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Venezuela: Rumbo a la recuperación del Esequibo, II Fase – 50ma. entrega

Curadas les presenta una serie de entregas que permitirán entender mejor la situación del territorio Esequibo perteneciente a Venezuela.

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(Continuación)

Con elevado beneplácito manifiesto a través de este escrito, la satisfacción
que siento sobre las diferentes posiciones que han venido adoptando varios lectores, elevando con ello la capacidad de debatir con conocimiento de causa y enriquecimiento sobre el conocimiento y el interés sobre un tema que estuvo en un perverso silencio durante muchos años para una mayoría de los venezolanos, como lo es la recuperación del espacio geográfico integral del Esequibo, sin olvidar que hemos estado abordando la posición que cómo venezolanos deberíamos asumir ante las acciones generadas por Guyana al orientar sus acciones fuera del contexto del Acuerdo de Ginebra de 1966, y encaminarse erróneamente hacia la vía judicial a través de la Corte Internacional de Justicia, lo que conlleva a recordarle a todos los connacionales de este país e incluso a los mismos guyaneses, la interpretación que el Gobierno de Guyana generó en torno
a este controversial tema acompañado de su doble discurso, cuya incidencia ha venido incidiendo por más de un siglo sobre la integridad territorial del gentilicio venezolano.

Debemos ser incisivos en manifestar que en principio el Presidente de
Guyana en el año 2016 celebró la comunicación emitida por el Secretario General de las Naciones Unidas Ban Kimoon, y expresó durante una actividad realizada en conjunto con las Fuerzas Armadas de ese país que por primera vez en 51 años, el Secretario General había decidido que ese reclamo de Venezuela iría a la Corte Internacional de Justicia a principios del año 2017, SI los dos países, Guyana y Venezuela no acuerdan hacer algunos otros arreglos. Agregó además, que ya habían esperado demasiado, afirmando que ese era su territorio (el Esequibo), y decidieron que irían a esa instancia para demostrar que es su territorio, expresando también que la Fuerza Armada de ese país estaría allí para respaldar dicha decisión, obteniendo fuertes ovaciones y aclamaciones de parte de los miembros de esa Institución.

Y dicho acto se llevó a cabo un día después, en que el mismo Presidente
del Gobierno de Guyana, el Sr. Granger; le envió una comunicación al Gobierno de Venezuela, en la que le manifestó que Guyana le aseguraba su compromiso de cumplir con las más altas expectativas del proceso de buenos oficios, así como también agregó que existía la determinación de Guyana en realizar todo lo que estuviese a su alcance para asegurar que los medios de arreglo que hayan sido escogidos conduzcan a un resultado exitoso. Mayor hipocresía y retorcida actuación no podría derivarse de semejante escrito y conducta de un Gobierno que carece de fundamentos para sustentar la posesión de un territorio que fue y es de Venezuela.

Además de la malévola contradicción generada por el Gobierno de Guyana
desde ese entonces, es importante agregar que el escrito emitido el Secretario General de las Naciones Unidas en el mes de febrero del año 2016, establecía claramente que luego de haberse realizado la consulta a las partes involucradas, se procedería al nombramiento de un representante personal, cuya función primordial se enmarcaría en una recia y acentuada búsqueda de soluciones satisfactorias y aceptables, contando para ello con la mayor cooperación sustentada en la buena fe, mediante la celebración de reuniones frecuentes, inherentes e independientes a los niveles más altos y los de trabajo. Así mismo, dicho Secretario General de las Naciones Unidas manifestó también, que haría sugerencias confidenciales y no vinculantes sobre cualquier aspecto relevante de su relación bilateral, incluyendo aspectos relacionados con los temas marítimos y medioambientales a propósito de asistirlas mediante la realización de un Acuerdo. A dónde fue a parar el contenido y espíritu de dicho escrito, además de toda la perorata generada en torno al Acuerdo de Ginebra de 1966? Es obvio el malicioso entendimiento que habría surgido desde ese entonces entre el Secretario General de las Naciones Unidas y el Gobierno de Guyana.

Adicionalmente, en el primer cuatrimestre y en el mes de septiembre del
año 2016, se tenía previsto que el Secretario General de las Naciones Unidas se reuniría con los Presidentes tanto de Venezuela como de Guyana a propósito de evaluar el progreso obtenido hasta ese entonces, de manera de orientar los esfuerzos para el logro de avances significativos que condujesen a la solución de la controversia territorial. Para ello, se tenía previsto que dicho Secretario General cumpliría con dicha tarea de evaluación sobre los progresos obtenidos a más tardar en el mes de noviembre de ese mismo año, mientras que Guyana y Venezuela seguirían laborando en aras de lograr un acuerdo mutuamente aceptable.

