Venezuela: Rumbo a la recuperación del Esequibo
Venezuela: Rumbo a la recuperación del Esequibo

Venezuela: Rumbo a la recuperación del Esequibo, VIII Fase – 88ma. entrega

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(Continuación)

Partiendo como base fundamental sobre la decisión que se había tomado y que debe seguir sustentando el proceso de entendimiento entre Venezuela y Guyana sobre la recuperación del espacio geográfico integral del Esequibo, como lo ha sido y es ineludiblemente el Acuerdo de Ginebra de 1966 firmado hace cincuenta y cinco años, el cual estableció la aplicación de medios para alcanzar una solución pacífica y satisfactoria para ambas partes, se ha conformado un común denominador utilizado como parte del poder táctico de ambos países, a propósito de seguir corriendo la arruga sobre todo en el ámbito geopolítico, y lograr ganar así el mayor tiempo posible, de hecho, la firma del Protocolo de Puerto España, constituyó el punto de ignición de dicha estrategia, para reducir los efectos reactivos del Gobierno guyanés en contra de Venezuela durante la presidencia del Sr. Forbes Burham, una vez que le fue condescendido a ese país el otorgamiento de su independencia del Reino Unido.

Al haber señalado al ámbito geopolítico como médula neurálgica de estas actuaciones, surgieron posiciones y acciones naturales, que en el caso de Venezuela, despertaron la necesidad de asentar sólidas posiciones institucionales y gubernamentales, resaltando con ello la manifestación del uso de la lupa castrense, ajustada por un lado a la posición del estamento político, y por el otro, a la conformación de una hipótesis adecuada a la continuación de la política venezolana por otros medios, mientras que en el ámbito internacional ante la situación reinante, nuestro país se vio rodeado en el tablero estratégico situacional, de la conformación de algunas alianzas que además de sus intereses, utilizaron la ideología como como base para el alcance de sus fines.

Y es así como el Gobierno de Guyana sin haber considerado en lo más mínimo la amplia dimensión que implica el contexto de la cooperación, y por supuesto, de la manifiesta reciprocidad que debió corresponderse por razones netamente éticas, continuó actuando ofensivamente a Venezuela, y sin menoscabo de su absurdo pronunciamiento, solicitó de manera paralela su inclusión en el Acuerdo de PetroCaribe, lo cual fue aceptado por el Gobierno venezolano, permitiéndole con ello, que el país vecino pudiese percibir las bondades del Acuerdo energético; y mientras ello se materializaba, trató de debilitar abiertamente la reclamación sobre el espacio geográfico integral del Esequibo, haciendo uso unilateral y contrario a lo establecido en el Acuerdo de Ginebra, de áreas geográficas en dicho espacio para la producción de arroz.

A inicios del siglo XXI, particularmente en el año 2002, el Estado venezolano inició como parte de su política exterior, una sensible ofensiva diplomática con el fin de escudar su legitimidad internacional, siendo ello exacerbado en la XXXII Asamblea General de la Organización de Estados Americanos (OEA) celebrada en Barbados, en el que la diplomacia venezolana logró una significativa aceptación para debilitar la idea del Gobierno norteamericano en cuanto a la conformación de un mecanismo para resolver el conflicto político en Venezuela; en este contexto, el giro que se venía produciendo a nivel internacional para la estabilidad del mercado de hidrocarburos, aunado a la promoción filosófica para la ordenación de un mundo multipolar, permitió crear condiciones idóneas para el acercamiento regional, el fortalecimiento del comercio exterior, y las inversiones entre los países del Caribe. Es innegable que ello había sido una jugada estratégica maestra, en el que la geopolítica petrolera venezolana había sido muy bien aprovechada y utilizada para el alcance de estos fines, mediante la firma del Acuerdo Energético de Caracas, el cual se aplicó en paralelo al Acuerdo de San José, firmado en 1980, otorgando sensibles beneficios a varios de estos países en el Caribe.

La práctica que hemos venido observando en el tiempo y que ha regido la política exterior de los países caribeños, tomando en consideración sus condiciones de extrema dependencia de otros países y desigualdad en general, les ha permitido su participación política en distintos escenarios de carácter internacional, logrando así, obtener el reconocimiento como Estados emergentes con capacidad de incidir en decisiones sobre algunos temas que abarcan un interés global, además de asegurarse tratos preferenciales y de cooperación económica. Ello ha constituido una manipulación estratégica que tiene válida cabida tanto en el marco sobre el uso del poder estructural agregado como situacional, en el que el conglomerado de problemas económicos (pobreza) y medioambientales (desastres naturales) existentes en la región por la posición geográfica de estos, jugaron a favor de Venezuela, quien aprovechó su inserción ante el vacío silente generado por otras potencias del primer mundo en el continente.

Es así como la integración regional comenzó a estructurar una fuerza orientada a lo que podría ser el nuevo orden mundial en el hemisferio occidental a partir del año 2005, en el que se conformaron sendas maquinarias en el mundo de los negocios que lograron la aceptación de los pequeños Estados del Caribe, hecho que cayó como anillo al dedo. e hecho, el Gobierno de Guyana, ante la inminente actuación ofensiva y contraria a lo establecido en el Acuerdo de Ginebra de 1966, genera cambios en su política de acercamiento a Venezuela, logrando que la disputa territorial fuese en paralelo a otros entendimientos, como lo es la delimitación del mar territorial entre ambos países.

