César Muñoz: “Me considero un músico de oficio”

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Por Katty Salerno

César Muñoz (Caracas, 1970) se graduó con honores en Berklee College of Music. Sita en Boston, Estados Unidos, es la universidad privada de música más grande del mundo. De ella también han salido Quincy Jones, Diana Krall o Juan Luis Guerra, por solo mencionar a tres músicos de fama mundial. Sin embargo, este venezolano hijo de carupaneros – padre abogado y madre contadora – se considera más un músico de oficio por los treinta y tantos años que lleva trabajando en los distintos escenarios que la música ofrece para crear: como cantante, arreglista, productor, docente, instrumentista – toca piano y guitarra – humorista y hasta imitador, porque ¡hay que verlo imitando a Joaquín Sabina o a Fito Páez!

En 2013 decidió tomar el mismo rumbo que millones de venezolanos y se fue del país buscando mejores oportunidades. Ahora está radicado en Miami, Estados Unidos, donde volvió a los escenarios con obras como Salud, dinero y amor, escrita por él; y el espectáculo musical Latin Vaudeville.

Pero eso no ha sido lo único que ha hecho allí. También es libretista de las ceremonias del Premio Juventud y Premio Lo Nuestro que entrega Univisión, la principal cadena de televisión en español de Estados Unidos; y del Grammy Latino, otorgado por la Academia Latina de Artes y Ciencias de la Grabación. Y, además, tiene un segmento en el programa dominical Al punto, que conduce el conocido periodista Jorge Ramos. Sin embargo, lo que le hace más feliz es La cata musical, el canal de YouTube donde cada semana César Muñoz nos entrega una historia musical y con el que está alcanzando altísimos niveles de audiencia, si cabe el término, como ocurrió con la historia del tema Nosotros, del compositor cubano Pedro Junco, que ya lleva más de dos millones de reproducciones.

“La música me gustó siempre. Siempre me pareció una cosa increíblemente mágica. Cundo yo escuchaba música de niño había una sensación de no creer eso que estaba pasando. Así nació en mí la ambición de querer fabricarla, de poder crearla yo también en algún momento”, dijo César Muñoz al contar a Curadas.com su trayectoria profesional. 

Sin embargo, fue una experiencia que vivió en su adolescencia lo que lo marcó musicalmente. “A los 14 años ya tenía una fijación con el rock and roll, pero en ese momento no había Internet y encontrar la información no era fácil. Estando en un campamento en Nueva York me compré una recopilación, en casete, de los éxitos de The Beatles. Esa fue la primera vez que los escuché y fue algo así como amor a primera escucha. Por eso todas las explicaciones que yo doy en este momento es desentrañando el código de lo que ahí sucedió.

The Beatles me hicieron feliz desde la primera vez que los escuché. Obviamente, las razones para enamorarse de una agrupación musical no son racionales, es algo totalmente visceral. Podría apuntar que el sentido lúdico que ellos tienen en su sonido y en sus melodías, quizá por esa influencia de George Martin y la música para teatro, tuvo un rol importante que yo no podría señalarlo puntualmente, pero, definitivamente eso capturó mi atención. Eso, sumado a la estética que se creó alrededor de The Beatles. Pero primero fue solamente su música. Nadie me hizo escucharlos. Yo llegué solo y quedé prendido con ellos”.                  

¿A qué edad empezaste a estudiar música?

Comencé a estudiar piano a los 7 años, pero no fui un buen estudiante de piano ni tampoco me pudieron comprar uno. Después empecé a estudiar guitarra, porque esa sí me la pudieron comprar. Pero no tuve suficiente rigor y quizá tampoco tuve la orientación que me habría gustado. Sin embargo, me gustaba desentrañar la forma como operaba ese instrumento. Así me interesé por la armonía sin saber yo qué era eso. Luego estudié con varios profesores, entre ellos Gerry Weil, en Caracas. Después en la escuela de música Ars Nova hasta que finalmente me fui a Berklee College of Music”.

