Dejar de ser niño – por Rodolfo Izaguirre
Tenía once años cuando murió Tula, mi mamá. La muerte entró sigilosa por la ventana del cuarto principal donde Tula yacía tendida en una cama clínica. Ninguno de los que estábamos allí evitó la bofetada que la mujer del sudario le asestó arrojándola al abismo de la eternidad.