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Venezuela: Rumbo a la recuperación del Esequibo, II Fase – 51ra. entrega

Curadas les presenta una serie de entregas que permitirán entender mejor la situación del territorio Esequibo perteneciente a Venezuela.

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(Continuación)

Ahondando más en cuanto a la sustentación de la posición venezolana sobre el litigio actual con la República Cooperativa de Guyana sobre el espacio geográfico integral del Esequibo, en el que fue agregada una variable adicional totalmente inadecuada como lo fue el de la Corte Internacional de Justicia, he venido señalando y lo mantengo que el Gobierno de Guyana tomó esa decisión un tanto atorada y desesperada, acompañando su decisión por tóxicas y erradas opiniones emitidas a través de distintos entes participantes, en el que ha querido exacerbar que la base de su decisión fue básicamente demostrar la validez de la Sentencia emitida en el Laudo Arbitral de París de 1899, hecho que el Secretario General de las Naciones Unidas anticipó en su momento con la supuesta intención de elegir al organismo jurídico ya señalado como el medio más competente para el arreglo de la controversia territorial.

Esta decisión indiscutiblemente confabulada fue tomada luego que se hubiesen utilizado los supuestos Buenos Oficios escalonados con elementos de mediación por un período de tiempo que no condujeron en su momento a una solución satisfactoria para las partes, por lo que ello no fue sino el cumplimiento de una mera formalidad de parte del Secretario General de la ONU para atender un tema tan delicado, y que de por sí para quienes realizamos un seguimiento sobre la materia, estábamos más que claros que las formas de acciones generadas un tanto lentas y dispersas en el que el Gobierno de Guyana actuó abiertamente con grandes evasivas, ya estaban de entrada condenadas al fracaso.

Venezuela ya había advertido su total desacuerdo sobre la disposición mediante la cual la prolongación de los Buenos Oficios establecida como base para la mediación con Guyana por parte del Secretario General de la ONU, dependería de una solicitud efectuada de manera conjunta de ambos países al cumplirse un año luego del mes de diciembre del año 2017. Si ya desde ese entonces era obvia la actuación inadecuada de Guyana y la mala fe puesta de manifiesto para acordar un alto sentido de cooperación y reciprocidad como entendimiento para la búsqueda de una solución práctica y satisfactoria de acuerdo a lo establecido en el Acuerdo de Ginebra de 1966, era predecible como así confirmaron los hechos, que el Gobierno de Guyana no tenía la intención de negociar y por ende rechazaría cualquier prolongamiento de los medios pacíficos escogidos por el Secretario de la ONU, y si a ello le sumamos que de por sí ya había sido concebido en el documento respectivo que en el caso que las soluciones propuestas para llegar a un arreglo práctico y satisfactorio para ambas partes no fueran encontradas antes del mes de diciembre del año 2016, ya dicho Secretario General había anticipado en el mismo documento su intención de escoger a la Corte Internacional de Justicia como medio de arreglo para una solución definitiva con carácter obligante sobre la controversia objeto de estudio, “No hay peor ciego que el que no quiera ver”

Lo ideal que está claramente enmarcado en el Acuerdo de Ginebra de 1966, ajustado lógicamente al espíritu por el cual fue elaborado y firmado el mismo, era que el Secretario General de las Naciones Unidas respetase los pasos allí establecidos, generando la apertura de consultas al más alto nivel con cada una de las partes sobre la elección del medio de arreglo de la controversia, y si al término de un plazo razonable no se hubiese alcanzado un acuerdo mutuamente aceptable, aunado a que la figura de los Buenos Oficios a través de la mediación no ofreciese una respuesta adecuada que permitiese avanzar adecuadamente, se estarían escalonando diversas fórmulas o posibilidades a ser aceptadas por ambas partes, pero la realidad fue que ninguno de esos pasos fue respetado, aunado a que se tomó una decisión unilateral en perjuicio de Venezuela, lo que sustenta claramente lo viciado del actual proceso y de la mala fe puesta de manifiesto en forma confabulada, atendiendo únicamente a los intereses de Guyana.

Este hecho me hace recordar el primer tomo de los siete libros “Los Reyes
Malditos”, en el que el juego de poderes y los resultados alcanzados en principio fueron beneficiosos a muy corto plazo tanto para el Rey como para la Iglesia, pero las consecuencias fueron nefastas en el tiempo para diversos gobiernos, países y épocas. Guyana en este sentido, ha tenido una muy corta visión y un mal asesoramiento sobre su actuación hacia Venezuela, y las derivaciones de la misma no serán efectivas para ella. Triste por Guyana, que está desaprovechando una oportunidad de oro para consolidar su integridad y posicionamiento adecuado.