César Muñoz nació en Caracas pero se crio como carupanero, con costumbres muy carupaneras porque tanto sus padres como sus abuelos son carupaneros. En su familia no hay músicos profesionales, pero sí aficionados a la música. “Mi tío Aroldo, hermano de mi padre, es melómano y audiófilo. Él vivió con nosotros cuando yo era niño y me hizo escuchar mucha música clásica. Eso es una marca importante en mi vida. Y la hermana menor de mi padre, mi tía Silvia, que toca cuatro y le gusta mucho la música venezolana, me hacía recopilaciones en casetes y eso se convirtió también en una primera capa de cultura musical”.

Entonces, ¿de dónde te viene tanto talento? 

El talento yo lo veo como el potencial de la persona. Y lo que se logra después del potencial ya no tiene nada que ver con el talento, sino que es fruto de la curiosidad, del amor por el arte que uno quiere desarrollar. La necesidad también es forjadora del oficio. Yo me considero un músico de oficio. No me considero particularmente talentoso, sino alguien que tiene muchos años ejerciendo la profesión. Y si uno tiene como 30 años dedicándose a algo es muy difícil que no desarrolle algún tipo de habilidad en eso que hace. Conozco músicos increíblemente mucho más talentosos que yo, ¡montones!

Cantante es lo peor que soy y por eso fue que decidí estudiarlo. Yo decía que la guitarra, de alguna forma, uno la podía deducir. Pero no entendía cómo hacía una persona para cantar. Me daba mucha envidia que una persona pudiera abrir la boca y entonar una canción mientras yo la acompañaba con la guitarra y me preguntaba cómo hacía para que le saliera eso de su garganta.

En los actos del colegio siempre participaba, pero acompañando a algún cantante y me decía cónchale si yo tuviera ese talento para cantar. Hasta que un día un amigo me dijo que estaba en clases de canto y me di cuenta de que eso se podía estudiar y me puse a hacerlo. Me empeñé y creo que me convertí en un cantante decente, pero nunca impresionante. No tengo una voz privilegiada, que es algo que sí se tiene de nacimiento porque tiene que ver con cómo están constituidas tus cuerdas vocales; eso está en tus genes y eso sí que ya no se puede transformar.

Mi primer trabajo fue a los 16 años, con Alpargata Cantorum (un grupo coral de humor negro). Quedé marcado por esa sensación de pararse en un escenario y que la gente se riera de manera espontánea. En esos espectáculos la gente nunca se ríe por decencia. Pueden aplaudir por decencia y hasta por lástima, pero no ríen por lástima. Es una expresión muy honesta, muy poderosa. Lo que se siente en un escenario cuando la gente se está riendo es muy hermoso y eso quedó en mi memoria. Después me fui a estudiar música a Boston y cuando regresé empezaron a abrirse espectáculos de comedia en Caracas y me apunté. Empecé a presentarme en un bar y me iba muy chévere. Fue también una forma de revivir aquellos momentos.

Me tocó entonces escribir lo que decía en mis presentaciones. Compré varios libros de escritura humorística y me puse a estudiarlos. Después, un amigo que dictaba unos cursos de escritura quería anunciar un diplomado en la Universidad Metropolitana y me pidió que lo ayudara a replicar el mensaje a través de las redes sociales. Entonces me entusiasmé y terminé inscribiéndome yo también en el diplomado, lo que me sirvió de mucho para escribir libretos.

Un día me fue a ver Ana María Simon y como le gustó mi espectáculo me pidió que le escribiera uno a ella. Luego empecé con Ana María y Erika de la Vega a hacer el programa de radio que ellas tenían. Todo eso surgió a raíz de ese espectáculo que yo hacía. No fue que yo dije ´voy a ser libretista´, sino que me empezaron a llamar”.

