Marialcy Carreño: “Estoy enamorada del periodismo”

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Por Katty Salerno

Marialcy Carreño se graduó de bachiller a los 16 años y de inmediato empezó a estudiar Periodismo en la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB), donde se graduó cinco años después, en 1995, a los 21 años. Se cumplía así la profecía que le hizo una de sus maestras de la escuela Santiago Salazar Fermín, en Porlamar, donde nació el 9 de marzo de 1974. Solo que su maestra no logró ver cuán lejos iba a llegar su pupila: hoy es directora de noticias en Las Vegas de Telemundo, una de las cadenas de televisión en español más importantes de Estados Unidos. Y su calidad profesional ha sido reconocida ya con siete Premios Emmy, que es como el equivalente en televisión de los Oscar en la industria cinematográfica.

No ha sido un camino fácil, pero sí muy aleccionador. Marialcy Carreño cayó en depresión cuando la segunda escuela en la que se formó, Radio Caracas Televisión (RCTV), cesó sus transmisiones en el país – el 27 de mayo de 2007 – porque el régimen no le renovó la concesión para seguir operando. Gracias a la ayuda profesional y al salvavidas que le lanzó su amigo, el también periodista errecetevista Freddy Oldenburg, salió a flote. Se fue a Estados Unidos de vacaciones y se le presentó la posibilidad de quedarse y probar nuevas experiencias, algunas no muy gratas, como la de trabajar en una arepera en Florida y que no le pagaran por su trabajo. Pero eso no la detuvo.

“Yo estoy enamorada del periodismo”, confió Marialcy Carreño a Curadas.com. Solo por eso puede soportar estar lejos de sus padres, de sus seis hermanos y de su isla querida, Margarita, donde creció y en cuyas playas jugó de niña y adolescente.

¿Por qué te hiciste periodista?
Siempre he amado esta carrera. Pero la primera en darse cuenta de mi vocación fue mi maestra de cuarto grado en la escuela Santiago Salazar Fermín de Porlamar, en la isla de Margarita. Yo tenía 9 años en ese entonces y ella le dijo a mi mamá: ‘prepárate, Lourdes, porque tu hija va a ser periodista; ella redacta muy bien para su edad, le gusta la historia y la ortografía… Anótalo, ¡va a ser periodista!’… ¡Y no se equivocó!

¿Dónde fue tu primer empleo como periodista?
Comencé oficialmente en septiembre de 1993 en RCTV, mi segunda universidad. Trabajaba en el Archivo de Prensa y mi horario era de 5 a. m. a 12 p. m., pero yo me quedaba hasta que ya me tocaba ir a la universidad a las 6 p. m. porque amaba aprender de todo. RCTV fue, y sigue siendo, una gran escuela. Mencioné que fue mi primer trabajo oficial como periodista, pero en realidad comencé a los 14 años en mi liceo, el liceo Nueva Esparta, donde fundé un periódico cuando estaba en cuarto año de bachillerato. Me encantaba dar las noticias del liceo.

Luego trabajaste durante siete años en El Sol de Margarita y regresaste a RCTV, donde te quedaste hasta el cierre del canal. Sé que este hecho te impactó mucho y que hasta atravesaste un periodo de depresión. Si no te importa hablar de esto, me gustaría que me contaras qué sentiste y, especialmente, cómo lo superaste.
Fue muy fuerte. Ha sido la etapa más dura y crítica de mi vida hasta ahora. Procesar esa sensación de que no solo mi trabajo y mi vida, sino de que el país se nos iba de las manos, fue y sigue siendo doloroso. Cuando vives cosas así es como estar en luto perenne, porque, aunque la vida sigue, ¡dejas atrás tantas cosas! Yo siempre lo intuí; intuí que me iría, que me separaría de mis seres queridos y precisamente por pensar tanto a futuro, comenzaron mis ataques de ansiedad y pánico. Hoy en día me sigue costando, pero la procesión va por dentro y gracias a Dios hay un ser maravilloso que apostó por mí y me rescató. Gracias eternas a Freddy Oldenburg.

En 2009 te fuiste a Estados Unidos. ¿Ya tenías empleo como periodista cuando llegaste o empezaste matando tigres?
Ni lo uno, ni lo otro. Yo estuve en tratamiento para la depresión debido a todo lo que estaba pasando en RCTV y en 2007 mi amigo Freddy Oldenburg, que ya vivía en Estados Unidos, me invitó a pasar una semana de vacaciones en Miami. Él pidió vacaciones en su trabajo y desde que llegué me dijo: ´olvídate de todo, vamos a disfrutar estas vacaciones´. Y en uno de nuestros paseos me dijo: ´deberías venirte a vivir para acá´. Me presentó a una abogada que se encargó de mi caso y así pude obtener mi green card (tarjeta de residente) el mismo año en que me vine a vivir aquí.

