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Benjamín Rausseo: “Todo lo que soy se lo debo a Er Conde del Guácharo”

Benjamín Rausseo habla de Er Conde del Guácharo con un amor entrañable, como si se tratara de un hijo o de un hermano. Ya lleva 35 años recorriendo escenarios dentro y fuera del país con este personaje y sigue siendo tan feliz como cuando debutó en 1985. “Yo soy feliz cada vez que lo interpreto porque ese personaje es mi descanso, es mi catarsis, es mi vida. Yo le debo todo lo que soy. Sin él no hubiera logrado nada”, dijo en esta entrevista con Curadas.

Benjamín Rausseo sigue siendo también actor, cantante, compositor, abogado, político y empresario. Un largo camino que no ha parado desde que salió de Musipán, el caserío más pobre de El Tejero, el pueblito de Monagas donde nació el 26 de enero de 1961. Y ahora aspira al doctorado en Ciencias de la Educación en la Universidad Bicentenaria de Aragua. “Hoy, con casi 60 años, sigo aprendiendo y me sigo formando”, dice con satisfacción.

De Musipán a empresario

Desde niño le tocó trabajar muy duro para ayudar al sustento de su familia. Fue limpiabotas, pregonero, muchacho del mandado, vendedor de hallacas, carretillero, ayudante de minero, mesonero y chofer de gandola y de taxi. Hoy es un próspero empresario.

¿Cómo llegaste a este punto en tu vida?

Cuando empecé a ganar algo de dinero, y eso fue en La Guacharaca, me dio mucho miedo de que todo aquello resultara efímero. Pensaba que el día que la gente no se riera de mis chistes yo no tendría de qué vivir. Yo sabía de historias de deportistas, de artistas que después de ser muy famosos y de estar en el top of the line pasaban a estar muy mal económicamente. Entonces decidí empezar mi carrera como empresario y en 1988 fundé la empresa Guacharo Enterprise. La llamé así por el Enterprise, la nave del programa Viaje a las estrellas. Fue una de las primeras series que vi, cuando la televisión todavía era en blanco y negro. Y fue en la casa de mi hermana, porque de niño nunca pudimos tener televisión en la casa. Ese nombre me gustó mucho y se me quedó grabado.

Hice esas inversiones no porque quiera retirarme, todo lo contrario. Estoy al frente del grupo, que comprende 26 empresas en distintos sectores: parques temáticos, hoteles, alimentos, salud, productos de limpieza. Claro, muchas son en alianza con otros empresarios. Tenemos tres desarrollos turísticos en Margarita, El Tigre y Barquisimeto. Ahorita todo eso está cerrado por la cuarentena, pero esperamos que pronto se reactiven. Aunque no están operando, hemos mantenido el personal mínimo para que no queden desempleados; y para que mantengan todas las instalaciones y estén listas y en perfecto estado cuando empiece la rueda a girar de nuevo.   

¿Y cómo nació la fundación Conde Salud?

Ese proyecto lo tenía desde hacía casi un año. La idea nació en Chile, que era armar un sistema que le brindara a los venezolanos que están en ese país asistencia con médicos venezolanos y con unas tarifas al alcance de todos. Ese fue el germen de Condesalud. Y como no podía moverme de aquí por la cuarentena, lo terminé de concretar y arranqué con Condesalud Asistencia y Orientación Psicológica vía telefónica, totalmente gratis. Empecé a hacer contacto con muchos médicos venezolanos dentro y fuera del país para que me dieran sus teléfonos y así armé una red. Actualmente contamos con 250 médicos en Venezuela y más de 120 en otros nueve países.

Con el proyecto Condesalud estamos haciendo un trabajo social que es llevar medicina a mucha gente que la necesita. Tenemos otra parte empresarial, el sistema de salud que hemos creado a nivel nacional. Lo creamos con la intención de acercar al paciente con el médico y la clínica a fin de que con el menor costo posible se le pudiera solucionar el problema. Esa es una parte, la de ayudar a los demás.

En aquellos casos donde sabemos que la persona no tiene la manera de cubrir los gastos, hablamos con nuestros médicos y con la clínica y le solucionamos el problema sin cobrarle nada. Pero a la gente que sí puede pagar algo, le cobramos, porque los médicos, las clínicas, todo eso tiene un costo. Entonces, con lo que esta gente paga, se paga a los médicos y se le soluciona un problema a los más necesitados.