Algo similar le ocurrió cuando ya estaba en Miami. Otra persona, que resultó ser el escritor venezolano Sergio Jablón, headwriter de Univisión, lo vio en uno de sus espectáculos y al finalizar le preguntó si le interesaba escribir para programas de entretenimiento. “Aquí se mezcló de nuevo un poco la necesidad con la curiosidad porque me pareció muy interesante su propuesta, pero, también, ¡cómo iba a decir que no a un trabajo si yo estaba recién llegado a Miami! Así terminé escribiendo libretos para espectáculos”.

Desde entonces, César Muñoz escribe, bajo la dirección de Jablón, los libretos para las ceremonias de entrega del Premio Juventud, el Premio Lo Nuestro y el Grammy Latino. “Pero, insisto, no fue que yo dije que quería ser libretista. Son circunstancias que se van juntando y que te van empujando hacia algo que se parece a lo que tú quieres”.

¿Cómo llegaste al programa de Jorge Ramos?

Ese cuento es muy bueno. Un amigo me regaló el código que le habían dado a él para el programa de edición de video en computadora, el Final Cut. Yo lo abrí y me dio curiosidad saber cómo se hacía para dividir una pantalla en tres y me puse a practicar con eso. Se me ocurrió entonces hacer una parodia del Burrito sabanero, que titulé el Burrito mayamero. Lo grabé yo mismo con el teléfono y después lo edité y lo monté en YouTube. Yo estaba muy emocionado porque había logrado algo que técnicamente no sabía hacer, pero era un video casi casero, muy sencillo.

Resulta que ese video terminó viéndolo el presidente de noticias de Univisión y me mandó a llamar porque estaban creando un programa y querían cerrarlo con un segmento musical. Pero ese programa lo cancelaron después de seis emisiones. Luego, uno de mis videos lo transmitieron en el programa de Jorge Ramos y a él le gustó mucho. De eso hace ya cuatro años y aún los sigo haciendo cada domingo. Lo que estoy dibujando es lo fortuito de este camino. Esa oportunidad que me llegó a mí en ese momento le pudo haber llegado a otra persona con cualquier otra trayectoria. Es así de chiquito, de frágil, de impredecible este camino que lo va llevando a uno a hacer ciertas cosas.

¿Dirías que ha sido fácil abrirte camino?

Uno nunca termina de abrirse camino. Ese camino se abre todos los días de la vida. Hasta el sol de hoy, todo lo que hago es en función del trabajo que viene. Es como la gente que trabaja en el campo, que debe trabajarlo siempre porque si no desaparece, como si no hubiera existido nada en esa tierra. Recuerdo que hace muchos años hablaba con un amigo que en ese entonces tocaba con Cristina Aguilera y le pregunté qué se sentía estar allí, haber llegado hasta allí. Me dijo que eso era solo un guiso, porque si la siguiente semana Cristina Aguilera no lo llamaba iba a tener que tocar merengue en un bar para poder pagar la renta.

Con eso lo que me quería decir es que esos lugares consagrados no son tan sólidos como quizá se puedan percibir desde afuera. Yo lo que hago lo hago con mucho cariño, le meto muchas ganas, mucha emoción a todos los proyectos en los que me involucro. Creo que esa es la fuerza que hace falta para abrirse camino diariamente en esta profesión”.

Te graduaste con honores en Berklee College of Music. ¿Cómo lo lograste?

Llegué a Berklee porque la directora de Ars Nova se había graduado allí y por ella yo supe de esa universidad. Luego, un amigo que se iba a estudiar allá me dejó los folletos que tenía y me entusiasmé con la idea de irme también. Había hecho mi primer trabajo como arreglista, me pagaron y dije que iba a jugar a que me inscribía en Berklee. Entonces, grabé un casete y lo envié como audición y resultó que me aceptaron. A raíz de esto mi familia decidió ayudarme con los gastos.

Comencé a estudiar sin saber si iba a durar más de un semestre, me fui un poco como a vivir la aventura de haber pasado por allí, pero no podía tener la aspiración concreta de culminar los estudios porque costaba mucho dinero. Pero estando en la universidad me becaron, no fue una beca completa, pero fue una beca muy buena y eso, más el esfuerzo familiar, me permitió quedarme y graduarme.

