Venezuela: Rumbo a la recuperación del Esequibo
Venezuela: Rumbo a la recuperación del Esequibo

Venezuela: Rumbo a la recuperación del Esequibo, VIII Fase – 85ta. entrega

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(Continuación)

El uso del poder estructural situacional y táctico de Venezuela frente a Guyana y viceversa, fue el tema principal sobre el que se centró el suscrito en el escrito del artículo anterior, en el que el Gobierno de Guyana se aprovechó abiertamente de su debilidad situacional, para involucrar a otros países y organismos internacionales no solo a su favor, sino para actuar frontalmente en contra de Venezuela, en aprovechamiento de la situación geopolítica y geoeconómica del momento, la cual ha sido puesta en el tapete del tablero estratégico internacional y regional, haciendo uso del poder táctico, a propósito de desviar la atención en cuanto a la debilidad propia de dicho Gobierno guyanés, al no poder sustentar históricamente la tenencia administrativa de un territorio que no le pertenece, pretendiendo ejercer la soberanía en el espacio geográfico integral reclamado por los venezolanos desde la nefasta sentencia del Laudo Arbitral de París de 1899, incumpliendo lo establecido posteriormente en el Acuerdo de Ginebra de 1966, y delegando su evasiva en manos de la Corte Internacional de Justicia. Además de una asfixiada viveza, más bien considero que ello ha sido una irresponsabilidad mayúscula que tendrá a corto o mediano plazo, de una manera u otra sus consecuencias, en las que el Gobierno de Guyana tendrá que recoger nuevamente los restos de sus cimientos mal apuntalados y esparcidos inoportuna e inapropiadamente.

También había manifestado el suscrito, que la utilización de la política venezolana sobre esta controversia territorial a través de otros medios no diplomáticos al margen del Derecho Internacional, podría conformar otra alternativa, pero ella se descarta en la actualidad, dado que la superioridad militar del Estado venezolano en la balanza del poder estructural agregado, señala con probabilidades muy favorables, que la ocupación del espacio geográfico integral esequibense sería totalmente factible; pero en el actual sistema internacional, ello implicaría costos y riesgos, donde la modificación por la fuerza de fronteras reconocidas por Estados medianos y pequeños, es una conducta difícilmente aceptable dado que acarrearía consecuencias innecesarias.

Pero en este complejo juego estratégico, existen otras variables que podrían conducir a una alternativa viable, que de por sí prevé intensos y prolongados trabajos por parte del Estado venezolano, pues tendría su fundamento en la penetración política, cultural y económica a las poblaciones que habitan en el territorio que debería ya haber conformado el vigésimo cuarto Estado venezolano denominado Esequibo, quienes mayoritariamente se encuentran en las zonas selváticas y adyacentes a la línea fronteriza fijada por el Laudo de París de 1899, y que justifican la presencia “pacífica” de Venezuela con el fin de proteger la vida y el derecho de autodeterminación del pueblo amerindio, unificado históricamente con los venezolanos, antes de la llegada de los ingleses y su invasión al espacio geográfico integral que le corresponde legítimamente antes de 1810; sin embargo, esta alternativa tendría cabida si así lo manifiesta dicha población, o dependiendo de las circunstancias que permitan obtener el aval de la comunidad internacional, pero ambas formas serían viables.

Celerier (1975) ha manifestado que la geopolítica tiene el mérito de despejar los hechos que determinan una situación política determinada, así como también, “…encerrarse en las fronteras de una Nación, desbordar y concernir a varios Estados, cuyo parentesco político queda así aclarado”. (p.16) (el subrayado es nuestro). Esta expresión de Celerier tiene una clara justificación y aplicación de Venezuela sobre los habitantes actuales en el Esequibo, dado que Guyana solo se ha limitado a manipular la controversia territorial ante la comunidad internacional como un hecho existencial, al preocuparse únicamente por exteriorizar que están en juego más de las dos terceras partes del actual espacio geográfico. La salvaguarda de la integridad territorial debería ser un fin apremiante para esa Nación, pero la realidad de hoy en día, indica que existen sólidas diferencias denotando lo contrario, lo que debería virar el sentido de esta controversia dependiendo del deseo y la voluntad con que Venezuela persiga la reclamación, sin obviar el ruido inmiscuido unilateralmente entre el Secretario General de la ONU y el Gobierno de Guyana, mediante la inserción de la variable que se agregó a la ecuación matriz con la participación de la Corte Internacional de Justicia.

