Siudy Garrido: “El flamenco me lo ha dado todo”

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Por Katty Salerno

Siudy Garrido (Caracas, 1979) dice que el flamenco es el lugar donde se siente en casa. Y no es una metáfora. Nació de la más importante maestra e impulsora del flamenco en Venezuela, Siudy Quintero, y se crió entre bailaoras y músicos del cante jondo. Pudo haber sido Miss Venezuela, porque es bellísima y Osmel Sousa le pidió que se inscribiera en el certamen. Pero ella se enamoró del flamenco y le ha sido fiel porque “me lo ha dado todo”, como aseguró en esta entrevista exclusiva con Curadas.com.

A los 5 años comenzó a estudiar ballet y flamenco en la escuela de su madre, Academia Siudy. También recibió formación en Madrid, donde tuvo la oportunidad de pertenecer a la compañía de Antonio Canales. Su carrera profesional la inició a los 14, cuando formó parte de la compañía de flamenco de su madre, con la que dio sus primeros pasos como coreógrafa. En el año 2000 creó su propia compañía, Siudy Garrido Flamenco Company, que debutó con la obra Caminos flamencos, estrenada en el Epcot Center Disney.

Por estos días está metida de lleno en la preparación de la gira que realizará en octubre próximo con su nuevo espectáculo, Bailaora, con música original de Juan Parrilla y 15 artistas en escena. La gira incluirá Miami, Nueva York, Orlando y Tampa. Acaba de regresar de México, donde participó en uno de los festivales de flamenco más importantes, el Ibérica Contemporánea, compartiendo con artistas de renombre de España. “También estuve dictando talleres intensivos y presentamos un homenaje al maestro Farruco donde mi compañía participó junto a la de Rafael Campallo y La Farruca. En mi compañía de danza, radicada en la ciudad de Miami, y en nuestra sede también se imparten clases. Recibimos bailaores que vienen a entrenarse con nosotros desde todas partes”, cuenta.

Asegura que no lleva la cuenta de los países, ciudades y teatros en los que ha presentado sus espectáculos, pero en un recuento rápido menciona Estados Unidos – Miami, Tampa, Orlando, Nueva York, Los Ángeles, Santa Mónica, Thousand Oaks, Des Moines, Houston y Kansas – México, Canadá, Costa Rica, Ecuador y Venezuela. “La verdad es que me faltan muchos países por visitar y esperamos ir con mi nueva producción Bailaora”, dice.

Broadway, el corazón de la industria del teatro en Estados Unidos, recibió a Siudy Garrido con su obra Entre mundos, que se presentó por tres meses. Por este trabajo fue nominada, en 2011, como coreógrafa sobresaliente al premio Drama Desk, con el que Broadway reconoce la excelencia en las producciones teatrales. Esta vivencia está recogida en el documental Siudy Between Worlds, 50 performance of the American Dreams. Dirigido por Pablo Croce, ha sido presentado en importantes festivales y está disponible en varias plataformas de streaming.

El flamenco, más que una forma de vida

Te formaste bajo la tutela de tu mamá y seguramente esto tuvo una gran influencia en tu vida. Pero hay hijos de médicos que no siguen el camino de la medicina, o hijos de abogados que no siguen el camino de las leyes. ¿Qué te enamoró del flamenco que te hizo seguirlo?
Mi vida en el flamenco comienza en el vientre de mi madre, tuve la dicha de crecer en un hogar donde el flamenco siempre ha estado y sigue estando presente.  Los recuerdos de mi niñez son de ensayos junto a músicos y bailaoras, en teatros, camerinos, especiales para TV, tablaos y viajando por todo el país con la compañía que mi madre tenía…  Esa vida me enamoró desde pequeña.

Mis recuerdos también son de disciplina y trabajo, tanto en la escuela de mi madre como en mi hogar, donde aprendí valores muy importantes para el resto de mi vida, como dar siempre un buen ejemplo actuando de forma correcta y trabajar duro para alcanzar los sueños. Ella siempre fue inspiración de cómo a través del trabajo, el amor, la dedicación y entrega absoluta logras alcanzar tus sueños y obtener el respeto y admiración de los que te rodean. Esos valores que mi madre sembró a través del arte flamenco son muy fuertes y estarían independientemente de que me dedicara a esto o no.

Del flamenco me enamoré desde siempre. Es el lugar donde me siento en casa. Va mucho más allá de ser un medio de expresión o mi forma de vida. Es un arte que constantemente te está retando, es infinito y nunca dejas de aprender de él. Para mí, el flamenco es un arte supremamente rico, transformador y sobre todo humano.

¿Tu mamá es hija de españoles?
¡Mi madre no es hija ni nieta de españoles! El arte flamenco simplemente la embrujó. Por eso siempre digo que el flamenco es un arte universal de todos y para todos.