La cuarentena no detiene a Benjamín Rausseo

La cuarentena lo agarró “en la rayita”, dice. Estaba en Margarita y como dijeron que Caracas estaba cerrada, decidió irse a Puerto la Cruz. “Me vine en el último ferry que salió. Pero la estoy pasando muy bien. Mis hijos pequeños, que viven en Estados Unidos, vinieron a pasar unos días conmigo y los agarró la pandemia aquí”.

¿Qué estás haciendo?
En el ámbito artístico estoy haciendo cosas. Estoy grabando unos discos y he avanzado bastante. En el plano humorístico no estoy haciendo presentaciones porque todo se suspendió por la pandemia. La última presentación fue en febrero, en Mérida, donde actuamos en la Feria del Sol.

¿Qué contienen esos discos?
Uno es de rancheras y otro de boleros. Son proyectos que tengo desde hace tiempo y que había engavetado por darle prioridad a otras cosas que tenía necesidad de desarrollar en el momento. Y ahora que tengo un poquito más de tiempo, los retomé.

Cervecería El Centro

Este local nocturno ubicado en la avenida Baralt ocupa un lugar importante en la historia del humorismo en Venezuela. Por allí pasaron Carlos Donoso y su Mono Kini y Claudio Nazoa, entre otras figuras. También Benjamín Rausseo, en ese entonces apenas aspirante a actor. Allí labró su amistad con Donoso hasta la muerte de este en abril. Tanto, que hasta fueron compadres. Y con Claudio Nazoa, quien después le abriò las puertas para que debutara en La Guacharaca.

¿Cómo descubriste que querías ser artista?

Yo creo que el arte me descubrió a mí. Desde muy pequeño siempre me gustó el arte. Aprendí a tocar cuatro desde que tenía 9 o 10 años. Estudié música en Maturín y en Puerto la Cruz aprendí a tocar guitarra. También, siendo muy joven, se desarrolló en mí el apetito por la lectura. La primera novela que leí fue Oficina N 1, de Miguel Otero Silva; luego Martin Fierro, de José Hernández; y Doña Barbara. Me apasioné por la lectura y luego seguí con la poesía. Así me nació la vena de compositor.

¿Cuándo te diste cuenta de que tenías esa chispa para el humor, al punto de convertirlo en tu profesión, en tu modo de vida?

Cuando era cantante del grupo Cuerdas Latinas, tendría como 16 o 17 años. Yo componía los temas, pero era también el que hacía la animación durante las presentaciones. Siempre me gustó el humor e inventaba personajes cuando estaba con mis amigos y esas cosas. Luego me fui a Caracas y empecé a estudiar locución y arte dramático con Levy Rosell hasta que me gradué de profesor de arte dramático en Arte de Venezuela. Durante esa época escribía obras, todas de humor. Así nació el personaje de Er Conde del Guácharo, que lo creé en el 84 y fue lanzado a la fama en el 85.   

Conde pa rato

Ya son 35 años en escena con tu personaje Er Conde del Guácharo. ¿Qué sientes en este momento?

Lo que más me sorprende, gratamente por supuesto, es que en 35 años he visto crecer a mucha gente. Esa gente que yo vi crecer hoy tiene hijos y hasta nietos, y les inculcan la simpatía y admiración por el Conde del Guácharo. Yo creo que esa es la razón por la cual tengo mucha gente joven que me ha ido descubriendo. Entre mis seguidores en Instagram tengo mucha gente joven. Mucha gente que ha crecido viéndome sobre un escenario.

¿Todavía eres feliz interpretando a este personaje?

Yo soy feliz cada vez que lo interpreto porque ese personaje es mi descanso, es mi catarsis, es mi vida. Todo lo que soy se lo debo a ese personaje. Sin él no hubiera logrado nada en la vida.

¿Cómo haces para no aburrirte tú y no aburrir al público después de tantos años con un mismo personaje?

Siempre me estoy renovando. Aunque es un mismo personaje, el contenido va variando de acuerdo al momento, a las cosas nuevas que van pasando en el país. Todo eso sirve de insumo para mis monólogos y por eso se van renovando permanentemente. Aunque hay chistes que me gustan tanto a mí y al público que a veces lo que hago es lavarlo, plancharlo y volverlo a poner (risas). En 35 años se tiene mucho repertorio. A veces me pongo a escuchar los primeros discos y hago nuevas versiones. Al final lo que hace el personaje del Conde del Guácharo es interpretar la vida cotidiana de los venezolanos.

