No seremos los mismos – por Rodolfo Izaguirre

NO SEREMOS LOS MISMOS

Cada vez que el país venezolano se estremece y padece una catástrofe natural: un terremoto, un deslave conocido como la tragedia de Vargas que inauguró la era chavista o hasta el propio chavismo visto como tragedia sociopolítica, escuchamos decir con lágrimas en los ojos y abatidos por el infortunio, que ya no seremos los mismos, que ya no podremos vivir serenos y afables arrastrando el peso de la tragedia, sin percatarnos que es todo lo contrario: seguimos siendo quienes somos abrazados a nosotros mismos, obedientes a nuestra propia condición humana que nos impulsa a ser hoy solidarios y generosos y mañana ávidos, crueles indiferentes y mezquinos con los más desafortunados, tal como ocurre hoy con la devastación física de buena parte del litoral vecino a Caracas.

Sin ir mas lejos, basta con saber que la hermana mayor revuelve papeles en el juzgado para quitarle la casa a la hermana menor y dejarla en la calle. Es decir, nos abrazamos al depredador que también somos.

Son muchos los que infatigables y con anónima heroicidad remueven escombros para rescatar las voces que claman ayuda desde las ruinas del edificio en derrumbe, pero también son muchos los que fingen ser damnificados solo para recibir beneficios y otros logran desviar las donaciones destinadas a los sitios en riesgo, con el propósito de hacer uso distinto de las ayudas humanitarias o fingir que su propia casa milagrosamente intacta, sirve como lugar de acopio de donaciones. Se pretende asociar semejante codicia con la tradicional viveza criolla y no es así porque la viveza roza la picardía y nada tiene que ver con la delincuencia.

Son muchos los escándalos en este sentido, tal vez el más espectacular ha sido el ocurrido con los envíos humanitarios panameños, que en lugar de llegar a La Guaira, encontraron un distinto destino de provecho para satisfacer una criminal avidez.

Los ociosos soldaditos hacinados en el cuartel recibieron, al parecer, la orden de salir y ayudar a los rescatistas.   

Sé que en los barrios se produjeron cientos de arepas rellenas o no y ollas de hervido y de avena y hemos ayudado para alimentar a los damnificados refugiados en el Llanito. De acuerdo a la parábola cristiana, cada arepa elaborada por seres que están renunciando a su propia alimentación en circunstancias de permanente carencia, tiene más valor y significación que la inesperada fortuna de Edmundo Dantés.

Los venezolanos, chavistas o no, y buena parte del mundo están molestos por la ineptitud del gobierno. Es cierto que se vieron militares cerca de los escombros, pero con sus armas de reglamento en lugar de palas u otros instrumentos útiles para remover lo que ha quedado de la casas o edificios y devolver a la vida a los seres allí atrapados. Se dice que no estamos preparados para enfrentar a los terremotos, pero los terremotos no suceden cada semana y tampoco anuncian sus visitas.

Además, los terremotos provocan la muerte, pero también dejan sobrevivientes. Lo que realmente mata alevosamente es el ladrillo hueco, el material barato que usan algunos constructores; la precariedad. ¿Hay justicia? ¡No! Lo que tenemos es Justicia Divina. Amigos, llevo años escuchando que la Fe mueve montañas, pero jamás he visto moverse una y no sé muy bien qué es la Justicia Divina.

El problema está en cada uno de nosotros, en nuestra condición humana que oscila permanentemente entre el bien y el mal. Frente a un enemigo tozudo y peligroso como el terremoto, nos  comportamos como nos lo indica el animal de costumbre que llevamos dentro y yo mismo que creo ser buena persona, puedo tropezar de pronto y caer al abismo de la inmisericordia.

Khaterine Roa cries as members of the Los Angeles County Fire Department search for survivors at a building that collapsed during the earthquakes that struck La Guaira, Venezuela, Tuesday, June 30, 2026. (AP Photo/Matias Delacroix)

No sé qué hacer ahora que estoy llegando al final de mi vida: ser más humano o, por el contrario, tratar de serlo menos y deja de mentir diciéndome que después de esta tragedia del 24 de junio ya no seré el mismo.

Rodolfo Izaguirre

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