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Audio del Gocho miércoles 7 de octubre 2020 – 9:30 AM

Curadas comparte el audio del Gocho del WhatsApp del miércoles 7 de octubre 2020. Resumen político de la situación de Venezuela y el mundo.

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Transcripción

¡Qué hubo, buena amiga, buenos días!

Hoy es 7 de octubre del 2020 y son las 9:30 de la mañana, y usted cumpliendo años por allá en Pueblo Nuevo. ¡Ja!

Hoy, es el Día de Nuestra Señora del Rosario; de paso, le pega con su santo. Y por cierto que tengo una taribera, amiga mía, que también está cumpliendo años hoy. A esa tengo que ir a ver cómo le consigo aunque sea una torta de “Dulce & Dulce”. 

Aquí, no nos queda sino celebrar la extensión del mandato de la Misión de Verificación de Hechos de la ONU; la misma que aprobó el informe, hace unos días, y alargaron, para que sigan investigando el problema de la violación de Derechos Humanos en Venezuela. O sea, que a las ratas rojas, a pesar de que tengan sus socios allá en la ONU, les dijeron “¡Coño, mano! Ustedes la están cagando muy seguido y no me queda, sino ponerle estos policías, para que le sigan jodiendo la vida.”

Y al otro, que no se las ve muy bien, es en España, ya que el juez García Castejón, del Juzgado Central de Instrucción Nº 6, de la Audiencia Nacional de España, pidió al supremo, la imputación a la rata comunista del “Coletas” del vicepresidente Pablo Iglesias. Por delitos informáticos, denuncias falsas, simulación de delitos, revelación de secretos con el agravante de género en el “caso Dina”. Y además, yo le agregaría falta del respeto al rey, que es el jefe del Estado, y además de ser un real chavista triple hijueputa y que lo tiren a los zamuros por sucio mojón.

Y, de paso, ayer, el gobierno americano donó un avión de carga militar, un Hércules C-130, al Estado colombiano. Y el presidente Duque declara que es para derrotar las amenazas; -¡detallazo!- es decir, que sigue montándose el chicharrón que será dirigido por el almirante Craig Faller, desde el Southcom.

Pero más lejos, por allá en el Vaticano, luego de la Encíclica que se fumó Don Francisco junto con la peluca de “Popy”, en días pasados, básicamente es un credo a destruir las libertades de los seres humanos en el mundo, atacando con un fervor terrible al libre mercado. Y de paso, por congraciarse con esta gente, entonces sale el gobernador de Nueva York, el señor Andrew Cuomo, a hacerle el caldo grueso a estos ñángaras de la Iglesia; porque no es toda la Iglesia Católica per se, pero sí hay un poco de manzanas podridas comunistas en su interior, y entonces este imbécil -gobernador de Nueva York- clava un montón de nuevas restricciones a los feligreses que desean asistir a sus cultos. Pero sobre todo, amenaza a la comunidad judía en el estado de Nueva York que cerrará sus sinagogas para que la gente no pueda ir a rezar, por aquello de la propagación del covid, de la peste china; y se le olvida a ese infeliz, que el grueso de los muertos en el estado de Nueva York fue por su culpa en el terrible manejo de los enfermos y de las residencias de ancianos. Ah, pero si los que salen a protestar son las ratas del Antifa, o los Black Lives Matter, ah, a esos toches sí hay que hacerle una estatua. ¡No jodas!

Pero ayer, comenzó la desclasificación de todos los documentos inherentes a la “Colusión Rusa” y al hilar en una narración para publicar un libro, con la colaboración de John le Carré, el finado Tom Clancy, Dante Alighieri, García Márquez, John Grisham y otros, se quedaría pendejo, y sólo plantear la trama macabra que se montaron desde el comando de la vieja Hilaria, con la fundación de George Soros; el FBI y la CIA, y otro montón de actores, esto es una novela, que si usted la coloca desde marzo el 2016 hasta marzo del 2019, luego de la salida del reporte de Bob Müller, sería un libro como de dos mil páginas, de la cantidad de mierda que lograron entrabar y tramar esta manga de ratas, incluido el señor Obama y el viejito Biden, juntos, para joder al candidato y luego presidente Donald Trump; joder al pueblo americano, y a esa República Constitucional, que es los Estados Unidos América, desde 1776. ¡Citicos!