¿En quién te inspiraste para crear ese personaje?

Había una actriz, no sé si vive todavía, que me impresionó cuando yo estaba estudiando, que se llamaba Alma Ingianni. Yo leí un libro sobre su vida, Alma por Alma, y me pareció muy interesante por la forma como hablaba de sus cosas y de lo que ella sentía, A partir de ese libro construí mi personaje, aunque quien lo pulió fue Levy Rossell. Eso fue mi tesis de grado para obtener mi título como profesor de teatro en Arte de Venezuela.

¿Y en qué te inspiras ahora para hacer tus presentaciones?

Me inspiro en gente que veo, cosas que me pasan, cosas que creo que pueden pasarle a uno o a los demás. La vida es una parte seria y una parte alegre. Yo trato de estar siempre en la parte alegre.

Humor en serio

¿En tu vida personal tienes el mismo sentido del humor?

Siempre trato de estar alegre, pero como todo ser humano a veces hay situaciones familiares con los hijos o la pareja, o momentos de tensión, digamos. Pero siempre trato de que el humor esté presente en todas mis conversaciones. Pero normalmente soy muy serio en lo personal. De hecho, con la gente con la que hacemos negocios a veces ni firmamos documentos porque saben que mi palabra vale. 

¿Con el humor se nace o el humor se hace?

Con el humor se nace, creo yo. Lo que hay es que cultivarlo, desarrollarlo y perfeccionarlo. Mucha gente cree que Benjamín Rausseo se puso un día un sombrero y unas alpargatas y decidió ser humorista. No. Eso fue un proceso muy largo de aprendizaje. La lectura sigue siendo obligatoria, la cultura en general. Leo de todo.

En tu biografía cuentas que tu familia siempre te decía que eras muy feo como para llegar a ser artista. ¿Eso nunca te desanimó?

Mi familia en verdad nunca me vio como feo sino como parte de la familia y las familias se acostumbran a los feos de la familia (risas). Quien me decía feo era mi cuñada y todos se reían por eso. Me decía que yo me creía muy bonito como para trabajar en televisión. Pero bueno, eso nunca me desanimó, por supuesto, porque yo tenía una meta fijada. Y cuando tú tienes claro hacia donde quieres llegar, lo que tienes que hacer es prepararte y buscar las herramientas para lograrlo.

¿Qué es lo más divertido de ser humorista?

Regalarle sonrisas y hacer feliz a la gente aunque sea por ese momento, cuando estamos en vivo; o cuando la gente va en un carro y va escuchando una grabación o lo baja de las redes. Me divierte mucho dibujar sonrisas en la gente sobre todo en este momento que estamos pasando uno de los momentos de aprendizaje más grandes que ha tenido Venezuela.

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¿Y qué cosas hacen reír a Benjamín Rausseo?

Cualquier cosa. Respirar, levantarme, poder valerme por mí mismo, ver a mi gente feliz, hablar con los que tengo lejos y saber que están bien. Eso me hace muy feliz y alegra mis días.

¿Crees que los venezolanos tenemos razones para reír en este momento?

Los venezolanos tenemos un reto muy grande. No hay muchas razones para reír pues tenemos muchos problemas, pero siempre buscamos motivos para reír. El venezolano es muy alegre y hasta de las cosas malas saca un chiste.

Y volver, volver, volver…

En marzo de 2005 Benjamín Rausseo sufrió un grave accidente aéreo. Viajando en su avioneta rumbo a Punto Fijo, en Falcón, para una interpretación, la aeronave cayó a tierra. Aunque le tomaron 200 puntos de sutura y se sometió a una cirugía de reconstrucción facial, no sufrió heridas mortales; lo que interpretó como un milagro, como una segunda oportunidad que Dios le daba para cumplir su verdadera misión en la vida. Por eso se postuló a la Presidencia de la República en los comicios de 2006 con una organización política propia: el Partido Independiente Electoral de Respuesta Avanzada (Piedra). Su postulación causó un gran impacto en la opinión pública, pero a él solo le dejó grandes decepciones y se retiró.

