El economista y presidente de Datanálisis, Luis Vicente León, hizo una evaluación de las consecuencias de este desastre sobre la economía del país, pero aclaró que, a pesar de la dimensión de la tragedia, Venezuela no está destruida.
En su cuenta en X, el experto aclaró que ninguna cifra se puede comparar con las pérdidas, sobre todo humanas, causadas por estos sismos.
Sin embargo, agregó que “el mejor tributo que le podemos rendir a nuestros muertos, a nuestros heridos, a los niños que quedaron huérfanos, a quienes perdieron su casa y su empleo, es ayudar a reconstruir el país. Y hay que hacerlo rápido, porque no hay tiempo que perder”.
Sobre lo económico, dijo que, “sin dar cifras, quiero ser claro en un punto: no es cierto que el país esté destruido. Está golpeado, pero conserva su capacidad de levantarse”.
Agregó que “la destrucción física está geográficamente focalizada y no dañó el corazón productivo del país: la actividad petrolera no sufrió daños severos y sigue operando con normalidad. Es un enfermo con síntomas importantes, pero con el corazón latiendo con fuerza”.
Sostuvo que hay que “hacer una distinción clave: una cosa es el daño a los activos, lo que se destruyó, una fotografía de un momento dado, y otra muy distinta es el PIB, lo que el país produce cada año, un flujo que sigue vivo”.
También dijo que “son dos variables distintas, y, a menos que una esté bloqueando a la otra (que afortunadamente no es nuestro caso hoy) confundirlas es un error. El daño es real y relevante, incluso medido como porcentaje del PIB, pero no se traduce en una caída equivalente de nuestra capacidad de generar producción e ingresos este año”.
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El apoyo internacional
Igualmente, destacó que “no lo enfrentamos solos, ni solo con lo propio. Hay que mirar también el otro lado del balance: el apoyo internacional, que ha mostrado altísima solidaridad; la probable flexibilización de procesos desde Estados Unidos y los organismos multilaterales; los recursos venezolanos en el exterior; y la experiencia de otros países que han vivido catástrofes de esta magnitud, que muestra que estos procesos vienen acompañados”.
“A eso se suma que la propia reconstrucción, la inversión en vivienda e infraestructura, tiene un efecto dinamizador y multiplicador sobre la economía hacia adelante”, expresó.
Finalmente, León manifestó que la tragedia “sí tiene costos relevantes, y nadie los minimiza. Pero también tenemos oportunidades. El 2026 no va a ser el año que todos esperábamos, eso es cierto. Pero de ahí a hablar de un colapso total y tener un discurso económicamente catastrofista hay una distancia enorme”.
“Y el 2027 y el 2028 siguen siendo, sin duda, una gran oportunidad para Venezuela, que probablemente será más compleja y más demorada que las proyecciones originales, pero no desalentadoras”.