Pero sobre todo, usted, amiga, que me estaba preguntando con el cuento de las encuestas “…¡coño, mire, que Trump lo tiene perdido… Que Biden va como Cañonero en la última curva del Kentucky Derby!” No, amiguita. Coja pausa. Porque lo pertinente es ver, que arrancando con los estudios, que le dan a Biden los mismos -o mejores- números de ventaja que los que le daban a la vieja Hilaria en el 2016, es pertinente tener en cuenta que hay un factor que se llama el “entusiasmo”, que no se mide en ninguna encuesta. Y en política, es pertinente tener claro que la gente vota con el 20% de la razón y el 80% de la emoción. Y ese entusiasmo, es lo que trae el catire al juego; y si no, vea los eventos de Biden, que parecen todos que fueran un velorio. Pero no un velorio en una casa de El Cobre, donde a usted le ponían comida, mechao, ensalada, cigarrillos y michito. No, no , no, no. Esto es un velorio por allá en una de esas funerarias caraqueñas, que de verga pasan café, y le trancan las puertas a las 8:00 de la noche, para que usted vea. 

Los electores de Biden se dividen en dos lotes: los que votan demócrata, porque son demócratas históricos; los que votarán por Biden porque le tienen arrechera a Trump. En cambio, los electores de Trump se dividen en varias categorías: los que votan republicano históricos; los que tienen el terror de Estados Unidos se vuelva una Venezuela, Cuba, España, Corea del Norte, ergo, una nación “sucialista”; los que adoran a su líder -o su persona- pues es el ejemplo a seguir del “Sueño Americano” que es hacerse rico con su trabajo y además poderlo chicanear. Porque ese no es el fruto de un guiso, sino de la generación de empleo, de pagar impuesto y de hacer felices a un poco de gente; y los que eran demócratas o independientes en estos últimos cuatro años, pero que han visto que consiguieron empleo, y mejor aún, que además de que consiguieron un nuevo empleo, subieron de categoría en un empleo mejor pagado; o que además tienen la posibilidad de observar que el tipo sí cumplió sus promesas y que las empresas -sobre todo las fábricas- regresaron al territorio americano; y que les rinde más la plata, por aquello de la independencia en el suministro de energía y la bajada de los precios de la gasolina; además de la bajada de impuestos, la bajada de los precios de los medicamentos y el aumento en el ingreso familiar, de más de 6.600 dólares por año, por cada hogar. 

Y cuando usted tiene empleo, plata -para echarle unas lisas y algo para el chimocito, “Scoup” o “Scupinagger”, pa andar escupiendo; esos son los resultados, y el tipo tiene una gestión que vender, y sigue vendiendo.

Y súmele que no les metió en una nueva guerra, a pesar de que se sopló al Estado Islámico; ha retirado tropas de los frentes de batalla; logró tres acuerdos de paz en los últimos días con Serbia-Kosovo, Israel con Bahrein, e Israel con los Emiratos Árabes Unidos; más las conversaciones de los talibanes con el gobierno afgano en Qatar; y le cayó la jeta al “Rocket Man” de Kim Jong-un de Corea del Norte, que dejó la amenaza y la lanzadera de cohetes; y sobre todo, sentó de culo a los chinos; y renegoció el acuerdo infame del TLCAN aquel, con México y Canadá, que Clinton les había dado todo. Bueno, ¿qué quiere que le diga?

La dejó. Pase bien su cumpleaños, porque yo me voy a jartar pasteles a “El Huerto”. Chao, chao.

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Una respuesta a «Audio del Gocho miércoles 7 de octubre 2020 – 9:30 AM»

Toda campaña política espera que una sorpresa de octubre cambie el rumbo de las elecciones de noviembre.

El diagnóstico y la hospitalización de COVID-19 del presidente Trump pueden ser la peor sorpresa autoinfligida de octubre con la que se haya topado un candidato.

Trump no planeaba enfermarse, por supuesto. Pero su negativa a usar una máscara o mantener a las personas a una distancia segura lo hizo vulnerable al coronavirus y ayudó a convertir la Casa Blanca en una zona caliente, con al menos una docena de casos positivos.

Durante meses, Trump y la mayoría de sus ayudantes desobedecieron las pautas de salud pública. Organizaron manifestaciones de campaña y ceremonias en la Casa Blanca, incluida una el 26 de septiembre para presentar a la nominada a la Corte Suprema Amy Coney Barrett, que puede haber sido un evento de gran difusión. Incluso después de que el presidente pasó tres días en el hospital, la Casa Blanca no intentó rastrear a los cientos de personas con las que él o sus ayudantes se habían reunido, y posiblemente infectados.

A su regreso del hospital, Trump se quitó la máscara y posó para un video. “No le tengas miedo. Vas a vencerlo ”, dijo sobre COVID-19.

Si el presidente tenía la intención de tranquilizar a los estadounidenses, en cambio mostró los rasgos de Trump que menos les gustan a los votantes: su ensimismamiento, su desdén por los consejos científicos y su incapacidad para expresar empatía por los más de 210,000 estadounidenses que han muerto de COVID-19. en los últimos seis meses.