En 2008 lo volvió a intentar, esta vez como aspirante a la Gobernación de Anzoátegui, y de nuevo las patrañas lo sacaron del juego político. Pero quedó sembrada la semilla.

¿Te retiraste de la política o piensas volver algún día?

Yo creo que cuando tu conoces la política nunca te retiras, porque la política es el arte de hacer posible que se busquen y encuentren soluciones a los problemas de los ciudadanos. Creo que a la política venezolana le ha faltado mucha gerencia. De momento estoy en modo empresario y terminando un doctorado en Ciencias de la Educación, porque creo que la primera semilla que habrá que sembrar cuando le tiremos el arado al país y la gente quiera reconstruirlo, es la de la educación. Creo que hay que cambiar el modelo educativo.

Y lo de volver, volver, volver… no sé… Dios me puso en ese camino y si es la voluntad de él, con mucho gusto. Pero en este momento no estoy interesado en la política. Estoy interesado en crecer como empresario, en ayudar a mucha gente, en apoyar nuevos emprendimientos. La verdad que ahorita la política no la veo muy clara. Veo que hay muchos estilos, cada uno de los políticos que están en el tapete tiene una visión distinta, como si se tratara de distintos países. Creo que cuando tengan una sola visión todas las toldas políticas, independientemente de su tendencia, ese día los políticos darán un gran paso para la reconstrucción del país. Siempre he dicho que cuando la manada esta lista, aparece el líder. Creo que la manada aún no está lista, nos hace falta aprender mucho todavía.  

¿Qué nuevos planes tienes en mente?

Yo siempre estoy tratando de sacar nuevos proyectos. A pesar de mis muchas ocupaciones tengo un gran equipo gerencial que me acompaña en todo y eso me ayuda mucho. Siempre estoy inventando cosas, sigo inventando en el área artística, sigo inventando en el área profesional y empresarial. Quiero terminar los dos discos y ojalá pueda terminar dos películas en cuyos borradores estoy trabajando. En algún momento sacaré tiempo para terminarlos. Yo nunca dejo de inventar cosas. Aquí sigo, abrazado aunque no esté bailando…

Texto Katty Salerno

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5 respuestas a “Benjamín Rausseo: “Todo lo que soy se lo debo a Er Conde del Guácharo””

Sr. Benjamin Rausedo soy admirador de su trabajo, pero más de la alegría que le ha llegado a nuestros hermanos fuera del país, su humor es lo más autóctono y todos lo disfrutamos, que la Virgen del Valle le cuide siempre, fraternalmente Victor Yáñez

Una vida muy interesante e inspiradoras, más allá del humorista está el hombre que no ve límites, que logra lo que quiere porque trabaja seriamente en su objetivo sin olvidar su origen. Excelente Benjamín!! Y disculpa la confianza, pero eso es justo lo que tú inspiras.

Aún recuerdo el día de el amor y amistad del 2019 acá en Valencia, Venezuela

¿Se acuerda?

Cuando su mediocre actuación, pésimo sonido, y muy pobre calidad hizo que lo único que usted hiciera fuera CORRER, decirnos a los presentes «¡PAJUOS!» e irse, con solo 5 minutos de presentación…

¿Recuerda como le inundaron el Instagram diciéndole estafador?

Soy extranjero, espere ver al supuesto rey de la comedía, y por el contrario, ví una vulgar y mediocre caricatura de un desdibujado comediante que lo único que para causar gracia tenía como herramienta ante tan vergonzoso show era decir «MADURO» y la gente como marioneta responder «CDTM»

Y luego nos dijo «¡ustedes son PAJUOS!» Y se fue.

La «comediante» con la que iniciaste el show daba vergüenza. Hace más risa rascarse con un serrucho en las costillas que esa pésima caricatura de comediante.

Para mí, ese día, vi muy mal ejemplo del supuesto mejor comediante en Venezuela.

Vean un ejemplo del audio ese día:

https://youtu.be/1xbxqMRmW7s

Bueno, pobre calidad, acústica, mediocre desempeño de él antes el problema, cero profesionalismo, es lo que ví, y la razón por la cual fue literalmente abucheado por TODOS ese día!!!

Pero algún día volverá a Valencia y espero ese día no nos estafe a los presentes y poder ver en persona que es lo que ustedes llaman excelente humor y comedia.

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