¿Cuánto le dedicas al flamenco y cuánto a la familia?
Mi vida está regida por el trabajo de mi compañía. Todos en casa giramos un poco alrededor de eso y de las filmaciones de mi esposo, Pablo Croce, que, además de ser mi socio, es un reconocido director de videos musicales y documentales. No tengo hijos, aunque él tiene dos niños que ya tienen 22 años y 24 años, a quienes conozco desde que tenían 7 y 9 años. En cierta forma ellos han llenado esa parte dentro de nuestra familia. La niña Isabel es la luz de mis ojos. Me siento supremamente orgullosa de ambos y de tenerlos en mi vida.

¿Cómo se conocieron tú y Pablo?
Lo conocí porque él filmó un video mío. Desde el primer momento supimos que éramos almas gemelas. Nuestra conexión artística fue inmediata.

Aparte del baile y de la familia, ¿hay espacio para algo más en tu vida?
La verdad, disfruto tanto mi trabajo que en mi hogar es nuestro mayor pasatiempo. También tenemos dos perritos: Shakespeare, de 15 años; y Romeo, que es el bebé de la casa, de un año y dos meses. Ellos son mi mayor entretenimiento.

Eres una mujer muy linda. ¿Nunca te pasó por la mente participar en el Miss Venezuela o ser modelo?
A los 13 años hice mi primer casting y tuve la oportunidad de participar en varias campañas publicitarias y comerciales de televisión. Aprendí mucho de esa experiencia, a perder el miedo a las cámaras, a hablar frente a ellas, y en cierta forma a sentirme cómoda frente a un lente (aunque no lo creas soy muy tímida de naturaleza). Estas experiencias me ayudaron muchísimo; sin embargo, siempre vi eso como un complemento, no me llenaba lo suficiente como para dedicarme a ello.

En varias ocasiones me ofrecieron participar en el Miss Venezuela, pero la verdad no me veía concursando por una corona de belleza. Siempre le bromeaba a Osmel y le decía que si participaba terminaría coreografiando a las misses en vez de concursando. De hecho, cuando participé en 2004 en el Miss Venezuela como invitada en uno de los musicales de Joaquín Riviera, Osmel me agarró y me dijo “Me hubiese gustado verte aquí, pero de otra forma”.

Con su compañía, Siudy Garrido ya ha montado seis obras completas originales: Caminos flamencos, su primer espectáculo original; En cuerpo y alma, Entre mundos (con la que se internacionalizó), Flamenco íntimo, que es uno de los más presentados y sigue en el repertorio; su propia versión de El amor brujo, de Manuel de Falla, que es una de las obras que más reconocimiento le ha dado; y la más reciente, Bailaora, que se estrenó en 2019.

¿En qué te inspiras para concebir tus espectáculos?
Cada uno de estos espectáculos se ha inspirado de forma diferente. En el caso de Entre mundos fue una cocreación con Pablo en la que se trabaja el diálogo entre los géneros urbano y flamenco. Flamenco íntimo fue una búsqueda de regreso a esas raíces flamencas, pero al mismo tiempo a esa intimidad que es cambiante, por eso es un espectáculo que va cambiando. A pesar de que se estrenó en 2014 ha ido evolucionando en el tiempo y por eso se han presentado diferentes versiones.

¿Cuál es la mayor satisfacción que te ha dejado el flamenco?
Son demasiadas, no pudiera elegir una. El flamenco me ha llevado a compartir escenario con artistas a los que admiro infinitamente como Alejandro Sanz, Maná, Romeo Santos, Farruquito, Antonio Canales, Gustavo Dudamel, entre otros. Gracias a él he pisado escenarios inolvidables como el Hollywood Bowl y el Walt Disney Hall de Los Ángeles, y hoy en día soy socia Cultural del Adrienne Arsht Center, en Miami, Estados Unidos. He compartido con compañeros únicos, muy talentosos y sobre todo auténticos como seres humanos y como artistas. A mí el flamenco me lo ha dado todo.

Pero también has bailado en tablaos flamencos…
Claro, por muchos años bailé en tablaos. El flamenco nace del tablao y es el lugar en donde se hace el bailaor o bailaora. Uno de los tablaos más emblemáticos donde trabajé fue el Casa Patas, en Madrid. Ahí me presenté por primera vez a los 17 años y luego regresé a los 19. Lamentablemente cerró por la pandemia, pero era uno de los tablaos más reconocidos y en la época en la que yo bailé se presentaban figuras muy importantes.