Pienso que se debería alertar al Gobierno de Guyana sobre la turbia decisión y mal asesoramiento que está recibiendo Sobre ello escribiremos más adelante . Tomando en consideración los eventos ocurridos en aquel momento histórico del año 2017, comienzo por exponer que para ese entonces el Gobierno de Guyana rechazó de entrada todas las propuestas que había efectuado Venezuela, a propósito de seguir avanzando dentro de lo concertado en el Acuerdo de Ginebra de 1966, a propósito de buscar una solución negociada de la controversia territorial del espacio geográfico integral del Esequibo, incluyendo en ello la participación del representante personal del Secretario General de las Naciones Unidas. Pero la realidad era que ya existía una malévola promesa realizada por éste último personaje de enviar el contencioso a la Corte Internacional de Justicia, hecho que incentivó las desviaciones y alteraciones de las políticas de Guyana al adoptar el Gobierno de ese país una pasividad anormal en las diferentes rondas negociadoras que habían sido programadas, demostrando con ello el deseo de NO llegar a un entendimiento, y ello se afirma por el hecho que el Gobierno de Guyana ha mantenido una posición intransigente en el que se ha pretendido que Venezuela debe de una vez por todas aceptar que el Territorio Esequibo le pertenece a Guyana, por lo que el Estado venezolano debe renunciar definitivamente a la reclamación.

De hecho, bajo el Gobierno guyanés del Sr. Granger, ese país adoptó una
actitud un tanto hostil a cualquier negociación con el Gobierno de Venezuela. Además de ceñirse de manera exclusiva al estamento jurídico enmarcado en la Corte Internacional de Justicia, amplió sus expectativas unilaterales, abocándose no solo al espacio territorial en disputa, sino también a los espacios acuáticos en el Océano Atlántico, pretendiendo con su trazado unilateral, decidir también sobre los espacios que se derivan ineludiblemente del Estado Delta Amacuro, lo cual es venezolano; adicionalmente, su discurso presentado ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, la Asamblea Legislativa de Guyana y otras instancias internacionales, aunado a los comunicados de prensa y declaraciones públicas, han sido irrespetuosos y ofensivos, reflejando un desprecio total hacia las propuestas de Venezuela durante las reuniones convocadas por el Sr. Nylander en el año 2017, representante personal del Secretario General de las Naciones Unidas.

En este contexto, el Gobierno de Guyana requiere hoy por hoy entrar en
un profundo cambio de sus políticas exteriores, debiendo adoptar una actitud más bien constructiva en el proceso de arreglo del contencioso son: 1) suspender cualquier clase de iniciativa unilateral que pueda entorpecer la marcha del proceso de negociación/mediación;

2) evitar pronunciamientos públicos de sus autoridades que puedan producir el mismo efecto; y,

3) ser receptivo a las propuestas de la otra parte y estar dispuesto a hacer concesiones.

En el caso de Guyana, los principios que deben animar toda negociación de buena fe brillaron por su ausencia.

Guyana parecía más interesada, una vez más, en agitar la supuesta amenaza
militar de Venezuela. El 20 de septiembre de 2017 su Presidente, Sr. David
Granger, quería llamar la atención del mundo desde la tribuna de la Asamblea General de las Naciones Unidas, sobre una paz regional comprometida: “The choice has become one between just and peaceful settlement in accordance with international law, and a Venezuelan posture of attrition that is increasingly more blustering and militaristic … Guyana has been working assiduously with the Secretary General’s Personal Representative. Guyana looks to the international community to ensure that Venezuela is not allowed to thwart the process of judicial settlement which are the clear and agreed path to peace and justice” Con un discurso de esta naturaleza, ¿Qué cabía esperar de los encuentros de Greentree?

La actitud de la República Cooperativa de Guyana se caracterizó por la
tergiversación de las propuestas venezolanas, la interpretación de sus propias pretensiones como derechos consolidados e indiscutibles, el deliberado desdén hacia la posición del “otro”, la errónea inteligencia de la negociación como imposición de los propios puntos de vista, ignorando que el compromiso que resulta de toda negociación de buena fe exige que las Partes conciban el abandono de sus posiciones maximalistas, y el recurso a un lenguaje categórico que pretendía deslegitimar dogmáticamente al adversario. En definitiva, para la República Cooperativa de Guyana, el único acuerdo posible era el que implicaba la aceptación incondicional de todas sus pretensiones por Venezuela. Dicha actitud no es compatible con la exigencia del Acuerdo de Ginebra de alcanzar un arreglo práctico, aceptable y mutuamente satisfactorio de la disputa territorial.

La interpretación interesada que hace Guyana del Artículo IV.2 del Acuerdo de Ginebra no puede aceptarse. E, incluso, si pudiera aceptarse (quod non) que los medios políticos se hubieran agotado, ello no habría creado la base legal, tal y como lo exige el Estatuto de la Corte, para fundamentar una base para su jurisdicción; ni habría transformado la base lógica para la solución del contencioso conforme a lo convenido en el Acuerdo de Ginebra, en General, y en su artículo IV.2, en particular, como se demostrará en la Segunda Parte de este Memorándum.

José Chachati Ata

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Una respuesta a «Venezuela: Rumbo a la recuperación del Esequibo, II Fase – 51ra. entrega»

Es importante continuar la lectura de los capítulos por venir, solo para corroborar si la aparente pasividad en las posiciones venezolanas son respuesta de una estrategia bien planificada o de una desvelada actitud traicionera del mandato constitucional respecto al resguardo y defensa territorial como parte fundamental de la soberanía nacional.

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