¿Qué estudios hiciste en Berklee?

Desde el principio me di cuenta de que ese era un momento que no se iba a repetir en mi vida y de que tenía un banquete de información frente a mí. Eso fue en la época previa a Internet. Yo viví el nacimiento de Internet estando en esa universidad. Cuando estudiaba en Caracas, uno tenía que conseguir la partitura, la transcripción del solo, la grabación… Pero allá lo tenía absolutamente todo: los profesores, las fuentes, las bibliotecas. Hasta fui bibliotecario. Yo me quedé trabajando un tiempo en la universidad después de graduarme. Para mí era demasiado increíble tener acceso a todo eso.

Allí estudie cinco años. Cursaba tres semestres por año. Tengo créditos extras hasta para tirar para el techo. Estudié análisis de la música de diferentes compositores, dirección de orquesta, arreglos, música para cine… de todo, por esa hambre que yo tenía de aprovechar esa oportunidad. Y, por supuesto, me empeñé mucho con lo del canto. Estudié improvisación vocal, scat singing, que es una forma muy instrumentalista de utilizar la voz. Eso lo hice como especialidad con el maestro Bob Stoloff. Y, claro, también estudié todas las otras materias que me formaron como músico.

Antes de eso habías empezado a estudiar para ser técnico en computación. ¿Por qué no seguiste?

Eso fue en los inicios de la Universidad Nueva Esparta, cuando era el Instituto Nueva Esparta. Yo quería estudiar Psicología en la UCAB, pero no me dio el índice académico. Luego me metí a estudiar Educación, y me aburrí. Fue entonces cuando me pasé a estudiar programación. Lo hice porque el instituto estaba cerca de la casa y para no quedarme sin hacer algo mientras decidía qué quería.

Un amigo que estudiaba en Ars Nova me contó de todas las maravillas que estaba aprendiendo allí y me fui a conocer la escuela. Dejé la programación bajo la premisa de que yo igual no pensaba ejercer eso a pesar de que me estaba yendo bien, era buen estudiante y me gustaba, pero no como para dedicarle el resto de mi vida. Y me puse a estudiar música.

¿Cómo te diste a conocer?

Yo no me considero famoso. Yo no tengo idea, y te lo digo de corazón, del alcance que puedan tener las cosas que yo hago. Entonces, eso de si me di a conocer o de si soy una figura pública lo tendría que responder otra persona porque yo soy el más lejano a la realidad en ese sentido. Si tú me lo preguntas, te diría que soy un músico de laboratorio que está todo el tiempo encerrado trabajando. Yo hoy día publico las cosas que hago, pero no veo nada de lo que pasa después de que eso sale de mis manos.

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Siempre he estado activo. La sensación que tengo es que siempre he estado haciendo un trabajo, no es como una montaña o una escalera que uno va subiendo, sino que son como olas o periodos en la vida donde mi trabajo tuvo exposición y hay una sensación de fama pero que no es masiva. Una persona famosa es famosa. En Venezuela tú dices Chataing y todo el mundo sabe quién es Chataing. Los ejemplos sobran. Yo no. Simplemente hago un trabajo que tiene exposición y hay un grupo de gente que se entera que es más numeroso que la familia de uno, sí. Pero tampoco es una cuestión masiva.

¿La fama no es importante para ti?

La fama, sencillamente, es lo que hace falta para poder vender un producto. Si tú tienes una fábrica de chocolate y tu chocolate no lo conoce nadie, va a ser muy difícil que lo vendas. Para eso es para lo que sirve la fama. 

