Venezuela: Rumbo a la recuperación del Esequibo
Venezuela: Rumbo a la recuperación del Esequibo

Venezuela: Rumbo a la recuperación del Esequibo, VIII Fase – 97ma. entrega

//
7 minutos de lectura

(Continuación)

Continuando con el cierre anterior sobre la necesidad e importancia de resaltar el marco de actuación del Estado venezolano en cuanto a la recuperación del espacio geográfico integral del Esequibo, mediante la revisión de la política exterior actual y el carácter obligante de las distintas respuestas que deben concretarse hacia el Gobierno de Guyana y la comunidad internacional en el marco del Acuerdo de Ginebra de 1966, aunado a la firme voluntad que se requiere en el país para la ejecución de actividades concretas que favorezcan las aspiraciones reivindicativas nacionales, es menester cambiar los paradigmas actuales, en el que pareciese que el Acuerdo antes mencionado ha limitado a Venezuela a mantenerse adoptando una actitud pasiva, mientras que Guyana a sus anchas, se sigue sirviendo de recursos, concesiones, trazados marítimos precipitados e irreflexivos, desconocimiento de tratados internacionales, victimizaciones, acusaciones y manipulaciones ofensivas, que rompen abiertamente lo establecido en el documento firmado hace cincuenta y cinco años entre Gran Bretaña, Guyana y Venezuela, con el silencio complaciente de terceros actores.

Es importante que todos los venezolanos estemos claros, de todo este embrollo que se ha venido creando escalonadamente por el Gobierno de Guyana, cuyo espectro de actuación no podemos ni debemos negarlo, y mucho menos evitarlo, más bien al contrario, debemos evaluarlo y afrontarlo para neutralizar las ilícitas actuaciones que invitan a introducir en el ámbito internacional, una demanda sobre determinadas acciones generadas unilateralmente por ese país, aunado a una contrademanda en cuanto a su proceder ante la Corte Internacional de Justicia, y todo porque la nación vecina carece de fundamentos que le permitan sustentar por la vía del entendimiento, la tenencia de un territorio que al destaparse el caso en su justa dimensión, y con sujetos calificados y honestos en el campo jurídico, podrían sin tanto esfuerzo dirimir la NO validez de la sentencia del Laudo Arbitral de París de 1899.

Tomando en consideración que dicha sentencia no mencionó el vocablo “mar”, aunado a la importancia que ha venido adquiriendo la fachada marítima en el Océano Atlántico, es necesario que Venezuela pueda sincerar su situación actual en el contexto de los acontecimientos geopolíticos regionales y mundiales, de manera que pueda evaluar la realidad geoeconómica y geoestratégica que se derivaría para el Estado venezolano, atendiendo precisamente al nuevo orden en el que están emergiendo y requieren amoldarse los nuevos escenarios que se están presentando, en el que los espacios acuáticos del Atlántico estarían jugando para Venezuela un rol preponderante. Ya esta afirmación no permite más dilaciones ni manejos únicos por la vía diplomática, en el que el Gobierno de Guyana ha irrespetado inescrupulosamente a todo nuestro gentilicio nacional.

Venezuela ha tenido actuaciones contundentes ejercidos en diferentes momentos después de la firma del Acuerdo de Ginebra de 1966, y ello ha conformado fortalezas ineludibles que constituyen basamentos de primer orden para con esta controversia territorial, es decir, a pesar de los reclamos y manipulaciones realizadas en el pasado, Venezuela mantuvo la mayor fortaleza y posicionamiento mediante el uso de su poder estructural agregado y situacional. Por qué, se dejó de lado este baluarte, y se permitió que la tendencia política haya sido contraria, permitiendo ocasionalmente que seamos una nación endeble?

Debemos estar claros, que las actuaciones del Estado venezolano que se ejecuten o se dejen de efectuar en materia directa con Guyana, en el contexto del ámbito político, económico y social, aunado al manejo que le de la Cancillería en cuanto a la conducción de las relaciones internacionales, conformarán un efecto directo de entereza, cordura y sensatez, o caso contrario, una posible fragilidad a la soberanía que debería ejercerse en este caso por parte del brazo disponible para el cumplimiento de sus funciones en los espacios acuáticos antes señalados, como lo es la Armada Bolivariana de Venezuela, incluyendo ineludiblemente el ejercicio de la jurisdicción de esta a partir de la zona contigua; en este contexto, si revisamos a fondo los hechos ocurridos ya en esa fachada marítima, aunado a la continuidad de las acciones autorizadas por el Gobierno de Guyana, es mucho lo que distintos organismos pertenecientes a distintos Ministerios del Gobierno Nacional deben realizar desde ya, para generar no solo cambios puntuales requeridos, sino más bien sensibles transformaciones que conlleven en definitiva a un cambio del statu quo que beneficie a Venezuela, como dueña legítima de todo el espacio geográfico y marítimo que se inicia desde la media de la vaguada del Río Esequibo hacia el oeste.

Llegar a una asimilación adecuada con miras a una transformación en los campos antes mencionados, implica revisar la realidad humana en la que viven y se desenvuelven en la zona de litigio, atendiendo a los parámetros consagrados en el ámbito social de la Nación, dado que estos grupos limitados en los sectores correspondientes a la controversia territorial, tienen condiciones de vida inadecuadas, y son precisamente ellos, quienes mueven la economía en esa región, incluyendo las actividades económicas que se desenvuelven en el mar, lo cual además de la pesca en sus distintas modalidades, incluye también la actividad concedida unilateralmente por Guyana a empresas trasnacionales, para la extracción de hidrocarburos y recursos minerales, extendiendo dichas tareas entre el espacio continental como marítimo.