Cambios políticos posteriores originados en el Gobierno de Guyana desde ese entonces, obligaron al análisis, evaluación y entendimientos adicionales en un nuevo cuadro de intereses, considerando que internamente, esa Nación había venido impulsando difíciles y comprometedoras tendencias a una desintegración política y social, como consecuencia de las luchas entre clases que precisamente propulsaron el proceso de descolonización e independencia del Reino Unido de Gran Bretaña, que a pesar de las diferencias polarizadas existentes entre las razas hindú y negra como población predominante, se lograron establecer tanto la ideología establecida con tendencia socialista, y la propensión hacia la conformación de un gobierno monopartidista, quedando marcado el socialismo como única forma de transformación social.

Lógicamente, esta coincidencia doctrinaria en materia política, conllevó a que Guyana acogiese como parte de sus políticas, el acercamiento impulsado por Venezuela, con lo que se daría cabida a un posible y adecuado que escenario que permitiese buscar el arreglo del litigio fronterizo existente. Y fue así, como el Gobierno de Venezuela manifestó que no iba a obstaculizar la realización de ningún proyecto en el Esequibo que beneficie a los ciudadanos de la zona, y que los proyectos sensibles serían revisados por una comisión bilateral. Aunado a esta información, se agregó que el asunto del Esequibo sería eliminado del marco de las relaciones sociales, políticas y económicas de los dos países. Así lo precisó la prensa guyanesa.

Este vuelco de la política exterior venezolana a través de la declaración señalada, fue interpretado por el Gobierno de Guyana como un reconocimiento tácito a la posición oficial sobre la validez del Laudo Arbitral de París de 1899, posición a la que se suma con el irrestricto respaldo de los países que forman parte de la CARICOM. Aunado a ello, Guyana se adhiere al Acuerdo de Petrocaribe como ya se había señalado anteriormente, asegurando el suministro venezolano de productos derivados del petróleo. Ahora bien, si revisamos el contenido de dicho Acuerdo, se puede resaltar que en el mismo a diferencia de los acuerdos anteriores, se prevé el financiamiento de 25% de la factura, con un año de gracia, pagadero en 15 años y con un 2% de interés; igualmente se propone una escala de financiamiento del 40% de la factura petrolera, tomando como referencia el precio de los hidrocarburos, extendiendo el período de gracia para el financiamiento de uno a dos años, y la extensión del período de pago de 17 a 25 años, reduciendo el interés al 1%, si el precio del petróleo supera los 40 dólares por barril. El pago a corto plazo del 60% de la factura se extiende de 30 a 90 días, siendo aceptado por el Gobierno venezolano .que parte del pago diferenciado de la factura se realice con bienes y servicios, por los que puede ofrecer, en algunos casos, precios especiales.

Y fue así como Guyana se ubicó en el octavo lugar como nación beneficiada de este Acuerdo, con la recepción de 5.200 barriles diarios, que para los efectos de sus necesidades, dicho suministro equivale al 50% de su consumo interno en cuanto a derivados petroleros, como la gasolina, el asfalto, jet fuel y diesel. Y a partir de allí, en el año 2008, Guyana se vio forzada a incrementar el valor de su factura petrolera en un 60%, a propósito de incrementar el consumo de energía destinada al aparato productivo interno, despertando preocupación en algunos sectores internos de ese país, por los riesgos que se podían suscitar en lo que respecta al tema aún no resuelto sobre la controversia territorial del espacio geográfico integral del Esequibo.

Y mientras tanto, con la clara tendencia manipuladora y evasiva de Guyana en cuanto a la búsqueda de una solución práctica y satisfactoria en el contexto del Acuerdo de Ginebra, el gobierno de Guyana, a través de su Presidente Jagdeo orientó sus acciones prioritarias con Venezuela para buscar la reducción de la deuda, invocando el mecanismo de compensación previsto en el Acuerdo Petrocaribe, y a la vez, aprovechó el incremento de la demanda mundial de alimentos para fortalecer la producción agroexportadora de su país en el rubro de arroz, recordando que la siembra del mismo se realizó a expensas de Venezuela, violando expresamente lo establecido en la firma de Ginebra; sin embargo, en el año 2009, Venezuela como gesto adicional para estrechar los nexos con Guyana, aceptó la propuesta de canjear arroz por petróleo.

Esta sumatoria de hechos indistintamente de la tolda política, de las posiciones encontradas en el ámbito venezolano, demuestra que con las intenciones que ha venido actuando nuestro país con la nación vecina, la cooperación ha tenido una sola dirección, es decir, solo de Venezuela a Guyana, y sobre la reciprocidad, esta ha brillado totalmente por su ausencia. Verbo y gracia, la historia ha demostrado hasta donde ha llegado el Gobierno de Guyana a expensas de las intenciones y acciones de Venezuela, en el que como respuesta a todo cuanto se le ha brindado, ha demandado a Venezuela ante La Corte Penal Internacional, ha violado premeditadamente el Acuerdo de Ginebra, ha otorgado concesiones petroleras en los espacios acuáticos del Esequibo y se ha estado beneficiando a expensas de todos los venezolanos. Es necesario levantar la voz al unísono frente a este descalabrado atropello.

Por: C/A (r) Dr. José Chachati Ata

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