Para Guyana, la intensidad con la que se busca el resultado preferido (poder estructural situacional) en apariencia es significativa, pero los hechos sustentados a través de esta larga investigación realizada, con el vacío poblacional, cultura, divisiones y tendencias, señalan otra realidad, pero también, la reclamación del espacio geográfico integral del Esequibo para Venezuela no está por lo general en el peldaño más alto de la escala de prioridades. El desconocimiento de la mayoría sobre esta problemática, las insuficientes acciones generadas en la frontera, y la inconstancia de las políticas sobre esta reclamación, ubican a esta problemática en un estado flemático, que se reactiva transitoria y precariamente cuando se origina algún acontecimiento que le hace recordar a la opinión pública nacional la reclamación integral existente.

Las acciones de naturaleza positiva para el Estado venezolano ante Guyana que han ocurrido en el tiempo y con amplitud de alternativas, definen hoy en día, que ineludiblemente el poder estructural situacional sobre esta controversia requiere incrementar sensiblemente su intensidad. Hace años, el fracaso de la negociación del gobierno guyanés con la empresa norteamericana Beal Aereospace, para la construcción de una base de lanzamiento de satélites en el espacio geográfico integral esequibense, fue ejemplo del logro alcanzado en el pasado, pero ello hoy en día ya es insuficiente, dado que en nuestras narices, la empresa norteamericana ExxonMobil ha realizado exploraciones y explotaciones del petróleo existente en los espacios acuáticos del Esequibo a pesar de los llamados realizados sobre la ilegalidad de sus acciones, avanzando hacia el oeste de la fachada marítima atlántica, apoyada por el Gobierno norteamericano, autorizada por el Gobierno guyanés, auspiciada silente y complacientemente por una parte de la comunidad internacional, con los gastos sufragados por la empresa norteamericana ya señalada en favor de Guyana por quince millones de dólares, para cubrir los costos de la demanda introducida ante la Corte Internacional de la Haya para dirimir sobre la validez o no del Laudo Arbitral de París de 1899.

Venezuela desde la firma del Acuerdo de Ginebra de 1966, ha oscilado en su actuación entre etapas de presión y cooperación. En los de presión, trató de utilizar los recursos que conforman el poder agregado en contra de Guyana, con el fin de amedrentarla para que aceptase la tesis venezolana de buscar la solución a la controversia a través del arreglo, previo el entendimiento de ambas partes; esta presión ha sido dirigida a propósito de resquebrajar el statu quo como la mejor alternativa del poder estructural situacional de la Nación; sin embargo, el poder táctico en la política exterior venezolana cambió, tratando de transformar la presión ejercida con el uso del poder estructural agregado y situacional, en mejoras dentro del contexto del acuerdo negociado con Guyana, permitiendo a través de la cooperación el apoyo al proyecto de Alto Mazaruni, la venta de la energía eléctrica a través de la interconexión con el sistema Guri mediante costos bajos, facilidades petroleras y cooperación económica en general. La intención paciente de esta actitud, fue la de aumentar los costos de compromiso de la posición guyanesa, quien ha sido tácita y pacíficamente intransigente.

Está claro que Guyana por sí sola no puede jugar frente a Venezuela, y en razón de ello, ha utilizado el poder táctico mediante la participación de otras naciones en esta controversia, pero la razón del pensamiento y la racionalidad de
hechos pasados y presentes, señalan que el espacio geográfico integral del Esequibo debe ser entregado legítimamente a su dueño legítimo: los venezolanos, dado que Guyana además de haber recibido el territorio de dicho país obsequiado de manos de Gran Bretaña, no tiene argumento sólido alguno para sustentar en una mesa de entendimiento con Venezuela, la forma de contrarrestar las pruebas irrefutables que históricamente le acompañan a este país para propugnar que el sol de Venezuela nace en el Esequibo.

Cada vez que el tono de la reclamación se ha reactivado por cualquier motivo, el Gobierno de Guyana ha buscado inmediata e intensamente por la vía diplomática, el apoyo de los Estados Unidos, Canadá, Gran Bretaña, Brasil, la Comunidad Británica de Naciones (Commonwealth), la Comunidad de Naciones del Caribe (CARICOM), la Organización de las Naciones Unidas y el Movimiento de los Países No Alineados, hecho que ha ido en el tiempo inclinando la balanza del poder táctico guyanés frente a Venezuela, generando sensibles dificultades de entendimiento para el logro de una solución en el marco del Acuerdo de Ginebra de 1966, a pesar que en mi opinión, ello ha sido una torpeza del Gobierno de Guyana que tendrá futuras consecuencias, y lo que hoy en día luce como condiciones que aparentemente la favorecen; bastaría con echar un vistazo a la situación interna de ese país y a los vuelcos que se están generando en el entorno geopolítico mundial y sobre todo regional. Sugiero que el Estado venezolano tome en cuenta todos los factores en pro y contra actuales, porque NO todo lo que brilla es oro.

Por: C/A (r) Dr. José Chachati Ata

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