Un ser privilegiado – por Rodolfo Izaguirre

En un país que hace esfuerzos por no ser huraño y sonríe en cambio a la adversidad y espera pacientemente que una mujer histórica retorne con los siete millones de votos que le robaron; debería conocerme más a mí mismo. Estoy cansado de ser buena persona y a mi avanzada edad lo que quiero es ser mas humano.

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Una revelación infernal – por Rodolfo Izaguirre

Tuve un sueño que puede considerarse mas bien, si se quiere, como una pesadilla insólita e infernal. Estaban en la puerta del cielo San Pero y Dios con sus barbas blancas a imagen y semejanza nuestra como nos enseñó la Santa Iglesia discutiendo qué iban a hacer conmigo porque ninguno de los dos me aceptaba en el cielo porque confundían mi nombre con algún chavista impresentable o por temor a mis críticas; y habían recibido la notificación de que en el Infierno tampoco estaban dispuestos a recibirme lo que explica por qué sigo viviendo en Caracas con 95 años encima.

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Aquiles Nazoa, Los Beatles y Mamagüela

El 17 de mayo de este año 2026, mi padre, Aquiles Nazoa, estaría cumpliendo 106 años. Fue un personaje que parecía ser un viajero del tiempo porque de pronto sabía, fehacientemente, sobre eventos que ocurrieron hace cientos de años o, en otras ocasiones, imaginaba cosas que aún no existían pero que después fueron inventadas o descubiertas.

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Invente mi silencio – por Rodolfo Izaguirre

Cuando Belén dejó para siempre la quinta Nancy y los empleados de la funeraria bajaron por las escaleras su cuerpo aniquilado por la enfermedad creí haber quedado despiadadamente solo, pero no fue así porque tuve el acertado impulso de cambiarle el nombre y en lugar de llamarla Belén o Cuevita como era el nombre amoroso que le otorgué en vida, comencé a llamarla Soledad y desde entonces me acompaña día y noche: sigue siendo mi sombra y no me desampara porque nunca estoy solo.

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¡No sabemos leer! – por Rodolfo Izaguirre

Hoy, las exclamaciones españolas de tiempos pasados me hacen reír y hago esfuerzos por imaginar los comportamientos de quienes las pronunciaban: Cáspita, Pardiez, Demóntres, Voto a sanes y situaciones rigurosamente absurdas como ésta: «¿Qué hora es? ¡Las doce! ¡Feliz vos que sabéis la hora en que vais a morir! ¡Defendeos!» Y sacaban las espadas sin saber quiénes eran ninguno de los dos. 

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