El arte

Qué es más importante para ti al bailar flamenco ¿la técnica o el sentimiento?
La técnica es supremamente importante, es la herramienta para poder dejar fluir el sentimiento. El estudio es la mejor forma de honrar un arte para así cultivarlo a diario, eso te lleva a otro nivel, a seguir superándote.

El flamenco es uno de los artes más demandantes que he conocido, es extenso y maneja muchos códigos; no solo me refiero al entrenamiento físico, que es supremamente demandante para mantener el nivel de excelencia de los intérpretes de hoy en día, que es abrumador (velocidad de pies, diferentes estilos de giros, manejo del corporal, manejo de elementos como la bata de cola, el mantón de Manila, abanico, etc.). Cada vez es más complejo y exigente, pero también es muy importante estudiar el cante flamenco, su música y origen, que, al final, es de donde nace el baile y es bastante extenso. Literalmente, nunca dejas de estudiar.

Así que si el flamenco es un arte que cuando te dedicas a él requiere mucho estudio constante y muchísima dedicación. Lo que pasa es que hay diferentes formas de estudiarlo. Puedes estudiar en un salón de clases, o en un estudio tu sola, o con compañeros músicos, inclusive tomándote un café o una copa de vino con un compañero cantaor hablando de historia o estudiando las diferentes formas de aplicar un estilo de cante al baile. Hay muchas formas de estudiarlo. Por eso, cuando te dedicas al flamenco, se dice que más allá de dedicarte al baile flamenco, lo vives día a día.

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¿Con qué te conectas cuando estás bailando?
Lo ideal es conectarte con tu propia esencia, y en mi caso eso pasa cuando no pienso en nada, cuando logras dejarte llevar, lo que es muy difícil cuando estás sobre un escenario donde manejas tantos factores, músicos, elementos de baile, luces… El teatro es como un animal vivo en donde puede pasar cualquier cosa.

Para estar sobre el escenario bailando y simplemente fluyendo con la música, conectando con lo más puro y real de tu propia esencia, tiene que haber mucho trabajo detrás. Conocer muy bien el cante y los músicos que te acompañan, para fluir de forma natural y que tu cuerpo tenga el suficiente entrenamiento y la suficiente memoria muscular para no pensar en el baile, solo fluir y dejar salir eso que es inexplicable y que puede hacer que una audiencia llore o termine aplaudiendo eufóricamente con tu interpretación. Esa conexión entre música y danza que se vuelve uno solo y logra arrastrar a la audiencia a ese mundo único del interprete, es la conexión ideal.

El flamenco, sea como baile, como música o como canto, se identifica con la sensualidad y la pasión. ¿Eres así en lo personal, apasionada y sensual?
Yo no creo que el flamenco sea un arte sensual de naturaleza, creo que la sensualidad dentro del flamenco es una modificación que puede crear el intérprete. Hay mujeres que naturalmente son muy sensuales y su interpretación va a tener algo de esa sensualidad aunque no lo busque. En el caso de la mujer venezolana, que es muy coqueta, aunque no sea sensual de naturaleza va a buscar ser sensual, es posible que por eso en nuestro país se vea como un arte sensual. Pero desde mi forma de verlo, el flamenco es un arte basado mucho más en la tradición, hasta las figuras más evolucionadas y vanguardistas de este arte buscan la evolución a partir de la tradición.

También es un arte muy visceral y que busca la honestidad, donde las poses y las imitaciones no tienen cabida. Es un arte obsesivo que se puede interpretar como apasionado. En este caso sí me considero muy apasionada: en todo lo que hago en mi vida me entrego completamente, al igual que con el baile. Y también respeto mucho las tradiciones. Si algo nos enseña el flamenco es el valor y el respeto a la tradición, a los que han estado antes, a los maestros, algo que se ha perdido mucho en esta era. Creo que el flamenco trae esos valores a flote, ya que es un arte que simplemente no te permite avanzar si no los mantienes. 

¿Tienes alguna habitación o armario especial donde guardas tus trajes de bailaora?
Sí, claro, tengo un depósito donde se guarda todo el vestuario de mi compañía. Actualmente tenemos tres espectáculos que giran, Flamenco íntimo, Amor brujo y Bailaora, y cada uno tiene su propio vestuario, tanto mío como del cuerpo de baile y de los músicos, y todo está almacenado y debidamente ordenado para su mantenimiento. ¡El vestuario es bastante costoso! Un manto de Manila puede costar entre $600 y $3 000 y una bata de cola puede rondar entre $500 y $2 500.

¿Qué metas tienes?
Mi trabajo y misión como compañía de flamenco es seguir aportando mi grano de arena para expandir el alto nivel del arte flamenco y la afición en América; dejar en alto a la comunidad hispana en Estados Unidos a través de la excelencia artística y, por su puesto, a mi país, Venezuela, que lo llevo conmigo a donde voy.

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