Hoy te traemos una nueva anécdota de músicos

Hace muchos años yo tocaba en el grupo musical dirigido por el saxofonista Luís Conny, y animábamos numerosas fiestas en Caracas.

En una oportunidad se pautó una actuación en una fiesta que se realizaría en el Hotel Tamanaco. Los atrileros del grupo llevaron los equipos y los instalaron a tiempo. Cuando llegamos los integrantes del grupo al sitionos encontramos en la puerta a los atrileros y nos indicaron adonde era la fiesta, y cuando había bastantes invitados en el salón arrancamos a tocar.

Todo perfecto. Al terminar el set, una persona que evidentemente era de los dueños de la fiesta se le acercó a Luís Conny y le preguntó muy amablemente “Amigo, ¿y a ustedes quién los contrató para esta fiesta? Conny le respondió “el señor fulano de tal”, a lo que el dueño de la fiesta le respondió “usted me disculpa, pero esa fiesta no es aquí”…

Resulta que los atrileros habían instalado los equipos en un salón diferente del Hotel Tamanaco del que realmente debíamos estar, por lo que además de que tuvimos que mudar apresuradamente todo el perolero para el otro salón, en definitiva terminamos regalándoles un set a la fiesta equivocada…

Algo parecido me pasó años después con un show de mi esposa Floria Márquez. A principios de los años 2000 había en Caracas un caballero que organizaba fiestas y eventos privados.

Su nombre era Antonio Morado, y era un señor a carta cabal y con una simpatía extraordinaria. Llegué a tener una relación de amistad con él, al punto de que con él dejé de hacer la formalidad de firmar contratos, porque su palabra era oro.

Un día me dice “Pedrito, ya cuadré una fiesta para el año que viene en la que quiero que Floria haga su show. Es tal fecha. Es una fiesta para celebrar las bodas de plata de una pareja, y se hará en la Quinta Esmeralda. Por favor resérvame la fecha”. Inmediatamente anoté la fecha en mi agenda.

Pasaron como un par de meses y nos volvimos a ver en otro evento y Antonio me dijo “no se te olvide la fecha del año que viene de las bodas de plata en la Esmeralda”, a lo que asentí.

Llegó fin de año y lo llamé para darle mi saludo de navidad y feliz año, a lo que nuevamente Antonio me recordó lo de la fiesta. Pasó el tiempo y aproximadamente un mes antes de la fecha Antonio me llamó “Pedrito, no te olvides de la fecha de la fiesta”, a lo que le respondí “tranquilo Antonio, que eso lo tenemos anotado desde el año pasado”.

Llegó el día de la fiesta, y previa coordinación con la compañía que nos pondría el sonido y la iluminación así como con los músicos de nuestra banda, llegamos a la Quinta Esmeralda para el montaje de los instrumentos y hacer la prueba de sonido en horas de la tarde. Todo perfecto.

Ahora bien, mientras estábamos haciendo la prueba de sonido, Floria se fijó que la decoración de las mesas no cuadraba con el motivo de la fiesta de aniversario de bodas que nos había dicho Antonio Morado. Esta decoración era como muy infantil.

Floria fue caminando hacia la oficina de la Quinta Esmeralda y allí se encontró con una gran amiga nuestra, la señora Morella Valdés, quién es florista/decoradora de eventos y era quién estaba a cargo de la ambientación de esa fiesta en la Esmeralda.

Floria le preguntó “Morella, ¿y esta decoración tan infantil para la fiesta de aniversario de bodas de la familia XX? A lo que Morella le respondió “Ay Floria, esa fiesta la cambiaron de aquí para el Salón Regency (en San Luís). Hoy aquí hay una fiesta de quince años”…

¡Antonio Morado cambió el lugar de la fiesta hacía varios meses y se le pasó el “pequeñísimo” detalle de informarnos!

Pueden imaginarse el zaperoco de informar a toda nuestra tropa y a la compañía de sonido, desmontar todo, transportar todo el perolero un viernes a las 6 de la tarde para San Luís, montar nuevamente, probar sonido nuevamente, y de paso A TODO TREN porque teníamos que volver a nuestros respectivos hogares a arreglarnos y vestirnos para estar de vuelta en el salón antes de las 10 pm.

Lo logramos con full estrés, pero lo logramos. Dicho sea de paso, cuando estábamos montando los equipos en el Salón Regency apareció Antonio Morado, y cuando le dije lo que estaba pasando, realmente se puso del color de su apellido por el entuerto.

A partir de ese momento, cada vez que él me llamaba para algún evento, lo requetechequeaba varias veces, no fuera a ocurrir otro desafortunado olvido.

Curadas / Pedrito López

Pedrito López empezó desde muy pequeño en la música y no se ha detenido por más de cuatro décadas. Ha desarrollado una dilatada carrera como pianista, orquestador, productor y director. Sus arreglos musicales han sido interpretados por la orquestas nacionales e internacionales y siendo acompañante de decenas de artistas de gran renombre mundial.

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Un comentario en «“Confusión y olvido” / Un cuento de Pedrito López»

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