Una cosa es la fama, otra el reconocimiento y dentro de este tienes el reconocimiento popular, el reconocimiento de la gente entendida… Hay tantas variables sutiles dentro de esto que llaman fama. Pero la fama solo por ser famoso no me interesa en lo absoluto, no sirve absolutamente de nada.  La fama vacua, la fama insípida, la fama que se parece a la espuma, no me interesa…

Ahora, que el trabajo de uno sea conocido y que tenga aceptación y que eso te permita continuar trabajando y creciendo, eso sí me interesa. Hay que definir muy bien lo que se entiende por fama. La fama es una ilusión. La fama se ve muy apetitosa desde afuera, pero la gente verdaderamente famosa es prisionera de la fama. Es una fama que a mí no me corresponde porque yo no soy actor de Hollywood y con las cosas que yo hago tampoco estoy apuntando a un mercado masivo. Esa fama es un problema para muchas personas. Entonces, lo que sí quiero es que se conozca mi trabajo, sobre todo porque eso es lo que permite que yo lo pueda seguir haciendo.

Yo he ido haciendo lo que me ha tocado, lo que ha ido resolviendo la vida. Cuando regresé a Venezuela de Berklee armé un grupo que se llamó Los Caraqueños, con el que hacíamos fusión de música venezolana. Nos fue bien, hicimos varios conciertos. Pero al mismo tiempo me preguntaba de qué íbamos a vivir. Y como lo que se hacía en ese momento para ganar dinero era música para comerciales, empezamos a hacer música para comerciales. Había que ganar dinero para poder comer y seguir adelante. Entonces agarré una computadora y empecé a editar los audios, a mezclar y a hacer todo lo que hacía falta para poder hacer ese trabajo, y empecé a hacerlo porque ¡había que resolver!

Esa es la gran verdad. A veces se tiene una visión muy romántica de las carreras artísticas. Yo he sido muy pragmático en cuanto a lo que yo necesito para poder vivir y las herramientas que tengo están vinculadas al mundo de la música porque es para lo que estoy preparado.

¿Y qué tienes entre manos en este momento?

A lo que le dedico más tiempo es a La cata musical, que es algo que me encanta, que me emociona muuucho. Siento que allí se unen muchas cosas que me gustan, que me hacen muy feliz. Y también por la reacción de la gente, lo que comentan de los videos, eso me entusiasma un montón. Entonces, tengo que poner esto como protagónico aunque no sea la actividad lucrativa principal en este momento, pero es muy protagónico en mi corazón.

Todos mis planes en este momento tienen que ver con La cata musical. Hay un proyecto precioso con el que ya estoy activo y trabajando, pero hay que labrar mucho para que salga a flote. La cata musical va a ser más que un canal de YouTube. Espero que pueda mostrárselos dentro de poco.   

¿Estás contento con tu vida, con lo que has logrado?

Yo estoy más contento es por lo que puedo lograr. Lo que me mantiene vivo son las aspiraciones. No me quiero poner técnico porque puede ser increíblemente aburrido, pero en la medida que el oído se va desarrollando, en la medida que mis capacidades van creciendo, en la medida que yo aprendo a usar más herramientas para crear cosas, yo soy feliz. Eso es realmente lo que a mí me mueve.

Y aspiro a ser mejor. Tengo muchas cosas que quisiera mejorar. Quisiera ser más solvente con el piano, entonces sigo estudiando piano para poder lograr ese otro nivel que quisiera tener, y eso me mantiene motivado. Igual me pasa con la voz. Tengo ahorita un tema con la voz, porque siento que nunca la trabajé bien, pero ahora lo estoy terminando de entender y por eso estudio canto todos los días para poder lograr el registro agudo de una forma más relajada. Mi vida profesional se trata de eso, de ir aprendiendo, ir creciendo, de ir experimentando, de retarme a mí mismo para lograr cosas nuevas. En ese sentido estoy muy contento.

Quisiera estar dedicado a una sola cosa. Por ejemplo, si yo solamente estuviera haciendo La cata musical y si tuviera un equipo que me estuviera ayudando para poder leer más, porque ahorita estoy repasando muchas cosas de historia, sería más feliz aún. Pero, al mismo tiempo, estoy muy agradecido con todas las cosas que estoy haciendo porque aprendo mucho. Pero sí, estoy muy contento, sobre todo muy contento de la decisión de haber estudiado música y de haber crecido en esta profesión.                                       

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