Ingenieros y Bellorín – por Gustavo Alfredo Domínguez

Título original: INGENIEROS Y BELLORIN. Gustavo Alfredo Domínguez

Uno de los autores mas citados en la obras del Dr. Angel Alberto Bellorin, es el gran filósofo argentino José Ingenieros. Como lo ha confesado en muchos de sus escritos, fue en su época de cadete en la Academia Militar cuando el entonces adolescente Angel Alberto Bellorin conoció al autor iniciando la lectura de su obra cumbre «El hombre mediocre».

En ese sentido, esa innegable influencia intelectual como código de conducta, es una de las primeras coincidencias que me motivaron la lectura de las numerosas publicaciones de Bellorin. Fue alguna de las tantas posturas esencialmente morales y admirables que al poco tiempo me llevaron a declararme su alumno virtual.

Nadie puede negar que pareciera una contradicción conocer en Venezuela (así sea en sus lecturas) a algún militar contemporáneo con un proceder marcado por la coherencia intelectual en sus posturas, apegado a la verticalidad de los principios constitucionales y en forma casi religiosa, a los imperativos categóricos morales que se desprenden de la obra de Ingenieros.

El día de ayer 7 de agosto del 2026, pude leer en el muro de facebook del Coronel Bellorin, un recuerdo de un viejo escrito donde cita el siguiente párrafo.

«Ignora el hombre digno las cobardías que dormitan en el fondo de los caracteres serviles; no sabe desarticular su cerviz. Su respeto por el mérito le obliga a descartar toda sombra que carece de él, a agredirla sin amenaza, castigarla si hiere. Cuando la muchedumbre que obstruye sus anhelos es anodina y no tiene adversarios que fazferir, el digno se refugia en sí mismo, se atrinchera en sus ideales y calla, temiendo estorbar con sus palabras a las sombras que lo escuchan. Y mientras cambia el clima, como es fatal en la alternativa de las estaciones, espera anclado en su orgullo, como si éste fuese el puerto natural y más seguro para su dignidad. Vive con la obsesión de no depender de nadie; sabe que sin independencia material el honor está expuesto a mil mancillas, y para adquirirla soportará los más rudos trabajos, cuyo fruto será su libertad en el porvenir. Todo parásito es un siervo; todo mendigo es un doméstico.» (Fin de la cita)

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Este certero y demoledor párrafo forma parte del capítulo IV de «El hombre mediocre» denominado «Los caracteres mediocres», ubicado en su sección IV dedicado a la dignidad.

Es el objetivo de este breve escrito, tratar de analizar la pertinencia y alcance del escrito de Bellorin citando a Ingenieros, en la Venezuela de este momento histórico.

LA AUTONOMÍA DEL CARÁCTER FRENTE AL SERVILISMO.

Ingenieros establece una dicotomía antropológica irreconciliable entre el hombre digno y el carácter servil.

La quiebra de la institucionalidad venezolana no fue solo un colapso político o legal, sino un colapso moral sostenido por la proliferación de conductas serviles. El aparato de control estatal e ideológico premió la genuflexión y castigó el mérito, generando una burocracia civil y militar donde «dormita la cobardía».

Frente a ello, Ingenieros define la dignidad no como una postura circunstancial, sino como una estructura ósea inquebrantable: «no sabe desarticular su cerviz» (no sabe doblar el cuello).

En una crisis generalizada donde se exige lealtad ciega a cambio de prebendas, el digno se distingue precisamente por su incapacidad fisiológica y moral para someterse al vicio del poder.

EL REPLIEGUE TÁCTICO Y LA PACIENCIA HISTÓRICA (“Mientras cambia el clima”)

Una de las metáforas más lúcidas de Ingenieros en este párrafo citado por Bellorin, es la espera activa del hombre digno atrincherado en sus ideales durante las épocas de hegemonía mediocre.

Describe con precisión milimétrica la postura de los ciudadanos, académicos, profesionales y militares institucionales (como es el caso del Coronel Angel Alberto Bellorin) que, ante la imposición de una «muchedumbre anodina» (hegemonías desprovistas de mérito intelectual o moral), decidieron no convalidar el absurdo con su participación activa, optando por el silencio crítico o el exilio interior.

Esta actitud no es pasividad ni claudicación; es la comprensión lúcida de que, en medio de una tormenta institucional donde las leyes son suplantadas por la arbitrariedad, «esperar anclado en el orgullo» es la única forma de salvaguardar el fuero interno hasta que las estaciones políticas cambien de rumbo.

En el caso de Bellorin sus punzantes escritos lo apartan de la pasividad total o de cualquiera claudicación. Son constancia innegable del apego a su trinchera de moralidad.

LA INDEPENDENCIA MATERIAL COMO PRESUPUESTO DEL HONOR.

El pasaje nos señala la siguiente sentencia: «Sin independencia material el honor está expuesto a mil mancillas».
La tragedia humanitaria y económica inducida en Venezuela (pulverización del salario mínimo, destrucción de las jubilaciones, dependencia de bonos estatales de subsistencia) revela una ingeniería social orientada precisamente a demoler esa independencia material.

Al empobrecer sistemáticamente al ciudadano y al profesional, el sistema buscó convertirlo en un siervo o un doméstico. La reflexión de Ingenieros subraya que la sumisión política actual no es casual; es el resultado de un modelo que utilizó la penuria económica como mecanismo de domesticación moral, donde la subsistencia material se convierte en el chantaje definitivo para doblegar la dignidad.

El fragmento de José Ingenieros, traído por el Coronel Angel Alberto Bellorin, trasciende la literatura sociológica de principios del siglo XX para erigirse en un diagnóstico clínico de la Venezuela de Agosto del 2026.

La crisis institucional no es más que el reflejo a escala nacional de la victoria temporal del «hombre mediocre» sobre el mérito. Sin embargo, la vigencia del texto radica en su advertencia final: la dignidad concebida como independencia y orgullo inquebrantable sigue siendo el único puerto seguro y la simiente inevitable para el cambio de clima en la República.

El Profesor Bellorin siempre coherente, racional y quirúrgicamente preciso.

Esa coherencia casi quijotesca demostrada en la oportunidad, pertinencia y aceptabilidad temporal de sus posturas, poco vista en muchos elefantes blancos privilegiados por la mediática venezolana. Hay que leer a José Ingenieros y revisar los escritos del Dr Angel Alberto Bellorin.

Barcelona 8 de agosto del 2026
Gustavo Alfredo Domínguez Martínez

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