A ello hay que agregar, que de no haberse logrado dicho acuerdo, y a
menos que los Gobiernos de Guyana y Venezuela solicitasen en conjunto al Secretario General de las Naciones Unidas posponer su determinación por un año, el Secretario General de las Naciones Unidas basado en su propia evaluación y decisión, tendría la intención de escoger la Corte Internacional de Justicia como medio de arreglo judicial. Y fue por ello, que el Gobierno de Venezuela envió a dicho Secretario General con fecha del 28 de marzo de 2016 una comunicación, en la que se expuso con base al Acuerdo de Ginebra de 1966 las razones que impedírían apelar a la vía judicial ya señalada, agregando además algunas observaciones que tergiversaban y más bien tendían a obstaculizar el propósito del Acuerdo de Ginebra en cuanto al alcance sobre el arreglo práctico y satisfactorio para ambas partes (Guyana y Venezuela) sobre el litigio limítrofe existente sobre el espacio geográfico integral del Esequibo.

Aun teniendo un tiempo establecido el Secretario General de las Naciones
Unidas para darle cumplimiento a lo señalado en el párrafo anterior, éste se
demoró un año considerando la dificultad para designar a un nuevo buen oficiante aceptable para ambas partes, recordando que el último había fallecido durante el ejercicio de sus funciones las cuales no logró culminar.
Ahora bien, el documento emitido por el Secretario General de las Naciones Unidas denominado “El camino a seguir”, ha sido susceptible de algunas observaciones, considerando que el tiempo otorgado de un año de duración para llegar a un acuerdo en ese entonces fue totalmente insuficiente, y más aún al tomar en cuenta la complejidad del asunto que concierne a las partes involucradas, hecho que demuestra claramente el ejercicio de la presión sobre un resultado en el que se sabría que dicho plazo no conllevaría a resultados concretos; adicionalmente, la decisión del arreglo judicial como medio de solución no fue lo más adecuado dado que no encajaba en el escalafón gradual de los medios a utilizar establecido en el artículo IV, aparte 2 del Acuerdo de Ginebra de 1966, lo que conlleva a una clara demostración mediante los discursos y escritos emitidos tanto por el Gobierno de Guyana como del Secretario General de las Naciones Unidas, en que ambas partes ya habían acordado unilateralmente y a espaladas del Gobierno de Venezuela actuar de esa manera, hecho que se asemeja en cierta forma a la traición histórica que sufrimos los venezolanos
durante el proceso que conllevó a la sentencia del Laudo Arbitral de París de 1899.

Finalmente, se hace imperante señalar que los justificativos presentados
fueron muy imprecisos de parte del Secretario General de las Naciones Unidas, por un lado al elevar éste unilateralmente el tema en cuestión ante la Corte Internacional de Justicia, y por el otro, al intentar combinar e inclusive fusionar el contexto sobre el ejercicio de las posibles acciones a tomar a través de los buenos oficios con la forma de mediación establecida, hecho que sustenta la tergiversación perversa del contexto del Acuerdo de Ginebra de 1966, en la que se estaría transformando la manipulación descabellada, torpe y atorada que ha estado ejerciendo el Gobierno de Guyana, confabulado con el Secretario General de las Naciones Unidas sobre el medio del arreglo práctico, satisfactorio y aceptable para ambas partes.

Por ello, las acciones que pudiesen asumir los venezolanos ante esta realidad, conlleva a que se requiere en principio para la mayoría el conocimiento veraz sobre el delicado piso en el que nos desplazamos hoy por hoy sobre este tema controversial en el ámbito internacional, por lo que hoy más que nunca debemos estar claros que Guyana nunca ha querido ni ha dado muestras de querer negociar y llegar a un arreglo práctico y satisfactorio, generando acciones colaterales que han irrespetado el marco jurídico existente con respecto al Acuerdo de Ginebra de 1966, y el Secretario General de las Naciones Unidas se ha prestado para manipular al igual que los guyaneses la interpretación oculta que de entrada raya en la ilegalidad al acudir ante la Corte Internacional de Justicia.

Un cuadro viciado nuevamente de nulidad al igual como lo fue el Laudo Arbitral de París de 1899. Caímos una vez, pero… permitiremos nuevamente volver caer a Venezuela ante este malévolo juego en el que se están manejando un sinfín de factores geopolíticos y geoeconómicos? Reaccionemos pues…

José Chachati Ata

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