A mi llegada este país estaba en crisis, pero nuevamente mi ángel guardián, Mr. Oldenburg, me cuidó y veló por mí hasta que pude encontrar estabilidad luego de 10 meses sin trabajo fijo. Mientras tanto me tocó trabajar en una tienda de perfumes para el hogar. Y en una arepera de Pembroke Pines estuve trabajando dos semanas y ni siquiera me pagaron. Cuando uno está recién llegado cuesta mucho adaptarse, en algunos lugares se aprovechan de los inmigrantes porque saben la necesidad que se pasa.

Tu primer empleo como periodista en Estados Unidos fue en Fresno, California, con la cadena Univisión. ¿Cómo lo lograste?
Fue algo de suerte. Allí trabajaba como productor ejecutivo Manuel Moreno, un periodista venezolano que también trabajó en RCTV. Supe que estaban buscando una periodista por lo menos por seis meses, para reemplazar a dos productoras que se irían de permiso de maternidad. Me postulé y resultó que ninguna de las dos productoras regresó de su permiso de maternidad, así que se abrió la posibilidad de obtener el trabajo fijo. Entonces me mudé de Florida a California. Me quedé allí por casi cinco años, y conocí gente maravillosa como Manuel.

Después te fuiste a trabajar con Telemundo. Empezaste en el canal 48, en California, y luego pasaste al canal 39, en Dallas, Texas.
Luego de cinco años en el valle central de California, necesitaba un cambio. El vicepresidente de Noticias de Telemundo 48 en el Área de la Bahía, Juan Miguel Muñiz, me contactó y dijo que necesitaba una productora ejecutiva. Me postulé para el trabajo y me mudé no solo de cadena, sino de ciudad. Estuve en el Área de la Bahía (San Francisco – San José) por casi cuatro años. De allí surgió la oportunidad de ser asistente o subdirectora de noticias en Dallas – Fort Worth en Texas, y me volví a mudar en 2017. Un año más tarde surgió otra oportunidad de crecer profesionalmente, y me postulé para la posición de directora de Noticias en Telemundo Las Vegas, y aquí estoy desde octubre 2018.

Ya has vivido en varios estados dentro de Estados Unidos. ¿Esto ha sido porque se te han presentado mejores oportunidades laborales o es porque tienes un espíritu aventurero y te encanta andar probando cosas nuevas?
Las dos cosas. A mí me encanta viajar y conocer, explorar, crecer. Soy muy inquieta. Tengo un espíritu muy libre y aventurero, y me encantan los retos. Amo mi profesión y cada reto que se me ponga por delante lo afronto con la mejor actitud. Y por eso agradezco infinitamente a Telemundo: no solo crea las oportunidades de crecimiento, sino que te dan la oportunidad de orientar tu profesión en la vía en que quieras desarrollarla.

¿Qué se siente ser reconocida con siete Premios Emmy por hacer lo que sabes y amas hacer?
Ha sido algo muy satisfactorio, para qué te digo que no, si sí. Pero en realidad hay otras cosas que me llenan mucho más y que me han sido regaladas por esta maravillosa carrera. Recuerdos hermosos que son los que tienen más valor para mí, como una entrevista que le hice al maestro Luis Mariano Rivera antes de que dejara el plano terrenal, o tener la oportunidad de conversar con Gene Simmons, líder del grupo de rock Kiss… Tantos y tantos recuerdos y anécdotas infinitas son los que más amo. Yo estoy enamorada del periodismo, y es muy rico que te paguen por algo que te llena y te gusta hacer.

El hogar, la familia y Samba

Como es de suponer, este nuevo cargo demanda mucho tiempo de Marialcy Carreño, pero aun así saca tiempo para dar consejos en su cuenta en Facebook sobre cómo limpiar mejor la casa.

¿En serio tú eres quien limpia tu casa?
Yo limpio mi casa una vez al mes, pero a modo maniático; es decir: desde lavar todos los platos y vasos para que estén pulcros… no soporto las marcas de gotas o de agua en los vasos o copas. ¡Hasta las paredes las limpio! Y los baños tienen que quedar TAN pulcros que hasta puedas besar el piso. Por mucha ayuda que tengas en casa, nadie lo hace mejor que uno. Entonces hay que disfrutar el proceso con musiquita, como debe ser.

Y también te gustan los perros. La misma inquietud: ¿tienes tiempo para atender a una mascota, con tanto trabajo? ¿Cómo empezó tu relación con estos maravillosos seres?
Precisamente tras el episodio depresivo, mi doctora me recomendó ‘comprometerme’ con algo. Me sugirió plantas y de una le dije que no; las plantas no me duran, se me mueren y me parece una crueldad dejarlas en manos de una persona con cero talento para su cuidado como yo, así que yo con las plantas, de lejitos.

