Basta con que la cadena de WhatsApp de la familia mande dos notas de voz seguidas o que en X se vuelva tendencia la palabra «sismo» para que salten las alarmas. En los últimos días, tras reportes de temblores coincidentes en distintas latitudes, ha resurgido en el debate público una interrogante cargada de angustia: ¿estamos atravesando una «temporada de terremotos»?
La duda es comprensible, pero la respuesta de la comunidad científica es tajante: no existe algo llamado «temporada de terremotos». A diferencia de los huracanes o las lluvias, la actividad tectónica no obedece al clima, a la posición del sol ni a los meses del año.

El sesgo de confirmación y el mapa sísmico venezolano
El ser humano busca patrones donde solo hay azar. Si pasan tres meses sin un sismo de magnitud respetable, nadie comenta la calma; pero si coinciden varios eventos de consideración en cuestión de semanas, la percepción popular asume que el planeta está en una «fase reactiva».
En el contexto de Venezuela —un país atravesado por la falla de Boconó, San Sebastián y El Pilar— la memoria sísmica colectiva siempre está a flor de piel. Sin embargo, los expertos de Funvisis y la red sismológica internacional recuerdan que:
- Independencia tectónica: Un movimiento telúrico en el Pacífico no tiene la capacidad de «activar» las fallas del Caribe o de la cordillera andina.
- Impredicibilidad estricta: Ningún centro de investigación en el mundo puede predecir con hora, fecha y magnitud un terremoto. Quien asegure lo contrario en redes sociales transmite desinformación.
- El calor no tiene la culpa: El mito popular de que «el clima caluroso atrae temblores» carece de fundamento científico; los roces de las placas ocurren a kilómetros de profundidad, inmunes al clima de la superficie.
La prevención como única certeza
Más allá de las teorías conspirativas o del alarmismo digital, la verdadera clave para la población venezolana no radica en intentar adivinar cuándo temblará, sino en mantener la preparación constante. Identificar las zonas seguras del hogar, mantener una mochila de las primeras 72 horas y verificar las construcciones sigue siendo el único plan infalible frente a un fenómeno natural que no avisa ni sigue temporadas. La Tierra no sigue un calendario; la prevención, sí.
Por Redacción Curadas
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