarios no rutinarios, y vaya que impulsaron cambios.

Famosos sociólogos como Durkheim, Nisbeth, Weber y Adams, entre otros, se pronunciaron sobre el rechazo humano al cambio. Nisbeth señaló diferentes conductas del ser humano en sociedad y, valorando su disposición al cambio, encontró las “antagónicas” de reducidos grupos activos al cambio y las conductas mayoritarias de “anomia”, “desviación” y “alienación”.

Éstas últimas las catalogó Brooks Adams como causantes de la «Entropía Social»; es decir, lamentables desviaciones o desperdicio de energía humana en trivialidades sin verdadero valor social .

Al respecto, estos autores manejaron encuestas y estudios con altos porcentajes de personas rutinarias y coinciden que la rutina produce alienación, que significa algo así como quedar en neutro.

Es indiscutible que con el auge de la tecnología y la eclosión de la información, la urgente adaptación al cambio es una necesidad vital para cualquier sociedad, ya que las generaciones actuales “van a millón”, a diferencia de anteriores, vigentes por mayor tiempo.

Con tanta información que procesar, hay que desaprender y aprender con mucha velocidad y lo más difícil, desechar la paja del trigo para intentar producir nuevos conocimientos generadores de cambios sustanciales.

Esto es imposible de lograr a partir de las conductas mediocres. Procesar acertadamente tanta información, mas engañosa que útil, es difícil de conseguir por mentes rutinarias.

Existen obras que valoran la influencia de los medios de difusión en la rutina racional de personas que se hacen adictas a los juicios ajenos. Al respecto, José Ingenieros nos ilustra nuevamente. (Cito)

«La rutina, síntesis de todo renunciamiento, es el hábito de renunciar a pensar. En los rutinarios todo es menor esfuerzo, razonan con la lógica de los demás, son dóciles a la presión del conjunto y viven del juicio ajeno” (Fin de la cita)

Por supuesto que el célebre filósofo argentino no se refería al hecho de llevar los niños al colegio de lunes a viernes, hacer mercado los sábados, ir a la peluquería los domingos, tomar cerveza los viernes en las noches, por decir algo.

Se refiere a la rutina que duerme el cerebro con la renuncia voluntaria a pensar, la más dañina para el orden moral y los necesarios cambios sociales, ya que hace a las personas esclavos de juicios ajenos.

Para quienes creen que los cambios surgen independientemente de la conducta del ser humano, o que no existen, tal creencia es diluida por la grandeza de los originales hombres y mujeres que impulsaron los más trascendentales cambios de la humanidad.

Solo se debe leer un poco más y poder recordar por ejemplo, a un Heráclito dejando para la posteridad su expresión sobre las aguas del rio.

Para salir de la rutina, se requiere elevadas y armonizadas inteligencias racional, espiritual y emocional. Solo con autonomía de criterio y fortaleza de espíritu se deja de pensar con la cabeza de los demás.

Al ser esto muy complicado y limitado, muchas personas preferirían opinar:

  • ¿Para qué luchar contra la corriente?
  • ¡La vida es una sola y hay que vivirla sin problemas!
  • ¡La felicidad está en la comodidad y pensar mucho agota la mente!
  • ¡Lo importante es llegar a las metas, no importa cómo!
  • ¡Los héroes y los santos están completos y bien muertos!
  • ¡La historia la escriben los vencedores!
  • ¡Más vale jalar mecate en la sombra que escardillar en el sol!

Para todos los que se escudan y justifican su pereza mental y hasta su ignorancia en frases como las señaladas y otras parecidas, ser mediocre aporta ventajas.

No podemos olvidar que muchos de esa manada han llegado a ocupar cargos de prestigio público, desde los cuales hacían estupideces mientras en la oscuridad de su boca la lengua acariciaba el diente roto y sus iguales lo aplaudían. ¡Así, así, así es que se gobierna¡

Fue así que ser mediocre pasó a ser requisito y los virtuosos apartados

Lo lamentable para el bien común es que quienes pretenden ocupar los cargos antes de prestigio, están dentro de una larga cola de personajes que cumplen con creces ese requisito.

Escoger sucesores se hace cada vez mas difícil ya que al estar en esa media, todos los aspirantes son muy parecidos.

Sus únicas y verdaderas credenciales, son las de ser mediocre y eso ahora es una ventaja.

Caracas, 10 de diciembre de 2010

Coronel Ángel Alberto Bellorín
Abogado Magna Cumlaude
Doctor en Ciencias Jurídicas mención
Derecho Constitucional
Profesor con categoría de Titular

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