Comprometerme con un ser vivo fue un reto para mí, di muchas curvas, sentía que no podría con semejante peso, que no tendría tiempo, etc. Pero al final decidí adoptar porque le comenté a un amigo que me parecía cruel dejar al perro solo tanto tiempo y me dijo ‘es más cruel dejarlo en la jaula de un refugio’…

Así que me decidí y adopté a mi Samba hermosa, una chihuahua/yorkie que es la consentida de mi vida. Está conmigo desde agosto de 2015, tenía nueve semanas de nacida cuando la adopté. Fue echada a la basura y rescatada por ‘Humane Society’ y en mi casa ha encontrado un hogar feliz. Amo a los perros y el amor incondicional que dan.

Y también haces campaña para promover que la gente adopte mascotas en lugar de comprarlas…
Me gusta motivar a la gente a adoptar; los refugios están llenos de animalitos hermosos que solo piden una oportunidad y brindan tanta alegría y amor. Me gustaría algún día tener un refugio enorme para perros rescatados. ¡Los amo!

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Los cuentos de Marialcy Carreño con Samba son fabulosos. Según ha narrado en Facebook, la pequeña la ha defendido de peligrosas situaciones frente a “pumas, alacranes, culebras texanas, perros californianos agresivos y bichos del desierto nevadense”.

¿Y todo eso es verdad?
Como buena chihuahua, Samba es muy territorial. Si mi hermano se acerca a hacerme cosquillas, ella le ladra como si se lo fuera a comer vivo. Ella no es consciente de su tamaño, pesa apenas 3 kilos, pero su actitud es la de alguien que se cree un pitbull. Lo de los alacranes es verdad. Vivimos en un desierto que está lleno de escorpiones y más bien en verano no me gusta sacarla a la calle porque hay muchos y ella es tan chiquita que no aguantaría una picada. Y lo de la culebra nos pasó en Texas. La estaba paseando de noche y la culebra estaba delante de nosotros. No nos atacó, pero Samba estuvo alerta. Lo del puma no es cierto, pero sí se nos atravesó un zorro californiano que salió corriendo apenas nos vio.

¿Qué es lo que más te gusta de vivir en la Ciudad del Pecado?
Aunque no lo parezca, Las Vegas es una ciudad tranquila para vivir. No soy amante de los casinos ni de la vida en bares o centros nocturnos, pero amo los espectáculos. Esta ciudad ofrece espectáculos que son únicos en la vida, y yo me los disfruto mucho, tanto en teatro como conciertos de mis grupos favoritos. Además, hay muchos parques naturales y la historia del viejo oeste es simplemente fascinante. Disfruto mucho aprender cada día.

¿En tu vida personal aplicas aquello de que “lo que pasa en Las Vegas se queda en Las Vegas? ¿Qué haces para divertirte cuando no estás trabajando?
Yo adoro la música; soy melómana empedernida. Gracias a Las Vegas he podido ver en vivo grupos que jamás pensé que hubiese podido ver. No solo es accesible, sino que he tenido la oportunidad de conocer grandes músicos a los que admiro desde siempre. Eso me encanta. Además, soy muy aventurera: de paseos, de conocer pueblos, historias, fantasmas… me encanta el viejo oeste y todo lo que conlleva a nivel histórico, es una excelente zona para explorar.

Como margariteña que eres me imagino que te gustan las empanadas de cazón. ¿Hay allá algún sitio donde puedas comerlas?
Aquí no se come tiburón, por lo menos que yo sepa. Y no se consiguen empanadas de cazón. Yo aprendí a hacer una buena imitación con tilapia (un pescado magro de carne blanca), porque el secreto está en el aliño. No es lo mismo, pero se parece.

Lo que más extraño es comer cachapas con cochino frito y cocadas en playa El Agua. Afortunadamente aquí en Las Vegas he conseguido no uno sino varios restaurantes venezolanos y no me faltan los tequeños, las cachapas, ni el papelón con limón. Las arepas no faltan en mi casa y por fortuna se consigue la harina casi en cualquier supermercado, así que soy feliz por ese lado.

Siendo hija de un profesor de Castellano y Literatura, ¿no sufres porque en Estados Unidos no le puedas poner la tilde a la “ñ” que lleva tu apellido?
Es fuerte procesar esa información. A veces me pasa que dicen mi nombre y “no me hallo”, porque no suena al mío. Esa ‘ñ’ es la que le da el toque de distinción. Al final te acostumbras, pero en este caso se siente como si faltaras el respeto a tu herencia paterna.

¿Desde cuándo no te reúnes con toda tu familia?
Mi última visita a Margarita fue en 2016. Mis padres vinieron en 2019, pero desde ese año no los he vuelto a ver en persona. Quise que se vinieran conmigo, pero entre el desierto del oeste americano y su isla de Margarita, se me quedaron por allá. Es difícil, y casi imposible, que don Luis Carreño deje de comer su pescado fresco por venir a comer pescado congelado… ni qué hablar de sus paisajes. Mi papá no quiere abandonar el mar que le vio nacer.

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