Particularmente en lo que concierne a los espacios acuáticos del Océano Atlántico, es necesario conocer que la última Convención del Derecho del Mar de las Naciones Unidas que culminó en 1982, en Montego Bay (Jamaica), y que esta se puso en vigencia en 1994, un año después que se produjo la anexión de la República Cooperativa de Guyana; en este contexto, los Estados requieren tomar en consideración lo establecido de manera puntual sobre el marco definitorio de la plataforma continental, en la que el borde exterior del margen continental fue concebido como un espacio a ser definido jurídicamente mediante la selección de uno de los dos mecanismos establecidos de acuerdo a la conveniencia de dichos Estados, y ello estaría relacionado con las características geomorfológicas del suelo marino (plataforma).

Si se revisa la definición del suelo marino (plataforma continental) utilizada en el proceso de delimitación para conformar el Tratado entre Trinidad & Tobago y Venezuela, ambas partes se inclinaron por el mecanismo de las cien millas náuticas a partir de la isóbata (curva para la representación cartográfica de los puntos de igual profundidad en océanos y mares, así como en lagos grandes) correspondiente a los 2.500 metros; sin embargo, en 1995, la República Cooperativa de Guyana como parte firmante de la Convención del Mar antes señalada, aunado a la interpretación unilateral que le dio al texto de los artículos 15, 74 y 83 de dicha Convención, estableció inconsultamente las fronteras marítimas con los países vecinos. En el caso nuestro, fijó como frontera marítima con Venezuela una línea de azimut 025º, la cual iniciaba desde Punta Playa, y que de acuerdo a su criterio, fue el resultado obtenido de la línea media equidistante de la costa, pero la realidad, es que dicho trazado se realizó sin considerar la Línea de Base Recta trazada por Venezuela en el Decreto Nº 1.152, por el cual se trazó dicha Línea de Base Recta en el sector de las costas de Venezuela comprendido entre la línea divisoria del Río Esequibo y Punta Araguapiche en el Territorio Federal Delta Amacuro (espacio territorial que actualmente se encuentra elevado a categoría de “Estado”), publicado en la Gaceta Oficial de Venezuela Nº 28.672 del 9 de julio de 1968.

Ahora bien, es necesario agregar que bajo ese criterio manejado por Guyana, fue que este país vecino trasladó el azimut 025º hasta la línea media entre Trinidad & Tobago, manifestando la delimitación de sus espacios acuáticos, desconociendo la controversia territorial existente, intentando debilitar l establecido en el Acuerdo de Ginebra de 1966, y minimizando una vez más las posibilidades de llegar a un entendimiento, y el Gobierno de Venezuela para ese entonces, no realizó ninguna protesta diplomática, sino que un año después, en 1996, el Estado venezolano trazó un azimut con marcación verdadera 070º desde Punta Playa, a propósito de establecer las áreas operacionales en dichos espacios acuáticos que serían manejados a requerimiento de la Armada venezolana, cuya presencia en ese entonces fue operacional y logísticamente un tanto limitada, aunado a la poca presencia de los organismos y autoridades competentes para el desarrollo geoeconómico y geoestratégico de la zona. En el ejercicio de la soberanía y salvaguarda de dichos espacios acuáticos, es necesario señalar también que aun con las limitaciones existentes, la presencia de Venezuela en esa zona marítima, había sido mayor en el tiempo que la presencia casi nula de Guyana para ese entonces. Un vacío que pudo haber sido mejor aprovechado por el Estado venezolano, y que hoy por hoy, requiere obligatoriamente que se incrementen dichas actividades operativas, con mayor presencia y control contundente sobre las aberradas iniciativas que Guyana ha venido realizando con el apoyo de terceros.

El siglo XXI ha estado cargado de una serie de eventos, en su mayoría contrarios al cónsono entendimiento que debió prevalecer en el Gobierno de Guyana, en firme alineación con la firma del Acuerdo de Ginebra de 1966 y no contrario a este, sumatoria de hechos, que han complicado por ahora el arribo a una solución práctica y satisfactoria, por lo que la ecuación matriz actual del litigio, se ha vuelto muy compleja y polémica, lo que le permite al suscrito abrir una ventana en el imaginario de los eventos ocurridos, para dejar una reflexión necesaria, que aun en el marco de las realidades existentes hoy en día, se justifica que sigamos actualmente los venezolanos manteniendo una actitud prioritariamente pasiva, porque el manejo de la diplomacia como norte del Acuerdo firmado no nos permite ir más allá de dicha actuación?

Cosidero que la respuesta es indudablemente NO. Aun con los errores cometidos, porque debemos reconocerlo, no podemos tapar el sol con un dedo, pero también razono que los errores cometidos por Guyana en estas dos últimas
décadas, han sido mayores y con graves consecuencias para esta, por lo que el Estado venezolano debería revisar el vacío actual que le permitiría actuar con mayor firmeza y debilitar la posición guyanesa que se encuentra en apariencia apuntalada sobre una base sólida, pero la realidad tanto interna como externa NO es así, y todos cuantos estamos involucrados en esta temática, sabemos que es así. Nuestro poder estructural agregado es definitivamente superior, al igual que contamos con las herramientas necesarias para debilitar sin contemplación el poder situacional y táctico de esa Nación, por supuesto, todo en el contexto del Acuerdo de Ginebra. A buen entendedor, pocas palabras.

Por: C/A (r) Dr. José Chachati Ata

Somos Curadas.com Tu compañía en información

Deja un comentario

Your email address will not be published.

Recientes de Blog