También mostró la incompetencia que ha sido una de las marcas registradas de Trump durante los últimos cuatro años.

La primavera pasada, la pandemia le presentó al presidente un desafío difícil: organizar una respuesta nacional coherente a un virus mortal que nadie había visto antes.

Trump echó a perder el trabajo. Insistió en que el virus no era peor que una gripe estacional cuando, según admitió él mismo, sabía que era mucho más mortal.

Lanzó un esfuerzo federal para coordinar los suministros médicos, luego abandonó el esfuerzo y les dijo a los gobernadores que estaban solos.

Prometió pruebas para todos y nunca entregó.

Alentó a los partidarios a organizar levantamientos contra los gobernadores demócratas que querían cierres, y elogió a los gobernadores republicanos que reabrieron sus economías demasiado apresuradamente.

Su administración hizo algunas cosas bien. Envió miles de millones de dólares a compañías farmacéuticas para impulsar el desarrollo y las pruebas de vacunas experimentales. Ordenó a las empresas industriales que fabricaran ventiladores y terminó con un excedente.

Pero los resultados generales han sido trágicos.

La tasa de mortalidad de Estados Unidos, que según Trump es un éxito, es más del doble que la de Canadá, más de cinco veces la de Alemania y casi 80 veces la de Corea del Sur, sobre una base per cápita.

Inevitablemente, la falta de liderazgo de Trump durante la pandemia se ha convertido en el mayor problema de la carrera presidencial, a pesar de sus repetidos esfuerzos por culpar a otros o cambiar de tema.

Su hospitalización por COVID-19 garantizó que la crisis seguirá siendo Tema A hasta el día de las elecciones, ahora a solo un mes de distancia.

La ironía es que Trump ganó la presidencia en 2016, en parte, al afirmar ser un exitoso hombre de negocios que podía dirigir el gobierno federal con más sabiduría que cualquier político.

Esa afirmación, como muchas otras, resultó ser falsa.

El problema comenzó incluso antes de la toma de posesión de Trump, cuando desechó la estrategia de transición que había preparado el exgobernador de Nueva Jersey, Chris Christie. En cambio, Trump nombró a funcionarios del gabinete que apenas conocía o examinó y se sumergió en la presidencia sin ningún plan de política formal, una receta para las luchas internas.

Pronto, las negociaciones sobre los proyectos de ley de gastos y otras leyes se vieron interrumpidas por los tuits de Trump, como sucedió nuevamente el martes, cuando abandonó las conversaciones con los demócratas sobre un proyecto de ley de estímulo económico para ayudar a las empresas y las personas que luchan con los cierres de COVID-19.

Otra prioridad, la desregulación, se ha visto obstaculizada por la incapacidad de Trump para contratar personal calificado. La administración Trump ha perdido el 84% de sus casos de regulación en los tribunales; la mayoría de las administraciones pierden el 30%, según un estudio de la Universidad de Nueva York.

“Muchas de sus órdenes ejecutivas han sido mal redactadas y eso hace que los tribunales las anulen”, me dijo Elaine Kamarck, directora del Centro para la Gestión Pública Efectiva de la Brookings Institution, que no es partidista. “Si dices que vas a desmantelar las regulaciones, necesitas personas muy competentes para guiarlas a través del proceso regulatorio. Él no los tiene «.

El personal de Trump ha experimentado un nivel récord de rotación, algunos debido a escándalos, otros porque cayeron en desgracia.

En menos de cuatro años, está en su cuarto jefe de gabinete, su cuarto asesor de seguridad nacional, su sexto director de comunicaciones.

“Lo que muestra COVID es que la incompetencia daña al país”, dijo Kamarck, quien trabajó en la reforma del gobierno del presidente Clinton. «Estamos en un lío en el que no deberíamos estar».

Para los críticos, la incapacidad del presidente para llevar a cabo una operación disciplinada tiene una gracia salvadora: ha dañado su fortuna política, tal vez de manera irreparable. La incompetencia, al parecer, tiene consecuencias políticas.

Su campaña de reelección ha fracasado. Se ha enfocado en apuntalar su base de votantes blancos de clase trabajadora y evangélicos, en lugar de expandir su coalición hacia una mayoría. Ha gastado cientos de millones de dólares y está corto de efectivo en las últimas semanas.

En su primer debate con el candidato demócrata Joe Biden el mes pasado, Trump sonó petulante en lugar de presidencial, haciendo sonar las alarmas incluso dentro de su propio partido.

Si hay que creer en las encuestas , los votantes están a punto de darle a su empleado en jefe un mensaje que puede resultarle familiar: estás despedido.

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