WASHINGTON D.C. / CARACAS — Las dinámicas entre Trump y el Palacio de Miraflores han tomado un rumbo pragmático y de alta ingeniería financiera que pocos habrían vaticinado en años anteriores. En una declaración pública que sacudió los tableros geopolíticos, el presidente estadounidense Donald Trump afirmó el pasado viernes 19 de junio que las grandes corporaciones energéticas internacionales se encuentran expandiendo activamente sus operaciones en territorio venezolano.
«Tuvimos una gran victoria en Venezuela. Lo estamos haciendo muy bien con el gobierno», sostuvo el mandatario estadounidense, enfatizando de manera llamativa que el país suramericano se ha convertido en «un país feliz porque nunca han ganado el dinero que están ganando». La retórica contrasta frontalmente con la tradicional línea de asfixia económica de su primer mandato, pero responde a un cambio estructural profundo implementado este año: la Orden Ejecutiva 14373, mediante la cual Washington ejerce una supervisión directa sobre una porción considerable de los ingresos petroleros venezolanos a cambio de la apertura de licencias operativas.

La realidad en el terreno: ¿Quién está bombeando el crudo?
Más allá de la hipérbole política, los datos técnicos de la industria confirman una reactivación real, aunque moderada y bajo estrictas condiciones. Las flexibilizaciones y licencias emitidas por el Departamento del Tesoro de EE. UU. han permitido el reingreso y la ampliación de operaciones de gigantes como la estadounidense Chevron, la española Repsol —que recientemente acordó agendas de exploración a largo plazo con la estatal PDVSA—, la italiana Eni y la francesa Maurel & Prom.
| Indicador Industrial (Junio 2026) | Estado Actual | Impacto Económico |
| Producción Diaria | Supera los 1,2 millones de barriles | Meta estimada de 1,5 millones para finales de año. |
| Destino de Fondos | Cuentas bajo supervisión de EE. UU. | Auditorías activas por la Oficina de Rendición de Cuentas (GAO). |
| Principales Actores | Chevron, Repsol, Eni, Maurel & Prom | Retorno de capitales bajo esquemas de licencias específicas. |
Un equilibrio frágil: El debate interno
El pragmatismo energético, sin embargo, genera opiniones divididas en la esfera económica y política de ambos países.
«El esquema actual constituye una forma de tutela externa sobre el comercio y los ingresos petroleros del país… limita la capacidad nacional para diseñar políticas autónomas».
— Víctor Álvarez, economista y exministro de Industrias Básicas de Venezuela.
Por un lado, analistas señalan que este flujo de caja inyecta divisas fundamentales a la economía venezolana, estimulando la recaudación tributaria y dando un respiro al sector comercial local. Por el otro, economistas independientes advierten que la dependencia institucional de las decisiones de Washington es absoluta y que los beneficios de este «boom» petrolero aún se diluyen ante los elevados niveles de inflación interna y la persistente brecha cambiaria que golpea el bolsillo del ciudadano común.
Mientras la producción local avanza con miras a las refinerías del Golfo de México, la paradoja de 2026 queda servida: el crudo venezolano vuelve a fluir con fuerza hacia los mercados internacionales, pero bajo una arquitectura financiera controlada a dos bandas por los mismos actores que solían ser archirrivales.
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